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HACIA UNA SALIDA: DOMINACIÓN Y SERVIDUMBRE

148 EL RECONOCIMIENTO

lugar me parece preferible conservar el título "abstracto" que atribuye Hegel a esta figura, "dominación y servidum­ bre", antes que la denominación que se ha hecho corriente de "dialéctica del amo y del esclavo'', pues pone de relieve que lo que aquí se d iscute es menos un encuentro antropo­ lógico concreto que un principio de inteligibilidad a nivel de actitudes universales. Actitudes encamadas en una situación que cabe esbozar así: el combate a muerte se abrevia cuan­ do uno de los adversarios, tomando conciencia de la mala corüradicción -propiamente aniquiladora- a que lo llevaría una obstinación en la regla de conducta abstracta que ha escogido, opta por vivir, a costa de dejarse dictar la ley de su Y o por el protagonista con quien acaba de enfrentarse. En términos técnicos, renuncia a ver en su trascendencia sobre su ser la condición de la afirmación de su ser-para-sí; enton­ ces, replegándose a lo que por el momento es efectivamente lo esencial, escoge este "ser", dejando al otro su "ser-pa­ ra-sí" o su libertad. Como queda dicho, así surge "el lado de la

desigualdad

de ambas [ consciencias de síj"43•

A partir de ahí el texto se divide en dos partes: en la primera, levantando acta del progreso realizado frente a la situación insensata a que llevaba la figura precedente, abor­ damos de nuevo,

desde el punto de vista del amo,

el examen de la relación de "reconocimiento" que puede instaurarse entre las partes de la relación 44; en la segunda la

figura del

esclavo

carga con el peso del análisis y ya no se trata de reconocimiento, sino de que uno de los protagonistas ad­ quiere una verdadera "autonomía" 45, una promesa de que habrá una relación de verdad, que la situación presente defi­ nitivamente no puede entrañar46• Voy a examinar alternati­ vamente estos dos pasos esenciales.

l . Hegel distingue primero tres términos, uno de los cuales se encuentra siempre en posición dominante -el

amo-

y los dos restantes -el

esclavo

y la

coseidad-

se le enfrentan y desempeñan alternativamente el papel del otro extremo y el de término medio 47• Sigue una serie de relacio­ nes silogísticas, a través de las cuales el amo va buscando su verdad. Además de relacionarse inmediatamente con él mis­

mo como ser para sí, según hacían las dos conscien­ cias de sí en la figura precedente48 , el amo entabla en efecto una doble relación de mediación: 1 ) obligando al esclavo a que trabaje el mundo para él, lo somete, por consiguiente,

mediante esta coseidad (a la cual, por lo demás, el esclavo se había sometido él mismo prefiriendo la vida a una libertad abstracta)49 ;

2 )

pero, por otra parte, interponiendo al escla­ vo entre él y el mundo, llega a dominar mediatamente a éste, gozando de los productos que le prepara 5°. Doble silo­ gismo, por lo tanto, -a.mofcoseidad/esclavo, y amo/escla­ vo{coseidad- que trata de desarrollar en un proceso de ob­ jetividad verificante la relación de inmediatez (dominación sobre el esclavo, disfrutar de las cosas) que el amo, por la pureza de su ser para sí, se cree con el derecho y el deber de ejercitar sobre ambos términos con los que tiene que ver 5 1 • "En estos dos momentos -prosigue Hegel- se produ­ ce para el amo su reconocimiento por otra conciencia" sl.

Pero ¿de qué tipo de reconocimiento se trata? Hegel enu­ mera las operaciones que se efectúan en el conjunto de las relaciones en juego:

1 )

el amo sobresume al esclavo y el esclavo consiente con este hacer sobresumiéndose él mis­ mo 53;

2 )

este hacer del esclavo sobre él mismo y sobre el mundo es en realidad una especie de partic

ación secunda­ ria en el hacer esencial que es el del amo5 ;

3)

finalmente hay que notar la ausencia del momento que aseguraría la reciprocidad del obrar, logrando que "lo que el amo hace con el otro, lo haga también consigo mismo, y lo

a

ue el esclavo hace consigo, lo haga también con el otro" 5 • Así pues hay que concluir: " Se ha producido solamente, por tanto, un reconocimiento unilateral y desigual" 56•

2.

El segundo paso anunciado, estrictamente decisivo, se inscribe en una trayectoria muy distinta. Se impone la impresión de un giro de gran importancia, como también aparecerá luego. D os indicios de este cambio: primero, co­ mo ya he señalado, la figura central no es la del amo, sino la del esclavo 57, pues la primera, encerrada en su fracaso, no aparece más que en segundo plano como una especie de contrapunto para juzgar el grado de verdad alcanzado por la "conciencia servil" ; segundo, los térm inos "reconocimien­

to", "reconocer" van a desaparecer por completo; parece como si el problema se pasara provisionalmente por alto, una vez puesto en claro que no puede solucionarse de modo satisfactorio sobre las bases utilizadas. Y de hecho, habrá que esperar hasta el final de la " Razón" y, de modo más decisivo, el final del "Espíritu", para volver a ocuparse de la cuestión del "reconocimiento" dentro de perspectivas más

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sólidas 58 ; hasta entonces lo que se discutirá primariamente es la "libertad" de la consciencia de sí 59 o la "autonomía" que debe adquirir, para poder encontrarse verdaderamente con otro"0•

La conciencia servil va a ganar esa verdadera autono­ mía en dos tiempos. Primero es preciso que, valga la expre­ sión, "recupere" su ser-para-sí, dándose cuenta de que el

miedo

que experimenta es aquí la expresión secundaria de la negatividad radical que ella es en sí misma. Este punto es propiamente !undante: asegura a esta conciencia una capaci­ dad de realización que enseguida podrá ejecutar en la reali­ dad efectiva de las cosas. Pero con la condición : que este "miedo" no sea un temor más o menos superficial a perder

tal o cual bien sino el temblor esencial, el pánico animal de quien se encuentra enfrentado con la desaparición posible y próxima de su ser mismo, es decir: inminencia de la muerte como término insensato del combate entablado, permanen­ cia de una supeditación "esencial", que quita al principio de la propia libertad toda posibilidad de intervenir y determi­ narse por sí. Hegel afirma entonces en la frase central de este párrafo: " Este movimiento universal puro, la fluidifica­ ción absoluta de toda subsistencia es la esencia simple de la consciencia de sí, la absoluta negatividad, el

puro ser para

sí,

conllevado así

en

esta conciencia" 61 • Conllevado

en

ella

-y originariamente, aunque no se haya dado cuenta hasta ahora- este "ser para sí" radical que la constituye en "auto­ nomía", es también para ella en cuanto "en el amo dicho momento es su

objeto"

62• De este modo paradójico lo que constituía la miseria y, en sentido propio, la " enajenación" aparente de la conciencia servil va a resultar para ella una ganancia absoluta. Experimentar esencialmente

suyo

este ser para sí que consideraba radicalmente extraño, va a incul­ carle la convicción fundada de que nada "extraño" puede resistir a la potencia negativa que reside en ella; y el "servi­

cio", que parece expresar su sujeción, se convierte en ton· ces en aquello mediante lo cual traducirá

su

poder sobre el mundo.

En efecto, escapar al callejón sin salida aparente de esta relación defectuosa no resulta de una simple postula­

ción interior; tiene toda la fuerza de una realización que traduce en térm inos de h istoria la experiencia íntima que acaba de tenerse. Tocamos con esto el segundo tiempo,

igualmente esencial, por el cual la consciencia servil va a obtener su verdadera "autonomía": el miedo no sólo debe conducir a la producción del "servicio" que requiere el amo -actos "serviles" precisamente, en que el ser se dispersa y no puede concentrarse ni reconocerse-, sino que debe y puede establecerse, valga la expresión, en las realizaciones intermedias que produce el

trabajo

y que para el esclavo son la imagen objetivada de su negatividad creadora. "Este cam­ po soy yo", dirá el labrador; el producto del trabajo es así

idealmente

por lo que "el puro ser para sí de la conciencia" "pasa el elemento de lo permanente" 63• Ello nos hace pal­ par una de las líneas de fuerza de la

Fenomenología,

una exigencia que Hegel retomará en el Prefacio para hacerla esencial característica del "pensamiento conceptual": la ne­ gatividad no se pierde en el contenido (representación) ni tampoco prescinde de él para montar un mundo de ilusio­ nes (pensamiento raciocinante), sino que se "frena" 64 para adquirir consistencia en el mundo que anima devolviéndolo a la autoridad del concepto. Aquí Hegel emplea el mismo término y otro más que es equivalente: "El trabajo es ape­ tencia

refrenada

["gehemmt"], desaparición

retenida

["auf­ gehalten"] 65". De este modo el trabajo, como el lenguaje, le permite a la conciencia asegurar su poder sobre el mundo y concretamente disolver su miedo en una operación única con dos componentes: se prueba a sí misma que el mundo no es una sustancia "extraña" y da efectividad histórica -"reconocible"- a la negatividad absoluta que reside en

ella com o consciencia de sí.

Esta operación, en que comienza a afirmarse la libertad verdadera, es el "formar" ("Formieren") o "cultivar" ("Bil­ den")66 . Hegel subraya con vigor que su validez frente a la libertad buscada depende del rigor con que esté

igualmente

a la altura de los dos elementos que acaban de destacarse: por un lado el

miedo

y el

seroicio,

(que como hemos visto, sirven a la conciencia para "recuperar" su ser para sí), y por otro el

acto de formar

(en que la conciencia consolida su dominio sobre su ser para sí); ya no sólo es "implícita", sino que "llega a ser

su propio

[ser] para ella, y se revela a la conciencia que ella misma es de suyo y para sí" 67• Tres expresiones encadenadas en un juego de palabras elocuente, dan el significado de este movimiento y de esta experiencia: la conciencia servil se enfrentaba primero, en el amo y en la

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exterioridad del mundo natural, a una hostilidad que ame­ nazaba con expropiarla de sí misma. a un " sentido extraño" ("fremder Sinn " ) ; por el miedo/servicio, en cambio, y por el trabajo vuelve a encontrarse a sí misma y se convierte en su "propio sentido" ("eigner Sinn"); pero con la condición de que tenga

a la vez

miedo absoluto y acto de formar, sin lo cual el sentido propio se convertiría en una " obstinación" ("Eigensinn")68 • Aquí, en lo fenoménico de las cosas, la experiencia lograda no dista mucho de la pérdida de todo significado: sólo el tenue grosor de una libertad lúcida; re­ husando el callejón sin salida de la enajenación, pero tam­ bién el simple deseo inmediato de un trastocamiento de roles, el esclavo llega a ser la verdad de él mismo y del amo, convirtiéndose en el hombre, es decir, traduciendo su negatividad esencial -que percibe en la experiencia del mie­ do- en negatividad "refrenada" y creadora de historia. Una vez "autónoma", la consciencia de sí

en

el esclavo se mues­ tra así capaz de emprender la larga experiencia que la con­ ducirá a la posibilidad concreta de un "reconocimiento" más verdadero.

B.

EL CONTENIDO DEL CONCEPTO

En efecto, la aventura del reconocimiento no se acaba con esta figura; hasta ahora sólo hemos asistido a dos tenta­ tivas abortadas y finalmente a dos fracasos. Ya lo he dicho: el error común de la mayor parte de los estudios dedicados a dilucidad este tema en la

Fenomenología,

consiste en que se limitan a explicarnos las páginas que acabamos de leer, mientras que esta doble parábola del combate a muerte y la relación dominación/servidumbre sólo pretenderá indicar a qué debe renunciar la consciencia, si quiere ser capaz de encontrarse en verdad con otra, la abstracción que supone un esclavizamiento unilateral de otro hombre y del mundo. Así, cerrando esta especie de paréntesis negativo, volvemos ahora al recorrido en que la consciencia singular afianza su "libertad" y "autonomía", como preparación al mundo plural de la razón y la historia 69•

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