El nuevo ius naturale pugnaba por salir, pero no acababa de encontrar su camino. Grocio había mostrado un espíritu cristiano, y algunos de los iusnaturalistas de su siglo le reprocharon esto: en él permanecía un figmentum scholasticorum. Hobbes tampoco servía porque había mostrado su materialismo —¡en pleno siglo XVII!—
con demasiada claridad. Si los estilos opuestos de Grocio y Hobbes no servían, ¿qué camino seguir? Hacia 1670 aparecen las obras de Samuel Pufendorf y estos libros marcaron la línea divisoria entre la ciencia iusnaturalista vieja y el nuevo derecho natural que esperaba la Edad Moderna. Como era de esperar, Pufendorf fue escasamente original: él mantuvo simultáneamente y en los mismos libros dos teorías distintas, entreveradas con habilidad, y esto hacía que su lectura fuera entre inquietante y desconcertante. Se separó de Grocio porque no quiso afirmar a Dios ni a las naturalezas de las cosas, y se apartó de Hobbes porque no mantuvo un pensamiento materialista.
Samuel Pufendorf, hijo de un predicador protestante, nació en 1632 en Chemnitz (Alemania) y falleció en 1694. Crearon para él, en la Universidad de Heidelberg, la primera cátedra que ha existido de «Derecho natural y de gentes». Es difícil hablar bien de él. Tuvo muchas polémicas con prácticamente todos sus colegas, y llegó a publicar un libro extenso —«La pelea escandinava», Eris scandica— en el que va analizando, uno por uno, sus discrepancias con sus contradictores. Siempre comienza indicando que le atacan por envidia35. Sus
colegas de Heidelberg le reprocharon que trataba a sus disidentes como la Inquisición española trataba a los heterodoxos. Finalmente fue expulsado de esta Universidad, aunque gozó de la protección del rey de Suecia, que le concedió el título de barón. Los Ocho libros del derecho natural y de gentes (1672) —que fue la primera obra del siglo XVII presentada expresamente como de derecho natural—
resultaron ser, efectivamente, demasiados libros, y publicó más tarde Los dos libros de la obligación del hombre y del ciudadano, que fue un gran éxito editorial.
Propuso una obra literaria similar, en su presentación externa, a la de Fernando Vázquez de Menchaca y Hugo Grocio. Pero las tesis que salían a la luz bajo esta forma de redactar no eran las de Grocio, y sí bastante similares a las de Vázquez. No llega a la radicalidad política de este último autor. Buena parte de Europa miraba a las doctrinas españolas del siglo XVI con abierta desconfianza
porque justificaban el derecho de resistencia ante el poder que actúa injustamente, y Pufendorf no quiso pasar como un exaltado de la libertad que justificaba motines y guerras civiles. Su obra es, en buena medida, un diálogo con Hobbes y con Michel de Montaigne.
¿Qué título exhibía para que sus opiniones fueran aceptadas? Él explicó que todo lo que él propone no se deriva de la autoridad de un simple derecho positivo, sino que fluye desde la misma razón natural.
Pero este alemán no propuso una doctrina clara, en la que podamos discernir distintamente cuáles son los axiomas desde los que parte, los nervios fundamentales de su argumentación y los resultados a los que quiere llegar. Su problema es que él se insertó de hecho en la línea de los nominalistas de la Baja Edad Media, y realzó a la figura de la persona libre36. Pero pesaba sobre él una
hipoteca: como autor progresista y como protestante, no podía citar a ningún autor escolástico. En su ambiente, esto hubiera supuesto una descalificación fulminante.
No propuso una teoría después de otra, ni dos teorías expuestas en obras distintas. Con gran habilidad literaria, entrelazó dos explicaciones distintas en las mismas páginas. Por esto, quien mantenga que Pufendorf propuso una doctrina parecida a la de Grocio, llevará razón; y la llevará también quien explique que él estaba más cerca de otros autores secularizados del siglo XVIII, que no de Grocio.
Con razón indicaba Nicolás Jerónimo Gundling —otro iusnaturalista del siglo
XVIII, admirador de Pufendorf— que la lectura de este alemán turbaba a la gente.
Veamos esta duplicidad.
Él parte desde los mandatos de Dios a los hombres, a los que llama «entes morales», entia moralia. En la línea moderna de combatir a la metafísica, declara que estos entes no son sustancias, sino únicamente «modos» (el modo era una forma ínfima de ser según la filosofía escolástica) que proceden desde la voluntad contingente de Dios: Dios nos ha ordenado estas conductas como nos podría haber impuesto las contrarias. Otro punto de partida, que se adecua a estos entes
morales, es el principium de la sociabilidad: Dios nos ordena fomentar todo lo que afirme la sociedad humana. En este punto coincide con Grocio. La ley natural estaría, así, compuesta por obligaciones que Dios impone a los hombres.
Pero aquí acaban las explicaciones de este tipo. En un momento determinado se sube a la vez al carro tanto de los nominalistas como de Molina y Suárez, y declara que toda verdadera obligación nos hace libres. En virtud de esta libertad, todo ser humano es una persona, y las personas gozan ante todo de libertad. Mediante el ejercicio de esta libertad, los hombres van constituyendo el ordenamiento jurídico mediante pactos. En realidad, aunque no los mencione nunca, es una recreación de las explicaciones de Duns Scoto, Ockham, Gerson, Suárez, etc. Con razón indicaba Carl Schmitt que no era sino el heredero de Suárez. Su novedad consiste en la teoría de las «esferas morales», ya que explica que cada ser humano goza de una esfera de libertad en torno a él, que es máximamente difusiva. Luego cada persona ha de disfrutar de la libertad mayor posible. Este símil geométrico fue recogido unánimemente por los discípulos de Kant en el paso del siglo XVIII al XIX, que hablaron profusamente de las
Freiheitssphären, de las esferas de libertad personales37.
Pufendorf establece que, en su sentido específico y propio, las criaturas que poseen razón obran «con derecho». La ley nada tiene que ver con el derecho, aunque hablemos de la ley natural como fundamento de nuestra actuación. Este filósofo afirma exponer derecho natural en sus libros, pero mantiene que la naturaleza no tiene relevancia para regular nuestras vidas porque no nos dicta unas leyes que contengan derechos y deberes para todos. Pufendorf explica que la naturaleza no nos presta (a través de sus leyes) una fuerza para actuar. La naturaleza «no es activa», porque el hombre no puede recibir la capacidad para obrar desde las leyes de la naturaleza: la naturaleza está «determinada» por estas leyes, y desde ellas no puede surgir ninguna capacidad o Ius propiamente humano. Porque, del mismo modo que para los nominalistas y los modernos, la naturaleza sería un mecanismo regido por leyes constrictivas por necesarias, y el Derecho, por el contrario, sería la libertad del hombre para actuar al margen de esas leyes, o dominándolas para su servicio.
La herencia que legó a la posteridad estuvo marcada por su radicalismo y su ambigüedad. Pero él constituyó el referente para todos los que sólo reconocieron individuos libres que formaban la sociedad y todo el derecho mediante contratos.
Personas tan distintas como Christian Thomasius o Nicolás Jerónimo Gundling, en el siglo siguiente, declararon sus simpatías por él.
4. El siglo
XVIIIEste período ha sido conocido como la Ilustración, pero este término pierde importancia gradualmente, sustituido por el de Iluminismo. Sucedió que muchos autores de este tipo, especialmente los iusnaturalistas, siguieron el lema de «Sapere aude!», «Atrévete a saber», y propusieron sistemas de ética social expresados en términos elementales. Las filosofías sociales del siglo XVIII
procuraron seguir el sentido común, formando discursos que hasta un analfabeto puede entender, y sus autores entendieron que los enrevesamientos y complicaciones de las filosofías anteriores se habían debido a fallos humanos: el Iluminismo estuvo altamente orgulloso de sí mismo. Pero lo cierto es que no conocieron siquiera lo que combatían: para ellos, Platón y Aristóteles, Tomás de Aquino, etc., habían sido personas entre ignorantes y malintencionadas: se deshicieron de ellos mediante insultos, sin aportar otras razones38.