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CONSTRUYE EL CARÁCTER

In document Una Vida Sin Límites (página 96-99)

¿Acaso es posible que equivocarnos nos fortalezca y nos haga más aptos para el éxito? ¡Sí! Lo que no mata te hace más fuerte, más enfocado, creativo, más decidido a perseguir tus sueños. Tal vez tienes mucha prisa por alcanzar el éxito, no hay nada malo en ello, pero la paciencia también es una virtud que el fracaso puede ayudarte a desarrollar. Créeme, yo he aprendido que Dios no está muy interesado en respetar mi itinerario, Él se organiza a su forma y nosotros somos quienes debemos ajustarnos.

Esta lección la aprendí de golpe cuando me asocié con mi tío Sam Radojevic para comenzar un negocio para la manufactura y distribución de su bicicleta reclinada, la Hippo Cycle. Comenzamos en 2006 y nuestra compañía todavía no había tomado vuelo, pero con cada inconveniente y error aprendimos un poco más cómo acercarnos a nuestro objetivo. Al mismo tiempo que estamos construyendo el negocio, también fortalecemos nuestro carácter, no me queda duda de eso. Yo he aprendido que a veces, tu máximo esfuerzo no es suficiente para lograr que un negocio avance. También los tiempos pueden ser cruciales; la economía estaba sufriendo una recesión justo cuando lanzamos el producto. Hemos tenido que ser pacientes, mantenernos trabajando y esperar que los tiempos y las tendencias nos favorezcan.

Habrá ocasiones en que tengas que esperar a que el mundo te alcance a ti. Thomas Edison realizó más de diez mil experimentos fallidos antes de lograr comercializar su bombilla. Esto nos indica que la mayoría de la gente que se ha llegado a considerar fracasada no tenía idea de lo cerca que estaba del éxito cuando se dio por vencida. Esas personas casi habían llegado, habían soportado el fracaso y estaban destinadas al éxito, pero se dieron por vencidas antes de que la marea volviera a subir para beneficiarlas. Nunca se sabe lo que hay a la vuelta de la esquina, podría ser la respuesta a tus sueños. Así que, ajústate el cinturón, mantente fuerte y continúa luchando. Si fracasas, ¿qué importa? Si te caes, ¿qué importa? Edison también dijo: “Cada intento que fracasa es un paso más hacia adelante”.

Si te esfuerzas al máximo, Dios hará el resto y, cualquier situación que esté reservada para ti, llegará a su debido momento. Para triunfar tienes que tener un carácter fuerte y, si estás dispuesto a recibirlas, cada pérdida se puede convertir en una experiencia que construya y fortalezca tu carácter.

En 2009 hablé en la Escuela Cristiana Oaks, en Westlake, California. A esta pequeña escuela se le reconoce por ser un amedrentador gigante en el campo de futbol americano. Hasta hace poco, su quarterback era el hijo del afamado quarterback de la NFL, Joe Montana. Su respaldo en el campo era el hijo de la leyenda del hockey, Wayne Gretzky, y su receptor estrella era el hijo del maravilloso actor Will Smith.

Este equipo de futbol americano ha ganado seis campeonatos de conferencia consecutivos. Cuando me presenté allí, conocí al fundador, David Price. Ahí descubrí la forma en que los equipos atléticos de la escuela Oaks aprendieron a construir el carácter. David había sido abogado en un importante bufete de abogados en Hollywood. Sus clientes eran estrellas de cine y los estudios mismos. Luego comenzó a trabajar para un empresario que poseía hoteles y complejos turísticos, además de terrenos y campos de golf en todo California. A David el gustaba administrar negocios y se dio cuenta de que los campos de golf estaban mal manejados porque, en general, los operaban golfistas profesionales que nunca habían aprendido buenas técnicas empresariales.

Un día, David se acercó a su jefe y le dijo que quería comprarle un campo de golf.

“Para empezar, tú trabajas para mí”, le dijo el jefe, “así que, ¿por qué tendría que venderte algo? En segundo lugar, no sabes nada sobre golf y, en tercer lugar, ¡no tienes dinero!” Al principio, David no pudo convencer a su jefe, pero no se rindió. Perseveró. Continuó fastidiándolo hasta que el jefe cedió y le vendió a David el campo de golf que quería comprar. Sería el primero de más de trescientos cincuenta campos que, en algún momento, David llegaría a tener o rentar.

Luego, cuando el negocio de los campos de golf sufrió un revés, David los vendió todos. Ahora compra, renta y opera aeropuertos en todo el país. ¿Qué fue lo que aprendió David del fracaso? Paciencia y perseverancia, te lo puedo asegurar. Nunca abandonó su sueño. Cuando el mercado cayó en el negocio del golf, David también compró acciones y se dio cuenta de que su verdadera habilidad no era manejar campos de golf, sino manejar negocios. Así que lo único que hizo fue transferir esa capacidad a otro ámbito.

Ahora, David es parte del Consejo de mi organización sin fines de lucro, Life Without Limbs. Él me dijo que, entre mayores sean los desafíos que enfrentemos, más fuerte llegará a ser nuestro carácter. “Nick, yo creo que, si hubieras nacido con brazos y piernas, no habrías llegado a ser tan exitoso como algún día lo serás”, me dijo David. “¿Cuántos niños te escucharían si no pudieran darse cuenta de inmediato que tú lograste cambiar una situación increíblemente negativa en algo tan positivo?”

Recuerda estas palabras cuando tengas problemas. Por cada sendero bloqueado, hay otro que está abierto. Por cada “discapacidad”, hay una capacidad. Fuiste puesto en esta Tierra para cumplir un propósito, así que nunca permitas que una pérdida te convenza de que no hay formas de ganar. Mientras sigas respirando aquí, con el resto de nosotros los mortales, siempre hay algún camino.

Yo me siento agradecido de haber fracasado y haber perseverado. Mis desafíos me hicieron más paciente y tenaz. Esas características se han hecho indispensables en mi trabajo y en las actividades que desarrollo en el tiempo libre. Ir de pesca es una de mis formas preferidas de relajarme. Mis padres me llevaron por primera vez cuando tenía seis años. Clavaban mi caña en la tierra o en otro sitio que la pudiera sujetar hasta que mordiera algún pez. Luego, acomodaba mi barbilla alrededor de la caña y me aferraba al pez hasta que alguien pudiera venir a ayudarme.

Hubo un día en que no estaba teniendo mucha suerte pero ahí me quedé, observando mi sedal durante tres horas seguidas. El sol me quemó hasta dejarme color carmesí tostado, mas yo estaba decidido a pescar un pez ese día. Mis padres se habían ido a caminar, estaban pescando muy cerca de la ribera, por lo que, cuando al fin un pez mordió el anzuelo, yo estaba solo. Pisé fuerte mi línea con los pies y grité: “¡Mamá! ¡Papá!”, hasta que volvieron corriendo.

Cuando lo jalaron, descubrí que el pez era del doble de mi tamaño. Pero, claro, nunca lo habría pescado si no me hubiese quedado ahí con el pie firme sobre el sedal.

Por supuesto, el fracaso también le puede dar humildad a tu carácter. Yo tuve una experiencia que me hizo sentir humilde cuando reprobé contabilidad en la preparatoria. Sentía temor de no contar con lo necesario para ser hábil con los números, pero mi maestro me motivó y me dio asesorías extras. Estudié y estudié y, un par de años más tarde, obtuve un título doble en contabilidad y planeación financiera.

Cuando era estudiante me hacía falta aprender esa lección de humildad. Necesitaba reprobar para aprender todo aquello que no sabía. Al final, la humildad me hizo más fuerte. El escritor Thomas Merton dijo: “Un hombre humilde no le teme al fracaso. De hecho, no le teme a nada, ni siquiera a sí mismo, porque la humildad perfecta implica una confianza absoluta en el poder de Dios, ante quien nadie tiene un poder mayor y para quien no existen los obstáculos”.

TE MOTIVA

Tenemos la opción de responder a la pérdida o al fracaso con desesperanza, dándonos por vencidos. O también podemos dejar que la pérdida y el fracaso nos sirvan como experiencias de aprendizaje y nos motiven a esforzarnos más. Tengo un amigo que es instructor de un gimnasio y a veces lo he escuchado decirle a sus alumnos de levantamiento de pesas: “Vamos a fracasar”. Qué motivador, ¿verdad? Pero la teoría es que tienes que levantar pesas hasta que tus músculos queden exhaustos. De esa forma, la siguiente vez que lo intentes, podrás exceder el límite anterior y acumular más fuerza. Una de las llaves del éxito para cualquier deporte o empleo es practicar. Creo que la práctica es algo así como fracasar en nuestro camino al éxito. Y te puedo dar un ejemplo perfecto con una historia sobre mi celular. Tal vez tú piensas que el smart phone es un gran invento, pero, para mí, es algo más, es un regalo del cielo. A veces creo que los diseñadores deben haber estado pensando en mí cuando inventaron cierto artefacto, ya que, hasta un individuo sin brazos ni piernas lo puede usar para hablar por teléfono, enviar correos, escribir mensajes, tocar música, grabar sermones y memoranda, y mantenerse informado sobre el clima y los sucesos mundiales con tan sólo digitar con los dedos de los pies.

El smart phone no está perfectamente diseñado para mí, ya que la única parte de mi cuerpo que puedo usar para tocar la pantalla ¡está muy lejos de la parte de mí que puede hablar! La mayor parte del tiempo puedo usar el altavoz, pero cuando estoy en un restaurante o en un aeropuerto, no me gusta compartir mis conversaciones con todos los demás.

Tuve que encontrar una posición para colocar mi celular más cerca de mi boca después de haber marcado con el pie. El método que diseñé le da un nuevo significado al término “celular plegable” y es toda una peligrosa lección del papel que desempeña el fracaso en la obtención del éxito. Me pasé toda una semana tratando de usar mi pequeño pie para aventar el teléfono hasta mi hombro, y ahí, lo giraba con la barbilla para hablar. (Chicos, ¡no intenten hacer esto en casa!) Te puedo asegurar que fallé en muchas ocasiones durante ese periodo de prueba y error. Me quedaron tantos moretones en la cara por las veces que me golpeó el teléfono durante la maniobra, que parecía como si me hubieran golpeado con una bolsa llena de monedas.

Sólo practicaba cuando estaba a solas porque, si alguien me hubiese visto, habría pensado que era fanático de la autolaceración con celulares. Ni te voy a decir cuántas veces me golpeé en la cabeza o en la nariz con el celular, ni cuántos teléfonos murieron sacrificándose para que yo llegara a dominar la maniobra. Pude darme el lujo de recibir algunos golpes y reemplazar varios celulares, pero lo que no estaba dispuesto a hacer era darme por vencido.

Cada vez que el celular me rompía la cara, me sentía más y más motivado para dominar el truco, hasta que finalmente ¡lo logré! Por supuesto, el destino funciona de una forma peculiar y al poco tiempo de que logré dominar la maniobra, el mundo de la tecnología sacó los audífonos Bluetooth, los que permanecen en tus orejas. En la actualidad, mi famoso salto del celular es una reliquia del pasado tecnológico y sólo lo ejecuto en ocasiones para entretener a mis amigos cuando están aburridos.

Te exhorto a que empieces a considerar tus inconvenientes y desventajas como fuentes de motivación e inspiración. No hay razón para sentirse apenado si te quedas corto, si das un mal batazo, si te tropiezas o si metes la pata. Lo único que es una pena en verdad es no aprovechar la motivación que ofrecen tus errores para esforzarte más y permanecer en el juego.

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