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EL CHICO NUEVO DEL VECINDARIO

In document Una Vida Sin Límites (página 102-104)

Cuando mi familia se mudó de Australia a Estados Unidos, yo tenía doce años. Me daba terror tener que comenzar en un nuevo lugar en donde no tenía amigos. Cuando estábamos en el avión, camino a nuestro nuevo país, mis hermanos y yo practicamos nuestro acento estadounidense para que no nos fueran a molestar cuando les habláramos a los nuevos compañeros de clase.

No podía hacer nada respecto a mi peculiar cuerpo, pero supuse que podía enfocarme en mi acento. Después descubrí que a la mayoría de los estadounidenses les encanta el acento australiano. Tan sólo unos años antes, Cocodrilo Dundee había sido un gran éxito. Como trataba de sonar igual que mis compañeros, desperdicié grandes oportunidades de impresionar a las chicas.

Aquel era el primer gran desafío de mi vida y tratar de sonar estadounidense no fue mi único error. Mi nueva escuela se llamaba Secundaria Lindero Canyon y se encuentra al pie de las montañas en Santa Mónica, no muy lejos de donde vivo ahora. Era una escuela excepcional pero tuve problemas al principio. Es ya bastante difícil, para cualquier chico mudarse, cambiar de escuela o hacer nuevos amigos mientras está creciendo. Además de la problemática que implicaba ser el nuevo, pues yo no me veía como un chico “normal”. Era el único estudiante que estaba en silla de ruedas y el único que necesitaba un asistente escolar. La mayoría de los chicos se preocupa de que se burlen de ellos por tener un grano. Imagínate mi preocupación.

En mi primera escuela en Melbourne, ya había batallado para ser aceptado en Australia, y sucedió lo mismo cuando me mudé a Brisbane. Invertí mucha energía en convencer a mis compañeros de que era un niño cool y que debían juntarse conmigo. Ahora me vería forzado a comenzar de nuevo.

CAMBIOS

A veces cuando sufrimos transiciones, no reconocemos el efecto que tienen en nosotros. Sin importar cuán sencilla sea la transición, el estrés, la duda, incluso la depresión, son algunos de los resultados que pueden surgir cuando nos sacan de nuestra zona de comodidad. Tal vez tengas un alto sentido del propósito, grandes esperanzas, fe, una fuerte noción de lo que vales, una actitud positiva, el valor para enfrentar tus miedos y la habilidad de levantarte después de los fracasos. Pero si te desmoronas cuando llegan los inevitables cambios que la vida siempre trae consigo, nunca podrás seguir adelante. A menudo nos resistimos al cambio, pero, en serio, ¿quién querría una vida sin movimiento? Algunas de nuestras mayores experiencias, el crecimiento y las recompensas nos llegan como resultado de un cambio de lugar, de empleo, de materia de estudios o de pareja.

Nuestras vidas son una progresión de la infancia a la adolescencia, a la adultez y a nuestros años de vejez. Sería imposible no cambiar, y también extremadamente aburrido. A veces tenemos que ser pacientes porque no podemos controlar o influir en el cambio y porque los cambios que deseamos no suceden cuando lo esperamos.

Hay dos tipos de cambios que, por lo general, logran hacernos perder el balance en la vida. El primero nos ocurre a nosotros, el segundo, pasa en nuestro interior. El primero no lo podemos controlar, pero, el segundo, podríamos y deberíamos controlarlo.

Cuando mis padres decidieron que nos mudaríamos a Estados Unidos, yo no pude dar mi opinión al respecto. Sucedió lo mismo cuando nací sin brazos ni piernas: ambos fueron acontecimientos que estaban más allá de mi poder. Sin embargo, así como pasó con mi discapacidad, lo que sí tenía era el poder de determinar cómo enfrentaría la mudanza a Estados Unidos. Por consiguiente, decidí aceptarlo y dedicarme a sacar lo mejor de la experiencia.

Tú también posees esta habilidad de lidiar con los cambios inesperados en la vida. Cuando algunos cambios que no esperabas afectan tu situación, es común que te ciegues a las posibilidades. Cuando fallece alguien amado, cuando se pierde un buen empleo, cuando te enfermas o sucede un accidente, a veces no logras reconocer que se acerca un suceso que cambiará tu vida dramáticamente.

El primer paso que hay que tomar para dominar las situaciones no deseadas es permanecer alerta y reconocer que estás a punto de entrar a una nueva fase de tu vida. El solo hecho de estar consciente de la situación, te ayuda a disminuir el estrés. Piensa cosas como: Bien, todo esto es nuevo, va a ser un poco raro pero debo mantenerme en calma. No debo entrar en pánico, debo ser paciente. Yo sé que no hay mal que por bien no venga.

Cuando nosotros nos mudamos a Estados Unidos, yo tenía mucho tiempo para pensar en la forma que cambiarían nuestras vidas. Sin embargo, en algunos momentos llegué a sentirme abrumado y desorientado. A veces me daban ganas de gritar: “¡Quiero regresar a casa y vivir mi vida real!”

Siento mucho decirte esto, amigo, pero tú también vas a pasar por momentos así. Ahora, cuando miro en retrospectiva, encuentro hasta cierto humor en los hechos, en especial porque ahora adoro vivir en California. Con suerte, tú también llegarás a reírte de ti mismo algún día. Debes entender que el enfado y la frustración son emociones naturales que aparecen cuando atraviesas por una transición importante. Sé un poco indulgente y date tiempo para adaptarte. De vez en cuando también resulta muy útil prepararse para cambios inesperados. Es como mudarse a una nueva ciudad: tienes que darte tiempo para encontrar tu camino, para aclimatarte y descubrir que sí tienes ahí un lugar para ti.

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