Capítulo 6. Hacia un realismo místico
6.1. La crítica murdoquiana de la religión
6.1.1. El concepto de religión
A pesar de la profusión con que aparecen las referencias a la religión en la obra, no se ofrece en ningún momento una definición clara de su concepto de religión o, al menos, una aclaración que distinga o acote qué tipos de fenómeno son para Murdoch auténticamente religiosos y cuáles no. De hecho, Murdoch utiliza el término “religión” para referirse indistintamente a lo que podríamos llamar la “esencia moral” del hecho religioso –que sería, como parece sugerir la autora, la verdad última de las religiones- a las particularidades de éstas o incluso a los efectos sobre quienes las profesan. Se mezclan, por lo tanto, en estos usos del término elementos positivos (así son las prácticas religiosas de hecho) con otros prescriptivos (así deberían ser para hacer verdadera la religión en cuestión).
En cuanto al primer sentido citado, la religión, nos dice la autora en “Comic and Tragic”, es “el lazo de unión [attachment] con una exigencia última y fundamental, la exigencia de que seamos veraces y compasivos y sabios; es el
amor de esa exigencia.” (146) O, en “Morality and Religion”:
Podemos sugerir que la religión es una forma de conciencia elevada (heightened consciousness) [...], concerniente a aquello que es profundo, santo, absoluto; se involucran las facultades imaginativa y emocional del ser humano, se involucra el ser humano por entero (484).
Finalmente, en “The Ontological Proof”, Murdoch considera la religión como “un modo de creencia en el lugar soberano que ocupan el bien o la virtud en la vida humana (426). ” Hasta el punto de que el “creyente” de esta religión (moral) ideal debe asumir en su credo que, incluso si todas las religiones se desvanecieran, permanecería intacta la necesidad de la virtud y la realidad del bien (428).
Por lo tanto, el concepto de “religión” que utiliza Murdoch es, en gran medida, normativo. Se refiere al fenómeno religioso que legitima la existencia de las religiones y que determina su verdad. Llenando los huecos que deja Murdoch en su explicación, podemos afirmar que, en su esencia moral, la religión es un tipo de imaginación moral preocupada especialmente por integrar en la vida humana la realidad más profunda tomada como unidad: Dios, el absoluto, o, sencillamente para la autora, el bien como exigencia incondicional que nos atrae magnéticamente.
Dejando para un análisis ulterior el tratamiento específico que Murdoch dispensará al Cristianismo, la descripción más positiva o “fenomenológica” del fenómeno religioso y sus prácticas ofrecida por Metaphysics apunta a cuatro de sus aspectos fundamentales: la religión como magia, como forma de consuelo, como ejercicio místico y como ritual. Estos aspectos serán objeto de la crítica artística de Murdoch, por lo que aquí solamente me limitaré a reseñarlos.
En el largo ensayo “Comic and Tragic” –probablemente, el más ecléctico y original de la serie-, Murdoch afirma que la práctica de la religión se debate entre dos extremos: por un lado la magia y los sentimientos reconfortantes (cosy
feelings); por otro, una austeridad que apenas puede esperarse en el ser
humano (129). Al igual que la metafísica o el arte, la religión es susceptible de ser utilizada no como una búsqueda de la verdad y el bien sino como una forma de magia que proporciona poder para actuar sobre la vida propia y la de los demás.121 Este uso mágico es facilitado por las creencias de tipo sobrenatural.
En segundo lugar, resulta una constante histórica el que las religiones, para ser funcionales, han tenido que acomodarse a las necesidades sentimentales más elementales de los miembros de las sociedades donde han
121
Para Murdoch, ha sido el budismo quien mejor ha comprendido esta función de la religión. Resulta interesante, en este sentido, el uso del budismo por parte del personaje James Arrowby en la novela de Murdoch The Sea, the Sea (1978).
nacido. (Muchos sociólogos y filósofos de la religión han dado un paso más al afirmar que las religiones son, precisamente, producto de estas necesidades individuales y de la necesidad de toda sociedad de asegurar su cohesión cultural y legitimar el poder político). Por eso no es absurdo entender la religión como una forma de consuelo para la mayoría ante las grandes cuestiones prácticas de nuestra existencia: el significado del sufrimiento, la muerte, el más allá. Por otro lado, la religión ofrece siempre una descripción de un modo de vida mejor –un ideal moral- que en última instancia choca con muchas formas acomodadas de la misma, y que puede dar lugar a que una minoría asuma la austeridad a la que se refiere Murdoch. A menudo, esta élite religiosa (moral) está configurada por
místicos (monjes budistas, cristianos, miembros de ciertas confesiones
protestantes): personas que de alguna manera buscan un contacto más directo, individual y contemplativo con la divinidad o lo sagrado.122
Por lo dicho anteriormente, Murdoch parece tener muy en cuenta las tensiones intrínsecas en toda religión, y que derivan del hecho de querer combinar lo que es una descripción de la mejor vida moral junto con una exhortación a seguirla con la necesidad de implantarse socialmente para conseguir sus fines proselitistas. Sin embargo, en “Morality and Religion”, y poniendo como ejemplo el budismo y el hinduismo, la autora señala que la religión ha sido “fundamentalmente mística”. Esta afirmación sólo tiene verdadero sentido si, como decíamos antes, Murdoch se está refiriendo a la religión en sentido normativo (lo verdadero de la religión a lo largo de la historia ha sido su énfasis en las prácticas místicas). Pues, si la afirmación tomada en un sentido positivo es, simplemente, falsa, como afirmación normativa apunta a un cierto sesgo en la crítica moral de la religión que hace Murdoch. Y revela, como propondré más adelante, una cierta ceguera por parte de la autora ante la
importancia moral del ineludible componente social e interpersonal de toda práctica religiosa.
Por último, la autora reconoce que el ritual es un aspecto importante de la práctica religiosa, como insiste en “Descartes and Kant” (ensayo que, pese a lo que el título pueda sugerir, es ante todo una continuación de “The Ontological Proof”). “Los objetos sagrados se veneran como fuentes puras y radiantes separadas del mundo, pero que al mismo tiempo actúan directamente sobre él” (433). Aquí el lenguaje replica casi perfectamente la descripción que hace Murdoch del bien en tantos lugares; las prácticas rituales son una forma de aprehender el bien, y sus objetos imágenes del bien y de las buenas personas que nos inspiran y a la vez llevan a examinar nuestro interior.