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"Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, durante dos meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente..."

RODOLFO WALSH

"Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos."

GENERAL IBÉRICO SAINT JEAN91

91Declaraciones hechas en mayo de 1977, cuando Ib érico

Ambos fueron el rostro discreto y amable de dos dictaduras. Su destino militar fue el mismo: los dos fueron embajadores argentinos en París, ante la UNESCO. Ambos disertaron

sobre educación mientras la sangre corría por debajo de la alfombra.

Pensaron, desde su sitio, a la Argentina, y representaron lo más granado de la intelligentzia militar, si no es que ambos términos (militar e intelligentzia) son en verdad incompatibles.

Eduardo Mallea nació en Bahía Blanca en 1903, escribió en La Nación, publicó varias novelas y libros de cuentos, fue Premio Nacional de Literatura en 1945, joven amante de Victoria Ocampo y autor de Historia de una pasión argentina. Entre 1955 (bajo la dictadura del general Lonardi) y 1958 (con el reemplazo del general Aramburu) ocupó la embajada argentina ante la UNESCO. Mallea estaba en París el 12 de junio de 1956, cuando una

insurrección comandada por el general Valle termina con 27 fusilamientos en un basural de José León Suárez, aquellos hechos que luego relatará Rodolfo Walsh en Operación Masacre.

Víctor Massuh publica La Argentina como sentimiento a fines de 1982, cuando la dictadura militar trastabillaba. Massuh llegó a París como embajador del general Videla en 1977, y se mantuvo en su sillón hasta el final, en 1983. Volvió a la carrera diplomática durante la administración de Carlos Menem, entre 1989 y 1995, como embajador argentino ante Bélgica. Massuh estaba en Francia durante los peores años del terrorismo de Estado, durante la "campaña antiargentina" lanzada por el Centro Piloto de París, durante la desaparición de otros diplomáticos como Elena Holmberg y Marcelo Dupont. Unos años después, en 1990, dirá Massuh:92 "La democracia ha demostrado ser un valor universal (...) la democracia se

convirtió en el ideal del hombre común, en la expresión de aquello que identifica al ser humano genérico, es decir, al habitante de cualquier lugar de la Tierra: la libertad".

Ya Mallea como Massuh caen en el abismo de las dos Argentinas: para Mallea se trata del país visible e invisible y para Massuh una histórica lucha entre el bien y el mal argentinos.

"Desde los tiempos de la organización nacional —escribe Mallea—93 el trabajo de la Argentina

visible ha sido de más en más un trabajo sin ensueño, un trabajo desprovisto de espiritualidad. Físicamente, en el sentido de la civilización confortable lo que se ha hecho es enorme, espiritualmente, en el sentido de la cultura lo que se ha hecho es nada, lo que se ha hecho es regresar, regresar sin medida... vaga encarnación de vagos ideales en los cuales se oculta siempre la rudimentaria concepción positivista del bienestar y del progreso".

En su estudio sobre "Señales de la tierra en Ezequiel Martínez Estrada y Eduardo Mallea", Esteban Ierardo afirma que "para Mallea el argentino profundo se relaciona con lo rural, aunque no se identifica plenamente con lo campestre, ya que puede vivir también en las ciudades mezclado con el ser más degradado de la urbe, aquel que sólo aspira ser centro que domina. (...) éste es el hombre de la 'exaltación severa de la vida', el que es 'raíz, no follaje', el que conserva 'algo que vale más', y es su comunión de hombre que siente con las cosas que lo hacen sentir'."94

Massuh, como dijimos, publica La Argentina como sentimiento a fines de 1982, aquel año en que se cayeron las máscaras del baile de disfraces militar. No había entonces una Argentina visible y otra invisible en los términos de Mallea, sino una Argentina oficial y otra real, oculta en el exilio, en los campos de concentración y en aquel país que comenzaba a despertarse de la pesadilla sin fin. Como advierte Juan Carlos Dido en Identikit de los argentinos, "la actitud superficial y justificadora de Massuh queda patente cuando alude a la actuación del régimen militar, cuyas decisiones prácticas no tienen crítica ni reparo alguno en las explicaciones del autor".

Escribe Massuh sobre los partidos políticos en la Argentina que "no pudieron

92Víctor Massuh, Cara y contracara, ¿una civilización a la deriva? 93Citado por Graciela Scheines, Las metáforas del fracaso. 94Eduardo Mallea, Historia de una pasión argentina.

desarrollarse naturalmente, fortalecer sus músculos, madurar ni convertirse en escuela de democracia porque las crisis graves se sucedían obligando a la intervención militar. Y hay que reconocerlo: en período de emergencia sólo cabe el imperativo de la acción quirúrgica. No son buenos tiempos para la educación ciudadana".

"Cuando las fuerzas armadas tomaron el poder —'siente' Massuh en otro tramo de su libro — fue porque el cuerpo social estaba agonizante, y ellos (los partidos) aceptaron patrióticamente sustraerse de toda acción. (...) Al nihilismo que tenía las armas en las manos se lo enfrentó con las armas. La lucha fue necesaria y el enemigo derrotado", concluye el ex embajador.