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CONFIANZA TOTAL EN EL CORAZÓN

In document Una Vida Sin Límites (página 42-44)

A la fe se le define en la Biblia como la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de lo que no se puede ver. Ni tú ni yo podríamos vivir sin fe, sin depositar nuestra confianza en algo de lo que no tenemos prueba. Con frecuencia hablamos de la fe en términos de creencias religiosas, pero hay muchos otros tipos de fe que son parte de lo cotidiano. Como cristiano, yo vivo según mi fe en Dios; a pesar de que no puedo verlo ni tocarlo, en mi corazón sé que Él existe y pongo mi futuro en sus manos. No sé lo que depara el futuro, pero como creo en Él, sé quién está a cargo.

Ésa es una forma de fe y yo tengo fe en muchas áreas de mi vida. Acepto que hay ciertos elementos que no puedo ver, tocar o sentir, pero creo en ellos de cualquier forma. Confío en que existe el oxígeno y confío en que la ciencia está en lo correcto al decir que lo necesitamos para sobrevivir. No puedo ver, tocar ni sentir el oxígeno, sólo sé que existe porque yo estoy aquí. Si estoy aquí, vivo, entonces debo estar respirando oxígeno para vivir, ¿no es verdad?

Así como necesitamos del oxígeno para vivir, también debemos confiar en ciertas realidades invisibles. ¿Por qué? Porque todos enfrentamos dificultades: tú las tienes y yo las tengo. Hay momentos en la vida en que no encontramos el camino para salir, pero es justo ahí en donde aparece la fe. Hace poco recibí un correo electrónico de una mujer que se llama Katie. A ella la despidieron de su trabajo por sus problemas de salud, los cuales incluían cerca de veinte cirugías. Cuando nació, le faltaba el fémur de una pierna, la cual se le amputó cuando apenas gateaba. Ahora que está en sus treinta y casada, Katie me dijo que a menudo se enfrentaba a la pregunta “¿por qué?”.

Tras ver uno de mis videos, Katie descubrió que a veces no podemos saber ¿por qué a mí?, lo único que podemos hacer es confiar en que el plan que Dios tiene para nosotros será revelado a su tiempo. Hasta ese momento, debemos guiarnos por la fe.

“Te agradezco con todo mi corazón y ahora creo que yo, como tú, fui elegida por Dios”, me escribió. “Espero tener algún día el honor de conocerte en persona para envolverte con mis brazos, para abrazarte y agradecerte por ayudarme a abrir los ojos a la luz”.

Katie pudo encontrar la fortaleza y esperanza, sólo hasta que decidió confiar en lo que no podía ver o entender. Así funciona la fe precisamente. Encontrarás desafíos que al principio parecerán infranqueables, pero mientras esperas la solución, tal vez lo único con lo que contarás será la fe. A veces, con tan sólo confiar en que encontrarás la respuesta, hallarás el camino a través de esos oscuros momentos.

Es por ello que digo que la FE puede ser un acrónimo. Fe, en inglés, se dice FAITH, y a cada letra le he asignado una palabra: Full Assurance In The Heart (confianza total en el corazón). Tal vez yo no pueda presentar evidencia de todo en lo que creo, pero siento confianza en mi corazón y creo que estoy mucho más cerca de la fe de lo que estaría si viviera sumido en la desesperanza. Cuando, año con año, hablo ante miles de niños en escuelas, con frecuencia exploro la idea de que podemos confiar en lo que no vemos. (A veces los más pequeñitos se asustan un poco al verme. No sé por qué, si por lo general somos del mismo tamaño. Pero yo les digo que soy un poco pequeño para mi edad). Bromeo con ellos hasta que se sienten cómodos con mi presencia. He descubierto que, cuando ya se han acostumbrado a mi falta de extremidades, comienzan a interesarse en mi pie. Noté que lo observan o lo señalan, así que los saludo y hago alguna broma sobre “mi piernita de pollo”. Siempre se ríen con eso porque la descripción es bastante acertada. Mi hermana Michelle tiene seis años menos que yo y fue la primera en hacer esa observación. Michelle, mi hermano Aarón, mis padres y yo, realizábamos largos viajes muy a menudo. Mis hermanos y yo íbamos empacados en el asiento trasero. Al igual que a todos los padres, a los nuestros no les gustaba detenerse durante el camino, por lo que, cuando sentíamos hambre, se los hacíamos saber de inmediato.

Cuando nos estábamos muriendo de hambre nos poníamos un poco locos y fingíamos comernos unos a los otros. En uno de los viajes Michelle anunció sus intenciones de masticar mi piecito “porque parece una pierna de pollo”. Nos reímos cuando lo dijo pero después olvidé la descripción. Varios años después, Michelle trajo un perrito a la casa. Cada vez que me sentaba, el perrito trataba de morder mi pie; yo lo ahuyentaba pero él siempre regresaba. “¿Lo ves? ¡Es que también al perrito le parece que es una pierna de pollo!”, dijo Michelle.

¡Me encantó! Desde entonces, siempre he contado esa historia en mis pláticas con niños. Después de mostrarles mi pie les pregunto si creen que sólo tengo uno. Es una pregunta que siempre los confunde porque, aunque sólo ven un pie sería lógico que tuviera dos. La mayoría de los niños se dejan llevar por lo que ven y me dicen que piensan que sólo tengo uno. En ese momento les presento a Junior, mi pie derecho que es aún más pequeño. Por lo general mantengo a Junior oculto y sorprendo a los niños cuando lo saco y lo agito. Ellos se espantan y gritan; es divertido porque los niños son muy francos y admiten el hecho de que tienen que ver para creer.

Luego los invito, así como lo estoy haciendo ahora contigo, a que se animen a creer que hay posibilidades para sus vidas. La clave para seguir adelante, aun en tiempos difíciles, reside en permitir que la guía para la visión de tu vida no sea lo que puedes ver, sino lo que puedes imaginar. A eso le llaman tener fe.

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