Para octubre de 2000, los investigadores del Senado ya habían recibido tantos documentos internos del Citibank sobre los movimientos de la cuenta denominada "Federal Bank Ltd." en Nueva York, que se sentían rebasados por tanta información. Su principal problema era que no sabían quiénes eran las personas y empresas argentinas cuyos nombres aparecían en los movimientos. Para tener una idea, comenzaron a preguntárselo a los legisladores argentinos, sin darles muchas explicaciones. Muy pronto, comenzó a circular entre los investigadores de Estados Unidos y la Argentina una lista de nombres. Por supuesto, no todos los que aparecían allí eran sospechosos: el hecho de que algún funcionario o empresario argentino hubiera depositado fondos en una cuenta extranjera no necesariamente implicaba un delito. Pero los investigadores querían saber si alguno de ellos había violado la ley, y si sus transacciones constituían lavado de dinero.
¿Quién era un tal "Alcorta", que había recibido un depósito de un millón de dólares en 1993? ¿Quién era Ricardo Handley, que había recibido una transferencia de 981 mil dólares en 1995? ¿Quién era Marcelo Sánchez, cuyo nombre aparecía en varias transferencias, incluida una de 212 mil dólares en 1993? ¿Y Enrique
Petracchi, que había recibido un depósito de 580 mil dólares en 1998? ¿Y Vicente Mastracola, que figuraba en un traspaso de 179 mil dólares en 1996? ¿Y Carlos E Carballo, que aparecía en un movimiento de 176 mil dólares en 1999? ¿Y Nicolás Becerra, que había recibido un depósito de 116 mil dólares en 1993? ¿Y quién era Alberto Kahan, o Kohan, cuya primera vocal de su apellido aparecía borrosa en las fotocopias? ¿Y Jorge Blanco Villegas? ¿Y Jorge Herrera Vegas? ¿Y Ricardo Carrasco? ¿E Isabel Santos? ¿Y qué cosa era Daforel, una compañía que había hecho varias transferencias, entre ellas una de 396 mil dólares en diciembre de 1994? ¿Y Forex?
Balaguer, el asesor contable de los diputados argentinos, viajó a Washington D.C. a fines de 2000 para ayudar a sus colegas norteamericanos a contestar estas preguntas. Tras examinar los documentos, Balaguer les comentó, a través de un intérprete, que en esa lista había de todo: algunos eran políticos y empresarios de buena reputación, otros sospechosos de corrupción, y otros hasta buscados por la Justicia.
¿Alcorta? Había un Gastón Figueroa Alcorta que era funcionario del gobierno de Menem, y que según la prensa argentina había recibido en su cuenta del Citibank en Nueva York una parte de los sobornos pagados por IBM o sus contratistas para ganar un gigantesco contrato del Banco Nación, informó el asesor legislativo argentino, según una persona que participó en la reunión. ¿Ricardo Handley? Había un Ricardo Handley que fue el presidente de Citibank argentina, y luego del CEI. ¿Marcelo Sánchez? Había un Marcelo Sánchez que era director del Banco de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Enrique F. Petracchi? Había un Enrique Petracchi que era un juez de la Corte Suprema de Justicia. ¿Vicente Mastracola? Había un gremialista del mismo nombre que era un dirigente del gremio de los plásticos, y conocido como un incondicional de Menem.
¿Y quién era Carlos F. Carballo? Había un Carlos A. Carballo que había sido viceministro de Economía, y luego viceministro de Defensa durante el gobierno de Menem, y que tenía un hijo de nombre Carlos F. Carballo, continuó Balaguer, mientras los investigadores del Senado, abrumados por la avalancha de datos, tomaban nota de todo. ¿Nicolás Becerra? Había un Nicolás Becerra que era el actual procurador general de la Nación. ¿Alberto Kohan? Había un Alberto Kohan que fue el todopoderoso secretario privado del presidente Menem. ¿Jorge Blanco Villegas? Había un Jorge Blanco Villegas que era el presidente de la Unión Industrial Argentina. ¿Jorge Herrera Vegas? Había un diplomático del mismo nombre que había sido nombrado embajador argentino en Brasil en 1997.
Otros nombres hicieron levantar las cejas aun más a los miembros del Subcomité del Senado norteamericano. Cuando preguntaron quién era Ricardo Carrasco, se enteraron de que había un Ricardo Carrasco, nacido en Uruguay, que había sido jefe del Departamento de Banca Privada de Bank Boston en Nueva York,
y que ahora era un fugitivo de la Justicia de Estados Unidos. Carrasco había desaparecido en Nueva York el 19 de febrero de 1998, cuando sus superiores buscaron para pedirle explicaciones por un dudoso préstamo de 62 millones de dólares a un cliente argentino. Poco después, el banco había demandado a Carrasco por 73 millones de dólares en préstamos irrecuperables, y el FBI comenzó a buscarlo por toda América Latina. Según el Bank Boston, Carrasco le había prestado el dinero a Oldemar Carlos Barreiro, un paraguayo naturalizado en la Argentina que se había acercado a Menem en la provincia de La Rioja alrededor de 1988, y que había sacado una revista promenemista con créditos del Banco de La Rioja. El Banco de La Rioja lo demandó poco después por no pagar sus deudas, y el Banco Central de la Argentina lo inhabilitó para operar en el mercado financiero argentino, pero Barreiro había logrado revertir la decisión del Banco Central y hacia fines de 1998 continuaba "su acto de [magia] Houdini con el sistema de justicia argentino, viviendo a lo grande", según señaló The Boston Herald el 19 de octubre de 1998. Los movimientos de la cuenta "Federal Bank Ltd." en el Citibank mostraban que Carrasco había utilizado esa cuenta frecuentemente en los últimos años, y había hecho depósitos por más de un millón de dólares en ella entre 1995 y 1997.
En cuanto a Isabel Santos, había una Isabel Santos que era nada menos que la viuda de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano que antes de su muerte había sido el capo del narcotráfico más buscado del mundo. Daforel, a su vez, era una compañía fantasma o una cuenta de paso muy conocida en la Argentina: había aparecido en los principales escándalos político-financieros de la Argentina en los últimos años, incluido el caso IBM-Banco Nación, el del tráfico de armas a Croacia y Ecuador, y el conocido como la "mafia del oro", por el cual funcionarios gubernamentales fueron implicados en un fraude de exportaciones ficticias de oro a Estados Unidos. Forex, otra compañía misteriosa que aparecía en los movimientos de cuenta del Federal Bank Ltd., llevaba el mismo nombre de una financiera de Buenos Aires cuyos dueños habían huido de la Argentina en 1999 tras denuncias de fraude, según había reportado el diario La Nación el 6 de enero de 1999.
Los investigadores del Senado norteamericano analizaron detalladamente las informaciones del Balaguer. Algunas de las explicaciones del enviado de los legisladores argentinos no les sonaron demasiado convincentes. Balaguer decía, por ejemplo, que Isabel Santos era la viuda de Pablo Escobar, lo que —de ser verdad— indicaría que la cuenta del Federal Bank Ltd. en Citibank, al igual que las de Casa de Cambio y M.A. Bank, había sido utilizada para lavar dinero del narcotráfico. Sin embargo, Gustitus, la jefa de Roach, había sido informada por una fuente del Banco República que la Isabel Santos de la cuenta del Federal Bank Ltd. era otra señora
con el mismo nombre, que vivía en Estados Unidos y no tenía nada que ver con la viuda del narcotraficante colombiano.
Balaguer protestó: había demasiadas similitudes, como el hecho de que Santos había comenzado a girar dinero a través de la cuenta del Federal Bank Ltd. en 1994, el mismo año en que había llegado a la Argentina la viuda del narcotraficante Escobar. Sin embargo, según un testigo presencial de la conversación, Gustitus aceptó la información de su fuente del Banco República, y el Subcomité del Senado resolvió en principio no ahondar demasiado en ese caso.
Pero hacia fines de 2000, los investigadores del Subcomité del Senado habían encontrado suficientes similitudes entre las cuentas de Casa de Cambio-M.A. Bank y la de Federal Bank Ltd. en el Citibank de Nueva York como para considerar incluir ambas en su investigación. En ambos casos, Citibank había aceptado cuentas de corresponsalía bancaria con "bancos" de paraísos fiscales caribeños que no tenían edificios ni oficinas, que tenían todo el aspecto de ser "bancos fantasmas", y que movían enormes sumas de dinero que en por lo menos algunos casos parecían provenir de actividades ilícitas.
Refiriéndose al M.A. Bank, al Federal Bank Ltd. y a otros dos bancos registrados en paraísos financieros del Caribe, el informe final del Subcomité, dado a conocer el 5 de febrero de 2001, diría que "ninguno de estos cuatro bancos fantasmas tenía oficinas donde llevaban a cabo actividades bancarias, y ninguno tenía un plantel de empleados. La ausencia de una oficina con presencia física y empleados ayudó a estos bancos fantasmas a evitar la supervisión de sus actividades, al hacer más difícil para los reguladores bancarios y otros monitorear sus actividades bancarias, inspeccionar sus archivos e interrogar a su personal". El informe de 59 hojas, titulado "Corresponsalías bancarias y lavado de dinero", concluyó que "la evidencia muestra que estos bancos tenían escasos o nulos controles administrativos o sistemas para detectar el lavado de dinero, y sin embargo manejaron millones de dólares en fondos sospechosos, compilando una trayectoria de actividades sospechosas asociadas con el narcotráfico, fraude financiero y otras conductas impropias".
En el caso de las cuentas de Casa de Cambio y M.A. Bank, habían sido utilizadas para mover fondos de la droga. En el caso de la cuenta del Federal Bank Ltd., había sido utilizada por South Pacific Trade, Daforel, Forex y otras compañías que estaban siendo investigadas en relación a varios delitos, incluidos los sobornos a funcionarios oficiales. La pregunta para Citibank, decían los investigadores del Senado, era si cualquier persona podía abrir una sociedad en las Islas Caimán, ponerle el nombre de un banco y abrir una cuenta de "corresponsalía bancaria" en Nueva York. ¿Qué estaba haciendo Citibank para evitar que los bancos fantasmas se aprovecharan de su sistema de corresponsalías bancarias para lavar dinero?