Dentro del contexto internacional de las rivalidades anglo-hispánicas, en 1740 Inglaterra envió a la Costa Mosquitia al comerciante Robert Hodgson para que consiguiera el apoyo formal de los indígenas. Hodgson logró convencer tanto al rey como al gobernador de que firmaran una declaración en la que se reconocían súbditos de la Corona bajo la promesa de una recompensa material. Luego del tratado, rey y gobernador, cada uno con 200 hombres, atacaron ciudades españolas en Honduras, Nicaragua y Costa Rica (Offen, 2007, p. 269). Finalizados los conflictos y luego de una serie de negociaciones entre los dos imperios europeos, Inglaterra logró instaurar en 1748 una superintendencia en territorio miskitu, específicamente en Río Negro, donde ya funcionaba un asentamiento de comerciantes ingleses. Su posición era estratégica por varias razones: desde allí establecieron un importante comercio con el virreinato de Guatemala y con Nicaragua; estaban a su vez próximos a Belice, donde intensificaron la extracción maderera y de campeche y, más importante aún para el desarrollo de estas actividades, contaban con la protección de los miskitu ante cualquier ataque externo.
La superintendencia sólo tenía autoridad sobre la población de colonos, y funcionaba como una institución que regulaba el comercio interno, cobraba una tasa por la exportación de productos y mediaba en la resolución de litigios entre ciudadanos ingleses, aplicando leyes inglesas. De ninguna manera tenía injerencia en las costumbres y prácticas de las comunidades miskitu (Romero, 1996) que, dicho sea de paso, vivían apartadas de este y de otros asentamientos de la Costa. Los ingleses tuvieron que importar esclavos africanos para que realizaran las labores domésticas y otro tipo de actividades que requerían sus emprendimientos productivos. El crecimiento de esta población de negros —que llegó a sumar 1,600 personas entre Río Negro y otros lugares de la Costa— hizo que la seguridad de los ingleses dependiera cada vez más de la buena voluntad de los miskitu. Por otro lado, ello constituía un arma de doble filo, ya que los ingleses temían que sus aliados instigaran a los esclavos a rebelarse contra la institución. Esta situación, sin duda complicada para los ingleses, era manejada, en parte, mediante ofrendas políticas que entregaban a los jefes miskitu88.
Entre 1744 y 1778 la Corona inglesa destinó 28,530 libras esterlinas de su tesoro real para que el gobernador de Jamaica y el superintendente de Río
88 Esta práctica constituía uno de los típicos mecanismos de colonización aplicados por Inglaterra en distintos continentes para generar vínculos estables con la población local elegida como “aliada”.
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Negro aseguraran anualmente regalos al rey y demás autoridades89. La lista de objetos que entregaban podía incluir rifles, pistolas, pólvora, municiones, hachas, machetes, cuchillos, anzuelos, peroles de hierro, cuerdas, toneles para agua, azúcar, sal, ron, telas de seda, camisas, sombreros, espejos, anillos de plata, peines de marfil y tambores.
Según la trascripción hecha por Romero (1995, pp. 179-180) sobre la nómina de gastos que generaban estos regalos, sabemos que la cantidad de objetos que recibían las autoridades locales era ínfima respecto de la cantidad de miskitu que habitaban en el territorio90. Por ejemplo “de los 20 fusiles asignados en 1769, tres son para el rey, tres para sus sobrinos, tres para los dos almirantes, uno para cada uno de los capitanes y uno para el gobernador” y “de los 295 galones de ron asignados, ciento sesenta estaban destinados al rey, sus tres sobrinos, el gobernador y los dos almirantes”. Conocer qué pautas se utilizaban para distribuir todos estos productos sin duda nos hubiese ayudado a entender mejor la relación de los grandes jefes con lo que hoy llamaríamos la sociedad civil, pero los registros son mudos sobre este tema en particular. En todo caso, podemos suponer que se distribuíanen función de los intereses personales y las relaciones de parentesco. Los regalos funcionaron como una legitimación externa y al mismo tiempo contribuyeron a establecer cierta dependencia material que efectivamente era buscada por los europeos como un recurso político-económico91. Pero estas ideas sobre la circulación interna de bienes europeos son por el momento meras conjeturas.
En el marco de la superintendencia, luego de una alianza política aún más estrecha entre autoridades miskitu y británicos —regalos de por medio— estos últimos lograron obtener una serie de concesiones territoriales para extraer madera, instalar pequeños emprendimientos agropecuarios y materializar la presencia inglesa sobre un territorio que España todavía no controlaba. Así, “entre 1742 y 1775 los líderes miskitu entregaron al menos catorce concesiones territoriales a los colonos británicos”, cercanas a Río Negro en espacios efectivamente miskitu, o en áreas más lejanas donde vivían las etnias vecinas ya nombradas (Offen, 2007, p. 270, traducción propia).
89 PRO, CO 137/73 ff. 234, en Romero (1995, p. 178).
90 Mary Helms (1983a) calcula que hacia 1770 había unos 10,000 miskitu.
91 En 1757, el superintendente Hodgson comentaba que los miskitu “pueden ser enemigos muy peligrosos, sin embargo muchas ventajas positivas podrían resultar si se les manejara apropiadamente. Podrían ser fácilmente reducidos a un orden mejor (…)
introducir algunas manufacturas y convertir en total su dependencia hacia nosotros, haciéndola al mismo tiempo deseable a sus ojos” (Hodgson, 1990, p. 80, énfasis própio).”
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Sobre estos hechos hay dos interpretaciones. Romero (1995) señala que
se trata simple y llanamente de una toma de posesión del territorio, supuestamente bajo mando de los mosquitos recurriendo a un artificio jurídico que los ponía a salvo de la ingeniería española. Con esto lo que queremos decir es que los ingleses reconocían la independencia de los mosquitos en relación con España para poder manipularlos a su favor (p. 94).
Por su parte Offen (2007) sostiene que “los Mosquitos usaron el otorgamiento de tierras y las concesiones para extender su autoridad política sobre pueblos y territorios” (p. 270, traducción propia).
Ambas lecturas son posibles, y de cierta manera se complementan, en la medida en que cada una destaca aspectos importantes de la gestión del poder, como es el reconocimiento y la legitimación pública de las autoridades miskitu para establecer acuerdos políticos, y la expansión de la influencia territorial aunque sólo fuese a través de terceros. Ahora bien, vale señalar que la idea de manipulación expresada por Romero tendría que ser puesta entre comillas, ya que ambos grupos partían de matrices culturales diferentes para entender la propiedad de la tierra y las posibles consecuencias que suponía un acto jurídico de este tipo. Además los miskitu no sólo obtenían réditos simbólicos a través de una ocupación latente por medio de sus aliados, sino que la explotación de recursos naturales en esas tierras significaba también la oportunidad de conseguir esporádicamente algún beneficio material a cambio de trabajo, o el intercambio de productos con los colonos92. Es decir que “regalar” estas tierras no les significaba ningún costo, sino todo lo contrario.
Como hemos visto hasta ahora, la población miskitu mantuvo vínculos indirectos con los ingleses en la medida en que las relaciones se establecían a
través de los jefes, reconocidos formalmente como los representantes políticos y
garantes de un orden social interno. La entrega de regalos, las concesiones, y las incursiones militares para capturar indígenas o atacar ciudades españolas fueron la base de estas relaciones formales. Pero si bien estas relaciones fueron importantes (por las razones ya mencionadas), de ninguna manera fueron las únicas que hubo entre ambos mundos.
Los miskitu“sin cargo” también crearon relaciones directas con los ingleses en la medida en que los vínculos se generaban a través de ellos mismos, reconocidos en tanto fuerza de trabajo y proveedores de insumos más allá de las
92 Tal como ha sucedido en los últimos años en Sangnilaya, y como cuentan los más viejos de esa comunidad acerca de la relación que mantuvieron con quienes explotaban comercialmente los recursos naturales en todo el norte de la Costa durante buena parte del siglo XX.
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estructuras políticas. El grueso de las labores —como cortar árboles, pescar tortugas, transportar cargas, intercambiar productos, vender alimentos y participar en las redes de contrabando— se hacía por medio de relaciones
informales. Así, para el grueso de las familias miskitu la principal vía de
acceso a los bienes manufacturados no eran las autoridades reconocidas formalmente (gobernador, rey, etc.), sino la participación directa como trabajadores esporádicos en actividades económicas que respondían, primero, a las demandas de un mercado internacional y, segundo, a la logística local que implicaba la obtención de los insumos requeridos en la Costa. Comenta Romero (1995) que
en 1768 el antiguo superintendente de la Costa Mosquita, ingeniero Richard Jones, enumera las diferentes actividades que despliegan los miski- tu. Entre ellas cita el corte de caoba, la construcción de canoas, la recolec- ción de cacao, zarzaparrilla, silk grass, miel de abejas y venta de cuero de leopardo y de venado (…) todos salvo las canoas, eran para vendérselas a los ingleses o más bien diríamos, para cambiarlos no por dinero sino por mercancías, en particular armas de fuego, pólvora, municiones, ron y telas ordinarias (p. 148).
Una narración interesante para apreciar mejor este tipo de relaciones informales es el relato escrito por Olaudah Equiano (1982), un ex esclavo que viajó a la región junto al Dr. Irving, un comerciante inglés que quería desarrollar plantaciones en Jamaica y en la Costa de Mosquitos. En su libro nos cuenta que
navegamos hacia el sur de la costa, a un lugar llamado cabo Gracias a Dios, donde hay una gran laguna o lago (…) algunos de los indios nativos subieron abordo con nosotros aquí; y los tratamos bien y les dijimos que íbamos
a vivir entre ellos, lo cual pareció complacerlos. Así el doctor y yo, con algunos
otros desembarcamos y ellos nos llevaron a diferentes puntos a ver la tierra, para que escogiésemos el lugar de la plantación. Fijamos uno cerca de la orilla del río, en una tierra fértil, y habiendo sacado nuestras cosas de la fra- gata, empezamos a limpiar los matorrales y a plantar diferentes vegetales que crecieron rápidamente (…) El principal artículo que podíamos obtener de nuestros
indios vecinos era aceite de tortuga, conchas, un poco de seda y algunas provisiones, pero no trabajaban para nosotros a ningún costo, excepto en la pesca y algunas veces nos ayudaban a cortar algunos árboles para construirnos casas (pp. 87-88, énfasis
propio)93.
93 Cabe destacar que el viaje ocurrió alrededor de 1767, aunque el libro se publicó veinte años más tarde en Londres, en el marco de una campaña antiesclavista de la cual este relato formó parte.
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Por otro lado, los hombres también tuvieron una activa participación en el contrabando organizado por los ingleses, a fin de obtener de los mercados españoles bienes tales como reses, mulas, plata, añil y cacao, para lo cual viajaban sobre el río Patuca (hacia Tegucigalpa), el río Coco (hacia Las Segovias) y el río Escondido (hacia Chontales). A partir de este contrabando los miskituno sólo tuvieron acceso a los bienes ya señalados, sino que poco a poco fueron incorporando las reses a las comunidades como parte de un sistema de ahorro que sobrevivió hasta la actualidad94.
No se trata de ver qué tipo de relación fue más importante,pues ambas lo fueron, sino de desentrañar analíticamente las formas en que los sujetos cotidianos se fueron articulando con su entorno social, político y económico a la luz de su (re)producción cultural. Si bien la distinción entre estos dos tipos de relaciones resulta un tanto arbitraria, ya que muchas veces debieron estar imbricadas, resulta útil señalar quetambién solían funcionar de manera independiente, lo cual era coherente con la autonomía comunitaria y sus prácticas políticas internas. De hecho, como señala Mary Helms (1968) “la adaptación al mundo occidental requirió que los hombres miskitu trabajaran como individuos más o menos independientes en cualquier actividad que estuviese orientada a obtener varios artículos de las manufacturas europeas que gradualmente se fueron haciendo necesarias para ellos” (p. 459, traducción propia).