En líneas generales, muchos de los argumentos analizados hasta ahora han tenido efectos negativos en la historiografía de la Costa Caribe. 1) Se han biologizado las causas de las transformaciones. 2) Se han sobredimensionado los efectos culturales que tuvo el mundo anglosajón en la población miskitu. 3) Se ha analizado la incorporación de nuevos elementos de manera aislada en relación a todo el contexto de significación (material y simbólico) en el que se inscribieron estos cambios. 4) Según mi análisis, más grave aún es que se ha obviado la posibilidad de contemplar una explicación sobre el sentido de las prácticas miskitu como parte de una re-producción cultural en un proceso de adaptación al contexto colonial, sin que por ello sea necesario ver en esas prácticas una evidencia de etnogénesis.75 Las costumbres, los valores y los bienes culturales no se producen ni circulan en el vacío. En cada contexto los actores incorporan nuevas prácticas y saberes, ensamblándolos a una gramática de significados dentro de un sistema cultural, todo lo polisémico que se quiera, a partir de su historicidad y sus dinámicas sociales. En ese sentido, la propuesta de etnogénesis para los miskitu presupone establecer una suerte de “punto cero” en cuanto a su identidad étnica y a su etnicidad.
La población miskitu —dinámica y protagonista en los nuevos procesos sociales— continuó hablando su propio idioma76 y reproduciendo sus creencias
los primeros años de la revolución sandinista, en el marco del régimen de autonomía. Antes eran omitidos de los registros o aparecen como morenos, caribes, trujillanos —mimetizados en la identidad creole según el imaginario oficial—, lo cual no significa que en las relaciones interétnicas no existieran como un grupo diferenciado del resto, con sus propias tradiciones, historias e identidad. Para más información sobre este grupo en Nicaragua, consultar Obando, V., Estrada, I., Figueroa, D., y Lapoure, D. (1999).
75 De hecho, como señala Mary Helms (1983a) es muy probable que las incursiones que hacían los miskitu a las poblaciones vecinas para matar hombres y capturar mujeres formaran parte de un amplio patrón pre-colonial de interacciones intertribales. 76 Todos los autores coinciden en que la lengua miskitu constituye un idioma aparte del
mayangna. Si bien ambos pertenecen a las lenguas clasificadas como misumalpa —cuyas raíces macrochibcha tienen su epicentro en lo que hoy es Colombia (Constela, en Salamanca, 2007)—, los estudios lingüísticos sostienen que se habrían separado 400 años antes de la llegada de los españoles (Offen, 2002b, p. 329). Consultar también Hale y Salamanca (1987); Hale (1991). Por otra parte, aunque el idioma miskitu incorporó algunas palabras del inglés y el español, no se modificó su estructura gramatical.
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espirituales, saberes medicinales, sistemas de parentesco, pautas de organización, patrones de alimentación, división sexual del trabajo, esquemas de movilidad en el territorio y estrategias productivas sobre los recursos naturales (con variantes locales según el hábitat), más allá de las influencias inglesas o africanas. Los nuevos elementos (culturales y biológicos) fueron incorporados resignificándolos como propios dentro de una matriz cultural preexistente. Las fuentes primarias y los estudios académicos posteriores suministran información que permite confirmar o deducir este panorama, no lo contrario.
Pero para la mayoría de los investigadores estas características de la etnicidad miskitu no parecen haber sido lo bastante relevantes como para vincularlas a la formación del grupo, en tanto productoras de subjetividades en el marco de la etnicidad y la identidad colectiva. Entiéndase bien, no pretendo proponer una lectura estática de “la cultura miskitu” —evidentemente, la vida cotidiana de los habitantes de la Costa se vio modificada con la llegada de piratas, comerciantes y esclavos africanos, lo que sin duda también supuso cambios en la autopercepción a partir del tipo de vínculos que establecieron con los nuevos actores—; lo que estoy poniendo en discusión es la forma en que han sido entendidos estos cambios en el marco de su etnicidad, sin tomar en cuenta la importancia de todos los elementos culturales previos al contacto y que se mantuvieron como parte de la reproducción del grupo. Retomo la preocupación de Siffredi y Briones (1989, p. 10) por
encarrilar la discusión planteándose si es lícito divorciar significantes de significados —o sociedad de cultura—, postulando así para lo étnico una existencia puramente subjetiva. Como si a lo largo de historias étnicas —algunas de ellas muy prolongadas— la subjetividad pudiera haberse re-producido disociada de factores objetivos; o como si el proceso de emblematización subordinara completamente a su propia lógica los correlatos materiales.
En líneas generales, los trabajos académicos han revisado los documentos dando por sentado que los miskitu fueron una consecuencia del contexto colonial. Por ende, la explicación de su identidad étnica debía buscarse justamente en las situaciones novedosas de ese período —fenotipo africano, comercio con ingleses, figuras políticas locales avaladas por la Corona británica y el uso de armas de fuego contra poblaciones vecinas—, de tal forma que los datos se presentaban a la luz de una conclusión preestablecida. Ni la adquisición de nuevos diacríticos supone necesariamente una aguda reconfiguración identitaria, ni situaciones comparables de cambio y apropiación de prácticas
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novedosas o propias de las relaciones coloniales han sido tratadas como indicadores inequívocos de etnogénesis en otros casos77 .
A modo de pequeña conclusión, considero que muchos de los trabajos que abordaron el origen del grupo haciendo énfasis en los cambios y las diferencias culturales han invisibilizado el rumbo de la etnicidad miskitu, entendiendo por este rumbo “un proceso de constitución de grupos que perfilan su continuidad a lo largo de su transformación” (Briones et al., 1992, p. 56). Como se verá en el desarrollo del libro, esta revisión no es caprichosa, pues intenta aproximarse a la agentitividad miskitu, y en ese sentido, proponer al menos una lectura alternativa sobre el origen de este grupo étnico.