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3. CAPÍTULO III: Campo de acciones

3.4. Instituciones y agentes del campo

3.4.4. Diseñadores gráicos, la trayectoria laboral

Tras cumplir las expectativas de rol de la academia del campo y estar dotados por ella de autoridad profesional con base en su competencia técnica (Ballesteros Lenier, 2007) los estudian- tes se legitiman como diseñadores gráicos83 titulados y se alistan para la nueva competencia

del campo por acceder a la labor. Dentro del grupo de diseñadores gráicos se enfrentarán con sujetos empíricos que poseen lo que Bourdieu (1991) denominó el “conocimiento práctico” de las reglas y regularidades del campo, particularmente de instrumentos y conocimientos cotidia- nos, y que en un alto porcentaje son ajenos a sus saberes abstractos, o sea a su capital cultural especíico. Diseñadores gráicos empíricos pueden ser quienes de manera desinstitucionalizada apropian algunas habilidades necesarias para la creación de imágenes y de productos de Diseño Gráico, agentes de otros campos cuya academia legitimó su capital cultural84 o también agen-

tes provenientes de la academia del campo pero que no fueron legitimados por ella.

Los conlictos por la valoración de los conocimientos del agente pueden estar potenciados además por la distinción de la organización que lo legitimó como diseñador gráico, incluso por el grupo al cual esta organización pertenezca, revalidándose así para los conocimientos expertos los argumentos de Bourdieu & Passeron (1967) acerca de la desigualdad escolar. Al ser exteriori- zados estos y otros conlictos conforman representaciones del campo que constituyen su memoria colectiva pero que no son incluidas en las representaciones que realizan las organizaciones de la academia. Algunas de ellas serán documentadas y analizadas en el quinto capítulo.

El diseñador gráico es un individuo manipulador de símbolos, un prestador de servicios personales, un trabajador rutinario según la categorización de Reich (1991)85, y

83 Soar (2002) designa a los diseñadores gráicos como “intermediarios”, acudiendo al concepto de intermediarios culturales de Bourdieu,

84 Este capital cultural de otro campo puede dotarlos de distinción en el campo del Diseño Gráico. 85 Citado en (Bauman, 2003, pág. 161)

adicionalmente un reproductor del trabajo cuando ejerce el rol de docente. Como creador individual, emprendedor o como parte de colectivos el diseñador gráico se integra a la la- bor generando ideas que se convertirán en bienes y servicios y, frecuetemente, adoptando nuevos roles diferentes al ejercicio del Diseño Gráico como los que enuncia Hernández Pumarejo (2012)86 o los que han surgido por la evolución del campo y los cambios en las

reglas de juego, los modelos de negocio, los materiales, los productos, los dispositivos y en las formas de hacer y de comunicación.

Los productos que crea poseen aspectos culturales, simbólicos y estéticos que los inscribe en una lógica mercantil que determina que sobre estos agentes primen los ines utilitarios y mercantiles. Su posición está comprometida por sus relaciones de producción y por sus actos de creación y de consumo dentro del campo, lo determinan a él y a su obra, y lo dotan de un peso funcional, es decir de un poder o autoridad relativos dentro del campo del Diseño Gráico. Según Bourdieu (1995) los agentes son “radicalmente irremplazables” en el campo de la creación artística y literaria, pero a diferencia de ellos los diseñadores gráicos orientan su actividad creadora al consumo y la lógica burocrática los entenderá como recursos sustituibles a menos que alcancen una posición destacada o dominante o tengan un nombre reconocido o una obra legitimada como única para el campo.

Como sucede en otros campos, en el Diseño Gráico “el espacio del empleo se parece más a un predio para acampar” (Bauman, 2003, pág. 158), por ello el diseñador gráico que está

vinculado a posiciones en la labor y que aún anhela alcanzar o emular la idealizada trayecto- ria del artista se convierte en su propia antítesis porque en la labor queda sujeto a una cadena de producción material o inmaterial. Como trabajador rutinario (Reich,1991) está atado a una

cadena de montaje en la materialidad física de una empresa o a través de la inmaterialidad de la red, es una de tantas piezas prescindibles además de “desechables e intercambiables del sistema económico” (Bauman, 2003). Inmerso en la sociedad red planteada por Castells (2009),

este agente puede convertirse en un trabajador autónomo dentro del proceso de producción,

86 Señala que puede adoptar otros roles dentro de las organizaciones de la labor como copywriter, reparador de computadoras, fotógrafo, videógrafo, editor, productor, publicista, analista de negocio, project manager, programador, psicólogo, vendedor, administrador, entre otros (Hernández Pumarejo, 2012).

autoprogramable, creador de innovación y valor, o en un trabajador que ejecuta labores nece- sarias pero de poco valor que podrían llegar a ser realizadas por máquinas.

Para obtener un lugar en el mercado laboral debe adscribirse a una nueva compe- tencia y al triunfar en ella afrontará nuevas competencias diarias por la permanencia, el enclasamiento o por el éxito de sus proyectos. Por ello desde un principio enuncié al campo como un espacio social de constantes competencias que pueden ser simultáneas o secuen- ciales como en este caso. Además estas competencias trascienden el tiempo de trabajo del diseñador gráico hacia su “tiempo de no trabajo” (Virno, 2003). Según Bauman (2003) estos

tiempos del trabajo y del no trabajo dejaron de ser complementarios y rígidos para comen- zar su licuefacción. De esta manera se conigura una de sus características más particular y frecuentemente representadas: su constante proceso de trabajo, transformando su tiempo de no trabajo en procura de hacer surgir sus ideas y convertirlas en lo que Marx denominó “trabajo productivo”. Las consecuencias de esta trascendencia se verán evidenciadas en algunas representaciones sociales comunicadas al interior del campo del Diseño Gráico y que también reproducen estos agentes y los estudiantes.

La subjetividad y la identidad profesional del diseñador gráico se han transformado y dicha transformación no puede comprenderse sin antes pensar los cambios del sentido del tra- bajo (Martín Barbero, 2002) y del sentido del trabajador. Las relaciones entre agentes y labor han

continuado evolucionando desde la apuesta moderna de Bourdieu, al igual que lo han hecho sus posiciones dentro de las organizaciones. El ideal de la fábrica que aseguraba un trabajo a largo plazo, quizás para toda la vida, y que aún existía en las últimas décadas del siglo XX para muchos trabajadores colombianos también evolucionó como consecuencia de la mentalidad de “corto plazo” (Bauman, 2003) que instó a preferir los contratos cortos, aun cuando estén ma- tizados por un tanto de incertidumbre (Bauman, 2003). De este fenómeno se desprenden nuevas

formas laborales que han sido adoptadas por los diseñadores gráicos, como la participación en concursos87 convocados para crear identidades gráicas y carteles para eventos, o más frecuen- temente para la creación de otras piezas gráicas, fotografías, ilustraciones, logotipos, y otras,

87 Illich Carpintero (2014), diseñador industrial portugués, expone que los concursos de diseño han desvalorizado la formación, los procesos y el conocimiento, pero que no son causantes de las afectaciones de su estructura. (Illich Carpinteyro, 2014)

que son presentadas como mercancías especializadas. Sus mercancías también pueden ser ad- quiridas y utilizadas por otros sujetos, incluso por otros diseñadores gráicos que las integran en su creación de objetos/productos de Diseño Gráico procurando facilitar su producción.

3.4.4.1. Empíricos, ¿la desestabilización de la estructura?

El subgrupo de diseñadores gráicos empíricos está integrado por quienes ejercen el rol de diseñador gráico sin haber incorporado los conocimientos de la profesión a través de la academia del campo por no poseer una titulación o por poseerla por la academia de otro campo. Habitualmente el Arte, la Publicidad y la Arquitectura son los campos de origen de agentes que ejercen el rol de diseñadores gráicos tras modiicar su trayectoria haciendo una reinversión de capitales según Bourdieu o una hibridación que García Canclini (1989) preiere denominar como “reconversión de capitales”. Estos agentes están “en condiciones de vender los servicios de diseño gráico” (Del Vecchio, 2015, pág. 94), compiten con el agente titulado y cuestionan su

conocimiento práctico de las regularidades del campo y su derecho de saber más que cualquier advenedizo (Bourdieu, 1991).

La aparente reducción de distancias entre el saber experto y el empírico no solo opera en el campo del Diseño Gráico, es uno de tantos factores que desde hace años comenzó a im- pactar a un gran número de profesiones, incluso a aquellas que como la Medicina han contado tradicionalmente con una representación social ‘privilegiada’. En una entrevista que realizada en 1991, Bourdieu relexionó ante tales distancias para el caso de su profesión: las distancias entre la sociología empírica y la erudita. Al ser indagado acerca de los obstáculos que planteaba la sociología espontánea a la sociología erudita respondió citando a Durkheim y su idea de que “los sociólogos deben convivir con la idea tan difundida de que la sociología está al alcance de todos” (Bourdieu, 1991), y añadió:

Los agentes sociales tienen un dominio del mundo social que les permite desenvolverse en la vida (…) tenemos un sentido práctico del mundo social, un conocimiento práctico de las regularidades e incluso de las reglas, pero lo que no se da en el modo de la ciencia barata es el dominio erudito de las regularidades y las reglas del mundo social y el dominio erudito del

campo práctico lo que hace que siempre estemos en diicultades porque chocamos con noso- tros mismos y con nuestros interlocutores en cuando comunicamos los resultados de nuestro trabajo (…) hacemos las cosas con instrumentos y en nombre de ese trabajo reivindicamos el derecho de en ciertos casos saber más que cualquier advenedizo. (Bourdieu, 1991)

Bourdieu (1991) sostuvo que la sociología debía “enseñar cosas que todo el mundo sabe en cierta forma, pero que no quiere ni puede saber, pues la ley del sistema obliga a ocul- tarlas”. En la profesión del Diseño Gráico sucede algo similar en términos del enfrentamien- to del conocimiento práctico de las reglas y regularidades con el dominio de las mismas. Para permitir su incorporación como capital cultural las organizaciones de la academia enseñan a los estudiantes habilidades ‘especializadas’ que otros sujetos pueden llegar a incorporar sin vincularse a ellas, o que muchos otros sujetos ya poseen. Tal es el caso de la creatividad, la habilidad para comunicar y comunicarse, e incluso la escritura y la graicación que son exploradas desde la primera etapa escolar. En mayor o menor medida estas propiedades son inherentes a la condición humana y/o se utilizan espontáneamente de manera cotidiana y esto contribuye a que no logren legitimarse socialmente como especializadas algunas habilidades que integran el conjunto de saberes del Diseño Gráico.

El hombre nace con capacidades para el diseño en mayor o menor grado (…) Todos estamos involucrados en el mundo del diseño, en una forma u otra: ya sea porque se trabaja profesio- nalmente en él, o porque las circunstancias nos obligan a producir soluciones, o porque como usuarios siempre estamos juzgando su bondad o ineiciencia. (Castro, 1990, pág. 5)

Además de generar múltiples y nuevas formas de capital cultural incorporado a tra- vés de las organizaciones de la academia, el campo del Diseño Gráico también ha tenido un incremento del número de individuos que desarrollan sus actividades de manera empí- rica. Cada vez más individuos pueden acceder a e incorporar habilidades que se consideran ‘básicas’ para ejercer la profesión, algunas de ellas propiedades principales del diseñador gráico. Acceso que ha sido impulsado por la sociedad de la información y la democratiza- ción del conocimiento, por la masiicación de las herramientas tecnológicas, la concepción del consumidor como prosumidor y por las nuevas dinámicas de la propiedad intelectual.

Incluso ha sido impulsado por la reacción de algunos sujetos contra la concepción mercantil del conocimiento, que los margina de la academia por sus supuestas carencias de alguna forma de capital o porque los ha conducido a la deserción temprana de esta institución88. O

simplemente porque el capital incorporado en la academia no satisface sus expectativas de constitución de trayectoria.

Los empíricos pueden gestar nuevas estéticas, soluciones o revoluciones, han instado

al replanteamiento de la competencia en el grupo de diseñadores gráicos y han comenzado a desestabilizar parte de la estructura del campo. Siguen de cerca las trayectorias de los diseña- dores gráicos titulados y los obligan a replantear y tratar de evidenciar su supuesta diferencia competitiva, por ello algunos diseñadores gráicos titulados los perciben como una amenaza para su mercado y para la estabilidad de sus posiciones. Incluso los marginan por su carencia de legitimidad institucional. Los empíricos protagonizan otra de las revoluciones del campo, han desestabilizado parte de la competencia del campo, han generado tensiones en las rela- ciones entre agentes y en la remuneración de su labor, su presencia evidenciar el peso que tienen otros conocimientos y cuestiona la acción, relevancia y pertinencia en el campo de una de sus principales instituciones: la academia.

¿Hay que ir necesariamente, a una escuela de diseño?: “Depende, aunque a algún lugar habrá que ir para conocer, no ya los secretos sino, cuando menos, los principios básicos –técnicos y culturales- sobre los que se sienta la profesión” (Satué, 1994, pág. 75)

Han contribuido a que el capital cultural incorporado, otrora requerido para el ascenso social y el acceso al mercado laboral, sea reconocido como una especie de “valor agregado” a otras propiedades del agente. Esto ha generado el desclasamiento de algunos diseñadores gráicos, especialmente de quienes no poseen posiciones destacadas.

88 Según Illich (2002), la academia hace sentir inferior socialmente al desertor, haciendo que este re- cuerde a perpetuidad lo que perdió (Illich, 2002)