"Dícenme que el gaucho ha casi desaparecido; que desde el año 70 acá los setos de alambrado han concluido con él, reduciéndole al degenerado orillero, y que sólo queda como su remota reminiscencia el 'gaucho alzao', refugiado en los confines de la pampa, lindando con las tolderías de indios."
MIGUELDE UNAMUNO
"El gaucho, en el estado de criminal abandono en que vive, está privado de todos los derechos de ciudadano y de hombre; sobre su cabeza está eternamente levantado el sable del comandante militar y de la partida de plaza a quienes no puede resistirse porque entonces, para castigarlo, habrá siempre un cuerpo de línea. Ve para sí cerrados los caminos del honor y del trabajo, porque lleva sobre su frente este terrible anatema: hijo del país. En la estancia, como en el puesto, prefieren al suyo el trabajo del extranjero, porque el hacendado que tiene peones del país está expuesto a quedarse sin ellos cuando se moviliza la guardia nacional, o cuando son arriados como carneros a una campaña electoral."
Diversos autores sostienen que el conflicto entre la clase baja nativa y los hacendados o terratenientes es la clave económica de la Argentina del siglo XIX; sin comprenderlo es imposible analizar el sistema de doble explotación entre Buenos Aires y el interior: Buenos Aires explotado por el exterior y a la vez explotando la Argentina interna víctima, finalmente, de dos explotaciones: la del imperialismo y la del puerto.
Solucionado el "problema" indígena, la dirigencia argentina se encontró con otro asunto pendiente: qué hacer con los naturales del país. Mientras Hernández sostenía la distribución de tierras y la formación de colonias, los latifundistas y hacendados argumentaron que las tierras ya tenían sus dueños y todos los animales estaban debidamente marcados y apropiados. El gaucho había llegado tarde al escaso reparto de bienes. Los dueños de la tierra decidieron reemplazarlos por los inmigrantes, ya que éstos, entre otras cosas, no venían a disputar la propiedad de nada. El sistema legal se dedicó entonces, desde mediados del siglo XIX, a perseguir al gaucho hasta eliminar cualquier posibilidad de convivencia y sacarlo de la escena. La clase baja nativa debía resignarse —al decir de Hernández— a no poseer tierras en su propio país. El gaucho fue acorralado por los eufemismos jurídicos: la ley del 30 de octubre de 1858 sancionada por Valentín Alsina, por ejemplo, prohibía "usar cuchillo y arma blanca" en la ciudad y pueblos de campaña. Ya el artículo 2 del decreto del 18 de agosto del mismo año le prohibía el "derecho al carneo", y se consideraba "vagos" a los que corrían avestruces o vendían sus plumas. "Todo peón —decía el decreto— aunque tenga papeleta, que se ocupe de transitar y recorrer los partidos sin licencia expresa del juez territorial, será reputado como vago y como tal capturado y destinado al servicio de las armas."25
En 1854 los estancieros se quejaban ante el gobierno pidiendo que no se autorizara la instalación de "puestos y chacritas con cincuenta cabezas de ganado, y hasta con una sola tropilla."26
El Manual para los Jueces de Paz de la Campaña, publicado en 1825, señala el "marco legal" del peón de campo:
"1) Ningún peón será conchabado para servicio alguno o faena del campo sin una contrata formal por escrito, autorizada por el comisario de policía de la sección respectiva.
2) En la contrata se expresará el tiempo por el que el peón se conchaba y el servicio que ha convenido con su pa trón.
3) Nadie podrá admitir a conchabo a un peón que no lleve certificado del patrón a quien antes ha servido, por el que conste su buen comportamiento y haber dado cum plimiento a la contrata, o haberse ésta disuelto de es pontánea y recíproca voluntad.
4) Todo patrón que necesite emplear uno o más peones fuera de su casa o establecimiento les dará una papele ta firmada por él en la que se expresen los días en los que el peón debe ocuparse en el campo o fuera del esta blecimiento.
5) En la papeleta de que habla el artículo anterior se expre sará igualmente la fecha en que fue librada.
25Citado por Gastón Gori, Vagos y mal entretenidos.
6) Vencidos los días que en ella se expresan, el peón que se halle fuera de la estancia, chacra o establecimiento del patrón será tenido por vago y forzado a conchabarse por dos años en el servicio de las armas.
7) En caso de no ser apto para el servicio de las armas será destinado por un mes a los trabajos públicos por la primera vez; por la segunda a dos meses y a otros tantos por cada vez que reincidiera."
Destaca Mafud, en La clase obrera argentina, que aún a fines del siglo XIX, con la llegada masiva de la inmigración, "estas reglamentaciones persistían para la clase baja nativa. Si se detenía a uno de sus miembros debía trabajar sin sueldo y sin paga en la gobernación o donde se le destinase".
El Código de Policía Rural y Urbana de 1884 puntualiza que el tiempo de la jornada laboral será "de sol a sol", que está prohibido que "el peón abandone el trabajo antes de finalizar el período del contrato" y que el peón que no asistiere al trabajo, de no mediar licencia o aviso, "será castigado con arresto y luego entregado al patrón".
Según Gastón Gori, vagar y mal entretenerse era un "delito tan grave como robar y herir". Vago era "todo individuo que no tuviese profesión fija, o domicilio fijo, o no poseyera constancia de hombre conchabado". Para las "Disposiciones sobre policía rural del gobernador Manuel Luis de Oliden", del 30 de agosto de 1815, vago y mal entretenido era "todo individuo de la campaña que no tenga propiedad legítima de qué subsistir". También se autorizaba la detención de quienes cazaran avestruces, fuesen retobados, cuatrereasen ganado ajeno, a los que en día de labor se encontrasen en la pulpería, los mendigos que pidieran sin defecto físico que lo justificara y también los que anduviesen "de florcita", enamorando.
La idea del gaucho, su estereotipo, fue uno de los pilares de la Argentina imaginar ía. Su reducción al rol de vago y mal entretenido no fue más que el reproche proyectado de quien calificaba: recuérdese que si alguien no quiso mover un dedo en estas tierras fueron precisamente los españoles, que llegaron a de concesiones de tierras, tráfico de esclavos y encomiendas. Una carta de Hernandarias del 8 de julio de 1617, citada por Emilio Coni, dice: "He puesto orden en las vaquerías en las que vivía mucha gente perdida que tenían librado su sustento en el campo (...) atenderán por el hambre y necesidad a hacer chacras y servir poniéndose a oficio que he forzado y obligado a muchos mozos perdidos poniéndolos de mi mano a ello". Los "mozos perdidos", hijos de padre y madre españoles, los criollos insumisos, serían perseguidos como gauchos. Casi un siglo más tarde el Cabildo describió a los gauchos en un oficio como "personas sin Dios, sin Rey y sin Ley"; una definición que abarca desde un peón de campo escéptico hasta Bertrand Russell. En un proceso tramitado en 1795 en la Capilla de Mercedes de la Banda Oriental, la causa "Contra Bernardo Ledesma por vago", preguntado un testigo sobre el oficio del acusado contestó que "le consta que es gaucho y que no sabe tenga otro ejercicio que andar de rancho en rancho y en las pulperías embriagándose y después con el cuchillo en la mano peleando con todo el mundo". El reo no aceptó aquella acusación: "Es falso que sea gaucho", dijo en su descargo.
Adolfo Bioy Casares, en su Memoria sobre la pampa y los gauchos, publicada en 1970, sostiene que los gauchos jamás existieron; que fueron un invento literario de los patrones de estancia (como José Hernández, por ejemplo). "No he conocido a ninguna persona medianamente allegada al campo que pronunciara el vocablo 'pampa' (...) Frasecitas del tenor: 'Voy a
galopar un rato por la pampa' son concebibles únicamente en extranjeros de comedia." Bioy observa, con aplastante lucidez, que en sus obras Joseph Conrad menciona libremente el mar, pero Estanislao del Campo no menciona la pampa; y que esta palabra apa rece sólo una vez en
Aniceto el Gallo (durante un brindis al señor Sarmiento pronunciado en París) y sólo dos
veces en la versión completa del Martín Fierro. "Me parece que ahora —observa Bioy— hay más gauchos que antes", y agrega que uno de los gauchos más gauchos que conoció, gaucho por el aspecto, el andar, la fonética, la índole, el oficio y las habilidades, fue don Cipriano Cross, francés de nacimiento.