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El senador Levin responde

In document Ojos vendados de Andrés Oppenheimer.pdf (página 87-92)

Para el senador Levin, el demócrata de Michigan que había impulsado las investigaciones del Subcomité sobre las corresponsalías bancarias, era necesario aprobar nuevas leyes que obligaran a los bancos norteamericanos a ejercer mayores controles. Levin era un hombre de 65 años con un mechón de pelo que peinaba de un extremo a otro de la cabeza y anteojos de lectura que llevaba a media nariz, lo que contribuía a darle un aspecto general de profesor distraído. Llevaba más de dos décadas en el Senado y tenía la reputación de un "duro" en el combate contra la corrupción. Había sido el artífice, entre otras, de la ley que protegía a los empleados gubernamentales que denunciaran fraudes en el servicio público y de las reformas para hacer más transparentes las contribuciones monetarias o regalos a miembros del Congreso.

En los últimos años, había volcado parte de su interés a los grandes bancos. En 1999, había encabezado la investigación legislativa sobre los depósitos de Raúl Salinas en Citibank, y sobre el lavado de dinero a través de la banca privada internacional. Las audiencias lo habían convencido de que, a pesar de todas las regulaciones existentes, los delincuentes internacionales todavía podían lavar dinero fácilmente a través de los bancos norteamericanos.

En noviembre de 2000, había ordenado una investigación sobre un emigrante ruso, Irakly Kaveladze, que registró dos mil corporaciones anónimas en Delaware para clientes rusos, y luego abrió cuentas para muchas de ellas en el Citibank de Nueva York y el Commercial Bank de San Francisco. La investigación reveló que los bancos norteamericanos habían abierto estas cuentas sin saber quiénes eran los verdaderos dueños de estas corporaciones, ni la procedencia de sus fondos. El Citibank de Nueva York había recibido depósitos de 800 millones de dólares en 136 de estas cuentas, y gran parte del dinero había sido transferido posteriormente al exterior. Tras la investigación, Citibank admitió, en una carta de 15 páginas, que "mirando hacia atrás, está claro que nuestros sistemas y procedimientos de control no fueron suficientes para detectar la naturaleza y tamaño de esta relación" con Kaveladze. "Considerando los adelantos en nuestros sistemas y procedimientos, estamos confiados en que podríamos detectar actividades cuestionables y tomar medidas más rápidamente si una situación similar ocurriera hoy en día".

Para Levin, el caso de los "bancos" argentinos con sede en paraísos fiscales que tenían cuentas de corresponsalía en el Citibank de Nueva York no era muy diferente. "El sistema [de controles] no funciona para nada", me señaló el senador en una entrevista. Aunque la oficina del Contralor de la Moneda de Estados Unidos había emitido un folleto de 100 páginas en septiembre de 2000 con "orientaciones" sobre cómo los bancos debían monitorear a sus bancos corresponsales, Levin estaba convencido de que pocos estaban siguiendo estas recomendaciones.

"No son obligatorias. Deberían ser obligatorias", me dijo el senador, agregando que ése era el propósito de un proyecto de ley que había presentado. "Es obvio que muchos bancos de Estados Unidos no están haciendo las averiguaciones necesarias cuando sus clientes son otros bancos. Y eso significa que estos últimos pueden hacer grandes depósitos de dinero y convertirse en correas de transmisión para el lavado de dinero. Entonces, nuestros bancos terminan ayudando, sin quererlo la mayoría de las veces, pero ayudando al fin, al lavado de grandes cantidades de dinero mediante el mecanismo de corresponsalías bancarias".

¿Cómo evitarlo? Muy fácil: obligando a los bancos norteamericanos a conocer mejor a sus bancos corresponsales, monitorear sus cuentas y no aceptar cuentas de "bancos" en paraísos fiscales que no están sujetos a regulaciones estrictas contra el lavado de dinero, dijo Levin. ¿Y quién se estaba oponiendo a su proyecto? "La industria bancaria", respondió el senador. "A la industria bancaria no le gusta la intromisión regulatoria del gobierno. Quieren la mayor libertad posible. También temen ser dejados en una posición de desventaja competitiva respecto a bancos de otros países, y ésa es una preocupación legítima".

Levin no tenía nada personal contra Citibank o contra la industria bancaria. "Los bancos legítimos no son gente que está involucrada en actividades criminales. Son gente que está tratando de hacer negocios como instituciones legítimas, y que no quieren ser puestos en una situación de desventaja", señaló. Era un dilema parecido al que se había discutido años atrás, cuando se habían prohibido los sobornos y las multinacionales norteamericanas argumentaron que se les haría difícil competir con empresas europeas que podían hacerlo, señaló Levin. Sin embargo, la ley antisobornos se había aprobado a fines de la década del setenta, y con el tiempo resultó ser un paso positivo.

¿Qué lo había motivado a interesarse en el tema de lavado de dinero de la corrupción?, le pregunté. "Es importante que no seamos hipócritas, porque estamos pregonando la lucha contra el lavado de dinero en todo el mundo, y hete aquí que tenemos un problema muy grande en casa. En segundo lugar, tendríamos que predicar con el ejemplo, ya que somos el país, o por lo menos uno de los países, cuyos bancos tienen mayores depósitos en todo el mundo. Si estamos seriamente comprometidos en erradicar el narcotráfico, la corrupción oficial, los sobornos a funcionarios públicos, el robo a los tesoros nacionales y todo eso, tenemos que imponernos los parámetros más altos".

Levin era un idealista, a quien algunos críticos calificarían de ingenuo, y otros de presumido. Sin embargo, tenía una reputación de hombre íntegro, y me dio toda la impresión de hablar con sinceridad. Cuando le volví a preguntar qué otra cosa lo había motivado a iniciar estas investigaciones, lo pensó unos segundos y

dijo: "Supongo que tiene que ver con mi creencia de que deberíamos ser un país que realmente lucha por los valores más elevados de este mundo, como los derechos humanos, la libertad y la democracia. Fui entrenado a creer que deberíamos luchar por estos valores, y éste es uno de ellos: no deberíamos contribuir a que funcionarios corruptos, narcotraficantes o criminales de cualquier tipo se salgan con la suya, aquí o en cualquier parte del mundo".

Capítulo 4

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