La Costa Atlántica como territorio y como población no sólo fue alterizada —bajo la idea de Costa y de costeños— sino que fue excluida de esa substancialización que suelen reclamar los nacionalismos (y Nicaragua no es la excepción), basada en una membresía que deviene de compartir en el imaginario hegemónico una única esencia biológica y cultural (Alonso,1994). En el marco de la configuración de la identidad nacional mestiza, las poblaciones autóctonas y no autóctonas que habitan la Costa Caribe no tuvieron ninguna participación en los condimentos de esa sustancia original. De ahí que en la formación del Estado-nación los miskitu se constituyeron y fueron construidos como otros internos en un doble sentido: social y geográfico. Así, podemos concluir que a través de dos ocupaciones hegemónicas —diferenciadas— del territorio nacional, las estrategias de unificación implementadas por el Estado sobre un territorio (Pacífico) y su incapacidad y falta de voluntad política para lograr una real unificación en otro territorio (Caribe) se fue creando la fractura interna de la nación en términos étnicos y espaciales. En la formación nacional de alteridad, esta fractura peculiar se ha reproducido en dos direcciones, sobre todo durante los últimos 30 años. Por un lado, al exagerar las diferencias, minimizar las similitudes y omitir las relaciones culturales entre el Pacífico y la Costa Caribe, se ha fortalecido la imagen estereotipada/antagónica entre pobladores de una región y otra. Por otro lado, al sugerir una homogeneidad cultural interna de cada región se han opacado las particularidades y las tensiones étnicas o intercomunitarias y se han venido construyendo imaginarios sobre lealtades o consensos que no siempre coinciden con la realidad. Huelga decir que, en la práctica, nadie puede señalar con certeza dónde termina el Pacífico y dónde empieza la Costa, aunque como sugerimos en estas líneas, esa frontera marcó dos geografías de
estatalidad.
Este trasfondo histórico tuvo efectos concretos sobre la vida de los miskitu, como se verá en los capítulos 4 y 5, en la medida en que la distancia del Estado frente a las comunidades de la Costa “acompañó” la reproducción de una dimensión estructural de la autonomía y, en segundo lugar, a partir de la creación de una economía política de producción de diversidad cultural específica, se sostuvo la posibilidad real de que a mediados de 1980 se propusiera y se legitimara un proyecto de una autonomía institucional con un estatus político territorial diferenciado dentro de la nación.
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3. Explorando las coordenadas conceptuales
Introducción
L
a presente investigación parte de una perspectiva teórica materialista que consiste, según la premisa básica propuesta por Marx y Engels, en ubicar en un primer plano del análisis a “los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con las cuales se ha encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, en consecuencia, por la vía puramente empírica” (1973, p. 15).Ahora bien, la elección de asociar las prácticas de una comunidad a la idea de autonomía no fue arbitraria. El estudio de caso se inscribe en el marco de un régimen de autonomía institucional que establece las regulaciones del contexto mayor en el que se movilizan los habitantes39. Asociada a esta realidad, buena parte de la producción académica y no académica contemporánea sobre las poblaciones de la región aborda directa o indirectamente el desarrollo de la autonomía, sus leyes y las instituciones. Es por ello que el abordaje mismo de la autonomía como tema de discusión constituía una herencia ineludible.
Por otro lado, tomando en cuenta que iba a trabajar con población miskitu, debía tener claro bajo qué procesos sociales se había constituido su
39 No es un detalle menor el que la Costa Atlántica de Nicaragua tenga el rango político territorial de Regiones Autónomas Norte y Sur respectivamente, dentro de la división administrativa del país. De hecho, es una de las experiencias más representativas en América Latina, junto a los municipios autónomos de México, las comarcas indígenas de Panamá, las entidades territoriales indígenas de Colombia y las distintas figuras autonómicas aprobadas recientemente en Bolivia.
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formación étnica y cómo se articulaba su trayectoria social con las dinámicas del presente. Por tanto, era importante empezar revisando las explicaciones disponibles sobre el origen de los miskitu. Fue así como encontré que las versiones autorizadas presentaban a los miskitu como un caso emblemático de etnogénesis. Una lectura crítica del material implicó evidenciar las perspectivas de etnicidad que estaban en juego.
Posicionarme en estos dos campos devino objeto clave de reflexión teórica. A continuación presento dos acápites donde se explicita el significado que tiene el concepto de autonomía en este libro y, desde qué perspectiva de etnicidad voy a trabajar.
Retomando el objetivo central de este libro, quiero señalar que el término
cultural, asociado a la produción de autonomía, se utiliza para abarcar aspectos
sociales, económicos y políticos, y que cada una de estas categorías no logra dar cuenta por sí sola de la diversidad que suponen las prácticas de autonomía, por la connotación específica respecto de sus propios ámbitos.