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Religión y metafísica

5.3. El pensamiento religioso en la arquitectura de Metaphysics

5.3.2. Religión y metafísica

La forma en que se concibió y publicó Metaphysics sin duda favorece el estilo personal y ecléctico que informa la reflexión moral de la autora en esta obra. Un estilo que posibilita el desarrollo de temas de su interés sin ninguna de las trabas del debate académico. Más bien, diríase al leer el texto que Murdoch escribe, sobre todo en los temas menos filosóficos en un sentido estricto –el arte, la religión- desde la autoridad que le proporciona su propia experiencia como escritora y como intelectual esforzada por entender la verdad práctica (moral) que pueda haber detrás de las religiones y las doctrinas filosóficas.

Dicho esto, y elucidados algunos factores que ayudan explicar circunstancialmente la presencia de temática religiosa en Metaphysics, lo cierto es que ésta, lejos de constituir una importante digresión, ocupa en la práctica un papel central en el mapa conceptual de la obra. Para entender esta centralidad, debemos primero preguntarnos por la suerte de metafísica a la que alude Murdoch en el propio título de la obra y que, como en el caso de la reflexión religiosa, parece marcar un nuevo hito con respecto al discurrir filosófico de textos anteriores.

Las alusiones al término “metafísica” están notoriamente ausentes en los ensayos filosóficos de la pensadora anteriores a Metaphysics. Cuando aparecen, lo hacen escasa e invariablemente en el contexto de un comentario de Murdoch sobre la labor de crítica o destrucción de las entidades metafísicas por parte de Hume o Kant. Aquí, aproximadamente, se está entendiendo la metafísica como

un (supuesto) método intelectivo que explica la realidad empírica a través de la postulación y defensa filosófica de (supuestas) realidades cuyo ser es en cierto modo más primario que aquella, pero que yacen allende toda posible experiencia directa. Murdoch, si bien tendrá algo que matizar en cuanto a los efectos en la investigación ética de la crítica de la metafísica tradicional, no pretenderá, como hemos podido comprobar en nuestro comentario a su primera filosofía, elaborar una alternativa metafísica a las posiciones éticas contemporáneas.109 En este sentido, Metaphysics no se va alejar del programa de The Sovereignty. Lo que quiere decir que, por un lado, el referente del término ”metafísica” en esta última obra no va a tener nada en común con la realidad aludida por él en los ensayos anteriores. Como cabría esperar, incluso en una pensadora tan heterodoxa como Murdoch, la metafísica que puede y debe ayudar a la investigación moral no es la metafísica clásica, al menos tomada como la propia metafísica se entiende a sí misma.110 Por otro lado, una lectura cuidadosa revela que no hay nada esencial de la argumentación filosófica-moral de Metaphysics que no estuviera ya, al menos implícitamente, en textos anteriores. ¿En qué consiste, entonces, la metafísica de Metaphysics?

La metafísica, concluye Murdoch en el ensayo “Metaphysics: a Summary”, “nos propone una imagen (picture) y nos pregunta si no es precisamente eso lo

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Cf. los ensayos “A House of Theory”, en EM, esp. pp. 175-180; y “Metaphysics and Ethics”, en EM pp. 59-75. Recordemos que, en este último ensayo, se achaca la desaparición de los argumentos metafísicos de la ética contemporánea, además de a la crítica de la metafísica tradicional, a otros dos argumentos relacionados: i) el anti-naturalista, a saber, que incluso de existir las entidades metafísicas, no sería imposible utilizarlas en la moralidad puesto que no es válido argumentar del ser al deber (is to ought); y ii) un argumento de tipo experiencial, por el cual el modelo que nos propone el análisis lingüístico-behaviorista casa mejor que otros con valores morales tales como la argumentación, el retorno a los hechos, el juzgar a un hombre por sus actos, etc. Como hemos comentado más ampliamente en la primer parte de este trabajo, Murdoch presentó una aguda crítica de estos argumentos en su ensayo “Vision and Choice in Morality” (1956). Cf. EM pp. 76-98.

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Cf. “Hegel in Modern Dress”, EM p. 148: “[The grandiose picture-making aspects of metaphysics] can be illuminating, in a psychological and moral sense, even if their status is dubious, and even if they are established more by a general appeal to our knowledge of human nature than by a rigorous argument.”

que encontramos en nuestra experiencia más profunda.”111 Se preocupa por lo más general de la condición humana, por las condiciones que hacen posible que la vida humana sea lo que es (212, 259). Aunque Murdoch no lo señala explícitamente, el tipo de metafísica o construcción de imágenes que le interesa a ella –tal vez, el único que tiene sentido para ella- es aquel que trata de la vida moral de las personas. (En esto, su proyecto es sorprendentemente afín al de Kierkegaard). Filosóficamente, estas imágenes metafísico-morales poseen al menos dos limitaciones importantes. En primer lugar, la argumentación que presentan es forzosamente circular, ya que, preocupadas por mostrar las cosas en virtud de lo esencial, de aquello de mayor generalidad, a menudo asumen lo que pretende argumentar desde el comienzo mismo de la argumentación (55, 435). En segundo lugar, una imagen o modelo metafísico no puede (no debe) ser una explicación completa de la realidad (84). Esta limitación del pensamiento metafísico viene determinada por el carácter radicalmente contingente de la existencia humana, que nos demuestra continuamente lo erróneo de la inspiración de algunos sistemas metafísicos, los cuales “hacen desaparecer lo que es individual y contingente mediante una identificación de la realidad con la integración en el sistema, de los grados de lo real con los grados de integración, y la implicación de que “realmente” sólo existe un sistema” (196). El caso paradigmático de esta orientación es, por supuesto, Hegel.112

A pesar de estas limitaciones, de los excesos de los grandes sistemas metafísicos del pasado, Murdoch sostiene desde el mismo título de la obra que

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MGM p. 507. Franklin I. Gamwell en su ensayo “On the Loss of Theism” proporciona un buen resumen de la concepción murdoquiana de pensamiento metafísico. Cf. ANTONACCIO 1996, pp. 171-72.

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Esta segunda limitación del pensamiento metafísico debe interpretarse también en clave

política. Pues esencialmente, lo que hicieron y hacen las diversas formas de totalitarismo pseudo-

racional (fascismos, socialismos dictatoriales) es subordinar los fines del individuo a los de una entidad metafísica (histórica), llámese estado o patria. Sin duda, como la propia Murdoch reconoce en ensayos tales como “Metaphysics and Ethics” o “Vision and Choice in Morality”, la filosofía moral anglosajona ha tendido a rechazar el pensamiento metafísico por razones culturales además

el pensamiento metafísico puede venir en la ayuda del análisis moral. La razón última de todo esto es, esencialmente, platónica, y es que el conocimiento de lo que somos y de por qué somos como somos in generum nos hace, en tanto que seres morales, más libres. (El problema de la salida y el posterior retorno a la relativa oscuridad social de la caverna). “Los niveles y las formas del entendimiento son (de alguna manera) niveles y formas de la existencia. Mi ser general coexiste con mi ser particular” (146). En este sentido, las imágenes metafísicas –que, no lo olvidemos, se verifican en la experiencia profunda de cada uno- deberán cuidarse de no ahogar el ser particular de las personas mientras presentan una explicación de su ser general. Su realismo depende, como en el caso del arte, de la consecución del mejor equilibrio entre forma explicativa y el respeto por la realidad contingente de aquello que es descrito o explicado.

La pregunta que da lugar al título de la obra (“How can metaphysics be a

guide to morals?”) se formula en los últimos párrafos del ensayo titulado “Comic

and Tragic” (146). Esta última sección del texto es especialmente significativa, ya que en ella se explicita la íntima conexión murdoquiana entre arte, religión y metafísica. Los humanos, nos dice Murdoch, nos pasamos la vida interpretando imágenes artísticas, religiosas y filosóficas sobre nuestro ser general al contexto que marca nuestro ser particular. El problema, tanto de la filosofía como de la propia vida de cada uno es cómo relacionar esas concepciones tan grandes, impresionantes, esclarecedoras y siempre generales a la realidad más mundana de nuestra existencia. Las imágenes religiosas y metafísicas nos ponen ante los ojos la realidad profunda; es precisamente esta idea de profundidad, que puede ser expresada mediante cualquier otra metáfora, la que se constituye en parte

de filosóficas, al considerar que el mismo contraviene el talante liberal y tolerante tan definitorio de la política y sociedad inglesas.

esencial de la apelación por parte de estas imágenes (MGM 507).113 En definitiva, Murdoch está sosteniendo en Metaphysics que, consideradas bajo una óptica filosófico-moral, las creencias religiosas realizan algo análogo a lo que hace la metafísica: construir imágenes y modelos generales sobre los aspectos más profundos de nuestra vida, y en los que podemos cifrar nuestra experiencia. De lo que sigue que el contenido de las religiones puede ser estudiado por el filósofo no sólo como un vehículo de expresión de la realidad moral humana para muchas personas, sino como una verdadera forma de pensamiento moral que elabora creativamente imágenes normativas sobre el ser general de las personas y subsiguientemente exhorta a estas personas a que las integren en su ser particular. La religión es, según Murdoch, al menos en tanto que filosóficamente considerada, pensamiento religioso-moral, que, cumpliendo los requisitos de creatividad y normatividad que debe caracterizar a toda forma de análisis moral. (Recordemos: la descripción de la realidad es infinitamente mejorable, la descripción de la realidad debe estar orientada hacia la mejora moral). Es en este sentido último que, al igual que la metafísica, la religión puede guiar la reflexión moral.

Lejos de constituir una absoluta novedad temática, la metafísica como construcción de imágenes que propugna Metaphysics puede insertarse en la visión global de la filosofía propuesta desde el mismo comienzo de The Sovereignty: “En filosofía se da un movimiento en dos direcciones; por un lado, hacia la construcción de elaboradas teorías, por otro, un movimiento de regreso

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En este segundo contexto, el de la profundidad de las imágenes, Murdoch omite cualquier referencia al arte. El triángulo conceptual arte-religión-metafísica tiene también sus limitaciones. En efecto, el proceso mediante el cual aprehendemos la realidad de una obra de arte puede ser análogo a los de interpretación de un mandamiento religioso o una descripción filosófica-moral (del ser general al ser particular). Otro aspecto de la afinidad entre los tres ámbitos podría ser la afirmación de que la religión como la metafísica como el arte pueden aportar cognición en temas morales, que, como veremos, Murdoch parece suponer. Ahora bien, parece discutible que las obras de arte apelen a su status de realidad profunda de la misma manera que los razonamientos metafísicos o las ideas religiosas. Para realizar tal apelación suele surgir, en la mayoría de los casos, la figura del crítico artístico.

hacia la consideración de los hechos más simples y obvios” (SG 299). Es evidente que, en una gran medida, este movimiento doble puede reinterpretarse según la dicotomía ser general / ser particular de Metaphysics.114 Pero la continuidad esencial entre la reflexión moral de ambos textos –que es la continuidad esencial en el pensamiento de Iris Murdoch entre la década de los sesenta y la publicación de Metaphysics en 1992- no debe oscurecer la formulación una importante pregunta: ¿Qué ha llevado a Murdoch a formular su pensamiento moral a partir de la metafísica de la construcción de imágenes? Y de otra, íntimamente relacionada: si es cierto que el pensamiento moral de la autora no ha variado sustancialmente, ¿cómo explicaba en The Sovereignty y otros textos coetáneos lo que veinte años después formula a partir de dicha metafísica?

Mi repuesta a ambas cuestiones queda resumida por la sucinta afirmación de que entre un texto y otro –o, si se quiere, entre un período y otro- se ha producido un cambio en lo que podríamos caracterizar como uno de los principales paradigmas explicativos del pensamiento de la autora.

Específicamente, mucho de lo que antes se apuntaba o clarificaba mediante referencia al lenguaje, ahora, en Metaphysics, se explica acudiendo a imágenes. Esto es válido para hablar de la caracterización del propio ejercicio de reflexión moral. Como hemos visto con anterioridad, las posiciones filosófico-morales de la Murdoch de los cincuenta y sesenta se definen críticamente con respecto, sobre todo, a los postulados del análisis lingüista. En su forma más común, sostenía Murdoch, dicha forma de análisis es inapropiada porque no considera

las características definitorias del lenguaje moral tal y como lo emplean sus

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En su ensayo “Form and Contingency in Iris Murdoch’s Ethics”, Antonaccio argumenta que el ejercicio de pensamiento metafísico contenido en Metaphysics as a Guide to Morals ejemplifica el doble movimiento filosófico propuesto por la autora anteriormente. En concreto, según esta autora, Metaphysics presenta una combinación adecuada de utilización de modelos metafísicos

usuarios. Este lenguaje, sin dejar de ser fundamentalmente “descriptivo”, es creativo (puesto que siempre hay nuevas formas potenciales de ver y explicar la misma cosa) y no neutral (debido a que los agentes morales no describen por amor al arte del análisis, sino porque, en el sentido más estricto, les va la vida en ello. Condiciones a las que sólo difícil y opacamente podía aproximarse el lenguaje cientifista y pseudo-neutral de muchos de sus coetáneos. Por todo ello, Murdoch insistía en esos ensayos en la importancia de los términos morales secundarios (ira, envidia, paciencia, justicia, etc.) pero también en la literatura como fuente y escuela de descripción moral.

En cambio, y como hemos señalado, en los ensayos que constituyen Metaphysics el pensamiento moral se caracteriza más bien a partir del difícil ejercicio de reconciliar el ser general que nos proponen las grandes imágenes (metafísicas, religiosas) con el ser particular, concreto y mundano del día a día. El arte, por supuesto, nos sigue proporcionando tanto fuentes de imágenes como una escuela en la propia facultad de imaginación y en el ejercicio anteriormente citado. Pero además, este giro místico del pensamiento de Murdoch (del describir al contemplar) le permite atender con renovada atención a las tradicionales imágenes religiosas.

¿Qué es lo que ha producido tal cambio de paradigma explicativo? Faltando una explicación de la propia pensadora, y tratando en lo posible de evitar caer en la especulación, parece razonable suponer que la nueva insistencia en la metáfora de la imagen se deba a un cambio en las posiciones de sus “rivales” filosóficos, incluso con independencia del hecho de que Murdoch ya no participe apenas en un diálogo intelectual de tipo académico. Ahora, la visión de la vida moral a la que Murdoch va a oponer su reflexión no es primariamente ni la existencialista ni la del análisis lingüístico anglosajón, sino la

de las diferentes formas de post-estructuralismo heredadas de Wittgenstein y, en concreto, la del pensamiento de Jacques Derrida.115

No me detendré a analizar el extenso comentario crítico que hace Murdoch sobre los diferentes estructuralismos y post-estructuralismos en el ensayo titulado “Derrida and Structuralism”.116 Por otro lado, esta crítica ya ha sido bien tratada en la bibliografía sobre nuestra autora.117 A modo de resumen, sigo a Antonaccio al destacar tres aspectos principales de las doctrinas post- estructuralistas que serán objeto de crítica por parte de Murdoch: (i) la supremacía del lenguaje sobre la conciencia, (ii) el rechazo del status ontologico del valor y (iii) el abandono de una noción de verdad en relación a la referencialidad del lenguaje.118 Traducido al contexto de las principales preocupaciones morales murdoquianas, (i) elimina del pensamiento moral el concepto de individuo humano libre –por muy condicionado que pueda estar por el lenguaje- y, por lo tanto, responsable de sus actos, y en gran medida, de su propia forma de ver el mundo (190); (ii) niega de raíz la posibilidad misma de la realidad del bien y del mal y (iii) implica que, aunque se pudiera hablar de estos términos con sentido –cosa, que no olvidemos, rechazan las tradiciones analítica, lingüista-behaviorista y existencialista- ello no implicaría de ninguno modo que tales realidades existieran de hecho en un supuesto horizonte transcendente al lenguaje.

Principalmente, lo que objetará la pensadora a la archi-écriture de Derrida y a cualquier otra interpretación del vivir humano como enteramente explicable por un sistema lingüístico transcendente al sujeto moral es el impulso determinista que camufla bajo un lenguaje pseudo-científico y que elimina la

aquellos. Cf. ANTONACCIO 1996, pp. 110-137. 115 Cf. ANTONACCIO 2000, p. 17. 116 Cf. MGM pp. 185-216. 117

posibilidad de que los seres humanos se entiendan a sí mismos como individuos o sujetos morales responsables y, a fortiori, la posibilidad misma de hacer filosofía moral.119 Desde esta preocupación, se entiende que una pensadora tan crítica con este tipo de retórica lingüística, y a la vez, tan cuidadosa con su propio uso filosófico del lenguaje, prefiera plantear los problemas del pensamiento moral enfatizando más el papel metafórico de las imágenes explicativas que el del lenguaje descriptivo. Por lo visto en la historia intelectual de las últimas décadas, el uso metafórico del lenguaje para tratar el pensamiento es más vulnerable que el de la imagen a distorsiones y manipulaciones. Este punto es desarrollado ampliamente por Murdoch en el contexto de su crítica al pensamiento religioso de Martin Buber, quien, precisamente, pretende sustituir la metáfora del diálogo por la plátonica de la visión para explicar la manera en que debemos concebir a Dios.120 En defensa de la aplicación de la metáfora visual al pensamiento, Murdoch afirma que

La elección de una metáfora sobre otra no es una mera cuestión de temperamento. Las metaforas dominantes tienen, en metafísica, implicaciones importantes. Cuando miramos algo, cuando nos paramos para verlo, no nos lo apropiamos egoístamente, sino que lo comprendemos y lo dejamos ser. [...] El más común de nuestro pensamiento diario tiene que ver con un ejercicio de construcción de imágenes (picturing) similar. [...] La reflexión moral, la reflexión seria, es clarificación (imagen visual) (462).

Favorecer la metáfora visual sobre la lingüística es, por supuesto, promover una suerte de giro místico de la reflexión moral. Esto casa perfectamente con el pensamiento murdoquiano que habla de un bien (no Dios)

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Ibid, p. 172.

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Murdoch, mostrando una vez más su particular vocación de entender las ideas más generales a partir de los comportamientos humanos más fácilmente observables, interpreta en “Derrida and Structuralism” el post-estructuralismo como una nueva forma de determinismo. “El determinismo constantemente aparece bajo nuevas formas, ya que satisface un profundo deseo humano: rendirse (to give up), librarse de la libertad perrsonal, de la responsabilidad, del remordimiento [...] y entregarse a la fatalidad y al alivio que produce saber que “no podía ser de otra manera.””

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