"Cargó una cruz en los hombros. / Por ser el mejor. / Por no venderse jamás / al poder enfrentó. / Curiosa debilidad, / si Jesús tropezó / ¿por qué él no habría de hacerlo? / La fama le presentó / a una blanca mujer / de misterioso sabor / y prohibido placer. / El deseo de sanar / otra vez involucran- do su vida. / Y es un partido que hoy día / el Diego está por ganar.
A poco que debutó / ¡Maradó! ¡Maradó! / la Doce fue quien coreó: / ¡Maradó! ¡Maradó! / Su sueño tenía una estrella / llena de sol y gambetas. / Y todo el pueblo cantó: / ¡Maradó! ¡Maradó! / Nacía la mano de Dios: / ¡Maradó! ¡Maradó! / Sembró alegría este pueblo. / Llenó de gloria este suelo. / ¡Ole, ole, ole, ole! / ¡Diego! / Diego!"
"LAMANODE DIOS", CANCIÓN INTERPRETADAPORRODRIGO "Cornelinas mira la bandera argentina que flamea en el campo de juego y le insiste a su amigo: —Hay muchas formas de dar la vida por la Patria. Y ésta es una de ellas."
DELGUIÓNDELFILM PELOTADETRAPO (1948),
PROTAGONIZADOPORARMANDOBÓ "El fútbol es el opio de los pueblos."
JUAN JOSÉ SEBRELLI, PARAFRASEANDOA KARL MARX
Jugamos como somos, esto es: somos como jugamos. Aunque ya casi nadie se ríe durante un partido (se ha convertido, por paradoja, en un juego en el que nadie se divierte), lo que va en el juego haciéndolo nuestro es todo lo que no se premedita; lo que nos permitimos ser, en libertad. Heráclito diría: "fluimos, mientras jugamos".
La agonística griega, entendida como "arte de los atletas", especialmente de los luchadores, o "ciencia de los combates", surgió en principio como una voluntad de autoestilización o ética del cuidado de sí que se extendía a los bienes privados (la casa) o al ámbito público (la política). Los griegos no consideraban a los placeres como buenos o malos en sí, sino de acuerdo al uso que podía hacerse de ellos. Y se vinculaban al placer —para sentirlo o dominarlo— sobre la base del modelo de la justa deportiva y la batalla, una especie de relación agonística con uno mismo. Lograr el dominio de uno mismo era una virtud privada que podían proyectar también a lo público. Si una persona podía llevar una vida equilibrada estaba en condiciones de competir para algún cargo político. Por influencia del estoicismo y el epicureismo95 primero, y del
cristianismo luego, las técnicas griegas de dominio de sí se dividieron con las que permiten gobernar a otro, y los juegos competitivos se desprendieron del ámbito de la ética y la virtud. Los llamados juegos agonísticos reaparecerán recién quince siglos después, en las llamadas sociedades preindustriales.
Diversos autores afirman que la caza fue, en la Inglaterra del siglo XVIII, uno de los primeros pasatiempos que adquirieron la forma del deporte. Según Norbert Elias, fue allí cuando gentlemen que poseían enormes extensiones de tierra elaboraron estrictos y refinados códigos de conducta e impusieron restricciones a las formas de cacería hasta entonces conocidas. En principio, se impedía el uso de armas, por lo que no se mataba al zorro. Las reglas que cumplían los participantes eran cumplidas, a la vez, por los animales (perros) entrenados para cazar al zorro.
La invención del deporte se produjo en el seno de una clase social que fue preparando el terreno para el desarrollo del capitalismo y desplazó del centro del poder a los representantes de la monarquía. Fue parte de un proceso de autoafirmación de una clase naciente. El análisis marxista clásico —Sebrelli, por ejemplo— ha visto el deporte, y en particular el fútbol, como un instrumento de la burguesía con el que se procura dominar al proletariado. Otros autores sostienen que esto no nació con ese sentido —el de dominación de una clase sobre otra — sino el de afirmación de una clase per se. Obviamente, el juego de pelota, el boxeo, las carreras de caballos, eran conocidos con anterioridad al siglo XVIII. Lo que sucedió en ese período con esos y otros juegos, fue que se transformaron en deportes al rodearse de reglas de funcionamiento, controles que permitieron equilibrar las fuerzas de los adversarios y prolongar el encuentro.
Señala Julio Frydenberg96 que el fútbol, como juego reglamentado, nació en Inglaterra
hacia mediados de la década de 1860. "En 1867 los residentes ingleses lo practicaron por primera vez en Buenos Aires, junto con otros deportes modernos". En 1893 se creó la liga del fútbol en el país, la Argentine Association Football League, compuesta por unos veinte teams originados en su mayoría en escuelas de la colonia inglesa. Además de estos equipos, en aquel momento era muy difícil en Buenos Aires encontrar otros footballers. Sin embargo, en 1907, catorce años después, ya existían doce ligas independientes que nucleaban unos 350 equipos. "Según la tradición —sigue Frydenberg—, el primer club de fútbol criollo fue Argentino de Quilmes, fundado en 1899, y River Píate el primer club popular de la ciudad de Buenos Aires,
95Sistema filosófico impulsado por Epicuro (341-270 a. C), refinado egoísmo que busca el placer exento de todo
dolor.
creado en 1901. Pablo Alabarces97 relata que, durante sus orígenes, el fútbol argentino se
desarrolló a partir de tres ámbitos diferenciados: las escuelas de la comunidad británica, los clubes sociales y deportivos, primero comunitarios británicos y rápidamente fueron impulsados por la clase dominante argentina, y los clubes fundados por empresas para sus empleados, basicamente del área ferroviaria. El primer presidente de la Argentine Association Football League, el llamado Father ofthe Argentine soccer, fue Alexander Watson Hutton, le siguieron A. Boyd, Charles Wibberley y Francis Chevalier Bou-tell". Entrevistado por Di Giano y Frydenberg, Eduardo Archetti, antropólogo social, profesor de la Universidad de Oslo, brinda detalles sobre aquel fútbol inglés de la belle époque: "Vos no te imaginás lo que eran los banquetes —relata— después de cada partido internacional, a comienzos de siglo, entre Uruguay y Argentina. Y la lista de música que se tocaba, donde aparecen Rossini, Puccini. Las crónicas de la época describen cómo estaban vestidos los jugadores y los menúes larguísimos con vinos sauternes, jerez amontillado y champagne francés. El diario de la comunidad inglesa
The Standard ya advertía para la llegada del Everton 'que desgraciadamente el público es, en su
mayoría, criollo' y su comportamiento no era el adecuado para el fairplay. El mismo periódico después de un partido entre Argentina y el Tottenham se desesperaba por el horrible comportamiento de los argentinos. Cuando llegó el Everton, aparentemente éste jugaba un fútbol brusco, demasiado brusco. Y ya se habla del tema de la pechada. Los ingleses usaban el cuerpo mientras los argentinos trataban de esquivar, desafiando. Los argentinos eran ineficaces en el uso del cuerpo y parece que aún lo somos en la actualidad. Entonces, ante el juego del cuerpo, apareció la picardía del fútbol criollo: porque no necesito chocar al otro, tengo que engañarlo."
En 1906 fue elegido para presidir la League un connotado miembro de la oligarquía argentina, Florencio Martínez de Hoz.
En su ensayo "Deporte en el Centenario", María Eugenia García Sottile observa que "los nuevos clubes integrados muchas veces por sólo once jóvenes de doce a veinte años de edad que cumplían simultáneamente los roles de dirigentes, socios y jugadores, se organizaban para defender el honor de la cuadra, la parroquia o el comercio en el que estaban empleados". Este proceso comenzó a desarrollarse en 1910, y marcó el inicio del ingreso al fútbol de los hijos de inmigrantes o empleados jerárquicos del aparato estatal: apellidos italianos mezclándose con los ingleses.
El sociólogo Héctor Palomino (autor, junto a Ariel Scher, de Fútbol, pasión de multitudes y de
elites) señala98 que "en la década de los '20 el profesionalismo se fue legitimando para legalizarse
en la década siguiente. (...) ¿Para qué, en aquella época, un jugador jugaba al fútbol? ¿Para divertirse, por el mero placer de jugar? ¿O era ya importante el hecho de sentirse representante de una identidad barrial o regional, esto es, jugaba 'por amor a la camiseta' como si oficiara un rito o una ceremonia para confirmar una pertenencia? ¿O bien para vivir de una profesión que le brindara dinero? (...) Todas estas cuestiones se cruzan seguramente en la década del '20, cuando se van tejiendo esos enfrentamientos entre el amateurismo marrón," el profesionalismo y el
fairplay. Aquí hay que considerar que el hecho de cobrar dinero para jugar rompe
inexorablemente la idea del fair play: un jugador que vende sus servicios ingresa en un negocio. (...) En 1948 se produce otro movimiento importante en la historia del fútbol: con la sindicalización el futbolista se convierte en un trabajador, a tono con la mentalidad prevaleciente de la época.99
97En Fútbol y patria, el fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina.
98Entrevistado por Julio Frydenberg y Roberto Di Giano para www.efdeportes.com, revista digital. 99Así se llamó al amateurismo que cobraba de forma clandestina.
Por su parte, Archetti afirma que "del baldío y del potrero saldrán los jugadores de fútbol argentinos. No salen ni de los patios de los colegios primarios o secundarios, ni de los clubes, es decir, espacios controlados por maestros y directores técnicos. El baldío, como la pampa y el arrabal, es un espacio de libertad. Los grandes jugadores serán, en consecuencia, productos puros de esa libertad que les permite improvisar y crear sin las normas impuestas por los expertos o los pedagogos".
Ángel Cappa, director técnico, profesor de Filosofía y Psicopedagogía, agrega: "Decía un entrenador inglés que el fútbol no es una cuestión de vida o muerte. Es algo mucho más importante. Y es cierto, porque el fútbol le permitía y le sigue permitiendo a un tipo de barrio tener algo que a los pobres les arrebatan desde la cuna: el orgullo. Es decir, yo a partir de una pelota de fútbol soy alguien, en el sentido profundo. Me gano así el respeto mío y de la gente. Tiene que ver con defender una identidad, porque yo soy un tipo de barrio y como venía la pelota, la bajaba y la pisaba contra el suelo, eso me dio la posibilidad de ser".