Después de esto, los Vǫlsungar regresaron a su tierra tras aumentar su fama con estos hechos. Sinfjǫtli volvió a partir en expedición de saqueo. Un día vio a una
“hondanada; pantano”, que nos lleva a pensar si el significado originario de la isla no era “islote en alta mar”. [Nota de los trad.
90. Malentendido del copista que convirtió en un nombre común (grind fem. “dique” o “muelle”) lo que en el original debía de ser un topónimo homófono *Grindr como lo atestigua la Helgakviða I, estrofa 50, en la que se dice expresamente que estaban ante Grindr (masc.) y no í grindum “anclados”.
91. “La peña del lobo”. Freki es el nombre de uno de los dos lobos de Óðinn; en el lenguaje poético se usa como sinónimo de lobo. [Nota de los trad.
92. “Doncellas o Vírgenes [armadas de] Escudo”. Era esta una designación eufemística relativamente usual de las valquirias. [Nota de los trad.
hermosa mujer y deseó ardientemente poseerla, pero a esta misma mujer también la pretendía el hermano de Borghildr, la esposa del rey Sigmundr. Como no se ponían de acuerdo, decidieron luchar y Sinfjǫtli mató a este rey. Después de este hecho, Sinfjǫtli guerreó en muchos lugares y combatió en muchas batallas y salió victorioso de todas ellas. Y ello le otorgó fama y gloria. Regresó a casa en otoño, trayendo consigo muchos barcos y y riquezas.
Él le contó a su padre lo que le había sucedido con el hermano de Borghildr y él se lo contó a la reina. Ella pidió a Sinfjǫtli que abandonara inmediatamente el reino declarando que no quería volverlo a ver jamás. Sigmundr no consintió que Sinfjǫtli se desterrara y pidió a la reina que dejara que la compensara por la pérdida de su hermano con oro y riquezas, aunque él nunca antes había ofrecido a nadie compensación alguna por los hombres que había matado, pero era del parecer que no reportaba fama alguna pleitear con una mujer. Ella no consiguió ver realizado su deseo. Borghildr dijo: “Sea lo que Vos decidáis, señor”.
Entonces preparó un erfi93 en honor de su hermano siguiendo lo que le había aconsejado el rey. El banquete se preparó con el mayor de los dispendios y se invitó a él a muchos y grandes prohombres. Borghildr, que servía la bebida a los hombres, se fue ante Sinfjǫtli con un gran cuerno de cerveza.
Alargándoselo, le dijo: “¡Bebe, hijastro!”.
Él cogió el cuerno, miró adentro y dijo: “Esta bebida tiene poso94”. Sigmundr dijo: “¡Dámelo!”. Él bebió toda la cerveza que contenía.
La reina dijo: “¿Por qué tienen que beber tu cerveza otros hombres por ti?”
Se volvió a acercar a Sinfjǫtli con el cuerno: “¡Bebe ahora!” - y le animó
93. Las exequias por un muerto no se daban por terminadas hasta que sus herederos o su familia no hubieran celebrado en honor del fallecido un banquete funerario llamado erfi o erfidrykkja.
94. La cerveza turbia parece que era señal de un posible emponzoñamiento de la misma. Recuérdese lo explicado al final del capítulo VIII sobre Sigmundr: era un hombre totalmente inmune al veneno, con lo que ahora puede beber cerveza envenenada delante de todos sin que le pase nada. [Nota de los trad.
a beber con muchas palabras.
Él tomó el cuerno y dijo: “Esta bebida está emponzoñada”. Sigmundr dijo: “¡Dámela!”.
La Reina se acercó a Sinfjǫtli con el cuerno de cerveza por tercera vez, y le dijo que bebiera si tenía el coraje de los Vǫlsungar.
Sinfjǫtli cogió el cuerno y dijo: “¡En esta bebida hay veneno!”
Sigmundr le replicó: “Hijo, ¡fíltratelo con tu barba!” En esos momentos, el rey ya estaba completamente borracho y por esa razón hablaba a su hijo de esta manera.
Sinfjǫtli bebió del cuerno e inmediatamente cayó muerto al suelo. Sigmundr se levantó, a punto de morir de dolor y pena. Y cogió el cadáver en sus brazos y luego se dirigió con él al bosque y estuvo caminando hasta que llegó a un fiordo. Allí vio a un hombre en un pequeño bote95. Aquel barquero le preguntó si quería que le transportara al otro lado del fiordo. Él le respondió que sí. El bote era tan pequeño que no les podía llevar a todos al mismo tiempo, así que primero colocaron en él el cadáver mientras Sigmundr iba caminando siguiendo la orilla del fiordo. En esto, la barca y el barquero96 desaparecieron de la vista de Sigmundr.
Después Sigmundr regresó a su casa. Echó a la reina de casa y poco tiempo después, ella murió. Pero el rey Sigmundr continuó reinando en sus dominios y se dice que fue el más grande de los guerreros y el rey más poderoso de los tiempos del forn siðr97.
95. En el mundo germánico, la idea de que el alma del muerto llegaba al mundo de los muertos en una barca, debía de estar originariamente muy extendida, ya que en gótico, enterrar a alguien se dice ga- nawistrôn una palabra que literalmente significa “embarcar”. De esta palabra se derivó uno de los términos para designar al cadáver, *nawiz, que, por tanto, puede verse hasta un cierto punto como doblete de *nōz , **nōwaz, *nōwiz “barco, bote”. [Nota de los trad.
96. La escena recuerda, no hay duda, a Caronte transportando las almas de los muertos de una orilla a otra de la Laguna Estigia. En el norte, el dios psicopompo era Óðinn, con lo que podemos asumir que el barquero no era otro que este dios. [Nota de los trad.
97. Es este un término que podría traducirse como “costumbre antigua”, pero debe explicarse. Con este término se designaba el paganismo, la forma de vivir de acuerdo con los preceptos de la religión
XI.98
Había un rey que se llamaba Eylimi99, poderoso y de gran renombre. Su hija se llamaba Hjǫrdís100, y era la más hermosa y prudente de todas las mujeres. El rey Sigmundr se enteró de que ella, y ninguna otra, le iba perfecta como mujer. Y fue a visitar al rey Eylimi. Éste dijo que agasajaría a Sigmundr con un gran banquete si no iba a su encuentro con ánimo de combatir. A tal fin -para que todo sucediera en son de amistad y sin hostilidades-, se intercambiaron mensajes. Se dispusieron las mejores viandas para este banquete de bienvenida y se invitó a él a una gran cantidad de gente. En todas partes se celebraba mercado101 para el rey Sigmundr y se le tenían preparados tiros de refresco. Así pues, acudieron al banquete y los dos reyes compartieron la misma hǫll. También acudió el rey Lyngvi102, hijo del rey Hundingr, quien también quería convertirse en yerno del rey Eylimi. Éste consideró imposible que ambos vieran cumplido por igual el propósito de su visita, y que, por tanto, se debían de esperar hostilidades por parte del que no quedara satisfecho.
Entonces Eylimi dijo a su hija: “Eres una mujer prudente, así que me he dicho que seas tú la que elija al que ha de ser tu marido. Elige ahora a uno de estos dos reyes y, cuando hable en público, mi decisión al respecto será en realidad la tuya”.
Ella respondió: “La cosa me parece difícil; sin embargo, escojo al rey que tiene más renombre, y éste es el rey Sigmundr, aunque ya esté muy entrado en años”.
antigua, opuestos a la “costumbre nueva”, la forma de vida nueva que había ido imponiendo el cristianismo. Este término es relevante para el lector: le indica que la obra fue redactada en la forma que tiene delante, después de la introducción del Cristianismo. [Nota de los trad.
98. El epígrafe de este capítulo es ilegible en el manuscrito. [Nota de los trad. 99. El que tiene ramas que traen suerte. [Nota de los trad.
100. La Señora de la Espada. [Nota de los trad.
101. Es decir, el rey Eylimi, al saber que Sigmundr se dirige hacia él en son de paz, permite que se celebren mercados fuera de tiempo con el fin de que el rey Sigmundr pueda adquirir las provisiones necesarias para el viaje. [Nota de los trad.
Y ella fue dada en matrimonio a Sigmundr, y el rey Lyngvi se marchó. Así pues, Sigmundr se casó tomando por mujer a Hjǫrdís. El banquete fue cada día mejor que el día anterior y con mayor fasto.
Cuando hubo terminado, el rey Sigmundr regresó a su casa en el Húnaland a cuidar de su reino, y el rey Eylimi, su suegro, se fue con él. Pero el rey Lyngvi y sus hermanos reunieron un ejército y marcharon contra el rey Sigmundr ya que en todos los asuntos que habían tenido con él siempre se habían llevado la peor parte y ésta vez había sido la peor de todas. Así pues, querían doblegar el arrojo de los Vǫlsungar. Después de llegar al Húnaland, enviaron un mensaje al rey Sigmundr, no queriendo atacarle de improvisto y en la creencia de que él no huiría de ellos.
El rey Sigmundr declaró que acudiría a la batalla. Reunió a su ejército, y, en lo que se refiere a Hjǫrdís, la llevaron a un bosque con una sierva, y con ellas transportaron allí muchos bienes del rey. Hjǫrdís permaneció allí mientras duró el combate entre los dos.
Los viquingos103 saltaron a tierra de sus barcos con un ejército formidable. El rey Sigmundr y Eylimi levantaron sus estandartes y los añafiles soplaron los
lúðrar104. El rey Sigmundr hizo sonar el cuerno que había pertenecido a su padre y arengó a sus hombres. Sus tropas eran muy inferiores a las de sus enemigos. Y entonces se entabló un combate feroz en el que Sigmundr, aunque ya viejo, luchó con bravura, yendo siempre a la cabeza de sus hombres. No se le resistían
103. La palabra viquingo es un eufemismo. Significa “los que se van” y es un derivado del verbo víkja sér frá “irse, partir”; es, por tanto, un eufemismo con el que se designaba a los “exiliados” que, para so- brevivir mejor, se juntaban formando bandas que se dedicaban al pillaje y al saqueo. Con el tiempo adquirió un significado parecido al de nuestras palabras “pirata” o “bandido”. Más tarde designaría a “los que se marchaban de expedición de saqueo (por el Atlántico)” -fueran o no bandidos-. En cambio, los que se marchaban de expedición por el este recibieron el nombre de Væringjar. Después de la cristianización y unificación política de Noruega, se prohibieron las actividades de saqueo en el país, y el término fue adquiriendo, en la pluma de los sagnamenn -fieles al nuevo poder real, central y cristiano- un tono claramente peyorativo, que es el que tiene la palabra en este pasaje. [Nota de los trad.
104. La palabra lúðr designaba unas trompas o tubas muy largas, muy parecidas a los Alpenhörner suizos actuales, que a menudo se soplaban por pares. En las pinturas y grabados rupestres de la Edad del Bronce escandinava ya se les ve representados. [Nota de los trad.
escudo ni coraza alguna, y ese día cargó sin cesar contra las filas de sus enemigos y nadie podía preveer cómo se desarrollarían las cosas entre ellos. Ese día volaron por el cielo muchas lanzas y muchas flechas, pero las spádísir105 de Sigmundr le protegían de manera que no resultaba herido y nadie conocía el número de hombres que caían ante él. Tenía los brazos cubiertos de sangre hasta los hombros.
Cuando ya hacía algún tiempo que la batalla duraba, un hombre entró en ella, llevando un sombrero de ancha ala y una hekla106 azul. Era tuerto y sostenía una lanza en la mano. Este hombre se dirigió al encuentro de Sigmundr y blandió su lanza contra él107. Y cuando el rey Sigmundr le asestó un firme golpe con su espada, ésta, al chocar contra la lanza, se rompió en dos pedazos.
A partir de ese momento, cambió la fortuna del combate. Al rey Sigmundr le abandonó su suerte y muchos de sus hombres cayeron delante de sus ojos. El rey no pensaba en protegerse y no dejaba de enardecer a sus hombres. Pero fue tal como se dice: nadie puede contra muchos.
XII.108
En esta batalla perecieron el rey Sigmundr y el rey Eylimi, su suegro, en primerísima línea de combate, y con ellos, la mayor parte de sus tropas. El rey Lyngvi se dirigió entonces hacia la ciudadela real con la intención de llevarse a la hija del rey, pero no pudo hacerlo porque no encontró ni mujer ni tesoro. Entonces recorrió aquel país y lo confió a sus hombres en la opinión que había
105. Las dísir o “señoras” eran divinidades a la vez tutelares y de la fertilidad-fecundidad, formando a menudo una tríada. También eran divinidades del destino, de aquí el nombre con el que aparecen en este pasaje: spádísir “señoras del destino” (lit.: señoras que preveen el futuro). [Nota de los trad. 106. Cf. lo dicho en la nota 32. El color azul identifica al personaje como personaje importante. [Nota de
los trad.
107. La descripción no deja duda alguna: se trata del propio Óðinn, armado con su lanza Gungnir, que regresa para dar un nuevo dueño a la espada que en el capítulo III había clavado en el tronco del barnstokkr. [Nota de los trad.
108. El epígrafe de este capítulo actualmente es ilegible en el manuscrito. Ebel 1997, p. 34 cita a Sophus Bugge y Magnus Olssen quienes todavía pudieron leer: ... ....ok Eylima ....gs. Por consiguiente, tal vez podríase restituir: Fall Sigmundar konungs ok Eylima konungs “muerte del rey Sigmundr y de Eylimi”. [Nota de los trad.
matado a todo el linaje de los Vǫlsungar y pensando que, por tanto, no tenía nada que temer de este lado.
Aquella noche, después del combate, Hjǫrdís recorrió el campo de batalla hasta llegar al sitio en donde yacía el rey Sigmundr. Le preguntó si podría curarse.
Él le respondió: “Más de uno ha vivido cuando parecía que ya no le quedaban esperanzas; pero a mí me ha abandonado mi buena suerte, así que no quiero que me cuiden. Óðinn no quiere que volvamos a blandir la espada porque está rota. He combatido hasta que él ha querido”.
Ella le dijo: “No creo que ahora haya nada más apremiante que cuidarte para que vengues a mi padre”.
El rey le replicó: “Esto está reservado a otros. Estás embarazada de un niño, críalo bien y con esmero porque este niño será el más excelente y el más eminente de todo nuestro linaje. Guarda bien los trozos de mi espada y haz que se forje con ellos una nueva a la que se llamará Gramr109, y nuestro hijo la llevará y con ella realizará muchas proezas que nadie olvidará jamás, y su nombre perdurará mientras haya mundo. Date por satisfecha con esto porque, en lo que a mí respecta, siento que mis heridas me hacen desfallecer y que pronto partiré a visitar a mis parientes que partieron antes de mí”.
Hjǫrdís le veló hasta que hubo muerto, lo que ocurrió cuando ya empezaba a amanecer. Y entonces vio que un gran número de barcos se acercaban a tierra. Ella le dijo a su sierva: “Cambiemos nuestros vestidos, hazte llamar por mi nombre y di que eres tú la hija del rey”.
Así lo hicieron. Los viquingos pudieron ver desde el mar aquella gran mortandad y también que dos mujeres corrían hacia el bosque, y comprendieron que había pasado algo muy grande, así que saltaron de sus barcos a tierra.
109. Ira. [Nota de los trad.
Comandaba esa flota Álfr, hijo del rey Hjálprekr110 de Dinamarca, quien había estado navegando con su ejército a lo largo de la costa del país. Cuando llegaron al campo de batalla, vieron aquella gran matanza.
El rey ordenó entonces que fueran a buscar a las dos mujeres, y así se hizo. Les preguntó quiénes eran y -contra lo que hubiera debido esperarse-, fue la sierva la que le respondió, y le contó la muerte del rey Sigmundr y del rey Eylimi, y la de muchos otros grandes hombres y también le dijo quién lo había hecho. El rey les preguntó si sabían dónde estaba oculto el tesoro del rey.
La sierva le respondió: “Muy ciertamente que lo sabemos” y le indicó dónde estaba. Y encontraron una gran riqueza, tan grande que aquellos hombres creían que no habían visto nunca tantos objetos preciosos juntos en un mismo sitio. Los transportaron a los barcos del rey Álfr. Hjǫrdís le siguió, así como la sierva. Entonces Álfr hizo poner rumbo a su reino diciendo que en aquel lugar ciertamente habían caído los reyes de más renombre. El rey se sentó en la popa y las dos mujeres en el castillo de proa del barco. Durante la travesía, entabló conversación con ellas y apreció en mucho sus palabras.
El rey llegó a su reino trayendo consigo grandes riquezas. Álfr era el más valeroso de los hombres.
Cuando todavía no había pasado mucho tiempo desde su llegada, la reina le preguntó a Álfr, su hijo: “¿Por qué la hermosa de las dos mujeres lleva menos anillos y el peor vestido? ¡A mí me parece que es ella -la que tú has tenido en menos- la que es la más noble!”.
Él le replicó: “También a mí me ha hecho dudar que realmente no tenga el aspecto de una sierva. Además, cuando nos encontramos, ella supo saludar en debida forma a los hombres de alta condición. Hagamos una prueba”.
Así pues, un día en que los hombres estaban bebiendo, el rey entabló
110. Forma norrena del rey burgundo Chilpericus, bajo el que el reino de los burgundos alcanzó su máxima extensión en el siglo V d.C. [Nota de los trad.
conversación con la sierva y le preguntó: “Cuando la noche está tocando a su fin, ¿cómo sabéis que ya ha llegado el día cuando no se pueden ver ni la luna ni las estrellas?”111
La sierva le dijo: “Lo sé de la siguiente manera: cuando era una muchacha, me acostumbré a beber mucho en la última parte de la noche, y aunque ahora haya dejado de hacerlo, continúo despertándome a la misma hora en que solía hacerlo. Ésta es la manera cómo lo sé”.
El rey sonrió y dijo: “¡Mala costumbre para la hija de un rey!” Entonces buscó a Hjǫrdís y le hizo la misma pregunta; ella le respondió: “Mi padre me dio una pequeña sortija de oro dotada de la siguiente propiedad: se volvía fría alrededor de mi dedo durante la última parte de la noche. Ésta es la manera cómo lo sé”.
El rey le respondió: “¡Mucho oro había en ese sitio cuando las siervas lo llevaban! Y vos me lo habéis estado ocultando durante mucho tiempo. Me habría portado contigo como si los dos fuéramos hijos de rey si me lo hubieras dicho antes; pero ahora te trataré mejor de lo que mereces por tus méritos, porque te convertiré en mi mujer, y te daré el mundio112 cuando des a luz”.
Ella le respondió desvelándole cuál era su verdadera alcurnia. Entonces la tuvieron en gran honor y la consideraron la más digna de todas las mujeres.
XIII.