• No se han encontrado resultados

Sincronía: el acto de poder invisible por antonomasia

Una de las cosas que me ha enseñado la vida: si estás interesado en algo, nunca tendrás que buscar nuevos intereses. Ellos vendrán a ti. Cuando estás auténticamente interesado en una cosa, esa cosa siempre te lleva a otra cosa.

Eleanor Roosevelt

La siguiente historia es un hermoso ejemplo de sincronía. Mucha gente puede aducir que no relata nada fuera de lo normal; sin embargo, en mi opinión, es precisamente lo comunes que son estas coincidencias lo que las hace tan extraordinarias. Gloria A. escribe: «Tengo una amiga muy querida a la que no veo muy a menudo. Sin embargo, siempre aparece en mi casa o me llama justo cuando más la necesito, y yo hago lo mismo con ella. Ambas hemos actuado del mismo modo con muchas otras personas. Yo le llamo “reacción visceral”. Si no puedo contactar con la persona, generalmente rezo

por ella o intento visualizarla en un estado de ánimo positivo. Puesto que yo creo que los pensamientos son cosas, una imagen positiva enviada de este modo puede ser de gran ayuda. También soy de esas personas que piensas que cuando creo en algo, lo acabo viendo.»

Dios coordina pequeñas y grandes maravillas en nuestras vidas: recibir la llamada de una persona justo cuando estábamos pensando en ella; tomarnos con un amigo o colega inesperadamente… Una cosa es seguir un pálpito y coger el teléfono para llamar a alguien, pero otra bastante distinta es recibir instrucciones intuitivas para canalizar un mensaje, como se relata en la siguiente carta.

Bárbara M. escribió: «Para mí, el concepto de servicio ha acabado significando la disposición a seguir la guía. Estaba paseando un caluroso día de verano, cuando vi a un adolescente llorando con la cabeza apoyada sobre la mesa en la terraza de un establecimiento de comida para llevar. Me acerqué a él y me oí a mi misma diciéndole: “Sé que tu madre está en el hospital y tienes miedo de que muera, pero todavía le faltan muchos años para morir. Mejorará dentro de unos tres días y podrá volver a casa dentro de dos semanas.” El chico se alegró mucho de oír aquello y quiso que le contara más. Tuve que decirle que el Espíritu había querido liberar su mente de la preocupación por su madre, pero que yo no disponía de más información. Le dije que, cuando me llegaba información de este modo, nunca me equivocaba.»

La coordinación de un suceso sincrónico requiere una enorme cantidad de energía. Podemos incrementar la frecuencia de las experiencias sincrónicas en nuestra vida convirtiendo en una práctica el hecho de vivir en el momento presente. Como intuitiva médica, he aprendido que la gente está anclada en el pasado tiene deterioradas las capacidades de vivir en el ahora y de tomar decisiones. Estas personas no pueden rescatar su energía del pasado, y su falta de energía impide que su mente, su cuerpo y su espíritu cooperen y también dificulta su proceso de curación. El hecho de que el espíritu de una persona se extienda a lo largo de cuarenta años de historia y siga procesando experiencias que tienen décadas de antigüedad merma su fuerza vital. Yo a esto le llamo «peso psíquico», y, cuanto más peso psíquico llevemos en nuestra mente y nuestro corazón, más tendremos que esperar para que ocurran cosas en nuestra vida, incluyendo los actos de asistencia espontáneos recibidos en un momento de necesidad. Cuando el pasado de

una persona está vivo y es más real que el presente, es menos probable que se produzcan sincronías en su vida, aunque sólo sea porque esa persona carece del poder necesario para reconocerlas y aprovechar su aparición. Un hombre me explicó una conversación que mantuvo con un amigo mientras estaban comiendo en un restaurante. Le comentó a su amigo que, si se le presentaba la oportunidad de perdonar a una persona en particular, la aprovecharía sin dudar un momento. En cuanto acabó de decir aquellas palabras, la persona en cuestión entró en el restaurante donde estaban comiendo los dos amigos. El amigo le dijo:

—Bueno, ahí está tu oportunidad. Ya tienes lo que has pedido.

Pero, aunque luego se arrepentiría, el hombre eligió no aceptar aquella coincidencia orquestada por la divinidad porque, como él dijo, no «estaba preparado para actuar tan deprisa».

La mayoría de la gente responde agradecida y de forma inmediata a este tipo de coincidencias. Debemos estar dispuestos a vivir el momento presente, a ver, aceptar y aprovechar sin vacilar las sincronías cuando se nos presenten. Por ejemplo, seguro que no nos lo pensamos dos veces si alguien nos ofrece ayuda cuando se nos acaba de pinchar una rueda. Entonces, ¿por qué dejar pasar una oportunidad coreografiada cósmicamente para resolver nuestras diferencias con alguien?

Los sucesos sincrónicos no son solamente intervenciones de emergencia, también son una fuerza creativa que nos abre nuevos mundos y nuevas oportunidades. Esta carta contiene otra historia increíble que revela la naturaleza sanadora del universo. Erma B. escribe: «Hace aproximadamente un año, recibí una llamada telefónica solicitando donaciones para una organización caritativa. La mujer que me llamó se presentó diciendo: “Soy Jane D. y llamo en nombre de…” Superada mi sorpresa inicial al oír su nombre, me sonreí para mis adentros y le dije: “Jane, soy Linda.” Entonces ella reconoció mi voz y seguimos conversando. Jane y yo nos habíamos hecho muy buenas amigas a raíz del bombardeo del edificio federal de la ciudad de Oklahoma. En aquella explosión perdió a dos miembros de su familia de corta edad. Inmediatamente tuve la certeza de que aquel reencuentro telefónico no había sido una coincidencia. A raíz de aquella conversación, empecé a llevar regularmente a Jane a un sanador muy bueno que vive a una hora y media de mi casa. Siento que ayudarla en su camino de curación forma parte de mi

Contrato Sagrado. También ha sido una oportunidad para que yo pueda resolver algunos asuntos inconclusos sobre el atentado de Oklahoma.»

Hay gente que se me ha quejado de que la ayuda que recibió «no fue suficiente». Sin embargo, desde los tiempos de la antigua Grecia, hemos citado el dicho: «Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos.» Los dioses nos saldrán al encuentro por lo menos a medio camino, pero también nos dejarán espacio para que hagamos nuestro trabajo: para que hagamos uso de la fe, la voluntad y la intención. La elección de reconocer un reto como una oportunidad en nuestro camino siempre es algo que depende de nosotros. Muchas de las crisis que atravesamos en la vida están orquestadas por la divinidad para orientarnos en otra dirección. Nadie está dispuesto a levantarse de un sofá cómodo. Necesitamos estrés, a veces a dosis elevadas, para reunir la fuerza de voluntad necesaria para, por fin, intentar algo nuevo en la vida. Como escribió el escritor y psiquiatra M. Scott Peck: «La verdad es que nuestros momentos de mayor claridad mental tienen más probabilidades de ocurrir cuando nos sentimos profundamente incómodos, infelices o insatisfechos. Porque sólo en tales momentos, impulsados por el malestar, somos proclives a salirnos de nuestra ruta y empezar a buscar modos diferentes o respuestas más verdaderas.»

Me gusta mucho la historia de Valerie V. porque ilustra la disposición a aceptar la ayuda ofrecida y a creer en ella incluso cuando no parece tener una utilidad inmediata. «Hace algunos años, pasé una época muy mala. Tuve que dejar la casa que había intentado comprar. Eso supuso tenerme que trasladar junto con mi hijo a un piso de alquiler diminuto y entregar mi querido perro a mi hermano, que vivía a cientos de kilómetros de mi casa. Estaba destrozada. Además, mi ex marido se quedó sin trabajo y dejó de pasarme la pensión para el niño, y, para colmo, se me estropeó el coche. Después de hacer mil números para reducir gastos, me seguían faltando trescientos dólares al mes para poder sobrevivir y no tenía ni idea de cómo iba a conseguir aquel dinero ni de cómo iba a ir al trabajo.

»En este punto, debo mencionar que he sido muy afortunado en la vida por conocer la verdad y el poder de la oración. Nunca he dudado de que mis oraciones sean escuchadas y respondidas. Considero que este conocimiento interior es un don que me ha dado Dios y en muchas ocasiones mis plegarias han sido respondidas al instante. Lamentablemente, durante aquel periodo tan duro me sentía como si Dios me hubiera dado la espalda y empecé a

tener dudas. Entonces oí una entrevista radiofónica que le hicieron al pare Malachi Martin y supe instantáneamente que era un hombre de Dios. Por raro que pueda parecer, le escribí explicándole que había sido cantante profesional durante muchos años y que no estaba segura de si estaba en el lugar adecuado. Apenas recuerdo el resto de la carta, salvo que le dije que estaba llegando a un callejón sin salida en mi vida y que necesitaba que alguien me lanzara algún tipo de cuerda salvavidas. El padre Malachi me contestó y me dijo que estaba convencido de que yo tenía que ser su “cantante especial” y que ¡apostara por ello! Aquello fue una respuesta inesperada, como poco, y recuerdo que pensé que no tenía ni idea de cómo cantar para Dios o ni siquiera de cómo empezar. Es fácil imaginarse mi sorpresa cuando recibí una llamada telefónica de un amigo mío que es músico preguntándome si me interesaba ser la cantante principal de la banda de música de una iglesia. He de mencionar que aquella posibilidad era algo que nunca se me había pasado por la cabeza. De todos modos, canté en la iglesia durante los cuatro años y medio siguientes. Ah, y, como al resto de la banda, me pagaban trescientos dólares al mes. El acto de servicio que me dedicó el padre Malachi fue orar por mí. Nunca me lo dijo, pero yo pensé en lo más profundo de mí ser que lo hizo. Y yo recuperé la fe.»

Cuando una persona está estancada en el pasado, puede necesitar una intervención divina para que su espíritu regrese al aquí y ahora. Siempre que algo va mal, y siempre hay algo que va mal, respiraremos profundamente y nos preguntaremos a nosotros mismos: «¿Dónde está mi energía? Necesito estar completamente presente. Necesito mi energía en el aquí y ahora y necesito una intervención inmediata.» Y después oraremos. Dejaremos que las leyes de la atracción y de la causa-efecto obren conjuntamente para propiciar una respuesta sincrónica. Y así permitiremos que el universo nos ayude con un acto de poder invisible.