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3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

4.6 Donald Winnicott y las relaciones de objeto

4.6.7 Desarrollo del Falso Self

Hablar de procesos de maduración es hablar sobre la evolución del yo y del self, sobre la historia del ello, de los instintos y vicisitudes y sobre las defensas del yo relacionadas con el instinto.

Un desarrollo importante en el infante es el que denominamos “identificación”. Desde muy temprano el infante puede presentar una capacidad para identificarse con la madre. Existen reflejos primitivos de los que puede decirse que constituyen la base de estos desarrollos, por ejemplo la sonrisa con la que el bebé responde a otra sonrisa. Muy pronto la criatura se vuelve capaz de formas más complejas de identificación, que implican a existencia de imaginación […] De esto proviene el desarrollo completo de la comprensión de que la madre tiene una existencia personal y separada, y finalmente el niño llega a poder creer en la unión de los progenitores, que de hecho condujo a su propia concepción. (Winnicott, 1963, p. 117- 118)

Esta capacidad del bebé para identificarse se relaciona con la tendencia integradora en la que sabe que es una unidad, una persona total que posee un interior y un exterior, con un cuerpo que es limitado por la piel. Cuando esto es posible, todo lo que esté afuera es el “no-yo” y todo lo del interior es el “yo”. Esto le permite probar al mundo y participar de forma satisfactoria en los asuntos de la sociedad, con esto se logra el proceso de socialización que se ubica hasta la pubertad y adolescencia.

Cuando el Yo del bebé se encuentra acumulando fuerza necesita utilizar alguna defensa que lo oculte y proteja de los ataques del exterior. Esta defensa va a llamarse el Self Falso. Este puede establecerse como real y quienes lo observan pueden pensar que es la persona real debido a que se basa en identificaciones. Sin embargo en las relaciones sociales el falso self falla y cuando se espera la presencia de una persona total se presenta alguna carencia fundamental.

El self falso tiene como interés principal la búsqueda de condiciones que le posibilitan al self verdadero hacer valer sus méritos. Cuando estas condiciones no pueden encontrarse, hay que organizar una nueva defensa contra la explotación del self verdadero y, si hay duda, el resultado clínico es el suicidio. En este contexto, suicidio es la destrucción del self total para evitar la aniquilación del self verdadero. Cuando el suicidio es la única defensa que queda contra la traición al self verdadero, al self falso le toca organizar el suicidio. Desde luego, éste supone su propia destrucción, pero al mismo tiempo elimina la necesidad de su existencia continuada, puesto que su función es proteger de afrentas al self verdadero. (Winnicott, 1960, p. 186)

En estados de salud el self falso se presenta como la actitud cortés y educada, la persona ha ido renunciando a su omnipotencia y al proceso primario lo que le permite ocupar un lugar en la sociedad que no podría haber obtenido mediante el self verdadero. El origen del falso self se ubica en las primeras relaciones objetales donde el bebé se mantiene en un estado de no- integración y nunca integrado totalmente al mismo tiempo. Cuando la madre es capaz de sostener al bebé física y emocionalmente el gesto de éste expresa un impulso espontáneo, el gesto surge del self verdadero lo que significa la existencia en potencia de éste último. Cuando

la madre es suficientemente buena y satisface la omnipotencia del bebé, el self verdadero comienza a tener vida gracias a la fuerza que adquiere el yo débil.

La madre que no es suficientemente buena no es capaz de instrumentar la omnipotencia del infante, de modo que repetidamente falla en dar satisfacción al gesto de la criatura. En lugar de ello, lo reemplaza por su propio gesto, que adquirirá sentido por la sumisión del infante. Esta sumisión por parte del infante es la etapa más temprana del self falso, y corresponde a la ineptitud de la madre para sentir las necesidades de su bebé. (Winnicott, 1960, pp. 189)

El self verdadero se acompaña de espontaneidad y de los acontecimientos del mundo. En este momento el bebé puede disfrutar la ilusión de la creación y del control omnipotente, con esto reconoce que es capaz de jugar e imaginar. Aquí se ubica la base del símbolo. “Entre el infante y el objeto hay alguna cosa, o alguna actividad o sensación. En la medida en que ello una al infante con el objeto (es decir, con el objeto parcial materno), ésa es la base de la simbolización” (Winnicott, 1960, pp. 190). Cuando por el contrario la madre no es capaz de adaptarse a las alucinaciones e impulsos espontáneos del bebé, éste se mantiene aislado y se mantiene viviendo pero de una forma falsa. Aquí el bebé se mantiene sumiso y el self falso es complaciente y reacciona a las exigencias ambientales.

A través de este self falso el infante construye un conjunto falso de relaciones, y por medio de introyecciones llega incluso a alcanzar un aspecto de realidad, de modo que el niño crece para ser exactamente como la madre, la niñera, la tía, el hermano o quien quiera domine la escena en ese momento. El self falso tiene una función positiva y muy importante: ocultar al self verdadero, lo que hace sometiéndose a las exigencias del ambiente […] Así es posible ubicar el punto de origen del self falso, que ahora vemos que constituye una defensa, una defensa contra lo impensable, contra la explotación del self verdadero, que daría por resultado su aniquilación. (Winnicott, 1960, pp. 191)

Frente a todo lo anterior el self verdadero es creativo y se siente real, el falso self por el contrario origina una sensación de irrealidad. El self verdadero surge también de lo corporal, de los tejidos y movimientos, de la respiración, del latir del corazón lo que se traduce en que reúne los detalles de la experiencia de estar vivo. Cuando el self verdadero no es interrumpido

gravemente significa que se fortalece ésta sensación de sentirse real y permite tolerar situaciones como la ruptura de la continuidad de vivir del self verdadero y las experiencias del self falso que se relacionan con un funcionar sumiso con el ambiente.