Hay un vídeo en Internet, en el que una chica está sentada en una mesa con un teclado de ordenador delante. Como si se encontrara en una selección de novio, diferentes potenciales compañeros se van sentando frente a ella. La joven empieza a verlos y a escucharlos, y cuando siente que no le gustan, presiona una tecla del ordenador y el pretendiente desaparece. A cada uno de ellos le va encontrando diferentes peros: uno no es muy limpio, otro lleva peluquín, otro tiene una voz horrible, o le gusta el sado, etc. Al final, cuando llega el que le gusta, el que parece que no tiene ningún pero, la chica se aproxima hacia él y, sin quererlo, pulsa el botón, y el joven sin peros desaparece también.Este anuncio de la agencia de contactos youforme.be es muy explicativo de los peros que le ponemos a la vida. Piensa en las veces que te lo han dicho: «trabaja usted muy bien pero tenemos que prescindir de sus servicios», «me gustas mucho pero sólo como amigo». Estos ejemplos nos muestran como estas oraciones iban muy bien, entrando en nuestro cerebro sin problemas hasta que apareció la palabra fatídica.
Una de las cuestiones, que defiende la PNL, es el cuidado que debemos tener con el uso del lenguaje, porque en numerosas ocasiones pasa de ser una herramienta a un arma arrojadiza. Hemos sido enseñados, desde pequeños, a comunicarnos con libertad, a expresarnos sin tapujos, utilizando todos los términos que nuestro vocabulario nos permite. Sin embargo, si hay una palabra que se considera dañina, por el efecto que produce en los demás, es la conjunción pero, ya que supone eliminar todo lo que se ha dicho antes; es el borrador universal.
En el caso de la oratoria es fundamental evitar los peros. Imaginemos que alguien del público nos pregunta algo con lo que no estamos de acuerdo. Podemos hacer dos cosas. Exclamar: «eso está bien pero no es correcto», o se podría decir: «eso está bien como opinión y ahora déjeme a mí explicarle la mía». Sin incluir el
pero estamos llevando la conversación a nuestro terreno y no hemos excluido la opinión de la otra persona, a la que le hubiera supuesto un rechazo incluir esta conjunción.
Una mala costumbre también es el comenzar una pregunta con ello: ¿pero no dijiste que ibais a ir? ¿Pero no le parece que…? Con ese pero estás borrando lo que se ha dicho con anterioridad, sea lo que sea.
Sólo hay un buen momento para usar un pero, y es cuando quieres romper el rapport. Una buena forma de terminar una conversación es empezar a poner peros. Fuera de eso, mejor eliminarlos. Así que, evita los peros en tu vida y comprobarás como tu comunicación con los demás mejora. Pero… no hay excusa.
72. Di sí en vez de no
Durante la campaña a las elecciones, para la presidencia en Estados Unidos, se preparó un anuncio muy especial con el lema Please, don’t vote [Por favor, no vote]. Numerosos artistas como Leonardo DiCaprio, Halle Berry, Jennifer Aniston, Tobey Maguire, Eva Longoria, Ellen DeGeneres, Forest Whitaker, Dustin Hoffman, Demi Moore, Sarah Silverman, Jonah Hill, Ashton Kutcher, Courteney Cox, Laura Linney, Natalie Portman, Jamie Foxx, Usher, Kyra Sedgwick y will.i.am participaron en esta campaña para solicitar el voto de los jóvenes estadounidenses. Durante la primera parte del mismo, los artistas indicaban a la gente que no votara, y le daban las razones habituales por las cuales los jóvenes pasan de involucrarse en las elecciones. Hacia la mitad del vídeo comenzaban a cambiar sus percepciones y a animar al electorado, no sólo a registrarse para votar −uno de los principales problemas en las elecciones de Estados Unidos es que la gente ni siquiera está apuntada para hacerlo−, sino también a enviar el vídeo a cinco amigos para que también se involucraran en las votaciones. El uso del no en este caso era para
transformarlo en un sí.
El cerebro humano no entiende el no, dicen los científicos. En realidad parece que no es tanto que la mente no perciba el no como que, para crear un no, primero hay que tener un sí, porque un no es la negación de la afirmación. Pongamos el típico ejemplo: no pienses en un elefante rosa; enseguida la imagen que te llega al cerebro es la de un paquidermo de color rosado, que es imposible de evitar. Ahora bien, puede ser que una vez que lo tenemos en la mente, lo desechemos, eso sí puede hacerse.
Por ello, muchas veces basta con decirle a un niño que no toque algo para que lo haga, ex-profeso. La PNL nos dice que es mejor explicar al crío de otra forma
la improcedencia de hacer algo, a exponerle un no por delante. Por ejemplo, en vez de no toques el fuego, indicarle: si tocas la llama te vas a quemar, enseñándole cómo ésta calienta y que le puede ocasionar un daño.
En la comunicación con otra persona, al decirle que no haga algo, estás trayendo a su mente eso que a lo mejor ella ni había pensado. «Por favor, no me dejes», le puede decir alguien a su pareja durante una discusión. Esa opción de romper la relación quizá no estaba en la persona aunque ahora se la hemos puesto nosotros. Por ello es preciso tener el máximo cuidado al incluir los noes en nuestras frases.
En el caso de la oratoria ocurre igual. Si un profesor te dice: «No vais a tener miedo a hablar en público nunca más», lo que está instaurando en tu cerebro es el miedo. Si comenta: «Vais a sentiros seguros hablando en público», está comunicando lo mismo aunque de una manera más eficaz. Por lo tanto, es mejor decir lo que se quiere y no lo que no se quiere. Y ojo con las órdenes en negativo: «No dejéis de aprenderos esto», y no se lo aprenderá nadie. «No olvidéis llamar antes de ir», y algunos lo olvidarán.
Como todo, lo que estamos hablando del lenguaje, es sólo cuestión de práctica. Abrir los ojos, sobre ciertos temas, es fundamental y luego queda el trabajo de cada uno para integrarlo. ¡No me hagas caso!