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El intento de conquista de la «India»

ULTIMA ASI AE: BACTRIA E INDIA

C) El intento de conquista de la «India»

Para Alejandro, la «India» se hallaba al este del Indo y se proyectaba en dirección este en el Océano, tal y como Aristóteles le había enseñado. Las palabras de Curcio (VIII, 9, 1) reflejan esta concepción:

India tota ferme spectat orientem, minus in latitudinem quam recta regione spatiosa («Casi toda la India mira hacia oriente, siendo menos extensa en anchura [es decir, hacia el este] que en longitud [es decir, de norte a sur]»). Cuando Alejandro y sus macedonios cruzaron el puente sobre el Indo, creían que estaban penetrando en la última provincia de Asia. Hasta entonces, las preguntas que había ido formulando Alejandro le habían ayudado a hacer encajar sus ideas preconcebidas en el conocimiento geográfico; pero en esta ocasión no, ya fuese por dificultades de lenguaje ya por el predominio de la fantasía.

Muchos relatos de lo que Alejandro encontró realmente en la India están repletos de fantasía, pero uno de ellos es verídico, el Paraplous («Viaje») aguas abajo del Indo, a través del Océano y Tigris arriba hasta Babilonia, escrito por el comandante de la flota, Nearco, de origen cretense, pero macedonio de Anfípolis por adopción, y amigo y estrictamente coetáneo de Alejandro. Afortunadamente, Arriano tuvo el buen sentido de elegir a Nearco como fuente principal de su Indica, una obra que iba a servir de apéndice a la Alexandri Anabasis (A., V, 5, 1, y VI, 28, 6). Además, como Arriano incluyó la campaña india en la Anabasis, podemos comparar las opiniones de Tolomeo y Aristobulo que encontramos en ella con las de Nearco en la Indica, de tal modo que conseguimos una nueva perspectiva de Alejandro al tiempo que podemos ver qué métodos utiliza Arriano en su labor de resumir y adaptar (por ejemplo, compárese A., VII, 20, 9, con Ind., 32, 8-13). Redujo la fantasía de otros relatos al sentido común (por ejemplo, compárese Ind., 30, con Str. XV, 2, 12), y añadió detalles de otros escritores, especialmente Eratóstenes, un científico académico, y de Megástenes, embajador a Chandragupta, ca. 303 a.C. El propósito de Arriano no era transmitir el conocimiento romano de la India, sino escribir un relato histórico de lo que Alejandro y Nearco hallaron e hicieron (Fig. 19).

Mirando hacia la otra orilla del Indo en un día de mayo del 326 a.C., Alejandro supo que el país que había más allá se hallaba muy densamente poblado y que los indios eran unos luchadores formidables. ¿Cuál era en ese momento el tamaño de su propio ejército? Podemos partir de una cifra de 120.000 hombres en armas que es la que da Nearco al principio de su viaje en noviembre del 326 a.C. —una cifra creíble porque Nearco y Alejandro conocían perfectamente los problemas logísticos derivados del abastecimiento. Este ejército se hallaba compuesto por la fuerza expedicionaria original, re clutamientos ulteriores (de Europa), y «gente de todas las tribus bárbaras y con un equipo militar de lo más variopinto» {Ind., 19, 5). La cifra, pero no el contexto, también ha sido transmitida por Plutarco (LXVI, 5) y Curcio (VIII, 5, 4). Entre el cruce del Indo y la llegada al Hífasis Alejandro enroló a unos 10.000 indios, y en su. retomo hacia el Hidaspes recibió casi 6.000 jinetes y probablemente unos 30.000 infantes como refuerzo. Cruzó, pues, el Indo con unos 75.000 combatientes, entre los que no se incluye ni a los

encargados de su servicio de abastecimiento ni a los civiles que seguían al ejército. Prácticamente todas las razas desde el Adriático al Indo se hallaban representadas en su ejército y su comitiva .

Tras haber realizado sacrificios en las dos orillas del Indo, Alejandro marchó hacia Taxila (Bhir), donde realizó más sacrificios, celebró un festival y disfrutó de la acogida de Taxiles (el nombre era dinástico). Se intercambiaron regalos, entregando Alejandro 1.000 talentos de monedas procedentes del tesoro que llevaba consigo en sus desplazamientos. Fue un momento triunfante, porque Taxila se encontraba en el punto en el que las tres rutas más importantes, procedentes de Bactria, Cachemira y el valle del Ganges, se unían en el valle del Indo. Allí recibió embajadores de otros gobernantes, entre ellos Abisares de Cachemira, hasta entonces hostil. Recompensó a Taxiles haciéndole entrega de más territorios, se despreocupó de Abisares en su flanco norte y se dirigió más hacia el este, tras haber incrementado sus fuerzas con 5.000 indios, para enfrentarse con Poro, un gobernante que no había enviado embajadores. En mayo del 326 avistó a Poro al otro lado del Hidaspes, un río importante que se hallaba muy crecido y con una corriente rápida y turbulenta, ya que se estaba empezando a producir el deshielo de las nieves del Himalaya y habían empezado las lluvias. Podía verse cómo en el ejército de Poro que se hallaba desplegado en la orilla opuesta había más de doscientos elefantes, muchos carros y gran número de infantería y caballería. Además, se pensaba que Abisares podría unírsele con un ejército de tamaño comparable. El río no podría ser cruzado hasta que estuviese bien entrado el invierno, momento en el que Abisares ya podría haber llegado; por otro lado, si Alejandro intentaba un cruce directo, teniendo al otro lado de frente a los elefantes, sus caballos se habrían asustado y hubieran saltado de las balsas (A., V, 10, 2). Poro mantuvo a los elefantes concentrados en su campamento, pero destacó toda una serie de unidades, con mandos propios, en todos aquellos puntos donde el río presentaba menos dificultades para ser atravesado.

Alejandro decidió realizar un cruce nocturno por sorpresa con una parte de su ejército. Empezó con varias maniobras de distracción. Hizo correr la voz de que iba a esperar hasta que fuera posible cruzar el río y para que este rumor fuese más creíble acumuló de forma visible grandes cantidades de provisiones en el campamento que se encontraba frente por frente al de Poro. Luego, aunque ya había partido, hizo que Atalo se le presentase y montase la guardia en torno a la tienda real. Mientras, se dedicó a mover destacamentos arriba y abajo de la orilla y echó al agua barcos y balsas (traídos del Indo) como si estuviese a punto de iniciar el cruce nada más despuntar el alba, lo que hizo que Poro trasladase grandes partes de su ejército a los puntos amenazados para impedir cualquier cruce. Además, hizo que su caballería simulara ruidosamente los preparativos para un cruce nocturno, lo que al principio hizo que Poro también hiciera moverse a sus tropas por la noche. Estos falsos intentos de cruce agotaron a las tropas de Poro. Al final, éste retornó a sus planes originales y no respondió más a ninguno de estos movimientos.

Crátero tomó ahora el mando del campamento principal e hizo claros preparativos para hacer ver que iba a atravesar el río por ese punto. Mientras tanto, Alejandro hizo un reconocimiento personal y eligió un punto para el cruce manteniéndolo en secreto. Condujo una fuerza de asalto, sin ser vista por el enemigo, hasta una curva del río sumamente boscosa, que se hallaba a unos 27 km aguas arriba; esta curva se hallaba enfrente de una isla también con muchos árboles, que impedía la visión del enemigo. Allí los macedonios ensamblaron sus barcos y balsas de madera, consiguiéndose que estas últimas flotasen colocándolas sobre grandes pieles rellenas de paja y cosidas entre sí firmemente —equivalentes a los bidones de petróleo vacíos que se habrían usado en la actualidad. Era una operación importante, porque la fuerza de asalto constaba de 5.000 jinetes, que necesitaban para sus caballos al menos 100 balsas grandes, y 6.000 infantes, cuyas barcas tenían que remolcar a las balsas a través del turbulento río. Durante la noche, una densa lluvia acompañada de truenos ayudó a disimular el ruido de los preparativos. Hacia el alba el tiempo clareó. Mientras tanto, otros destacamentos habían tomado posiciones durante la

noche en lugares previamente fijados entre Alejandro y el campamento principal. Se había establecido también un sistema de señales desde donde se hallaba Alejandro hasta el campamento de Crátero, posiblemente mediante toques de trompeta.

Las órdenes de Alejandro para el día de la batalla tuvieron que haber sido, necesariamente, dadas con antelación. (Nos han llegado, en mi opinión, gracias a las Efemérides Reales, vía Tolomeo y Arriano.) Los destacamentos intermedios tenían que cruzar el río uno tras otro, según fuesen viendo a los indios entrar en combate. Crátero tenía que «cruzar a toda velocidad» solamente si Poro se llevaba consigo todos los elefantes para atacar a Alejandro (lo que no sucedió); Crátero tendría que permanecer en su posición aun cuando Poro dividiese su ejército pero dejase algunos elefantes en su campamento principal y no tenía que cruzar o hasta que todo el ejército de Poro abandonase el campamento o hasta que Poro iniciase la huida y los macedonios hubiesen vencido. De entre la fuerza de asalto, se ordenó que fuese la caballería la que desembarcase en primer lugar en la orilla opuesta. Arriano menciona una parte de estas órdenes en estilo directo (V, 11, 4).

Con las primeras luces del alba, la flotilla soltó amarras, Alejandro abría camino en una triacóntera que remolcaba una gran balsa, llevando entre los dos 500 hipaspistas, y sus hombres seguían remando tras sobrepasar la isla cuando fueron avistados por algunos exploradores indios, que se dirigieron al galope a informar a Poro. Al acercarse a lo que pensaron que era la orilla opuesta, los remeros maniobraron para situar a su lado las lanchas que transportaban a la caballería, de modo que los caballos pudieran desembarcar, para ellos poder regresar a por el resto de la fuerza. Mientras, Alejandro hizo salir a la caballería sólo para descubrir que estaban en otra isla. Sin embargo, la fuerza de asalto consiguió cruzar este brazo del rio. Los hombres cruzaron con el agua hasta los hombros y los caballos sólo con sus cabezas fuera del agua. (Esto demuestra, por otro lado, que los caballos eran relativamente pequeños.) Ya en el otro lado, Alejandro estableció el orden que las tropas adoptarían en caso de batalla en campo abierto (A., V, 13, 4).

Luego avanzó con los arqueros y toda la caballería a marchas forzadas, mientras que la infantería les seguía, en formación y a la velocidad normal de marcha. Se hallaba ya 4 km adelantado cuando vio una fuerza enemiga que tomó por la vanguardia del ejército completo de Poro, pero pronto se comprobó que era tan sólo una avanzadilla enviada por aquél y que se componía de 2.000 jinetes y 120 carros. La caballería de Alejandro, compuesta por 5.000, cargó escuadrón a escuadrón y derrotó al enemigo, causándoles 400 muertos y capturando todos los carros, que se habían visto gravemente entorpecidos por el barro que cubría el suelo tras las intensas lluvias nocturnas.

Cuando se enteró de sus bajas, entre las que figuraba la de su propio hijo, Poro dejó algunos elefantes y una pequeña fuerza en su campamento para hacer frente a Crátero que se hallaba preparando ostensiblemente el cruce del río, y condujo a su cuerpo de ejército principal hacia Alejandro. Sabiendo el fracaso de sus carros a causa del suelo húmedo, eligió una zona arenosa y llana, hasta la que condujo a sus tropas y se dispuso a esperar a Alejandro. Su orden de combate se ve en la Figura 20. Parece haber supuesto que Alejandro atacaría en una formación ortodoxa, con su falange en línea y su caballería a ambos lados de ella, como en Isos y Gaugamela. Para un ataque de este tipo, su formación era impecable. La infantería macedonia, muy inferior numéricamente, se vería atrapada y destruida entre la primera línea de elefantes espaciados y la segunda línea de infantería, y la caballería macedonia no podría ayudarles porque sus caballos no estaban preparados para luchar contra los elefantes. Poro situó 150 carros y 2.000 jinetes en cada ala; como confiaba en que la línea enemiga sería mucho más corta que la suya, estas fuerzas se hallaban formadas en profundidad, colocadas de tal modo que pudiesen rodear cada una de las alas de la caballería de Alejandro. La trampa parecía bien preparada.

Pero Poro cometió el mismo error que había perdido a Darío: dejó que la iniciativa fuese de Alejandro, y Alejandro no cayó en la trampa. Mientras Alejandro continuaba su avance aguas abajo, se le fueron uniendo los grupos intermedios que habían cruzado el río siguiendo sus órdenes, con lo que su

fuerza se vio aumentada al doble. Mientras que recuperaban el aliento y el entusiasmo, la caballería macedonia rodeó a la infantería —quizá ya en tomo a los 10.000—; a continuación, tras esta pantalla móvil formada por la caballería, la infantería se desplegó en el orden que se ve en la Figura 20. Luego, los escuadrones de caballería adoptaron su formación. El avance se abrió con Alejandro y el grueso de la caballería cargando contra la parte extrema del ala izquierda del enemigo, y con Ceno y dos hiparquías de caballería (unos 1.000) en dirección al ala derecha enemiga, para evitar que Poro trasladase la caballería de esa zona a su ala izquierda [105]. Las órdenes de Ceno eran que, tan pronto como la caballería india del ala izquierda empezara a seguir las evoluciones del grueso de la caballería macedonia, tendría que atacarla por detrás (lo que implicaba un cambio de dirección en ángulo recto). Mientras tanto, la infantería avanzaba lentamente. Las órdenes de los comandantes de la infantería eran «no entrar en combate hasta que vieran que las filas de la falange de infantería y la caballería enemigas quedaban en total desorden, ante el ataque de la caballería que el propio Alejandro mandaba» (A., V, 16, 3). Ahora es cuando resulta relevante la longitud de la línea india. Según Arriano (V, 15, 5) los 200 elefantes, colocados a intervalos de unos 30 m, ocupaban unos 6 km y los 30.000 infantes darían, para esa parte de la línea, tan sólo una profundidad de cinco hombres; pero según Polieno (IV, 3, 22) los elefantes se hallaban sólo a 15 km de distancia, lo que, con las cifras de Arriano, reduce la linea a unos 3 km, y eleva la profundidad de la infantería a 10 hombres en esa parte, o en toda la línea a ocho, la profundidad normal de una falange griega o macedonia, como debía de saber Poro. Evidentemente, Polieno tiene razón.

La línea de infantería se extendía a ambos lados más allá de donde acababan los elefantes, y luego iban los carros y la caballería, pero posiblemente no mucho más, puesto que los carros y los caballos estaban seguramente en formación de columna, ya que su objetivo era rodear a los macedonios cuando éstos llevasen a cabo un ataque frontal contra el centro indio. De modo más o menos aproximado, la Figura 20 muestra la línea india con una longitud de unos 3.600 m mientras que la línea de infantería de Alejandro sería de unos 1.200 m, a razón de una profundidad de ocho hombres. Como hemos visto, las órdenes de Alejandro lo que pretendían era que la caballería india, dispuesta en cada flanco, se pusiera en movimiento y luego atacar al ala izquierda antes de que la derecha pudiera llegar en su auxilio, al ser la distancia de 3,5 km.

Las primeras tropas en enfrentarse a los indios fueron los arqueros montados, en número de 1.000; destruyeron la mayor parte de los carros (D., XVII, 88, 1; cf. A., V, 14, 3) y produjeron cierta confusión entre la caballería india al lanzar sus nubes de flechas (A., V, 16, 4). Mientras que los arqueros montados atacaban frontalmente, Alejandro, con sus 1.000 jinetes de la Caballería de los Compañeros se dirigió a toda marcha hacia su derecha para atacar a la caballería india, cargando contra ellos mientras que aún se hallaban en columna y confusos, y antes de que pudieran formar en línea y hacerle frente. Los indios concentraron ahora todas las fuerzas montadas del ala izquierda contra Alejandro. En una serie de maniobras paralelas, Alejandro consiguió alejar a la caballería india de su línea de infantería,

Estas maniobras paralelas fueron la señal para Ceno. Sus 1.000 jinetes, cambiando de dirección, aparecieron repentinamente por detrás de la caballería india. Asustadas y desconcertadas, las últimas filas de la formación india intentaron girarse y hacer frente a la caballería de Ceno. En la confusión que siguió, Alejandro dirigió la carga de la caballería de los compañeros y derrotó a los indios, que retrocedieron buscando la protección de los elefantes (a los que sus caballos se hallaban acostumbrados). Para entonces, el grupo de caballería que se hallaba a la derecha de Alejandro ya había conseguido sobrepasar y empezaba a rodear la línea enemiga (Polieno, IV, 3, 22); y, por el lado enemigo, los 2.000 jinetes del ala derecha estaban aproximándose para prestar ayuda.

Cuando las maniobras de Alejandro consiguieron aislar la caballería india de su infantería, Poro empezó a mover ésta hacia su izquierda (se había dado cuenta de que la infantería macedonia iba a atacar la parte izquierda de su línea), pero el desarrollo del movimiento se vio interrumpido por la lentitud de

los elefantes. Aquí hubo también un pequeño momento de confusión. Esta era la ocasión de la infantería macedonia, porque «vieron que las filas de la falange de infantería y la caballería enemigas quedaban en total desorden, ante el ataque de la caballería que el propio Alejandro mandaba» (A., V, 16, 3). Atacando por el flanco a la confusa línea de Poro, que seguía desplazándose hacia la izquierda, la infantería macedonia prestó especial atención a los elefantes, y evitó que Poro pudiera hacer uso de ellos para asustar a los caballos macedonios.

Al principio, los elefantes hicieron algunas cargas devastadoras, barritando, aplastando, empujando y atravesando con sus colmillos a los infantes macedonios, tal y como habían sido enseñados a hacer, y la caballería india, haciendo salidas bajo su protección y reforzada polla caballería del ala derecha, atacaba a la caballería macedonia, cuyos caballos se hallaban aterrorizados por el barritar de los elefantes. La batalla estaba aún indecisa. Un ejército menos disciplinado que el macedonio se hubiera desintegrado en ese momento. Pero los infantes, siguiendo las instrucciones de Alejandro (que les habían sido dadas de antemano), concentraron el fuego de sus flechas y jabalinas contra los elefantes de cabeza y usaron sus largas sarisas en el combate cuerpo a cuerpo para desmontar a los naires; por su parte, los jinetes, más fuertes físicamente, con mejor armamento y mayor experiencia, derrotaron a la caballería india y les empujaron hacia el costado de los elefantes. Toda la parte izquierda de la línea india se convirtió en una masa confusa de elefantes, hombres y caballos encerrados y presionados por la infantería y la caballería de Alejandro, que se hallaban atacando en formación desde la parte exterior de lo que era ya casi un círculo.

Heridos y sin naires, los elefantes se habían vuelto locos de pánico, y los estragos que causaban afectaban más a los del propio bando que al enemigo. Otros elefantes cargaban barritando contra sus propias tropas, por lo que Alejandro ordenó a sus falangitas que trabaran sus escudos y avanzaran con las refulgentes sarisas en posición horizontal, mientras que la caballería formaba las tres cuartas partes de un círculo, yendo a chocar contra sus propias tropas, que iban a unirse al combate. En ese momento Crátero había desembarcado ya en el campamento indio de acuerdo con las órdenes recibidas, puesto que consideró que los macedonios habían resultado victoriosos. Ambas fuerzas se unieron en una persecución que dobló las pérdidas de los indios [106].

Poro seguía luchando, a pesar de sus heridas. Alejandro envió a Taxiles para ofrecerle una negociación, pero Poro hizo girar a su elefante y atacó a Taxiles. Finalmente, un indio, Méroes, persuadió a Poro de que desmontara y se reuniera con Alejandro, que le preguntó que qué era lo que deseaba. Poro respondió: «Trátame como a un rey, Alejandro». Alejandro quedó tan satisfecho con la respuesta que confirmó a Poro en su reino y además le entregó más territorios. Posteriormente, resolvió el conflicto