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3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

4.4 Melanie Klein, las ansiedades y los mecanismos de defensa

4.4.1 Escisión del objeto (pecho bueno y pecho malo)

Cuando el primer objeto es escindido en pecho bueno gratificador y pecho malo frustrador, esta escisión lleva la separación entre amor y odio. Respecto a esto “la relación con el primer objeto implica su introyección y su proyección, y de esta manera, desde un comienzo, las relaciones de objeto son modeladas por la interacción entre introyección y proyección entre objetos y situaciones internas y externas” (Klein, 1946, p. 2). Todos estos procesos ayudan en la construcción del yo y del superyó y ayudan a la preparación para el complejo de Edipo en la segunda mitad del primer año.

Klein va a plantear que el odio y el amor aparecen desde la relación temprana del niño con el seno materno, estas emociones se dirigen entonces hacia la persona deseada. En este sentido, el primer objeto de odio y amor es la madre, estas emociones se presentan con gran intensidad debido a las necesidades del niño en el período de la lactancia. El amor se presenta cuando la madre “satisface sus necesidades de nutrición, calmando sus sensaciones de hambre y proporcionándole placer sensual mediante el estímulo que experimenta su boca al succionar el pecho. Esta gratificación forma parte esencial de su sexualidad, de la que en realidad constituye la primera expresión” (Klein, 1937, p. 1). En cambio cuando el niño no es gratificado, ni sus necesidades satisfechas, se despierta el odio y agresión y siente la necesidad de destruir a su madre, quien representa el objeto de lo bueno y lo malo, en este sentido no hay integración sino escisión (madre buena y madre mala). Cuando el niño experimenta sentimientos agresivos, estos les despiertan sensaciones penosas que se sienten destructivas para él mismo, lo que repite y aumenta la agresión, desdicha y temores.

Cuando el niño es gratificado y satisfecho por su madre, esto intensifica la seguridad que a su vez se convierte en un elemento indispensable para recibir amor. En este momento, la madre representa sólo un objeto parcial “el pecho bueno” que cuida al lactante, lo gratifica y cubre sus necesidades de autopreservación. A medida que esto va ocurriendo el niño desarrolla sentimientos de amor hacia su madre. Este primer vínculo se encuentra perturbado por el amor y el odio, una lucha que persiste durante toda la vida.

Cuando el niño siente la necesidad de ser alimentado y satisfecho pero se enfrenta a la ausencia del pecho bueno gratificador, se ve en la necesidad de imaginar y fantasear que lo tiene, evocando la satisfacción que deriva del pecho. Esto luego se va a convertir en la capacidad

imaginativa que desarrolle el niño a medida que crece. Las fantasías que el niño va a desarrollar pueden ser tanto de satisfacción como de destrucción, en estas últimas el niño fantaseará que ataca al pecho, “desea morder y destrozar a la madre y a sus pechos, y destruirla también en otras formas” (Klein, 1937, p. 3).

Esta fantasía de destrucción es de suma importancia pues el lactante va a creer que lo que fantasea tiene un efecto real, es decir, que sus deseos realmente destruyen al objeto; esto afectará posteriormente su desarrollo mental. Ante estas fantasías el niño se defiende mediante fantasías omnipotentes de reparación, si en sus fantasías destructivas ha destrozado a su madre, podrá luego pensar que une los pedazos para repararla. A pesar de esto el niño no podrá dejar de pensar que realmente ha destruido al objeto que ama y necesita lo que le hará desarrollar sentimientos de culpa.

Estos sentimientos de culpa significan un gran dolor psíquico por lo que son relegados al fondo de la mente, pero a pesar de esto, los sentimientos pueden expresarse de distintas maneras y se presentan como una perturbación para las futuras relaciones personales. Las actitudes que se originan por los sentimientos de culpa como por ejemplo necesidad, alabanza, aprobación, insatisfacción, etc., se originan debido al temor que sienten de ser incapaces de dar amor suficiente y de no poder controlar la agresión hacia los demás; ante esto piensan que representan un peligro para todo aquel al que aman.

Luego de que el niño ha desarrollado su relación con ambos padres, se presentan sensaciones sensuales en esta relación. Las niñas, su atracción al pecho se convierte y transforma en un interés (inconsciente) por el genital del padre que se convierte en objeto de sus deseos y fantasías libidinales. A medida que la niña sigue creciendo, desea al padre más que a su madre,

tiene fantasías en la que ocupa el lugar de ésta, cela a los niños de su madre y desea tener hijos con el padre. Estas fantasías y sentimientos desarrollan en la niña rivalidad, agresión y odio contra la madre. Considerando esto, el amor que siente por sus padres coexiste con sentimientos de rivalidad con ambos. Estos deseos y fantasías que se asocian con su madre y hermanas constituyen la base de relaciones homosexuales, las cuales, en el desarrollo normal quedarán relegadas, se modificarán y sublimarán predominando la atracción hacia el otro sexo.

En el niño ocurre un proceso parecido en el que experimenta deseos hacia su madre y odio hacia su padre. Estas situaciones significan un conflicto pues a pesar de que se odie a uno de los padres también se le ama y se desea evitarles el peligro que emanan sus impulsos agresivos. Este conflicto provoca culpa y origina deseos de reparar; este ciclo se repite luego en la vida adulta y se convierte en una actitud social donde se ubica el amor, la culpa y el deseo de reparar.