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Capítulo 1. La significación de la contingencia en la obra teórica de IM

1.2. Sobre los usos murdoquianos de la contingencia

1.2.3. Enfoque epistemológico

Este enfoque enfatiza la necesaria falta de adecuación con la realidad de todo intento teórico o discursivo por aprehenderla. En el espíritu racionalista, dicha imperfección puede resultar desesperante hasta conducir a la Náusea de Roquentin. Lo cierto es que, al menos etimológicamente, la tarea imperfecta es también aquella inacabada, por terminar. Así, afirmar que nuestro conocimiento de la realidad moral es contingente contiene una invitación a la mejora, lo cual, al hilo de una inspiración filosófica ya presente en Aristóteles y subrayada por el pensamiento fenomenológico, equivale a abogar por una concepción abierta y dialéctica de la razón práctica.

Aunque Murdoch jamás llegase a explicarse en los términos citados, no puede caber duda de que es éste el concepto de razón que maneja su pensamiento. Ciertamente, puede decirse que su análisis de la contingencia psicológica, o, más concretamente, de la aprehensión de una persona por otra, no permite otra cosa. He subrayado la importancia para el pensamiento murdoquiano de la recuperación freudiana del concepto de pecado original, cuya redescripción será desarrollada a la luz de la metáfora de ‘la máquina’. En este sentido, una de las consecuencias de este pecado original es que alcanzar una visión verdadera y justa de la realidad e independencia del otro exige esfuerzo. Por la dificultad de resistir la máquina, y por el propio dinamismo de la realidad del otro, el proceso moral de atención de M a su nuera N es una actividad

progresiva, mejorable infinitamente, pero, -por lo mismo- necesariamente imperfecta. (SG 317). A lo largo de sus escritos, Murdoch argumentará que esta dificultad moral para aprehender los hechos es extensible a la reflexión filosófica- moral y a la creación literaria.

A su vez, tanto el contenido como la forma de su obra teórica son consistentes con una concepción abierta de la razón práctica. Esto queda especialmente evidenciado por: (i) su crítica de algunas de las posiciones y métodos de análisis filosófico-moral del siglo XX, tales como el análisis lingüístico anglosajón o el post-estructuralismo; (ii) el propio concepto que Murdoch tiene acerca de las funciones de la filosofía moral; y (iii) el carácter ecléctico de su método (estilo) filosófico, siempre abierto encontrar guías de la reflexión moral en ámbitos no estrictamente filosóficos tales como el artístico o el religioso.

(i) Con permiso de su inspiración descriptiva existencialista, la posición teórica de Murdoch se configura a través de un diálogo crítico con una serie de pensadores ingleses de los años cincuenta y sesenta, y cuyo pensamiento podemos resumir como la aplicación de un análisis lingüístico de corte wittgensteiniano a la realidad psicológica y moral. Me estoy refiriendo a pensadores como Gilbert Ryle (1900 - 1976), John Austin (1911 – 1960) Charles Stevenson (1908 - 1979) y, sobre todo, Stuart Hampshire (1914 - ). En un contexto de debate académico, Murdoch va a acusar a esta posición, dominante en la filosofía moral anglosajona, de un cientifismo y unas pretensiones de neutralidad incompatibles con las características y exigencias propias del lenguaje moral.

(ii) A partir de esta crítica, y de la concepción antropológica discutida anteriormente, Murdoch va a definir su propio concepto de filosofía moral como investigación pragmática y no-neutral. El problema es –como afirma en “On ‘God’ and ‘Good’”- cómo incorporar a la filosofía moral el hecho de que una gran parte de la conducta humana depende de energía mecánica de naturaleza egocéntrica. Por eso, según nuestra autora, “la filosofía moral es, propiamente, como ha sido a veces en el pasado, un debate sobre este ‘ego’, así como sobre las técnicas disponibles (si es que existen) para vencerlo.” (324)

(iii) Intentando sumarse a dicho debate, el pensamiento teórico de Murdoch realiza un recorrido crítico por los más variados esfuerzos descriptivos y normativos por aproximar lo que ella entiende como el problema moral principal. En primer lugar, y sin abandonar la preocupación analítica por el lenguaje, fundamenta su discurrir teórico en un análisis del uso que las personas realizan del lenguaje corriente con fines de descripción y evaluación moral. Sin dejar la filosofía, Murdoch no tendrá ningún problema en acudir a las descripciones ofrecidas por los grandes filósofos clásicos, en especial Platón y Kant. Sin embargo, y por lo dicho anteriormente, la filosofía moral debe forzosamente mantener una actitud receptiva ante los posibles hallazgos de otras formas de descripción e interpretación de la experiencia. En esta línea, Murdoch dedicará un gran esfuerzo de crítica a los contenidos y actividades del arte y de la religión. Los tres próximos capítulos tienen como fin la exploración detallada de este recorrido crítico. En el capítulo 2 analizo el método de reflexión moral de Murdoch, profundizando en su crítica y revisión del método lingüístico. Los capítulos 3 y 4 tienen por objeto explorar el contenido y la significación de la crítica murdoquiana del arte –en concreto, de la literatura- en su psicología moral. En los capítulos 5 y 6 analizo su reflexión sobre la moralidad en el hecho

religioso, las religiones positivas y el proceso de desmitificación de sus contenidos, preocupación expresada, sobre todo, en su obra tardía Metaphysics as a Guide to Morals (1992).

Entre las contribuciones más valiosas de Murdoch a la reflexión ética contemporánea está, ciertamente, una convincente redescripción y revaloración de la contingencia del mundo y de nuestras representaciones, así como de su relación con la vida moral. Pero igualmente significativa resulta la sugerencia de que la validez de dicho concepto tiene consecuencias importantes para el propio método de reflexión filosófico-moral. La filosofía, sostiene, in toto, la obra teórica de Murdoch, debe ampliar el campo de sus reflexiones a otros lenguajes descriptivos, tales como el arte –especialmente el arte que se sirve de palabras- y la religión. Además, el hecho de la contingencia, con sus diferentes sentidos, debe ser utilizado por el filósofo en su crítica de los diferentes lenguajes o sistemas discursivos –técnicos o no- de mediación de la realidad moral.