Una antigua leyenda tradicional trata sobre Shiva, la diosa hindú de múltiples formas, que a menudo se disfrazaba de mendigo o extranjero en dificultades. Un día llegó bajo la forma de un hombre vapuleado y lleno de magulladuras y moretones a la casa de un sabio. La mujer del sabio lo acogió en su casa y le curó las heridas, tratándolo como una madre habría hecho con su propio hijo. Lo bañó, le dio de comer y lo acostó en una cama. Shiva se sintió tan agasajada por la compasión y los cuidados de aquella mujer que le reveló su identidad y la recompensó.
Los problemas de salud graves son momentos críticos para ayudar. El tipo de asistencia sanadora que seamos capaces de ofrecer reflejará nuestras propias vulnerabilidades y/o nuestras propias experiencias. Responder a las necesidades de ayuda financiera durante una enfermedad es una forma de apoyo curativo del segundo chakra. (Ser capaz de escuchar, consolar y ofrecer consejos es un acto de poder del sexto chakra, sobre el cual hablaremos en el capítulo 6. Poner nuestro corazón durante semanas o meses en el cuidado de alguien es un acto de poder del cuarto chakra.) Respondemos en función de nuestras cualidades; no todo el mundo sabe escuchar ni todo el mundo es un buen organizador. Mucha gente sabe que sirve para mantener la calma en momentos de crisis y tomar el mando cuando toda la familia se desmorona y se hunde en el dolor, virtudes clásicas del primer y segundo chakras. Otros son mejores en el tú a tú, lo que suelo ser una virtud del tercer chakra. No todo el mundo tiene la energía espiritual para ello. Aunque todos somos diferentes, cada persona tiene por lo menos
un punto fuerte en el que nos podemos poyar para ayudar a sanar a los demás.
He tenido varias conversaciones a lo largo de los años con personas que se esforzaban en perdonar a miembros de su familia o amigos por no haber estado a su lado cuando más lo necesitaban, especialmente en momentos de crisis. A medida que iba leyendo las cartas que recibí, me di cuenta de que, debido a las diferencias existentes entre nuestros puntos fuertes y entre nuestras vulnerabilidades, no todo el mundo sabe cómo ayudar adecuadamente. Un hombre escribió que sigue estrellándose con el enfado de su mujer por lo que ella sintió como una falta de respuesta de su marido cuando tuvo que permanecer postrada en la cama durante cinco meses a consecuencia de un accidente de tráfico. Sin embargo, él le propuso hacer reformas en casa cada para que se pudiera desplazar con mayor facilidad y se ofreció a instarle un elaborado sistema de entretenimiento para que pudiera llenar las horas del día viendo películas, así como un ordenador junto a su cama. Habría remodelado o comprado cualquier cosa para ayudar a su mujer a recuperarse. En ese sentido, fue completamente generoso desde el punto de vista del segundo chakra, pero lo que su mujer sentí que necesitaba era apoyo del cuarto chakra, comprensión y consuelo emociona, lo que para ella significaba dedicarle más atención y darle más conversación. Ninguno entendió la necesidad del otro, porque la crisis había creado un nuevo y desconocido conjunto de necesidades. Pero aquel hombre fue todo lo abnegado y generoso que podía ser.
Ninguna de las personas que conozco habla el lenguaje de los chakras con la suficiente fluidez como para describirse en función de los puntos fuertes y las limitaciones de sus chakras, pero todos organizamos inconscientemente nuestras vidas en torno a las virtudes y las vulnerabilidades de nuestro sistema energético. Nuestra intuición responde cuando las necesidades de los demás encajan con nuestras cualidades y viceversa. Podemos asumir que cuando alguien nos ofrece ayuda, de algún modo ha captado las señales que le estamos enviando. No estamos obligados a ayudar siempre a los demás ni a aceptar siempre toda la ayuda que nos ofrecen. Pero, a medida que tomamos conciencia del poder de cada interacción, desarrollamos un sentido común psíquico que podemos utilizar a modo de guía para aceptar ayuda a aquellas personas que están en nuestra misma longitud de onda.
Las siguientes historias son ejemplos maravillosos de cómo el universo une a la gente que está en la misma longitud de onda, como si se tratara de pares de dadores y receptores encajados conscientemente. Merece la pena imaginarse la multitud de detalles cósmicos que tuvieron que converger para que esas personas coincidieran en el mismo lugar en el momento justo. Las coincidencias y la sincronía requieren una buena dosis de organización cósmica. Es bueno tener esto en mente cuando nos preguntamos por qué motivo tardamos tanto en obtener respuesta a nuestras plegarias. Esas respuestas son actos de coreografía espiritual, una obra de arte en su máxima expresión. Y el buen arte requiere tiempo.
Dorothy R. escribió: «Una de mis mejores amigas había tenido cáncer durante siete años y hace poco estuvo cerca de la muerte. Ella quería ir a Brasil a ver a un sanador. Su plan era ir sola, pero yo la quería acompañar porque aquel era un viaje muy largo, aunque el dinero que costaba el viaje era un problema para mí. Oré para que no tuviera ningún problema en el viaje y decidí que si yo la tenía que acompañar, de algún modo se me presentaría la forma de hacerlo. Una semana más tarde, el dueño de la compañía donde trabajo me dijo que había oído que mi amiga quería irse a Brasil y me expresó su preocupación porque hiciera el viaje sola. Yo le dije que el precio del viaje era prohibitivo para mí. Al día siguiente, me dejó en mi mesa un sobre con dos mil dólares en efectivo. Una semana después de que regresáramos de Brasil, el médico dijo que mi amiga no sobreviviría. Sin embargo, ahora ella se encuentra mejor y el milagro de Brasil está en marcha.»
Las siguientes dos historias son particularmente impactantes porque ilustran el poder que puede tener una persona o una familia para inspirar la bondad y la generosidad en una comunidad entera sin tener que pedir ayuda. Victoria B. escribió: «En 1997 estaba trabajando en la Tennesse Arts Comission como directora de la galería. Mientras ayudaba a montar una exposición, levanté una caja muy pesada y me lesioné la columna vertebral. Perdí la sensibilidad en los brazos, las manos y parte superior de la espalda. Como consecuencia, me convertí en víctima de un accidente laboral y pasé a cobrar la compensación económica correspondiente del estado de Tennesse. Me operaron tres veces, pero seguía sin poder trabajar. Como era de esperar, el estado no estaba satisfecho con aquella situación y dejó de pagarme la compensación económica. Me gasté todos mis ahorros y estaba a punto de perder mi casa, cuando se presentó una amiga en mi casa con un plato de
sopa que había preparado para mí. Ella percibió lo aterrorizada que estaba yo. Rápidamente organizó un grupo de amigas para que siempre hubiera alguien conmigo mañana y tarde. Me prepararon la comida, me bañaron y me leyeron cosas, aparte de hacerme la compra durante más de seis meses. Fue durante esos seis meses cuando cuajó la idea de crear una fundación artística para recaudar fondos llamada Amigos de Victoria. Contactaron con más de doscientos artistas con lo que yo había trabajado en la galería y pidieron a cada uno de ellos que donara una pieza de su obra a la fundación. Consiguieran una galería, montaron la exposición e invitaron a posibles compradores de las obras con el objetivo de salvar mi casa. Visitaron la exposición más de quinientas personas con quienes yo había trabajado durante toda mi carrera. Jamás en la vida he sentido tanto amor. La fundación salvó mi espíritu y mi casa al recoger más de veinte mil dólares en una sola noche. En la actualidad puedo trabajar y los médicos me laman “la paciente milagro”. Ahora mi objetivo en la vida es ayudar a tantos artistas y personas como pueda.»
Y Gabrielle J. escribió: «Hace años, una mujer que trabajaba en la misma oficina que mi marido se entero de que teníamos la intención de darle a mi hijo autista un tratamiento educacional muy caro. Sabía que mi marido no ganaba mucho dinero, de modo que organizó una fiesta para recolectar dinero, una subasta de artículos usados y una donación directa a nuestra cuenta, todo sin consultarnos. Al principio me dio mucha vergüenza, pero después me di cuenta de que aquello era un verdadero regalo. Se nos acercó mucha gente para darnos las gracias por lo mucho que significaba para ellos poder ayudar. Recuerdo que tuve que refugiarme en el lavabo para llorar cuando alguien expresó en voz alta su gratitud hacia nosotros en medio de la subasta. La generosidad de aquella mujer no sólo nos ayudó económicamente, sino que también nos permitió sentirnos queridos y apoyados y dio fuerzas a otras personas para que ellos también marcaran la diferencia.»
Los actos de poder invisibles se están desplegando constantemente en nuestras vidas, aun sin que lo tengamos que pedir. Nuestro espíritu y nuestro campo energético piden ayuda incluso cuando a nuestra personalidad le resulta violento pedirla. Creo que las historias que la gente me envió validan
la concepción popular de que, cuando vertemos nuestras necesidades y nuestras plegarias al universo, el cielo se encarga de coordinar el resultado. Esto podría parecer un placebo cósmico, pero no lo es. Nuestro universo posee un diseño impersonal y una energía divina invisible, pero conecta íntimamente a todas las almas que hay en su interior.