El ánimo era muy grande, vinieron especialistas en arroz de Malasia para enseñar cómo mejorar la producción. Naturalmente no era el caso de sembrar planta por planta manualmente como ellos hacen por allá, y si el manejo del agua. Sembraban el arroz en tierra húmeda, cuando había nacido, echaban una fina capa de agua, y después se dejaban la tierra secar hasta que las plantas pequeñas comenzaban a marchitar. Este fue el punto en que se liberaba otra vez el agua en mayor cantidad. Así el nivel del agua aumentaba con el tamaño de las plantas de arroz. Se podría tener el doble de cosecha.
Luego vino la cosecha y la gran expectativa. ¿Aumentó la cosecha? Para algunos la euforia fue grande, de verdad la cosecha aumentó, casi el doble. Para otros si era una gran decepción. La cosecha bajo, casi a la mitad. ¿Por qué? Nadie podría explicar eso, ni los Malayos porque allá siempre dio cierto.
Preguntamos al suelo. Los análisis químicos no eran tan diferentes, pero los análisis físicos si lo eran. En los suelos más arcillosos las cosechas aumentaron, y en los arenosos bajaron. ¿Pero por qué? Hicieron trincheras. En los suelos más arcillosos, luego debajo de la superficie empezó un horizonte moteado de reducción.
Este horizonte terminó generalmente en 40 cm. de profundidad. Y cuando dejaron secar los campos, las raíces siguieron el agua, pasaron por este horizonte de reducción y crecieron abundantemente abajo, en un suelo no reducido, más húmedo. El suelo aireado fue que aumentó la cosecha.
Por más que dicen que arroz crece hasta en asfalto y no necesita de suelo con agregados, el necesita de oxigeno. Él es el único cultivo que consigue llevar el oxígeno a través del parénquima, de las hojas hasta las raíces pero esto le costó caro. Es un esfuerzo muy grande y que va a costo de la producción. Baja la cosecha.
En los suelos más arenosos, el horizonte de reducción no fue tan nítido en la capa superficial. El se profundizó hasta el 70 y hasta 80 cm. encontrándose en esta profundidad su estadio peor de reducción, de anaerobismo. Allí en la medida que las raíces crecieron, avanzaron cada vez más en el horizonte reducido y el anaerobismo era peor cuanto más se profundizaba. No lograron pasarlo y finalmente las raíces tenían que crecer en la capa más reducida, donde los nutrientes más tóxicos, como el azufre que se transforma en gas sulfhídrico, el manganeso en estado reducido es tóxico, igual al hierro, si había gas carbónico se trasformó en metano. Faltó oxigeno para los nutrientes y para el metabolismo de la planta. El arroz podría aún brindar una posibilidad para su metabolismo captando el oxígeno por las hojas y llevando hasta la raíz. Esto es un proceso que cuesta mucha energía y baja la cosecha por un 30%. Los nutrientes no podrían ser más oxidados, permanecían tóxicos y su falta era pronunciada, la raíz, obligada a avanzar hasta esta capa maléfica no consiguió pasarla. A partir de eso la cosecha bajó a la mitad. El arroz crece en suelo sin oxigeno, aunque crece mejor en suelo aireado.
Eso no funciona solamente en Asia en África, funciona también en Brasil. En Maranhão, el río Pindaré en cada primavera se llena trayendo una gran cantidad de limo de la sierra de Gurupi y de la sierra de Tiracambú. Igual al Nilo inunda las tierras, algo irregular y deposita el limo, fertilizando los suelos. Cuando el agua empieza a secar todo el paisaje está lleno de “bacías de aguas” que poco a poco disminuye hasta el desaparecimiento. Eso las personas aprovecha. Cuando una franja de la “bacía” se seca siembran plantas de arroz sin hacer la revolver la tierra. Siembran en las condiciones que se encuentra el campo durante esos meses. Si labrasen el campo enterraría el limo y traerían terrones de tierra estéril a la superficie que produciría una capa encrostada. La tierra está muy húmeda cuando se está sembrando. Por tanto no es pereza más sabía experiencia. Cada vez que una capa de unos 2 metros se queda libre de agua siembran. Y las plantas de arroz siguen con sus raíces al agua que poco a poco seca y está cada vez más profunda. Es cuando finalmente siembran el hondo de la bacía, falta poco para cosechar la primera franja. Y la cosecha es de 16 a 18t/ha. Los suelos, fertilizados por el río y el arroz obligado a profundizar cada vez más sus raíces para alcanzar todavía el agua, son los secretos para tener una alta productividad.
Nada de máquinas, nada de abonos comerciales, nada de defensivos ¿y si el terreno fuese nivelado? La productividad se perdería, porque depende justamente de las raíces que siguen el agua.
LA PUDRICIÓN MISTERIOSA EN LAS “PALMA AFRICANA”118
En la agricultura orgánica existe una resistencia muy grande contra el uso del cloro que parece como una “caza bruja” como el miedo del diablo por la cruz. Probablemente porque los cultivos de tomate producen menos cuando usan abono a base de cloro. Son tan insaciables del cloro que no poseen un sistema que pueda bloquear su absorción. Así cuando reciben el cloruro de potasio simplemente se quedan inquietos. Se concluye que cloro hace mal para todos los tipos de plantas.
Además de eso puede ser porque el cloruro de potasio (KCl) es un abono muy soluble y por tanto desequilibra muy fácil los otros nutrientes. Parece casi como una cosa extraña cuando se dice que hay cultivos que lo necesitan y mucho.
Los agricultores antiguos siempre salaban sus palmeras: coqueros, palmito, dende119, pero cuando vino la agricultura moderna, química, eso fue visto como una “simpatía” supersticiosa de personas analfabetas. ¿Dónde se vio colocar sal en una planta? Y los viejos dejaron las plantaciones para los hijos, que eran infinitamente más modernos y más capacitados.
Aunque las matas de palmera empezaron con una enfermedad extraña. En el inicio era solamente en algunas, luego después en el trasplante se murieron todos los brotes.
Simplemente se pudrían en la base y daba para sacar las hojas nuevas secas encima y podridas abajo. Era un hongo, mojaron las plantas con fungicida, pulverizaron en los campos recién sembrados con fungicidas diversos, pero no sirvió en nada. Fueron atacados los primeros 6% y después 10, 20 y finalmente ya en 30%. El problema quedó peor en cada año.
Los plantadores de coqueros reían y decían que tenían ya mucho más tiempo en este problema y poco a poco quedó serio, porque tenía como unos ya 43% de las mudas desarrollaron esta pudrición misteriosa. En los agricultores convencionales significaba un año de perdida en la producción, fingían que no era nada y abonaron mensualmente los árboles casi muertas con KCl. Allí, ellos empezaban a recuperarse. Aunque los plantadores orgánicos eran una catástrofe y las matas igualmente morían. Creían que sería la deficiencia de potasio porque en África los ingleses lo llaman de “mid crown yellowing” y lo curan con KCl, pero ya con el sulfato de potasio el efecto era cero.
Me invitaron, estudié las regiones y sus suelos y descubrí que en América Latina era famosa por sus suelos pobres en cloro con excepción de las orillas marítimas y especialmente en Colombia los suelos tenían la fama de tener cero en cloro. Pero todos creían firmemente que era la deficiencia de potasio, porque la curan con KCl por más que los síntomas sean muy diferentes, el potasio es un elemento que solamente se manifiesta en las hojas más viejas y nunca en la base del brote.
La deficiencia de cloro es muy poco estudiada y por eso poco conocida. Pero todo lo que se sabe es que se parece mucho con la pudrición del brote. Y como KCl la cura más no K2 SO4 vale la pena intentar. Los plantadores orgánicos reclamaron porque con KCl perderían el mercado Europeo. Además la tendrían que escoger entre perder los dendezeiros o perder el mercado. Entonces hicimos la propuesta: usen la sal. La sal es NaCl. Saleen sus mudas, ya en el vivero y después del trasplante. Hasta ahora la sal no es prohibida por ninguna norma orgánica. O porque no creyeron que se podría salar un cultivo, o porque no se dieron cuenta que la sal es cloruro de sodio. Y los plantadores, de repente se recordaron que sus padres
118 Elaeis guineensis. Palma da Costa Ociedental da África. Dendezeiro: nombre popular de la palma
em Brasil. (N.T.)
también salaban las palmeras, todas las palmeras que crecían lejos del mar: dos puñados por cada pie. Y ellos crecían fuertes y saludables. Era la solución. Y de repente las costumbres de los viejos, no parecían más superstición pero si sabiduría. Y las matas replantadas no se enfermaban más y crecían fuertes y saludables como antes cuando eran abastecidos con cloro.
EL COMEDERO DE SAL
La deforestación todavía era nueva. Limpiaron 20.000 ha con moto sierra y fuego y tiraron semillas de brachiaria. Germinó bien y entre los troncos y ramas no quemados creció un pasto exuberante. Por más que dicen que la vocación de la Amazonia no es para el pasto, por el momento todo pareciera andar maravilloso. Ya hicieron la advertencia que en esta región necesitaban el doble de cobalto en la sal de que en el resto de Brasil, y los comederos con sal bien temperado no faltaron. El ganado era muy gordo.
Pero después apareció una peste extraña que atacó a las vacas. Ellas eran todas gordas y bonitas, pero cuando dieron cría, se acostaban lo que no es común en ganado de corte y después no lograban levantarse más, simplemente se morían. ¿Por qué?
El dueño de la hacienda ya había perdido más que 30 vacas y no había ninguna prevención y tampoco ninguna cura. Es cuando las madres morían la cría también se perdía, porque, que vaca iba a aceptar los becerros huérfanos. Poco a poco la situación se tornó desesperante. Ni con Pentabióticos se conseguían salvar a los animales.
Me llamaron. ¿Qué podría ser? Miré una vaca bonita, acostada con el ojo un poco desesperado. Quería levantar pero no lograba. Sabía que era la falta de cloro lo que daba esa debilidad después del parto. Pero antes quise tener mayor seguridad de eso. Díganme ¿las vacas comían la tierra donde se orinaban? Comían, ¿por qué? Porque solamente hacen eso cuando buscan el cloro”. El hombre movió la cabeza. “No puede ser. Tengo comederos de sal por todas partes”. Y el obrero confirmó que el patrón nunca se descuidaba de la sal.
Fuimos a mirar los comederos de sal. Eran bien hechos, con una cobertura móvil que impedía la entrada de la lluvia y para que el ganado pudiese lamer fácilmente. Comederos de hecho no faltaba, ni sal en los mismos. Pero tenía alguna dificultad de llegar allá, porque era al medio de un montón de troncos una gran confusión de ramas tumbadas. Las novillas y las vacas vacías o en el inicio de la preñez saltaban con facilidad y llegaban allá. Pero las vacas en los últimos meses de preñez, ya pesadas, no lograban saltar más. Miraban el comedero de sal en su frente pero eso quedaba inalcanzable. Así morían por falta de cloro, prácticamente en frente de la sal, que podían haber salvado. Nunca nadie tuvo la idea de controlar si los animales conseguían llegar a los comederos porque estaban convencidos de que los animales si llegaban allá.
Nunca nada debe ser tomado por cierto. Porque de estos pequeños detalles depende el lucro o la pérdida.