largo de la Religión remiten a pasajes correspondientes de la sección Esp íritu, son todos de este tipo; la figura religiosa en cuestión es exactamente la que expresa la interioridad substancial del "Espíritu ético" que allí se mencionaba42• Así pues podemos concluir que todo lo comprendido bajo una u otra de ambas totalidades parciales es la misma y única historia de los hombres, pero leída cada vez con dos enfoques diferentes, a dos niveles de profundidad: el prime ro, atendiendo directamente al despliegue de sus aconteci mientos; el segundo, atendiendo al d inamismo esencial que fundamenta este movimiento; la ciencia, por su parte, es la unidad finalmente manifiesta de estos dos movimientos ori ginaria y estructuralmente idénticos.
LAS CUATRO PRIMERAS SECCIONES O EL ESPÍRITU EN SU
CONCIENCIA
Una vez clara esta identidad de principio, estudiemos ahora la primera totalidad parcial, cuya estructura evidente-
mente es más compleja que la segunda, partiendo esta vez de su comienzo.
l. Las tres primeras secciones son, pues, la Conciencia, la Consciencia de sí y la Razón. Y a sabemos que la obra, en su economía más general, resulta ser la unüicación de las dos reconciliaciones en que culminan las dos exposiciones consagradas al desarrollo del Espíritu en su conciencia y en su consciencia de sí respectivamente. Así pues, tenemos ra zones para suponer que el conjunto de las tres primeras secciones constituye, dentro de lo que he llamado primera totalidad parcial y de la unilateralidad que la caracteriza, como un primer esbozo de la unidad que se afirmará des pués al nivel del Todo. Esto nos daría la siguiente relación analógica: (Conciencia + Consciencia de sí = Razón) = (Es píritu en su conciencia + Espíritu en su consciencia de sí = Saber absoluto).
Pero, atención: por señalar esta analogía estructural, algunos me han clasüicado entre los que se adhieren más o menos a la tesis de Haering ya mencionada varias veces. Ahora bien, nunca he dicho que las tres primeras secciones formaran por sí solas un Todo suficiente, respecto del cual el resto de la obra no constituiría más que una añadidura exterior e innecesaria, sino que su relación dentro de la primera totalidad parcial43
prefigura
yanuncia
lo que no tendrá lugar de verdad sino al nivel de las estructuras glo· bales.Un indicio de este vínculo privilegiado entre las tres primeras secciones lo constituyen los respectivos títulos que reciben en la segunda de las nomenclaturas sistemáticas que hemos puesto de relieve en el índice, la que se articula con letras. Se puede decir que la primera sección, con sus tres figuras eslabonadas, debe entenderse como una explicación de lo que es, en la inmediatez de las cosas, la
certeza
que caracteriza al conocer; la segunda expresa laverdad
de esta certeza, por cuanto de certeza del ob-jeto se ha convertido en "certeza de sí misma" ; finalmente la tercera -lo que precisamente hace que la Razón sea la imagen y el anuncio del Saber absoluto- retoma y vincula los dos términos entre los cuales se tiende todo el arco de significaciones de la obra tomada en su conjunto:certeza
yverdad
de la Razón.74
LAS GRANDES ARTICULACIONES DE LA OBRAla " coextensión" de las dos primeras secciones y su identi dad en la tercera:
a) Entre conciencia y consciencia de sí Hegel subraya el paso de un punto de vista a otro distinto y complementa rio, como ocurrirá exactamente en la transición de las cua tro primeras secciones a la quinta. Cabe decir así que con ciencia y consciencia de sí representan los dos paneles de esta primera unidad formal que se expresará a través de la Razón; al predominio primero del ob-jeto se substituye de modo provisional el predominio del Yo.
He aquí lo que escribe Hegel a este propósito al co mienzo de la Consciencia de sí: "Al fin ha surgido lo que no se producía en estas relaciones anteriores [entre la conscien cia y el esto, la cosa, o la fuerza] : una certeza que es igual a su verdad, pues la certeza se es ella misma su objeto y la conciencia es para ella misma lo verdadero"44. Más adelante añade: "Por tanto, con la consciencia de sí nos encontra mos ya en el reino originario de la verdad ( . . . ) S i compara mos esta nueva figura del saber, el saber de sí mismo, con la anterior, el saber de lo otro, éste ciertamente ha desapare cido"4 5. En resumen, se da un desplazamiento total del inte rés desde el ob-jeto hacia el sujeto. Cierto, esto sucede sin que se olvide por completo lo conseguido en las formas anteriores del saber, pues sin ello una equivocidad total ha ría imposible la tarea ulterior de la "reconciliación" . Hegel se dedica, pues, en esta misma página a mostrar que, para que exista la consciencia de sí, se precisa también la existen cia de la conciencia. Así pues, el debate se realizará entre dos ob-jetos: el que representa el mundo sensible y el que constituye el Y o. Pero, una vez afirmado esto provisional mente, sigue valiendo que en adelante el objetivo no se dirige primariamente hacia el exterior, sino, de manera dia metralmente opuesta, hacia la interioridad del sujeto.
b) Si pasamos ahora a las relaciones estructurales entre Conciencia y Consciencia de sí, por una parte, y Razón por otra, el movimiento se presenta de un modo completamente distinto. Y a no se trata esta vez de oposición sino de culmi nación. Así escribe Hegel a este respecto en un texto estruc tural decisivo que coloca al comienzo de la segunda subsec ción c!e la Razón: "Lo mismo que la razón observante46 repetía en el elemento de la categoría4 7 al movimiento de la
entendimiento-, la R azón volverá también a recorrer el do ble m ovimiento de la
consciencia de sí,
pasando de su auto nomía a su libertad"48 • De aquí se deducen las correspon dencias de aquí en adelante evidentes: realización de la consciencia racional de sí por sí misma 1 autonom ía y de pendencia de la consciencia de sí; la individualidad real de suyo y para sí 1 libertad de la consciencia de sí. Es decir, la segunda subsección de la Razón "repite" en el elemento de la categoría el contenido de la primera subsección de la Consciencia de sí, mientras que la tercera subsección de la Razón realiza según esta verdad nueva lo que había sido expuesto con una perspectiva unilateral en la segunda y última subsección de la consciencia de sí. Por lo tanto se pue de afirmar con fundamento que la Razón expresa la unidadformal
de estos dos m omentos que son la conciencia y la consciencia de sí.2.
Pero no se trata aún más que de una unidad "for mal"; la "categoría", expresión primera de la unidad del sery el pensamiento 49, sólo es tal unidad, como queda d icho, a nivel
teórico.
Todo el contenido de la sección Razón tiene el significado preciso de comprobar esta afirmación con los hechos, primero en el plano de una " observación" pasiva y después en el de una "realización" que manifiesta ya la libertad instauradora del Y o. Ahora bien, estas consideracio nes descubren quesimplemente para dar cuenta de esta uni
dad tal como ha sido sen tada,
es necesario llegar a otro tipo de consideraciones, que ausculta las realizaciones concretas de este principio en la historia de los hombres: "En la vida de un pueblo es donde de hecho encuentra su realidad con sumada el concepto de la realización de la razón consciente de sí; [éste] consiste en intuir en la autonom ía delotro
la perfectaunidad
con él, o en tener por objeto com omi
ser-para-m í
, esta librecoseidad
de un otro, que me es previay que es lo negativo de mí mismo"50 • Es evidente -y aqu í cae definitivamente la tesis de Haering- que el m ovim iento que vincula así las secciones Razón y Esp íritu de la manera más estrecha, nos obliga a captarlas en su unidad esencial, por cuanto constituyen
juntas
precisamente "el Espíritu en su conciencia". Se ve que la unidad primera que he señalado al nivel de las tres primeras secciones, no va a aislarlas en ninguna autosuficiencia, sino que prepara solamente el mo vimiento que ahora traspone las tres,conforme al orden de
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