Este capítulo lo inicié comentando que mi pie izquierdo resultó ser un pequeño apéndice de bastante utilidad. He aprendido a sentirme agradecido de tener mi pie porque los innovadores se mantienen ocupados inventando ingeniosos artilugios que son perfectos para él. Las palancas y las pantallas digitales son tan sólo algunos de los aparatos más útiles que he encontrado. A pesar de que no tengo brazos ni piernas, ahora puedo vivir la vida de formas que ni yo ni mis padres hubiéramos imaginado cuando era niño. Las posibilidades para mi vida parecían mínimas en aquel entonces, pero, gracias a la tecnología y al poder de creer y lograr, los límites se han desvanecido.
Sin importar lo difícil, cruel e implacable que sea tu vida, debes mantenerte firme. Cuando yo llegué al mundo mi situación era bastante sombría, pero logre ir esculpiendo una existencia plena y llena de recompensas. Y si acaso crees que soy la excepción, piensa en los logros de uno de mis héroes, el fallecido Christy Brown.
Christy nació en 1932 en Dublín, Irlanda. Fue el décimo de los veintidós niños que tuvieron sus padres. Por desgracia, sólo trece de ellos llegaron a la edad adulta. Christy llegó al mundo con todos sus miembros, pero estaba terriblemente discapacitado, tanto, que no se podía mover, sólo podía emitir algunos sonidos. En aquel tiempo los doctores no supieron identificar cuál era el problema de Christy, tuvieron que pasar varios años antes de que le diagnosticaran un tipo de parálisis cerebral particularmente severa.
Como Christy no podía hablar con claridad, los doctores pensaron por años que también tenía una discapacidad mental. Su madre insistió en que no tenía problemas de ese tipo, que sólo le era imposible comunicarse. Ella y otros miembros de la familia trabajaron incansablemente con él y, un día, cuando Christy trataba de decirle algo a su hermana, tomó un pedazo de tiza con su pie izquierdo. Era la única parte de su cuerpo que podía controlar.
Christy aprendió a escribir, dibujar y pintar con su pie izquierdo. Su familia, al igual que la mía, estaba decidida a brindarle una vida tan normal como fuera posible, así que lo montaron en un viejo carrito y después en un vagón. Como yo, Christy se convirtió en un buen nadador. Después, su madre conoció a un doctor que le ayudó a internarlo en el hospital Johns Hopkins. Tiempo después, ese mismo doctor abrió un hospital para Christy y otros pacientes con parálisis.
También introdujo a Chisty al mundo de la literatura; varios escritores irlandeses inspiraron a Christy a expresarse como poeta y escritor. Su primer obra fue un libro de memorias que tituló Mi pie izquierdo; más adelante éste se convirtió en una novela best seller, Down All the Days (Abajo todos los días) y luego en una película estelarizada por Daniel Day- Lewis (quien, por cierto, es hijo de uno de los amigos literarios de Christy, Cecil). Day- Lewis ganó el Oscar a mejor actor por su interpretación. Christy publicó otros seis libros y también se convirtió en un pintor incansable.
Piensa en los oscuros días en que Christy Brown y su familia pasaron preguntándose qué tipo de vida tendría. Sólo podía mover una parte de su atormentado cuerpo, sólo podía emitir algunos sonidos y, sin embargo, se convirtió en un connotado escritor, poeta y pintor. Además, ¡tuvo una sorprendente vida que fue narrada en una película premiada!
¿Qué te depara el futuro? ¿Por qué no te quedas un rato a ver cómo se desarrolla tu historia?
EL PANORAMA
Muchas veces, durante mi niñez, tuve una visión limitada. La imagen que tenía de mi vida estaba tan centrada en mí, que nunca imaginé que habría otras personas en circunstancias más adversas que las mías. Gente como Christy Brown, por ejemplo. Luego, como a los trece años, en un periódico leí un reportaje sobre un hombre australiano que se había visto envuelto en un terrible accidente. Según recuerdo, quedó paralizado, incapaz de moverse o hablar, y confinado a una cama por el resto de su vida. No podía imaginarme lo espantoso que eso sería.
Su historia me ayudó a abrir los ojos y expandir mi mente. Comprendí que, mientras mi carencia de miembros representaba varios desafíos, todavía tenía mucho que agradecer, que había infinitas posibilidades para mi vida.
Creer en tu destino puede desencadenar un gran poder, puede ayudarte a mover montañas. Mi despertar a todas esas posibilidades fue, sin embargo, un proceso gradual. A los quince años escuché la historia del hombre ciego que se narra en el Evangelio de San Juan. El hombre había sido ciego desde que nació y cuando lo vieron los seguidores de Jesús, le preguntaron a su líder: “Señor, ¿quién cometió el pecado para que este hombre naciera ciego, él o sus padres?”
Ésa era la misma pregunta que yo me había formulado. ¿Acaso hicieron algo malo mis padres? ¿Acaso fui yo? ¿Por qué otra razón habría nacido sin brazos ni piernas?
Jesús respondió: “Ni este hombre ni sus padres han pecado”. Nació ciego “para que la obra de Dios se pueda manifestar en él”.
Cuando el ciego escuchó la explicación, la visión que tenía de su vida y las posibilidades cambió dramáticamente. Puedes imaginar la resonancia que tuvo esta parábola en mí cuando era un adolescente tan consciente de mis peculiaridades, discapacidades y de lo mucho que dependía de otros. De pronto vi una nueva posibilidad: yo no era una carga, no era deficiente, no estaba siendo castigado. ¡Había sido diseñado para que la obra de Dios se manifestara a través de mí!
Cuando leí aquel versículo de la Biblia a los quince años, me inundó una ola de paz como no había sentido nunca. Me había preguntado por qué nací sin miembros, pero ahora, comprendía que el único que sabía la respuesta era Dios. Lo tuve que aceptar y creer en las posibilidades que Él me enviaría.
Nadie sabe por qué nací con esta discapacidad y nadie sabía por qué el ciego nació con la suya. Jesús dijo que sucedió de esa forma para que las obras de Dios pudieran ser reveladas.
Aquellas palabras me confirieron una sensación de alegría y gran fortaleza. Comprendí por primera vez que en la vida no se consiguen de inmediato las respuestas que uno desea. Tienes que caminar con fe. Yo tuve que aprender a confiar en las posibilidades para mi vida. Si yo puedo tener esa confianza, tú también puedes.
Piénsalo: cuando era niño no había forma de saber que mi carencia de miembros me ayudaría a ofrecer un mensaje de esperanza en tantas naciones y a tal diversidad de gente. Claro que la adversidad y la desilusión no son divertidas, no tienes que fingir que las disfrutas, pero debes creer en que se avecinan mejores días, que la vida será plena y llena de propósito.