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ria sucesión de las figuras anteriores de la conciencia, para las cuales lo verdadero era una cosa, algo distinto de ellas

mismas, expresa precisamente que no sólo la conciencia de la cosa únicamente es posible para una consciencia de sí, sino que sólamente esta es la verdad de aquellas figuras"2 2• Sin embargo, repitámoslo una vez más, esta lectura unifica­ da la hacemos nosotros: "Esta verdad sólo se da para noso­ tros, aún no para la conciencia ( ... ) La consciencia de sí ha resultado primero sólo

l]ara sí,

aún no

como unidad

con la conciencia en general" :2 .

2. ¿Qué significa "para sí"? La conciencia ha visto al mundo animarse y complicarse en un movimiento que tam­

bién le afectaba a ella y revelaba en ella una estructura similar de mediación. Por ambas partes, en el universal gue ha resultado, la singularidad y la universalidad se han puesto y opuesto de nuevo, primero en una relación de alternancia, después de contradicción propiamente dicha -es decir, de una distancia máxima dentro de una unidad propiamente esencial-. La resolución de esta relación ha comenzado a realizarse -dialéctica de la "explicación"- 14, cuando el en­ tendimiento ha asumido la tarea de enunciar la ley de esta relación. Momento de gran peligro, a decir verdad, por cuan­ to corremos el riesgo de volver a entrar en la órbita de un idealismo subjetivo, que deja a una interioridad abstracta la tarea de pensar el mundo. En efecto, por ello, "esta diferen­ cia interna, al principio, corresponde sólo

al en tendimiento;

aún no está sentada inmanentemen te a la Cosa misma" 25•

Pero para llegar a este resultado basta prestar atención a una cosa: encontrando el cambio en el entendimiento, la con­ ciencia convierte la "ley del fenómeno" en "ley de lo inte­ rior" 16; por consiguiente lo mismo y lo otro dejan de ser recíprocamente externos y,

por tanto,

sujeto y objeto se presentan en un mismo movimiento como

"lo homónimo"

que "se

repele

a sí mismo"'17; a la inversa y de modo similar los términos hasta aquí diferentes llegan a encontrarse y coincidi_r, de tal modo que "lo

no homónimo"

-el sujeto y el objeto tanto en su recíproca relación como en la econo­ mía de los momentos que los componen a ambos- "se

atrae"a.

La diferencia "se presenta así como diferencia de

la Cosa misma

o como diferencia absoluta"'19; es diferencia interior tanto de lo interior como de lo exterior y,

por lo

tanto,

identidad de lo interior y de lo exterior en su misma diferencia. Con ello puede aparecer el resultado tal como lo experimenta la conciencia misma: Una vez "que este con-

106 VIDA Y DESEO

cepto de la infinitud es su ob-jeto, la conciencia es por tanto

conciencia de la diferencia como algo sobreasumido tam­ bién

inmediatamente;

es

para sí misma,

es

acto de diferenciar

lo indistinto,

o

consciencia de sí" 30•

Aquí surge una nueva problemática y se origina u11 nuevo código. En efecto, "ha surgido ahora lo que no se

producía en estas relaciones precedentes: una certeza que es igual a su verdad, pues la certeza es su propio objeto para sí misma y la conciencia es lo verdadero para sí misma"3 1 • Insisto en que no hay que entender esto como una supre· sión del mundo; la conciencia no cesa de ver el mundo, sino que se ve también ella como mundo en el mundo. Hegt'l escribe a este respecto: "Cierto, sigue habiendo un ser-otro; en efecto, la conciencia distingue, pero distingue algo qw• para ella es al mismo tiempo in-diferenciado"32• El punto es de tal importancia -de él depende el ensamblaje de la expe­ riencia futura- que Hegel volverá a tratarlo pronto más largamente y en términos más exactos. Limitémonos ahora, leyendo esta formulación generalísima, a compararla con lo que Hegel decía de la conciencia

u t sic

en la Introducción a

la obra: "Esta -decía-

distingue

de sí algo a lo que, al mismo tiempo, se

re{iere't3 3 •

Uno recuerda el rosario d<> determinaciones que procedían de tal definición primera: para la conciencia "el saber, de suyo" la verdad 34• Desde t>l punto de vista de la conciencia estas determinaciones esta­ ban ciertamente vinculadas de modo estricto, pero en recí· proca exterioridad, buscando una objetividad que pudiera avalar a la conciencia desde fuera de ella. Esto es lo que ahora ha cambiado; lo que la conciencia "diferencia" de sí ya no es sólo "algo a lo que al mismo tiempo se refiere", sino "algo que para ella es al mismo tiempo in-diferenciado". La simple relación indetenninada se ha convertido en una identidad sentada: "pues lo

implícito

es la conciencia; pero es también aquello

para lo q ue

h ay un otro ( lo ímplicito); y precisamente para ella el objeto implícito y el ser del ob-jeto para otro son lo mismo" 35• Lo cual permite a Hegel, en un pasaje curioso pero capital para comprender su filosofar, afirmar aquí la identidad devenida, entre el sujeto y el obje­ to, alternativamente desde la perspectiva del objeto y del sujeto: "Si llamamos

concepto

al movimiento del saber y

objeto

al saber como unidad quieta o como Yo; vemos que, no sólo para nosotros sino también para el saber mismo, el

objeto corresponde al concepto (o bien si, de otro modo, llamamos

concepto

a lo que el objeto es de suyo y objeto a lo que es como

objeto

o

para otro,

vemos que es lo mismo el ser-de-suyo [ o implícito] y el ser-para-otro"36• Para "reali­ zar" este principio de todo idealismo

absoluto

hay que su­ perar radicalmente el p lano de la representación, que se esfuerza por pasar de un saber subjetivo a la interioridad "implícita" de la cosa que tiene delante; tentativa ridícula, inútil, que llega siempre demasiado tarde: la transición ya se ha realizado

desde siempre

puesto que "el Y o es el conteni­ do de la referencia y el acto mismo de referir; se define él mismo con respecto a otro y al mismo tiempo lo desborda, pues para él esto otro no es a la vez sino él mismo"3 7• El Yo puede conocer el mundo -alcanzar la verdad de esta certe­ za-, cuando se conoce a sí mismo como mundo.

3.

Y es que -siempre volvemos al mismo punto- la consciencia de sí es la "verdad" de la consciencia. Esta es pues "la reflexión a partir del ser del mundo sensible

g

percibido, y esencialmente el regreso desde la alteridad"3 • Pero este "regreso" es tan radical que está en trance de olvidar su 'terminus a quo' ; cierto, la "consciencia de sí" sabe bien que es "movimiento", que accede a sí a partir de lo que no es ella; pero olvida que su propia existencia sólo le es accesible una vez presupuesta por la existencia del mun­ do. ¿Cuál es el resultado? "En cuanto

sólo se

diferencia de sí

como sí misma,

para ella la diferencia, como alteridad, esta

sobreasumida inmediatamente ;

la diferencia no

es

y la

autoconciencia

es solamente la inerte tautología del Y o soy Yo"3 9• Pero entonces, en buena lógica, cae bajo un juicio brutal, que fuerza a sobrepasar la parcialidad de este resulta­ do: "En cuanto para ella la diferencia no tiene tampoco la figura del

ser,

no es consciencia de sí',..0• Es decir, que no es aquella consciencia de sí que es la "verdad" de la conscien­ cia, sino sólo la abstracción de una identidad vacía. Por ello, ante este punto extremo que constituía la anulación de toda la experiencia anterior, Hegel -en el giro decisivo de este texto- concluye 'ab absurdo' : "Así pues, la alteridad se le da

como un ser

o como

momento diferenciado't4 1 •

Con todo, la primera forma que toma este reconoci­ miento es la admisión de una dualidad de objetos: "pero también se le da su unidad con esta diferencia como

segun­

do

momento

diferenciado"42•

Habrá, pues, por un lado la

108 VIDA Y DESEO

"conciencia" -"y para ella se mantiene toda la extensión del mundo sensible" 4 L y por otro "la unidad de la cons· ciencia de sí consigo misma"44; dos momentos esencial y mutuamente "referidos" (o más bien, en el estado actual de las cosas, el primero esta "referido al segundo"4 5). Precisa· mente esta relación define aquí la consciencia de sí. ¿Qué significa si no que la consciencia de sí, para ser simplementR to que es, deba despertar a la verdad de esta relación consti­ tutiva entre sus "dos" objetos? "Esta ( unidad de la cons· ciencia de sí consigo misma] -escribe Hegel- debe hacérse· le esencial, es decir, que la [consciencia de sí] es

apetencia

en general"46•

Tengamos cuidado con la aparición de este último con· cepto. El "deseo" nos conduce, según parece, al vitalismo, del que se ha dicho que marcó los primeros años de Hegel; veremos precisamente dentro de poco que el objeto del de­ seo es definido com o idéntico con la "vida". Pero hay que guardarse aquí de lo que podría ser una mera devaluación psicologizante de este resultado de la experiencia ( que es asimismo punto de partida de la experiencia nueva). La consciencia "deseante" es la consciencia de sí estructurada de modo que tiende esencialmente a reunir sus dos objetos, "uno, el inmediato, objeto d e la certeza sensible y el perci­ bir, pero que

para ella

se

caracteriza

como

lo negativo";

"el segundo, precisamente

ella misma,

que es la verdadera

esen­

cia

y que al principio sólo se da por oposición al prime­ ro"47 . Podría decirse que la consciencia de sí

es

deseo de reconstituir la unidad que ella sabe que es y por eso tiende a subsumir el objeto que es suyo como conciencia, bajo el ob-jeto que ella misma se es como consciencia de sí. "La consciencia de sí se presenta así como el movimiento en que esta oposición resulta sobresumida y alcanza consciente­ mente su igualdad consigo misma'74 8•

Pero, si el Yo simple de la consciencia viene así a redu­ plicarse como deseo, ¿acaso no implica esto que también ha cambiado el objeto de este deseo, en su doble forma, objeti· va y subjetiva?

LA VIDA

ciencia deseante en la medida en que ha llegado a aprehen­ derse como movimiento que relaciona estructuralmente un objeto "sensible", que es siempre el suyo en tanto es con­ ciencia, con el objeto "esencial", que es ella para ella mis­ ma. Pero ya he dicho que esta relación se expresa como

movim iento ;

ello significa que ambos objetos en cuestión permanecen plena y radicalmente diferenciados uno de otro, como lo implica la relación de infinitud, la cual es, como sabemos, una identidad de términos

efectivamente

diferentes.

¿Cuál es la conclusión? Así como acabamos de ver que la consciencia de sí, como sujeto-objeto total, des­ borda en principio su unilateralidad primera -y actual-4 9, afirmándose como consciencia deseante, veremos que el ob­ jeto, vuelto a sí a título de su diferencia efectiva, se deter­ mina como "vida", es decir, como objeto que no es sólo ob-jeto sino libre transición al sujeto que lo sustenta y que es. He aquí lo que Hegel declara a este respecto: "El objeto, que para la consciencia de sí es lo negativo5 0• en cambio

para nosotros

o

de suyo

ha vuelto en sí, lo mismo que la conciencia, por otro lado. Por esta reflexión en sí, el objeto se ha convertido en

vida"

5 1•

La primera forma que reviste esta realidad, es la del objeto que subsiste en sí. Lo q ue, una vez más, no quiere decir que toda realidad de este mundo pertenezca a este orden, sino que, si miramos las cosas según su propiedad y su mayor adecuación, "el objeto de la apetencia inmediata es algo

vivo"

5 � Según este primer aspecto, se instaura una oposición entre ambos modos de subsistencia -el de la con­ ciencia deseante y el de la cosa viva-, pese a que sabemos no sólo que son correlativos, sino que en realidad son idénti­ cos: la consciencia de sí es "la unidad

para la cual

es la unidad infinita de las diferencias", mientras que la realidad viva

"es

sólo esta unidad misma, de tal modo que no es a la vez

para sí misma"5 3•

Primera aproximación, que privilegia la autonomía de ambos momentos hasta subrayar su inde­ pendencia recíproca al nivel del análisis más tradicional: a la consciencia de sí corresponde la verdad de la pura relación consigo (lo que se llamaría una auto-finalidad ) ; al objeto del deseo, aunque sea objeto vivo, la autonomía que procede de su dependencia esencial.

2 . Es obvio que así se prueba demasiado y demasiado poco.

Demasiado

porque, diciendo que el objeto vivo "no es

110 VIDA Y DESEO

para sí mismo", se asegura su autonomía en detrimento de una unidad esencial de la que sin embargo sabemos que constituye todo su contenido; lo que equivale a decir que se

prueba

demasiado poco,

porque el objeto del deseo no pue­ de tener autonomía real respecto de este deseo, si en su economía propia no está estructurad o inmanentemente se­ gún este tipo de movimiento que, como hemos visto, consti· tuye precisamente toda la realidad de la conciencia desean· te. Es decir, aquí el objeto no es sólo "algo vivo" sino -segunda etapa- un

ciclo

total cuyos momentos se pueden determinar así: "La

esencia

es la infinitud como el

ser-so·

bresum ido

de todas las diferencias ( ... ) Pero, en este

simple

medio

universal,

las

diferencias

siguen siendo diferencias"s4• ¿Y la razón que sienta así la vida como totalidad -o como infinitud- a la vez autónoma e idéntica a la consciencia (de sí)? "Esta fluidez universal s 5 debe su naturaleza negativa a que

sobresume

las [diferencias] ; pero no las puede sobresu­

mir si no tienen subsistencia"s 6• Reconocemos aquí el razo­ namiento por reducción al absurdo que antes nos había autorizado a decir: la consciencia de sí no puede existir como consciencia de sí, si no muestra su relación estructural con la conciencia. Entendemos ahora que la vida no puede ser un objeto suficiente para la consciencia de sí deseante, si no se realiza en un ciclo que identifica la universalidad de un proceso de negación (aspecto de sobresunción) y la parti­ cularidad de los momentos positivos en que se da a conocer (aspecto de sentarlos).

Una vez visto esto, el movimiento con que Hegel expo­ ne este ciclo de la vida es, no obstante la complejidad muy real del texto, de una simplicidad bastante grande. No pu· diendo emprender aquí una explicación término por térmi­ no5 7, me limitaré a examinar el resultado de esta realización del objeto de la experiencia. "Por tanto la substancia simple de la vida -escribe Hegel- es el desdoblamiento de esta misma en figuras y, al mismo tiempo, la disolución de estas diferencias subsistentes; y la disolución del desdoblamiento es asimismo acto de desdoblar o articular" s

8•

Lo que hay que entender bien aquí es que no se trata de dos aspectos recíprocamente externos que se linütarían recíprocamente, sino de dos aspectos, cada uno de los cuales revela el conte­ nido del otro: la vida no es esencia simple más que en el acto por el cual sienta individuos distintos y los disuelve en

la universalidad que ella es; los individuos, por su parte, no tienen realidad ni autonomía, sino por cuanto acogen en ellos como razón de su subsistencia esta universalidad que descansa en ellos y a la que confieren su carácter de realidad concreta. "Todo este ciclo es lo que constituye la vida, y no lo que se había dicho primero, la continuidad inmediata y la consistencia de su esencia, ni la figura subsistente y lo dis­ creto en su singularidad, ni el puro proceso de estos [ m o­ mentos] , ni tampoco su simple suma, sino el todo que se desarrolla y disuelve su desarrollo y mantiene su simplicidad en este movimiento"

59 •

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