César A Delgado Castro*
1. Consideraciones generales
El sicariato como fenómeno crimi- nal —al igual que la extorsión—, desde hace más de una década viene registran- do una alta incidencia delictiva en dife- rentes partes del país, sobre todo como tipología delictiva de las organizaciones criminales dedicadas a la extorsión, el robo agravado, tenencia ilegal de armas de fuego, entre otros delitos, así como también, de las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de drogas en grandes can- tidades, y que a la fecha ya no solo viene mostrando un crecimiento alarmante año tras año, sino también, hoy en día como fenómeno criminal, se ha asentado o establecido y empieza su etapa de re- crudecimiento y desarrollo, al punto que ya resulta siendo un serio peligro para la seguridad ciudadana, porque viene provocando una espiral de violencia, muertes por todos lados, pánico e inse- guridad en la población1. El sicariato y la
extorsión son las dos caras de la misma moneda, esto es, son delitos expresión de la criminalidad organizada.2 Estos
dos delitos, entre otros, fueron y son las dos prácticas criminales más usuales de la mafia siciliana3, así como también lo
1 Véase: Delgado Castro, César Antonio, El
sicariato como una modalidad del crimen orga- nizado. Origen, desarrollo y situación actual, 1.a ed., Grandes Ediciones, Lima, 2014.
2 “Sin sicario no hay amenaza consumada”. Véase: Zamarripa, Roberto, Prologó a confesión de un
sicario, Grijalbo, México, 2011, p. 9).
3 Más de 100 miembros de la mafia siciliana enjaulados por el tribunal de Cantazano, Italia, el 1 noviembre de 1967. Eran procesados por diferentes delitos. Véase: Yapp, Nick, Crímenes.
fueron, en Estados Unidos, durante la primera mitad del siglo veinte, por los conocidos mafiosos como Al Capone, Dutch Schütz, Frank Costello, Lucky Luciano, Bugsy Siegel4, entre otros.
Los casos más impactantes de la historia, Parragón
Books, Barcelona, 2007, pp. 88-89.
4 Yapp, Nick, Crímenes. Los casos más impactantes
de la historia, cit., pp. 90-105.
RESUMEN
El autor analiza los artículos 108-C y
108-D del Código Penal. Para este fin, estudia la estructura de estos tipos pena- les, asimismo, analiza sus antecedentes normativos, pues antes de la promulga- ción del D. Leg. N.º 1181, el sicariato estaba tipificado como una modalidad del homicidio por lucro. Es así que, al configurarse el sicariato como un delito autónomo, diferente a las otras formas de homicidio por lucro –pues el dar muerte como servicio de sicariato por un móvil económico, es la característica fundamental que lo diferencia de otras formas de homicidio–, no resultaría ser necesario derogar a este último para que logre aplicarse correctamente el artículo 108-C, como si lo habían propuesto erradamente otros autores.
PALABRAS CLAVE
Acuerdo / Conspiración al sicariato / Crimen / Encargo / Intermediario / Mandante/ Orden / Sicariato
Recibido: 02-09-2015
Aprobado: 09-09-2015
Actualmente, Latinoamérica y el Caribe son las dos regiones más violen- tas a nivel mundial. El último informe UNODC 2011 sobre homicidios reúne la información de 207 países, en la que los que tienen las tasas más altas del mun- do —de 30 o más homicidios por cada cien mil habitantes— que son diecisiete, y el resultado es abrumador porque diez de los diecisiete están en nuestra región de América Latina y el Caribe. Los otros siete en África5. Los países de Latinoamé-
rica tienen muchos rasgos comunes, tan- to desde el punto de vista cultural, como desde el punto de vista de los desafíos que afrontan. Sin embargo existen, de igual forma, enormes diferencias entre ellos6.
La magnitud del sicariato está cre- ciendo de manera sostenida y de forma altamente preocupante, situación que puede percibirse a través de algunos ejemplos, entre los que se encuentran los casos de Ecuador (con un 14% de los ho-
5 Carranza, Elías, “La Política Criminal en América Latina”, en Política criminal y refor-
ma penitenciaria en el marco de un gobierno democrático e inclusivo, Ministerio de Justicia
y Derechos Humanos, Lima, 2012, p. 193. Colombia: 33,4%; Trinidad y Tobago: 35,2%; San Cristóbal y Nieves: 38,2%; Islas Vírgenes Norteamericanas: 39,2%; Guatemala: 41,4%; Belice: 41,7%; Venezuela: 49, 0%; Jamaica: 52,1%; El salvador: 66,0%; Honduras: 82,1% 8 (Carranza, Elías, “La Política Criminal en América Latina”, cit., p. 195).
6 Aponte Cardona, Alejandro, “Estrategias jurídico-políticas para afrontar el terrorismo y el crimen organizado en Colombia: los avatares de la decisión política”, en Política criminal y
reforma penitenciaria. En el marco de un gobierno democrático e inclusivo, Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos, Lima, 2012, p. 235.
micidios producidos de esta manera, du- rante el año 2010), de Colombia (donde según la Policía Nacional, el 47% de los homicidios son ejecutados por sicarios, durante el 2010), de México (donde hubo 1537 fallecidos debido al sicariato, durante el 2006) y de Honduras (donde hubo 1719, durante el 2009)7.
La inseguridad ciudadana que se refleja en la violencia homicida como la forma más segura para medir la inciden- cia delictiva, señala que Latinoamérica y el Caribe son las dos regiones con ma- yor tasas de homicidios internacional o doloso (por cada 100, 000 habitantes), durante el año 2012, y el continente americano con el de mayor tasa de homicidios8. En ese sentido, los países
de México; Centroamérica (el Salvador, Honduras y Nicaragua)9; Venezuela;
7 Delgado Castro, Cesar Antonio, El sicariato
como una modalidad del crimen organizado. Origen, desarrollo y situación actual, cit., p. 45.
8 Fuente UNODC. Estadísticas de homicidios 2012.
9 Las maras, presentes en Guatemala, El Salvador
y Honduras son la manifestación más articulada de organización juvenil asociada con actividades delictivas a las cuales las autoridades policiales tienden a atribuirles la responsabilidad por la mayoría de los hechos de violencia registrados en cada país […]. En lo que respecta a su actividad delictiva […], entre los más frecuentemente mencionados aparecen asaltos, violaciones, asesinatos, prostitución, tráfico de drogas, tráfico de armas e infracciones migratorias. Véase: Solís Rivera, Luis Guillermo, “Pandillas juveniles y gobernabilidad democrática en Latinoamérica y el Caribe”, en Crimen organizado en Latino-
américa y el Caribe, 1.a ed., Flacso, 2008, pp. 154-155).
Brasil, Colombia10; Ecuador —entre
otros países, como Perú que se adscribe en menor proporción a esta tendencia homicida—, son los que registran las ma- yores tasas de homicidios a consecuencia del fenómeno del sicariato, lo que justi- fica que en nuestro país, la muerte por encargo se haya tipificado como delito autónomo, pero sobre todo porque su lógica y su relación e interacción con otros delitos la hacen distinta de las demás formas de homicidio.
En lo que respecta al sicariato en el Perú, todo empezó en el norte, específi- camente en Trujillo, donde los pequeños empresarios y constructores eran vícti- mas de la extorsión por parte de bandas criminales que se dedican a la comisión de los delitos de robo agravado, secues- tro, asesinato (sicariato) y extorsiones. La ramificación de este cáncer se extendió hacia otras zonas norteñas como Lam- bayeque, Piura, Tumbes, Tacna, Bagua, Amazonas, Chimbote, Casma, Huaral, Lima, el Callao, Ica, Chincha, entre otras
10 Al respecto: Montoya Prada, sobre el sicariato en Colombia, precisa que el sicariato “[…] operaba en la década de 1970 para narcotraficantes, es- meralderos y terratenientes, incluyendo algunos
pájaros, matones a sueldo que actuaron durante
la violencia, el período de conflicto bipartidista de mediados del siglo XX. A Griselda Blanco, la
reina de la coca, se le atribuye el inicio en el país
de la modalidad de sicarios motorizados, pero es el cartel de Medellín quien los consolida, con el entrenamiento brindado en algunas escuelas ubicadas en la ciudad y sus cercanías. Véase: Montoya Prada, Alexander, “Asalariados de la muerte. Sicariato y criminalidad en Colombia”, en revista Latinoamericana de seguridad ciudada-
na (URVIO), N.o 8, 2009, p. 62).
zonas11. En cambio, el sicariato en las
organizaciones criminales dedicadas al tráfico ilícito de drogas, desde los años ochenta ha estado presente en las zonas rurales y de producción de droga y en el trapecio amazónico y en estos últimos años se viene produciendo con frecuen- cia en las zonas urbanas como Lima y Callao. En ese sentido, por ejemplo, la Dirincri PNP de Lima y las fiscalías especializadas en criminalidad organi- zada de Lima, en el año 2012, lograron desarticular a la organización criminal la gran familia de Chiclayo; en el año 2013, a la organización el nuevo clan del norte de Chiclayo, y en el año 2014, a la organización la cruz de Piura en Piura, entre otras.
Por ejemplo, 103 muertos produc- tos de crímenes por encargo hubo en la Libertad12 en el 2013. Fue la región con
mayor cantidad de asesinatos. En todo el país hubo 343 homicidios13. En ese
contexto, hasta octubre del año 2014, según la división de homicidios, fueron cometidos 288 crímenes por encargo, principalmente en la Libertad (103) y en Lima (63). El móvil en la mitad de
11 Delgado Castro, Cesar Antonio, El sicariato
como una modalidad del crimen organizado. Ori- gen, desarrollo y situación actual, cit., pp. 71-72.
12 Alrededor de 30 organizaciones de mediana y gran escala operan en esta región. Alrededor de 15 agrupaciones criminales son integradas por entre 40 y 50 miembros, el resto opera con seis o siete integrantes. Cada banda tiene su propio grupo de sicarios y toda una red dentro y fuera de los penales que le permite delinquir. Véase: Diario El Comercio, de fecha 5/12/2014, p. A12. 13 Diario El Comercio, de 5/12/2014, p. A12.
los casos fue la venganza, seguido de enfrentamientos entre bandas (48%) y la extorsión (12%). Los blancos resultaron ser personas sin ocupación, profesionales, comerciantes y taxistas14.
El sicariato debe ser entendido como un fenómeno criminal en el cual el sicario busca prestar un servicio criminal de dar muerte a cambio de una contraprestación estrictamente económica, es decir, en términos econó- micos, el sicario brinda el servicio ilegal de dar muerte a una persona a cambio de una contraprestación patrimonial, que puede concurrir con otros móviles o motivaciones pero que no necesaria- mente se corresponde con la motivación del intermediario y del que contrata al sicario. El que contrata o da la orden, puede tener como motivaciones, intere- ses de venganza, afán lucrativo, control de una plaza o mercado, ambiciones políticas o móviles caseros u ordinarios como celos, odio, etc. En ese sentido, Fernando Carrión Mena, considera que “[…] el sicariato es un fenómeno econó- mico donde se mercantiliza la muerte en comparación con los mercados oferta- demanda. De tal forma, el sicariato no es un homicidio común, ya que hay una serie de factores que lo hacen distinto a otros pero que lo consideran parte de la violencia moderna, vale decir, hay premeditación para cometer
14 Arce, Álvaro, “El precio de la vida ¿El avance del sicariato debería de preocupar solo a los delincuentes, como deslizó el ministro Urresti, o es un verdadero riesgo para los ciudadanos?”, en Revista Somos, N.o 1454, 2014, p. 23.
un hecho criminal, y es un servicio imprescindible para la existencia de la organización delictiva en general (nar- cotráfico, tráfico humano)”15. Se trata
de un tipo de violencia delictual que tiene su propia lógica, derivada de un enmarañado sistema de componentes sociales: el contratante, el intermedia- rio, el ejecutor y la víctima16. En ese
sentido, desde el punto de vista socio cultural del fenómeno del sicariato, se debe entender figurativamente que las armas se incorporan a la vida del pisto- lero desde temprano. Simbólicamente, son estas tomadas como parte de sus cuerpos, un miembro indispensable de un organismo suprasensible, un cuerpo que se constituye como la interfase entre lo social y lo individual, entre la natu- raleza y la cultura, entre lo fisiológico y lo simbólico17.
En ese sentido, cuando el artículo 1 del D. Leg. N.o 1181, señala como
propósito del sicario un beneficio eco- nómico para él o para un tercero o de cualquier otra índole, equivocadamente amplia el propósito económico al de cualquier otra índole, porque como ya dijimos el sicario solamente presta su
15 Carrión Mena, Fernando, “El sicariato: una realidad ausente”, en Programa de estudios de la
ciudad. Ciudad segura, N.o 4, Flacso, Ecuador, 2008, pp. 5-6.
16 Carrión Mena, Fernando, “El sicariato: una realidad ausente”, cit., p. 8.
17 Arruda de Paula, Ricardo Enrique, “Ma- tadores de gente-reseña de una investigación etnográfica sobre el universo social de pistoleros y justicieros, en revista Latinoamericana de segu-
servicio ilegal de dar muerte a cambio de una contraprestación económica o ventaja patrimonial, es decir, el móvil económico, es el único beneficio que mueve al sicario a prestar el servicio de dar muerte a una persona, en con- traposición al costo o peligro de que eventualmente pueda perder la vida en corto tiempo por parte de otros sicarios contrarios o la libertad por parte de las autoridades, por lo que el dar muerte por un móvil económico, es el hecho o característica fundamental que lo di- ferencia de otras formas de homicidio, sobre todo del homicidio por lucro, que un injusto penal que tradicionalmente incluye al homicidio por encargo y otras formas de homicidio que involucran interese económicos. Es por ello, que al configurar al sicariato como un delito autónomo, diferente a las otras formas de homicidio por lucro, por el principio de especialidad, no resulta ser necesario el derogar a este último tipo penal, como lo han propuesto algunos autores.
En ese sentido, en el mediático caso Alejandro Trujillo Ospina y otros por el delito de homicidio por lucro y parricidio, en agravio de Silvia Miriam Fefer Salleres, la 2.a Sala especializada en
lo penal para procesos de reos en cárcel de Lima, llegó a determinar que “[…] el asesinato por lucro, en nuestro sistema jurídico, puede verificarse hasta en dos modalidades: a) Cuando una persona, actuando por una compensación eco- nómica y a pedido de un mandante, da muerte a su víctima; y b) cuando el sujeto activo guiado por la obtención de un
beneficio patrimonial, unilateralmente toma la decisión de cegar la vida de su víctima”18.
En similar ejemplo nos encontra- mos con aquella esposa que induce o instiga al amante para que dé muerte al esposo, con la finalidad de quedarse con el patrimonio familiar, y ante la renuen- cia del amante de dar muerte, está para convencerlo le ofrece una suma de dinero, con lo cual logra persuadirlo. Es así que, del análisis del ejemplo dado se habría configurado el delito de homicidio por lucro, más no así el delito por encargo o sicariato, porque en el citado ejemplo, el sujeto activo o el que ejecuta no tiene como oficio el de prestar el servicio de dar muerte a cambio de una contrapres- tación económica.
2. El sicariato como delito autónomo