El año 476 el emperador Rómulo Augústulo fue depuesto por el germano Odoacro. Nadie más volvió a asumir el cargo y, con ello, finalizó oficialmente el Imperio Romano de Occidente. Este hecho es considerado, en la historiografía oficial, como el inicio de la Edad Media. Más allá de lo llamativo de este cambio de período histórico, la verdad es que los registros arqueológicos no experimentaron un cambio brusco coincidiendo con los sucesos políticos de la lejana Roma. En las zonas cercanas al Parque Nacional de Aigües- tortes i Estany de Sant Maurici más bien se aprecia una cierta continuidad durante todo el s. V y, como mínimo, inicios del s. VI de nuestra era. En realidad este período está todavía muy mal estudiado y quizás ha llamado menos la atención de los historiadores que los si- glos inmediatos a la conquista andalusí de la Península Ibérica y la posterior penetración carolingia al sur de los Pirineos. Con todo, la información disponible de la ocupación del valle del Valira, en Andorra, muestra como el asentamiento de Roc d’Enclar no ex- perimentó cambios radicales entre los siglos IV y VIII (Llobera et al., 1997). En el registro arqueológico de las zonas más elevadas la tendencia general es también de continuidad o, al menos, de ausencia de grandes transformaciones. Con pequeños cambios tienden a mantenerse los mismos patrones arquitectónicos en los espacios ganaderos de altura. En cambio, en este período disminuyen de forma muy acusada los indicios de producción de hierro que en algunas zonas cercanas al Parque en los siglos precedentes habían tenido una cierta entidad.
Tabla 3. Yacimientos con ocupaciones fechadas por C14 entre el 550 y 950 calNE.
Yacimiento Fase/estrato Código lab Datación (bp) Datación cal. Material
Pleta Erdo Hogar
cabaña 1 Beta-323406 1490+/-30 540-640 calNE Carbón Pletiu de la Coveta KIA-28281 1425+/-35 570-661 calNE Carbón
Gerber II Suelo de
ocupación Beta-278788 1360+/- 40 605-719, 742-769 calNE Carbón Abric de l’Estany de
Xemeneia Beta-278790 1340+/-40 614-723, 740-771 calNE Carbón Estany Gran de Colieto II Limpieza de
hogar KIA-28086 1155+/- 773-794, 800-971 calNE Carbón
Se extiende el uso de abrigos como refugio ...
Desde mediados del I Milenio calNE y durante los siglos posteriores se produce un claro y evidente incremento de los vestigios de ocupación humana en el Parque. En cierta medida parece definirse un patrón de asentamiento dual. Por una parte se extiende el uso
de pequeños abrigos como refugio mientras que, por la otra, se consolida la construc- ción de grandes asentamientos con una gran cantidad de cercados y otros recintos. La relación entre ambos tipos de asentamiento todavía no está del todo clara pero, sin duda alguna, funcionaron de forma coetánea. Es posible que entre ambos hubiera una relación de complementariedad, en el sentido que los segundos reflejen una agrupación de dis- tintos rebaños en lugares más o menos centrales o con una cantidad suficiente de pastos a su alrededor como para sostener rebaños de al menos varios cientos de ovejas. En este contexto, la utilización de abrigos aislados o vinculados a como mucho uno o dos cerca- dos podría responder a la segmentación de estas agrupaciones hacia áreas secundarias, con capacidad para alimentar menos ganado. Esta hipótesis, en todo caso, habrá que ir acotándola mediante investigaciones futuras. La intensidad con la que se utilizan abrigos rocosos en este período la refleja el hecho que en muchos de los que se han sondeado han aparecido ocupaciones de esta época. En algunas ocasiones, por debajo, y tras una serie de capas estériles, también había alguna ocupación prehistórica, generalmente del final del Neolítico. En otras, la de época altomedieval o de finales de época romana era la única de las ocupaciones documentadas por debajo las trazas de un uso contemporáneo del refugio. En definitiva, en la mayoría de casos en que se han confirmado la existencia de niveles arqueológicos en un abrigo, al menos una de ellas se adscribe a uno de los perío- dos tratados en este capítulo y, principalmente, en este apartado.
Al igual que en los siglos precedentes, el uso de abrigos como lugar de habitación puede clasificarse en dos modalidades distintas. En una estos espacios forman parte de asentamien- tos mucho más extensos, con muchas otras construcciones. En estos casos la presencia de grandes bloques en el lugar donde se define el asentamiento ofrece cavidades o cornisas que fueron aprovechadas para conformar hábitats humanos. A veces, la diferencia entre éstos y otros yacimientos de la misma época con muchos cercados y algunas cabañas radica, preci- samente, en la presencia en el relieve de estos grandes bloques. Sin embargo, el tipo de asen- tamiento buscado por sus pobladores y las necesidades que trataba de resolver eran análogas. Por esta razón, se describen en el próximo punto.
La segunda modalidad consiste en la ocupación de abrigos aislados que, a lo sumo, se vinculan a uno o dos cercados, muchas veces de dimensiones reducidas. Este fue un fenómeno bastante extendido desde tiempos del Bajo Imperio Romano y hasta el siglo VIII o IX. Algunas ocupaciones documentadas en abrigos donde, por debajo, se han da- tado fases prehistóricas seguramente sean de esta época como, por ejemplo, el Abric de l’Estany de la Coveta I, ya mencionado en los capítulos 4 y 5. En el abrigo del Pletiu de la Coveta, en el valle de Monestero, y del Estany Gran de Colieto II, en cambio, sí se han datado por C14 fases de esta época. En ambos casos se trata de abrigos que se definen
por las cornisas que ofrecen las respectivas bases de dos grandes bloques erráticos de granito. En los dos, diversos tramos de muro cierran sus laterales y delimitan el acceso a un espacio interior que, en su parte actualmente aprovechable, oscila entre los 10 y 12 m2 de superficie. En el Estany Gran de Colieto II el abrigo se encuentra aislado de
otras estructuras arquitectónicas. En cambio, en el Pletiu de la Coveta hay restos de un pequeño recinto en el área de canchal y tramos discontinuos de muro que podrían pertenecer a un único cercado de dimensiones medianas. En el interior de ambos en la actualidad todavía se observan indicios de su uso como refugio en una época no muy antigua, posiblemente durante mediados del s. XX, como indican la presencia de madera seca y algún hogar en la superficie. De hecho, en el Estany Gran de Colieto II en los ni- veles superiores excavados en el sondeo aparecieron algunos anzuelos oxidados dejados ahí por pescadores durante el siglo pasado.
Figura 14. Abrigo del Pletiu de la Cova, donde se han documentado ocupaciones de época alto medieval.
Figura 15. Detalle del sondeo efectuado en el interior del Abrigo del Pletiu de la Cova. En él se observa la sucesión de estratos de tierra oscura con cenizas y carbones. A la derecha, el dibujo del perfil mostrado en la fotografía. En él se indica el punto de donde se obtuvo la muestra datada.
Otro rasgo que comparten ambos abrigos consiste en que las catas estratigráficas que se realizaron dejaron al descubierto una sucesión de capas de tierra muy oscura con cenizas y carbones que, de vez en cuando, proporcionaban algunos fragmentos de cerámica, algún hierro oxidado y algún resto de sílex tallado. Como es habitual en las zonas graníticas del Parque Nacional, la acidez del sedimento prácticamente no ha permitido la preservación de restos faunísticos. Por eso, los fragmentos de hueso recuperados en los niveles que no eran
recientes de los dos sondeos eran muy pequeños y su superficie aparecía tan dañada que no se podían identificar. En cada uno de los dos sondeos se dató un carbón procedente de uno de los estratos inferiores de una serie de hogares y niveles de limpieza de hogar superpuestos. Seguramente, en ambos casos esta serie indique un uso discontinuo pero intenso y reiterado de ambas cavidades a lo largo de unas decenas de años o, a lo sumo, pocos siglos. En el abrigo del Pletiu de la Coveta el inicio de estas ocupaciones se sitúa entre la segunda mitad del s. VI y la primera del s. VII. Las ocupaciones del abrigo del Estany Gran de Colieto II son algo más recientes. Justo la base de la secuencia de ocupaciones coincide con el nivel en el que se falcó un gran bloque de granito que cierra el lateral de la cornisa. De allí procede el hogar que fecha tanto esta construcción como la ocupación. Aunque la fecha de C14 define un intervalo
temporal muy amplio, del 773 a 971 calNE, lo más probable es que se sitúe en torno al tránsito entre el s. IX y X.
… pero también se consolidan los grandes asentamientos con muchos recintos agrupados
Durante los primeros siglos de la Edad Media, lejos de desaparecer, los grandes asen- tamientos de época romana se vuelven incluso más frecuentes y tienden a experimentar un cierto incremento en sus dimensiones. Sus características tienden a ser similares a las descritas más arriba. Consisten en agrupaciones de muchos cercados en un mismo lugar que, por norma, no acostumbran a ser de dimensiones muy grandes, más bien al contrario. Generalmente su superficie no supera de mucho los 50 m2 y, muy escasamente, llega a rozar
los 100 m2.
Un buen ejemplo de este tipo de asentamientos nos lo ofrece el localizado en la Pleta d’Er- do, en el valle de Llacs, un poco por encima de los 2.250 m de altitud (García et al., 2013). En la actualidad, como su nombre indica («pleta») en el lugar pacen y yacen rebaños y hay una gran extensión de pastos. Los vestigios de muros, definiendo recintos, cubren una extensión de 2.100 m2 dispuestos en dos sectores diferenciados que conforman un espacio central acota-
do. En este asentamiento los recintos en general no son muy grandes. En total hay 17 posibles cercados, de los cuales únicamente uno supera por muy poco los 100 m2, otro ronda los 60 m2
y el resto miden poco por encima o por debajo de los 30 m2. Este es un hecho llamativo, pues-
to que estos recintos son muy pequeños si su función era para alojar ganado. En general, la mayoría no habrían tenido una capacidad superior a las 30 ovejas o cabras adultas. El hecho que no tengan ningún indicio de derrumbe en su interior que permita pensar que los muros eran altos y que podían haber tenido un techo, así como la presencia de cabañas en el mismo yacimiento, mantienen la inferencia de que se trata de estructuras para estabular ganado. El espacio central del asentamiento, prácticamente rodeado por cercados y cabañas por todos sus lados, podría haber servido también como una especie de establo central. Divido en dos mitades por un muro interno, su superficie supera los 500 m2. En el caso de que ésta hubiera
sido verdaderamente su función, habría duplicado con creces la capacidad de los cercados «particulares».
Completan el asentamiento 5 recintos mucho más pequeños, cuyas superficies oscilan entre los 5 y 15 m2. Muy probablemente sean las cabañas que conformaron los espacios de
habitación de las personas que poblaron el asentamiento. Se disponen en la parte externa del conjunto de recintos que interpretamos como cercados y, concretamente uno de ellos un poco apartado del resto. El sondeo efectuado en una de estas cabañas permitió identificar un lar vinculada a su piso de ocupación. En él, junto a grandes cantidades de carbón producto de la combustión de leña, se recuperaron algunos fragmentos de cerámica hecha a mano, restos de
algún clavo de hierro y restos de sílex tallado. La datación de unos de estos carbones propor- cionó una fecha de entre el 540 y 640 calNE, indicativa del momento de abandono de, como mínimo, aquella construcción.
En definitiva, en el asentamiento de la Pleta d’Erdo se observan algunos elementos intere- santes para empezar a intuir como pudo ser la organización de un asentamiento ganadero a mediados del período visigótico. Su estructuración muestra como en él confluyeron diversas unidades de pastores que, a tenor de la superficie de los espacios de habitación, habrían estado formadas por pocas personas cada una de ellas. Cada una de estas cabañas como media se habría relacionado con 3 cercados, donde quizás habría separado el rebaño en función de su edad, de la presencia de lactantes, etc. Queda por ver si el espacio central sirvió también como lugar para el ganado y, en este caso, si se trataba de la misma clase que el que albergaron los recintos más pequeños. Con relación a períodos precedentes, destaca la disminución de la su- perficie de los recintos de habitación. Este hecho podría estar reflejando una disminución del número de personas que se implicaba en el pastoreo de cada rebaño. Desconocemos la causa y cómo fue esta reducción de la mano de obra. Una posibilidad es que estemos asistiendo a una sustitución de grupos más o menos familiares que se movían con el ganado por parte de una mano de obra mucho más especializada. Los datos actuales no permiten, por ahora, resolver esta cuestión.
Figura 17. Plano de los recintos arquitectónicos de La Pleta d’Erdo.
En el valle de Cabanes, en el área periférica norte del parque hay otro ejemplo de asenta- miento con una gran cantidad de cercados. Se trata del yacimiento del Abric de l’Estany de Xemeneia que, como hemos visto en el capítulo precedente, fue ocupado hace más de 3.000 años, durante la Edad del Bronce. El sondeo efectuado en el interior de la cavidad mostró, por encima, diversos estratos de tierra oscura con muchos carbones, fragmentos líticos tallados y de recipientes de cerámica modelada a mano. La datación de uno de estos estratos propor- cionó una antigüedad del s. VI o principios del VII. Las dimensiones de la decena de recintos que se disponen por la ladera adyacente al abrigo recuerdan mucho a las construcciones de la Pleta d’Erdo, yacimiento que tiene prácticamente la misma cronología. Como en aquél, en la mayoría de casos se trata de pequeños cercados, con capacidades para alojar rebaños peque- ños. Igualmente algunos podrían haber sido espacios de habitación que complementaron al del abrigo.
El asentamiento del Gerber II es otro ejemplo de asentamiento formado por una gran cantidad de cercados y recintos. Como su nombre indica se localiza a orillas del lago homóni- mo, nuevamente en uno de los valles septentrionales del Parque Nacional, y a una altitud de 2.240 m. Otra vez en este asentamiento confluye una cantidad considerable de cercados junto con al menos tres recintos de habitación, uno de los cuales aprovecha un pequeño abrigo. Un elemento que otorga a este yacimiento un interés especial es la existencia en sus inme- diaciones de tres terrazas o bancales superpuestos que escalonan la ladera. Este hecho vuelve
a plantear la posibilidad de que se llevara a cabo en el sitio algún tipo de agricultura. En este sentido, refuerza todavía más las consideraciones realizadas al hablar del Pletiu de Subenuix II y, en este caso, su cronología se acerca más a los vestigios paleobotánicos de cultivo de cereal en la Torbera de Estanillas, en el valle de Cardós, mencionados también más arriba.