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3. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA

4.6 Donald Winnicott y las relaciones de objeto

4.6.2 La Preocupación Maternal Primaria

En oposición a lo anterior el autor plantea la existencia de una relación objetal que inicialmente se caracteriza por ser una relación cruel. Esto se conoce como un estado cruel de disociación, se presenta en la primera infancia y sale a flote en ciertos tipos de delincuencia y locura pero también debe mantenerse disponible en los estados de salud. Aquí el bebé normal disfruta de tener una relación cruel con la madre y que se manifiesta en los juegos. El bebé necesita a su madre porque ella es capaz de tolerar esta relación cruel, incluso en los juegos, cada vez que esto ocurre la madre se cansa y se daña realmente. Sin estos juegos con la madre lo que le queda al bebé es ocultar un ser cruel al que traerá a la vida en la disociación. En unión a esta relación objetal cruel también se presenta una relación objetiva en la que el objeto se maneja de manera vengativa. Esta fase primitiva se presenta antes de una verdadera relación con la realidad externa. Aquí el objeto o el medio ambiente son parte del ser como el instinto que lo sugiere. Cuando se presenta una introversión precoz el bebé no crece debido a que no hay enriquecimiento que surja de la realidad externa.

Como ejemplo de la aplicación de estas ideas añadiré a este criterio una nota sobre el hábito de chuparse el pulgar (incluyendo el hábito de chuparse los dedos e incluso todo el puño). Este hecho puede observarse a partir del nacimiento, y por consiguiente, nos es dado suponer que tiene un significado que se desarrolla desde lo primitivo hasta lo sofisticado. Se trata de una costumbre que tiene su importancia, tanto en lo que tiene de actividad normal, como en calidad de síntoma de trastorno emocional. Estamos familiarizados con el aspecto de este hábito que queda cubierto por el término “autoerótico”. La boca es una zona erógena, organizada especialmente en la infancia, y el niño que disfruta chupándose el pulgar disfruta de un placer. Además, tiene ideas que le causan placer. También el odio halla vía de expresión cuando el niño se daña los dedos al chupárselos con demasiado vigor o con

demasiada insistencia; y en todo caso no tarda en morderse también las uñas con el fin de hacer frente a esta parte de sus sentimientos. También se expone a hacerse daño en la boca. Aunque no está del todo claro que todo el daño que puedan sufrir los dedos o la boca tengan que ver con el odio. Al parecer hay en ello un elemento según el cual algo tiene que sufrir para que el niño obtenga placer: el objeto del amor primitivo sufre al ser amado, aparte de ser odiado. (Winnicott, 1945, p. 584-585)

En esta costumbre de chuparse el dedo y morderse las uñas se observa un retroceso del amor y del odio por la necesidad de mantener el objeto externo. Se presenta igual un retroceso hacia el ser frente a la frustración de amar a un objeto externo. Con relación a esto chuparse el dedo sirve para consolar debido a que el dedo o el puño representan al pecho de la madre o a otra persona. Esto es un intento de ubicar al objeto, de mantenerlo a medio camino entre el adentro y el afuera. Se presenta como una defensa frente a la pérdida del objeto en el mundo externo o en el interior del cuerpo. Es una defensa contra la pérdida del control sobre el objeto.

De acuerdo a Anna Freud, la madre posee una capacidad, una orientación para suplir las necesidades del bebé. Según Winnicott se presenta una identificación, consciente e inconsciente, entre mamá y bebé. Con relación a la preocupación maternal primaria, esta se va a considerar como un estado especial de la madre que se desarrolla y se convierte en una sensibilidad extrema durante el embarazo y se intensifica al finalizar el mismo y que se mantiene hasta unas semanas después de que el bebé ha nacido. Para el autor es un estado que no es fácilmente recordado por la madre y podría compararse con un estado de disociación.

No creo que sea posible comprender el funcionamiento de la madre durante el mismo principio de la vida del pequeño sin ver que la madre debe ser capaz de alcanzar este estado de sensibilidad exaltada, casi de enfermedad, y recobrarse luego del mismo. (Utilizo la palabra “enfermedad” porque una mujer debe estar sana, tanto para alcanzar este estado como para recobrarse de él cuando el pequeño la libera. Si el pequeño muriese, el estado de la madre se manifestaría repentinamente en forma de enfermedad. La madre corre este riesgo). (Winnicott, 1956, p. 1365-1366)

Existen muchas mujeres que se consideran buenas madres en muchos aspectos de su vida pero que son incapaces de lograr esta preocupación primaria que les ayuda a adaptarse a las necesidades de su bebé al comienzo de su vida. Esta incapacidad se podría considerar como “una huida hacia la cordura” pues poseen otras preocupaciones que no pueden abandonar fácilmente cuando deben ocuparse de sus bebés. El autor también plantea que esta situación se presenta en mujeres con fuertes identificaciones masculinas donde la envidia al pene impide el desarrollo de la preocupación maternal primaria.

Adicional a entender el estado en el que debe encontrarse la madre con su pequeño, es necesario también entender el estado en el que se halla el bebé. De acuerdo a esto los bebés deben tener: una constitución, tendencias innatas al desarrollo, movilidad y sensibilidad, instintos que se involucran en el desarrollo. Cuando la madre alcanza la preocupación maternal primaria le permite al bebé que su constitución se haga evidente, su tendencia a desarrollarse se despliega y el bebé podrá vivenciar movimientos espontáneos que le permitirán desarrollar sensaciones en estas fases iniciales de la vida. Cuando la madre es capaz de responder a la necesidad del bebé, la vida de éste se altera muy poco por sus reacciones a los ataques que pueda sufrir. Sin embargo, cuando la madre fracasa en este proceso se producirán reacciones a los ataques las que interrumpirán la continuidad del bebé. La continuidad de la existencia del bebé va a depender de que la madre pueda ubicarse en el estado de preocupación maternal primaria, de esta manera podrá ubicarse en el lugar del bebé y satisfacer sus necesidades las que al inicio son sólo corporales pero que luego se convierten en necesidades del yo a medida que el bebé elabora la experiencia física.

En este momento se desarrolla una relación yoica entre la madre y su bebé, en la que la madre puede recuperarse y el bebé puede integrarla y ubicarla como una persona.

El reconocimiento de la madre en tanto que persona viene de manera positiva, normalmente, y no surge de la experiencia de la madre como símbolo de la frustración. El fracaso de adaptación materna en la fase más precoz no produce otra cosa que la aniquilación del self del pequeño. (Winnicott, 1956, p. 1367)

A lo largo de esta etapa el bebé no es capaz de percibir lo que la madre hace bien, pero es capaz de percibir los fracasos maternos que se viven como amenazas a la existencia personal del bebé. Cuando el Yo se está construyendo y organizando, el proceso surge gracias a las experiencias de aniquilación que no aniquilan pero de las que se puede recuperar repetidas veces. Esta constancia en la recuperación permite que se establezca la confianza que constituirá a la formación del Yo y a la capacidad de éste para enfrentar la frustración.

Un medio suficiente en la primera fase permite que el pequeño comience a existir, a tener experiencia, a construirse un yo personal, a dominar los instintos, y a enfrentarse con todas las dificultades inherentes a la vida. Todo esto le parece real al pequeño, que es capaz de poseer un self que, a la larga, incluso puede permitirse sacrificar la espontaneidad, incluso morir. Por el contrario, sin una inicial provisión ambiental satisfactoria este self capaz de morir jamás se desarrolla. La sensación de realidad se halla ausente y si no hay demasiado caos la sensación definitiva es de futilidad. Las dificultades inherentes a la vida son inalcanzables, y no digamos las satisfacciones. Si no hay caos, aparece un falso self que oculta al verdadero self, que se aviene a las exigencias, que reacciona ante los estímulos, que se libra de las experiencias instintivas teniéndolas, pero que únicamente estará ganando tiempo. (Winnicott, 1956, p. 1368)

Se plantea necesaria la preocupación maternal primaria debido a que en esta etapa precoz el bebé se encuentra en el proceso del desarrollo del yo, el que se establece como una suma de experiencias, de sensaciones y de movilidades espontáneas. Esto es un espacio en el que el bebé necesita recuperarse de los sentimientos de aniquilación y a los ataques del medio ambiente, esto sólo podrá lograrlo con la madre en el estado de preocupación planteado en un medio ambiente que se especialice para ello.

4.6.3 El desarrollo de la Independencia y la Integración de la personalidad