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3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

4.6 Donald Winnicott y las relaciones de objeto

4.6.8 Objetos y Fenómenos Transicionales

El autor va a plantear que existen pautas en los bebés con sus primeras posesiones “no- yo”. Inicialmente el bebé introduce su puño en la boca, actividad que lleva al apego de un oso, muñeca o juguete blando o duro. En esta actividad la satisfacción oral no es lo más importante. Frente a esto se presenta el término objeto transicional y fenómeno transicional para definir:

La zona intermedia de experiencia entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado, entre el conocimiento primario de tal deuda y el reconocimiento de esta. Mediante esta definición, el parloteo del bebé y la manera en que un niño mayor repite un repertorio de canciones y melodías mientras se prepara para dormir, se ubican en la zona intermedia, como fenómenos transicionales, junto con el uso que se hace de objetos que no forman parte del cuerpo del niño aunque todavía no se los reconozca del todo como pertenecientes a la realidad exterior. (Winnicott, 1951, pp. 18)

Además de la existencia de un mundo interno y externo se va a plantear que existe una zona intermedia de experiencia que permite mantener separadas pero al mismo tiempo interrelacionadas la realidad interna y la externa. Es una zona de descanso debido a que no se presenta ningún desafío para el individuo. Frente a esto se plantea la importancia de esa primera posesión y la zona intermedia que se ubica entre lo subjetivo (mundo interno) y lo objetivo (mundo externo).

En el proceso de desarrollo del bebé se presenta una etapa en la que se definen los objetos-distintos-que-yo y que siempre van a representar el pecho materno. Aquí algunos bebés introducen el pulgar en la boca mientras los otros dedos acarician su rostro. En esta experiencia

la mano que se encuentra libre puede ser utilizada para tomar algún objeto exterior que es introducido en la boca, este objeto puede convertirse en el que ejerce la función acariciadora. Son experiencias que se acompañan de la formación de pensamientos y fantasías, a éstas experiencias se les considera los fenómenos transicionales pues alguno de estos objetos externos, canciones o melodías “llega a adquirir una importancia vital para el bebé en el momento de disponerse a dormir, y que es una defensa contra la ansiedad, en especial contra la de tipo depresivo” (Winnicott, 1951, pp. 21). A su vez, estos objetos utilizados se convierten en los objetos transicionales. Este objeto cobra un valor importante y es reconocido por los padres, estas pautas de fenómenos y objetos transicionales aparecen desde los cuatro a seis meses hasta los ocho a doce.

Estas pautas pueden reaparecer en etapas más adultas cuando se sienta algún peligro, o amenaza de privación. En ocasiones el objeto transicional es la madre misma, esto es resultado de una perturbación en el desarrollo emocional pues el bebé no se permite disfrutar de un estado de transición. Estos objetos “provienen de afuera desde nuestro punto de vista, pero no para el bebé. Tampoco viene de adentro; no es una alucinación” (Winnicott, 1951, pp. 22).

El bebé puede emplear un objeto transicional cuando el objeto interno está vivo, es real y lo bastante bueno (no demasiado persecutorio). Pero ese objeto interno depende, en lo referente a sus cualidades de la existencia, vivacidad y conducta del objeto exterior. El fracaso de este último en el cumplimiento de alguna función esencial lleva en forma indirecta al carácter inerte o a una cualidad persecutoria del objeto interno. Cuando subsiste la característica de insuficiencia del objeto exterior, el interno deja de tener significado para el bebé, y entonces, y solo entonces, el objeto transicional se vuelve también carente de sentido. Este último puede, pues, representar el “pecho externo”, pero en forma indirecta, debido a que representa un pecho “interno”. (Winnicott, 1951, pp. 27)

Para Winnicott, (1951) los objetos y fenómenos transicionales pertenecen al mundo de la ilusión, de hecho los fenómenos transicionales representan las primeras etapas del uso de la ilusión, ésta se constituye como la base de la experiencia. Aquí es importante aclarar que “lo

transicional no es el objeto. Este representa la transición del bebé, de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado”. (Winnicott, 1951, pp. 32)

Cuando la madre o la persona encargada del cuidado del bebé se ausentan por un largo período de tiempo se disipa, en el bebé, el recuerdo de la representación interna de la persona. Debido a esto los fenómenos transicionales pierden el sentido y no pueden ser experimentados. Aquí ocurre la descarga del objeto entonces se exagera la utilización del objeto transicional debido a que se niega la existencia de un peligro de desaparición del sentido de este objeto.

Es importante recordar que debe relacionarse el significado del objeto transicional con la ilusión, debido a que la madre le permite al bebé tener la ilusión de que los objetos externos son reales para él pues puede alucinarlos. De esta forma, “para que a un objeto exterior se lo sienta real, la relación con él debe ser la relación con una alucinación” (Winnicott, 1959, pp. 632). Aquí también debe agregarse el término de omnipotencia la que abarca objetos como la madre y otros integrantes de su ambiente. Respecto a esto la transición que ocurre es del paso del control omnipotente de los objetos externos a la renuncia de este pues existen fenómenos que no pueden controlarse. Con respecto al uso de los objetos transicionales debe establecerse que se relacionan con otras transiciones sobre todo corporales (en la piel, el cuerpo, los labios, etc.). Es así como se relaciona el uso de un objeto con el funcionamiento corporal. “Este es otro modo de decir que el yo se basa en un yo corporal” (Winnicott, 1959, pp. 634).