Un documento interno del Servicio de Aduanas de Estados Unidos indica que los agentes norteamericanos tenían serias dudas sobre los alegatos de
inocencia de algunos de los implicados. El informe, de 40 páginas, había sido escrito por Perino, el agente especial que había estado rastreando el flujo del dinero desde su oficina de Los Ángeles. El detallado informe, escrito tras una visita de una semana de Perino a la Argentina en junio de 1999, incluía una fascinante descripción del lenguaje corporal de sus interrogados. Perino se había entrevistado con Di Tullio y varias otras personas relacionadas con el caso. Sus conclusiones llevarían al Servicio de Aduanas a sospechar, como Ponce, que Di Tullio no sólo había actuado como vendedor de bienes raíces, sino también como testaferro de los mexicanos, y socio de ellos en por lo menos una empresa.
Perino, quien se había desempeñado como investigador del Servicio de Aduanas de Los Ángeles desde 1989, realizó su visita a la Argentina con Debra Bonasconi, agente especial de la Reserva Federal de Estados Unidos. Si bien el gobierno argentino había dado su visto bueno para el viaje, la prensa no fue notificada, ni se enteró de la visita. El 25 de junio de 1999, los dos enviados norteamericanos interrogaron a Di Tullio durante cinco horas en el estudio de Saint Jean & Maggio, en un tercer piso con vista al río de un elegante edificio de Puerto Madero.
Según el informe oficial de Perino, la entrevista comenzó a las diez de la mañana. El clima en la sala del estudio de abogados difícilmente podía ser más tenso. Además de los investigadores norteamericanos, Di Tullio y sus abogados, también estaban presentes dos abogados de Mercado Abierto, quienes habían organizado la reunión. Al lado de Di Tullio estaba Gerardo Chávez, el representante del Servicio de Aduanas en Buenos Aires, quien actuó de intérprete.
Como era de suponer, Di Tullio empezó su defensa refiriéndose a sus cuarenta años de experiencia como agente de bienes raíces, durante la cual según dijo había tratado con cerca de 50 mil clientes, muchos de ellos extranjeros. Sus negocios, dijo, se concentraron en la venta de campos a inversionistas norteamericanos, alemanes e italianos. En 1997, continuó diciendo Di Tullio, se le había acercado Iñíguez con el propósito de comprar tierras. En su segundo encuentro con él, Iñíguez le había dicho que representaba a dos inversores mexicanos, de nombres Smith y Arriaga.
Di Tullio continuó diciendo que en los meses siguientes había comprado seis campos para su nuevo cliente, con dinero proveniente de los Estados Unidos. Para dichas operaciones acordó una comisión del tres por ciento, dijo Di Tullio. ¿Podía mostrar el contrato firmado con sus clientes mexicanos?, preguntó Perino. Según el informe del agente norteamericano, "Di Tullio contestó que no tenía un contrato, ni otros papeles", y que todos sus acuerdos con ellos habían sido "verbales". "Según Di Tullio, no es costumbre en Argentina hacer un contrato [con un vendedor de bienes raíces] por escrito. Las partes involucradas en este tipo de
operaciones se dan su palabra de honor", escribió con obvia incredulidad el agente de Aduanas.
Preguntado sobre las transferencias del Citibank, "Di Tullio insistió en que no tenía nada que ver con el dinero que venía de Estados Unidos, ni con las transacciones de bienes raíces en sí mismas", escribió Perino. Pero si Di Tullio realmente no tenía nada que ver con las inversiones mexicanas, ¿por qué aparecía su nombre en las transferencias de Citibank a Casa de Cambio?, preguntó Perino. Di Tullio respondió que "el dinero no era suyo. Era de Jorge Iñíguez".
Perino, obviamente confundido, volvió a la carga. Si el dinero no era de Di Tullio, ¿por qué había abierto una cuenta a su nombre para recibir las transferencias?, preguntó. Él contestó que le había ofrecido a Iñíguez abrirle una cuenta en un banco que conocía bien, y que era de su confianza. En su informe, Perino escribió que "Di Tullio se mostró visiblemente agitado en ese momento de la reunión, hablando rápidamente y moviéndose con nerviosismo". Éste siguió diciendo que le había ofrecido esa cuenta a Iñíguez "como un servicio" a un cliente nuevo.
Hmmm. ¿Acaso no tenía Iñíguez una cuenta bancaria propia?, preguntó Perino. "Di Tullio dijo que Iñíguez tenía una cuenta en un banco, el Banco General de Negocios", escribió el agente de Aduanas en su informe. ¿Por qué necesitaba Iñíguez una cuenta en otro banco, entonces? "Di Tullio contestó que él prefería manejar sus negocios personalmente... a través de un banco donde los funcionarios le eran conocidos", sigue diciendo el informe de Perino.
Perino no se dio por vencido. Acto seguido, preguntó: "Si el dinero de la cuenta bancaria no era suyo, ¿por qué se puso como beneficiario?". "Di Tullio contestó que Mercado Abierto no le hubiera abierto una cuenta a un desconocido [como Iñíguez]. De manera que Aldo Ducler le había abierto una cuenta a él". Nuevamente, "Di Tullio empezó a agitarse, a moverse, y a hablar sin parar", anotó el agente norteamericano en su informe. Di Tullio siguió explicando que le había presentado Iñíguez a Ducler, "pero como se trataba de un extranjero", Casa de Cambio no le había querido abrir una cuenta. Fue por eso que decidieron abrir la cuenta a nombre de Di Tullio, explicó el interrogado.
Más adelante en la reunión, cuando se le preguntó sobre Euro-America Finance, una empresa que aparecía en los recibos de su cuenta bancaria, Di Tullio explicó que se trataba de una compañía registrada en Curaçao, fundada por Iñíguez y Martínez Ayón, y en la que él mismo figuraba como director. Asimismo, Di Tullio admitió ser director de una segunda compañía registrada en Curaçao, llamada Solutions for Management and Support N.V. ¿Cuál era el objetivo comercial de Euro-America Finance?, quiso saber el investigador norteamericano. Di Tullio contestó que esa empresa le permitía evadir impuestos en la Argentina. Según el
informe de Perino, Di Tullio había dicho que "de otra manera, tendría que haber declarado el dinero en el Banco Central" y que "puesto que el dinero era de Iñíguez y no suyo, no había querido tener que pagar los impuestos correspondientes".
Después de cinco horas de interrogatorio, Perino le preguntó una última vez a Di Tullio sobre Solutions for Management and Support, empresa que también figuraba como miembro del directorio de Euro-America Finance. "Ante esta pregunta, Di Tullio nuevamente se mostró visiblemente inquieto, y dijo que tanto Martínez Ayón como Iñíguez eran los accionistas", escribió Perino. "En ese momento, Pablo Maggio, representante legal de Di Tullio, interrumpió el diálogo, visiblemente enojado, con el rostro colorado, y hablando en un tono de voz estridente", escribió Perino. Maggio señaló que la pregunta era "improcedente", puesto que su cliente ya había explicado que el objetivo de estas empresas era no tener que pagar impuestos. El representante legal de Mercado Abierto también intervino en ese momento, alegando que ese tema ya había sido cubierto.
"Hasta ese momento, el tono de la entrevista no había sido antagónico", señaló Perino en su informe. "Durante todo el interrogatorio, Maggio había dicho muy poco, y sólo hacia el final, cuando se le preguntó a Di Tullio si había ayudado a alguien a lavar dinero, levantó la voz y se mostró visiblemente irritado". Cuando los jefes de Perino en Los Ángeles leyeron el informe, les pareció poco creíble que Di Tullio hubiera trabajado para sus clientes mexicanos sin un contrato formal, o algún otro documento que fijara su relación comercial por escrito. Y tampoco tomaron muy en serio la versión de Di Tullio de que el dinero que recibía de Nueva York no le pertenecía.
Todo parecía indicarles que Di Tullio no sólo había abierto una cuenta en Casa de Cambio para recibir fondos para la adquisición de tierras, sino que también era socio de las compañías de Curaçao que habían sido abiertas en esa misma época por los barones de la droga. La conclusión a la que llegaron los jefes de Perino era que Di Tullio estaba muy lejos de ser una víctima inocente de una operación de lavado de dinero.