Una de las películas más metafóricas de la historia es, sin duda, El mago de Oz (1939), con Judy Garland como protagonista, y basada en el texto El maravilloso mago de Oz, de L. Frank Baum. El relato narra el viaje de cuatro personajes hasta la tierra de Oz, a saber, Dorothy, una niña huérfana, un hombre de hojalata −sin corazón−, un león −cobarde− y un espantapájaros −sin cerebro−. Esta fábula permite al espectador identificarse con uno u otro de sus personajes y extraer una moraleja.«La palabra metáfora significa llevar algo de un sitio a otro, y es cuando uno describe algo, usando una palabra que no es literalmente lo que describe. Es decir, que la palabra metáfora es una metáfora». Así lo explica Christopher, el niño protagonista de la novela El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. El uso de la metáfora como instrumento en el lenguaje verbal no es exclusivo de la PNL. Lo que le interesa a la PNL es que es una forma de comunicación verbal muy adecuada para llegar al interior del ser humano. El consciente escucha la historia y el inconsciente encuentra aquello que tiene relación con él, llegando el mensaje de una manera más directa. También ayuda a presentar temas complicados, mediante alternativas más sencillas. Dice Robert Dilts que la metáfora «es como si estuviéramos hablando de algo como si fuera otra cosa», una definición con la que Christopher seguro que estaría de acuerdo.
En el fondo, una metáfora es una comparación entre algo real y algo que sugiere otra realidad. La clase de metáfora más sencilla es la analogía, que empleamos con mucha frecuencia. Nuestro lenguaje es metafórico y nos servimos de muchas expresiones, que así lo demuestran, a saber, (me siento apagado, te ha deslumbrado, te escucho alto y claro, has oído campanas y no sabes dónde, ese pastel estaba para morirse, me alucina montar en bici, cantas como los ángeles, es un torbellino, están cayendo chuzos de punta, le pones enfermo, me suena a chino, esa chica es un bombón, vamos a dar el campanazo, entre otras). Los políticos las utilizan con frecuencia en sus discursos, a veces haciendo una analogía de cualquier
tema, como con el fútbol (por ejemplo: con esta ley vamos a meter un golazo), con la navegación (estas obras van viento en popa), etc. Y todos las usamos de manera corriente a través de refranes populares, mitos, anécdotas, citas, leyendas y dichos para facilitar la comunicación. Los cuentos de nuestros hijos, esto es, las fábulas de Esopo, los clásicos populares o Las mil y una noches no son más que metáforas.
Las metáforas también nos ayudan a conocernos más a nosotros mismos y a los demás. Por ejemplo, ¿qué metáfora emplearías para definir?
· Tu vida. · Tu trabajo. · Tu pareja. · Tu pasado. · Tu presente. · Tu futuro. · Tus compañeros de trabajo. · Tu jefe. · Tus trabajadores.No es lo mismo considerar que tu existencia ha sido un lecho de flores que un camino de espinas, definir a tu pareja como tu media naranja o como un agrio limón. Tus respuestas quedan sólo para ti.
En general, aquí vamos a hablar de las metáforas potenciadoras que nos apoyan para la consecución de mejoras en nuestras vidas, aunque también hay analogías limitadoras que provocan todo lo contrario. Si alguien afirma por ejemplo: «En este momento de mi vida estoy a oscuras», es evidente que está empleando una metáfora limitante. Descubrir las expresiones de este estilo, que manejamos o manejan los demás, es fundamental para observar las posibles limitaciones y ayudarnos o servir de ayuda a otros. Ante una indicación de ese tipo, tú podrías responder a esa persona: «Vamos a buscar juntos la luz».
Siguiendo su misma analogía, tratas de guiarle por un camino de soluciones más que de problemas.
En cuanto a las metáforas potenciadoras, se van a distinguir aquí dos tipos: a) Los cuentos genéricos preparados con un final, que se aplica a diferentes interpretaciones. b) Las historias creadas ex profeso para ayudar a alguien al estilo de lo que hacía Milton Erickson. Por lo habitual, estos relatos ni siquiera tienen un final, sino que el psicoterapeuta lo deja abierto para que sea el paciente el que conciba cómo terminarlo, adaptándolo a su propia realidad.En este epígrafe vamos a hablar sólo de las primeras, dejando las segundas para el siguiente.
En la literatura existen ya un gran número de metáforas que están ahí a tu disposición para que las emplees en cualquier conversación, en una clase o en una sesión de coaching. En oratoria son también muy utilizadas, tanto en un discurso como en una conferencia, puesto que llegan muy bien tanto a las personas más
visuales (permiten crear imágenes), a los más auditivos (se usan diferentes voces, que responden a distintos personajes, sonidos onomatopéyicos, o el uso de distintas inflexiones de voz) y a los más kinestésicos (suelen estar cargadas de cierta emocionalidad).
Entre mis libros favoritos, relativos a las metáforas −además de todas las historias de Jorge Bucay, por supuesto−, se encuentran La magia de la metáfora y Más magia de la metáfora de Nick Owen. Este autor es un formador en PNL, que tiene una gran experiencia en la elaboración de metáforas específicas para potenciar ciertas habilidades, como, por ejemplo, asumir la responsabilidad, predicar con el ejemplo, liderar, ser más humilde, servir de apoyo, saber hacer preguntas, ser paciente o saber escuchar. También muchas publicaciones empresariales, o de autoayuda actuales, emplean la fórmula de la metáfora para hacer llegar mejor su mensaje. Es el caso del famoso ¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Jonhson o El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher, entre otros. Los encontrarás reseñados en la bibliografía, así como alguno más.
Por ejemplo, una de las metáforas más habituales, para hablar del miedo al cambio, es la de la rana. Si colocas una rana de repente en un bol de agua hirviendo, ¿qué ocurre? Que el anfibio saltará, al sentir el contacto con el calor, y se escapará de una muerte segura. Sin embargo, si lo colocas dentro de un recipiente de agua fría, y lo vas calentando, el anfibio se irá adaptando al calor, de manera que, si continúas hasta hervir el agua, el animal morirá porque no percibe el peligro.
¿Por qué utilizar metáforas en nuestra comunicación? Aquí te resumo algunas de las razones:
a) Transmiten mejor el mensaje. b) Explican las ideas con más facilidad. c) Crean un entorno apropiado para continuar la comunicación. d) Motivan al interlocutor a seguir escuchándote.Al igual que te comentaba antes, con el sentido del humor, incorpora poco a poco a tu memoria pequeñas metáforas para incluir en tus conversaciones diarias, en tus charlas, en tus conferencias o en tus reuniones de empresa, verás cómo tu comunicación fluye mejor y harás pasar ratos muy agradables a la gente de tu alrededor.