El autogobierno en Sangnilaya —es decir, la regulación de los temas y los
espacios públicos que los actores consideran relevantes— se articula a partir de
la figura del wihta, del carácter resolutivo de la asamblea comunitaria, y de una
trama ideológica —más o menos explícita según el caso— que involucra a toda
la población.
Lo primero a señalar es que no hay dirigentes estructurales237 sino liderazgos temporales. El wihta es la principal figura política. Se le eligeen una asamblea comunitaria que se realiza cada año en abril, y una vez concluido su período, su voz pierde peso y vuelve a dedicarse por entero a sus actividades privadas. En todo caso, si su labor es evaluada positivamente y acepta renovar su cargo, está permitidala reelección238. En segundo lugar, este espacio no está vedado para las mujeres, quienes de hecho lo han ocupado en tres ocasiones239.
Pero no todos pueden ejercer ese liderazgo temporal. Partiendo de las observaciones hechas en el campo sobre la experiencia del grupo, señalaré cuatro requisitos que condensan las características que debe cumplir un wihta, quien debe ser: 1) moralmente reconocido; 2) lingüísticamente competente; 3) estar
temporalmente disponible; 4) estar identitariamente integrado. Pasaré a explicar cada
una.
La población delega en él o en ella la responsabilidad de mediar en los conflictos cuando se cometen delitos (robo de animales, de cosechas, de cayucos, de madera, etc.), o cuando hay situaciones de violencia (conyugal, o entre hombres por lo general alcoholizados). Una vez que el juez escucha la narración de la víctima, convoca a la persona supuestamente culpable y facilita una suerte de careo en el que cada una de las partes expone su punto de vista.
237 Llamaré dirigente estructural a quien —por interés personal o por altruismo— se inscribe
en la estructura social como representante permanente del bien común, ya sea que su posicionamiento se base en dádivas partidarias o responda a un mandato netamente comunitario. Es decir que en la comunidad en que trabajéno vamos a encontrar “caciques”, “jefes tribales”, “dirigentes sociales” ni “punteros políticos”.
238 En la historia de la comunidad esta situación ha ocurrido en varias ocasiones: Jorge Moody (1970-1975), Abelardo Labonte (1987-1989), Pablo García (1992-2000), Ángela Moody (2004-2007), y Jorge Coban (2007-2008).
239 Se registran: Berna Escobar (1979-1980), Ángela Moody (2004-2007) y Margarita Francis (2009-2010). Reconozco que la relación entre género y política es sumamente compleja y va más allá de quién ocupa ese lugar público. A fin de avanzar en la comprensión del rol que cumplen específicamente las mujeres en la construcción cotidiana de la política, es fundamental estudiar lo doméstico (la casa) y lo religioso (la iglesia), para lo cual, a su vez, resulta decisivo tener un buen dominio del idioma miskitu, lo que en mi caso fue una limitante.
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En esos encuentros es común que también participen familiares que hacen de testigos del hecho o que simplemente quieren defender a su pariente. Luego de atender a todos los alegatos el juez toma una decisión, regida tanto por el derecho consuetudinario como por la relación que tiene el juez con las personas implicadas. Los castigos pueden ir desde permanecer amarrado a un árbol durante todo el día, limpiar el patio de la escuela, devolver el objeto robado o pagarlo con dinero, y otros. Cabe señalar que las sentencias no siempre son acatadas, con lo cual, el ofendido —según la gravedad del caso— se resignará o buscará venganza a través de alguna acción con la cual sienta que puede compensar moralmente o económicamente el agravio, por ejemplo, el robo de un cerdo se puede pagar con otro cerdo o su equivalente en otra especie. Pero cuando se trata de un caso de violencia, es probable que se genere una situación similar, poniendo en práctica lo que los actores llaman el tala
mana, es decir, “la sangre se paga con sangre”.
Así pues, el individuo elegido deberá ser adulto y contar con cierto
reconocimiento moral para que sus decisiones o sanciones tengan el mayor grado
de aceptación, ya que la legitimidad del wihta emana no sólo de lo que la tradición cultural deposita en esa función, sino del comportamiento público y del tipo de relaciones concretas que caracterizan a la persona que ocupa el cargo. Por ejemplo, las tres personas que venden marihuana en la comunidad están marginadas.
Asimismo, se espera que pueda relacionarse con los representantes de las instituciones externas que llegan a la comunidad (madereros, comerciantes, ONG, funcionarios del gobierno, organismos de cooperación), para lo cual es importante que tenga competencia lingüística en español para hablar y traducir las propuestas de ambas partes y así negociar, desde el punto de vista de la comunidad, la mayor cantidad de beneficios. Recordemos que muchos adultos tienen un nivel incipiente del español y algunos lo desconocen en absoluto. Asimismo, quienes no hablan miskitu —como es el caso de dos señoras mestizas que viven ahí hace más de veinte años— tampoco podrían representar a la comunidad.
Quien resulte elegido deberá permanecer en la comunidad regularmente a fin de recibir a las personas, ayudar a resolver los conflictos cotidianos, y tomar decisiones. Esto significa que no puede ausentarse por largo tiempo, por lo que quedan excluidos, por ejemplo, los dos únicos hombres que trabajan en el mar durante la temporada de pesca, que dura varios meses, o las mujeres contratadas para cocinar en los campamentos madereros, que sólo pueden salir del campamento una vez al mes.
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Wihta resolviendo un conflicto familiar
El líder debe estar integrado desde el punto de vista identitario a la comunidad
miskitu, es decir, deberá reconocerse y ser reconocido por sus pares como
miskitu, y esto abarca también a aquellas personas que expresan una doble identidad (mestizo-miskitu o mayangna-miskitu), por ser descendientes de dos grupos étnicos —algo así como una doble ciudadanía. No obstante, las personas señaladas como “exclusivamente mestizas o mayangna” (con orígenes monoétnicos), aunque participen en las votaciones no pueden postularse, aun si han residido muchos años en la comunidad y tienen lazos de parentesco con familias miskitu, comparten las mismas actividades económicas que el resto, o se les considera plenamente de Sangnilaya. En este caso se podría sugerir que la figura del wihta tiene una función simbólica, en tanto forma parte y ayuda a reproducir el rumbo de la etnicidad miskitu dentro de la comunidad240.
La elección del wihta se hace a mano alzada en asamblea comunitaria. El número de potenciales votantes está conformado por los hombres y las mujeres de la comunidad que han adquirido estatus de adulto. Dicho estatus se obtiene, en general, por la condición de ser madre o padre y, en los casos
240 Recordemos que “este rumbo es lo que hace de la etnicidad un proceso de constitución
de grupos que perfilan su continuidad a lo largo de su transformación” (Briones, et al., 1992,
p.56, énfasis en el original). No es difícil suponer que la legitimidad de la función social que cumple el wihta haya sido reforzada por el trabajo de las ONG en Sangnilaya, a partir de que se reconoce públicamente su representatividad cada vez que lo visitan y le piden que interceda para realizar alguna actividad con la comunidad. Las instituciones saben que al llegar a la comunidad (al menos las primeras veces) deberán acercarse a la casa del wihta para contar sus intenciones y eventualmente solicitar alguna asamblea o pedir información. Así, esta situación pública que forma parte del protocolo político tiene capacidad performativa en términos de otorgar legitimidad a las personas que desempeñan el cargo.