LAS FUERZAS ARMADAS DEL REY
A: Los macedonios
Las relaciones entre el ejército y el rey eran particularmente estrechas en Macedonia, puesto que eran las dos partes las que configuraban el estado macedonio: los hombres en armas eran los «macedonios» y el rey la cabeza y el centro del estado. El ejército elegía a su comandante en el momento en el que escogía a un hombre determinado como rey, y ésta era una elección auténtica, por más que los candidatos sólo pudieran ser miembros de la casa teménida gracias a una convención que ya duraba hacía más de tres siglos. Al realizar la elección, los soldados golpeaban sus lanzas contra sus escudos para hacer patente su voluntad de defender al rey que habían elegido, y una vez nombrado, el rey ejercía el mando el resto de su vida sin límites, obstáculos o discusión, excepto en las raras ocasiones en que un rey era depuesto por el ejército con o sin intervención extranjera (Amintas, el padre de Filipo, por ejemplo, fue depuesto pero posteriormente reinstaurado). Así, Filipo y Alejandro ejercieron el mando supremo y total de sus fuerzas armadas con un derecho absolutamente constitucional desde el momento en que cada uno de ellos fue elegido rey.
Además, los poderes de mando del rey sólo estaban limitados por la condición de que las acusaciones de traición tenían que ser juzgadas y resueltas por el ejército. En todas las demás órdenes que diera tenía que ser obedecido.
Sólo él podía alistar a un hombre, haciendo de él en lo sucesivo un «macedonio», realizaba todos los nombramientos y promociones, gestionaba la paga y las recompensas, establecía las condiciones del servicio y regulaba las exenciones, permisos y licencias.
Puesto que había tantas cosas que dependían de la elección de su sucesor, el rey procuraba que los miembros de su casa estuvieran en estrecho contacto con el ejército desde la edad más temprana posible. Así, Filipo se ocupó de que de muchacho y de joven Alejandro luchase en varias campañas, mandase un ejército, gobernase el reino como delegado de su padre y dirigiese la caballería en Queronea —todo ello antes de cumplir los veinte años. En las escasas ocasiones en que el ejército elegía como rey a un menor, también nombraba a un miembro de la casa real como regente y le confería los poderes del rey. Así, según una tradición, Filipo fue primero regente de Amintas, el hijo pequeño del rey anterior, Perdicas, hermano de Filipo; después, tras uno o dos años, el ejército desposeyó a Amintas y eligió como rey a Filipo. Este Amintas, al ser tanto mayor que Alejandro cuanto de una línea más importante, era un posible sucesor de Filipo; por ello, es sumamente significativo que Filipo nombrase a Alejandro delegado suyo en el 339 a.C.
La caballería gozaba de un mayor prestigio dentro del ejército macedonio. El rey y los que le rodeaban eran jinetes, cazaban a caballo y luchaban en la caballería, y el rey honraba a sus mejores caballeros con el título de «compañero» (hetairos). Sabemos que este título era muy antiguo porque existía un culto a Zeus Hetaireo, el dios de la camaradería y un festival de la camaradería Hetairi dia, celebrado tanto en Macedonia como en Magnesia; y había competiciones atléticas y de otro tipo, como duelos entre hombres armados en los que sólo participaban el rey y sus compañeros. Para aquellos que, como Alejandro, se habían educado en los poemas de Homero, los lazos que unían al rey y a sus
compañeros eran tan fuertes en lo religioso y lo social como los que habían unido a Aquiles y sus compañeros. Ya en la época anterior a Alejandro II (369-368 a.C.) sabemos que el rey seleccionaba de entre sus compañeros a los «amigos» (philoi), que eran sus más íntimos colaboradores, y los «comandantes» (h egemones), en los que delegaba sus propios poderes de mando.
Entrar en el carismático círculo de los compañeros depen día únicamente del favor del rey y él se preocupaba de elegir hombres íntegros y capaces. Pero las condiciones de la guerra a caballo eran tales que no todos los individuos podían ser candidatos.
Tucídides describe a la caballería macedonia en acción contra un número muy elevado de infantes y jinetes tracios en el 429 a.C. como «bravos jinetes y coraceros», que «penetraban en la masa de los tracios cuando querían y sin que nadie pudiera hacer frente a su ataque». Los hombres llevaban coraza (un peto de bronce o una cota de mallas), sus monturas eran más fuertes que los caballos de sus vecinos y luchaban no mediante escaramuzas sino como tropas de choque en formación cerrada. Su dominio de la equitación era soberbio, puesto que, desconociéndose aún el estribo, tenían que dirigir al caballo con sus muslos al tiempo que manejaban sus armas durante el combate, y todo ello sin perder el control. Para lograr esta pericia era necesario empezar desde niño; ya a la edad de catorce años los pajes reales eran tan aventajados en hípica que iban a cazar a caballo con el rey.
La historia que cuenta Plutarco sobre Alejandro cuando tenía doce años o así es particularmente ilustrativa. Un amigo griego, Demarato de Corinto, le regaló a Filipo un caballo pura sangre llamado Bucéfalo («cabeza de buey») por la marca a fuego en forma de cabeza de buey que usaban unas famosas cuadras tesalias. Filipo y su séquito fueron a contemplar las evoluciones del caballo, llegando a tenérsele por indomable, por lo que iba a ser retirado, cuando Alejandro lo observó y dijo que él le domaría. Volviendo la cabeza del caballo hacía el sol, para que no se asustase de su propia sombra, Alejandro lo calmó, lo acarició y lo montó, ante la sorpresa y agrado de Filipo (P., VI). Muchos jóvenes de la Baja y de la Alta Macedonia deben de haber crecido junto a caballos y muías, pero relativamente pocos se ejercitaron desde tan pronto y de modo tan adecuado en este tipo de equitación. Estos pocos eran a menudo, pero no siempre, hijos de compañeros en la Baja Macedonia y miembros de las aristocracias tribales en los cantones de la Alta.
En el período anterior a Filipo las caballerías de la Baja y de la Alta Macedonia eran entidades separadas; de hecho, a veces tomaban partidos opuestos e incluso luchaban entre sí. Pero Filipo las reunió en un solo cuerpo. Sus escuadrones eran dominados a partir del centro o centros de reclutamiento, cerca de los cuales se hallaban las fincas de los compañeros; por ejemplo, uno de Botia, un distrito de la Baja Macedonia, y otro de Anfípolis, una ciudad en la cuenca costera del Estrimón. Uno o más escuadrones recibían el nombre de asthippoi (contracción de astoi hippoi), «caballería de los habitantes de ciudades», y eran reclutados en las ciudades de la Alta Macedonia; algunos de ellos sirvieron en la campaña balcánica de Alejandro y se alude a ellos como «la caballería de la Alta Macedonia». Así pues, había una base territorial para los escuadrones de la caballería de los compañeros. Cuando griegos competentes u otros no macedonios fueron hechos compañeros por Filipo y por Alejandro, llegando algunos a convertirse en «macedonios», fueron asignados al escuadrón de sus lugares de residencia. No se conocen las cifras totales de la caballería de los compañeros en el momento del ascenso de Alejandro. En Asia Menor Alejandro tenía unos 1.800 en ocho escuadrones de unos 225 jinetes cada uno. Se dice que dejó a 1.500 con Antípatro en Macedonia; si estas cifras incluyen, como es probable, caballería pesada y ligera, y la proporción entre ellos es semejante a la que hubo en la campaña asiática, había unos 1.000 miembros de la caballería de los compañeros en Macedonia, de modo que el total general de esa Caballería de los Compañeros sería de unos 2.800 jinetes, agrupados en unos catorce escuadrones de 200 individuos cada uno.
Tucídides describió la infantería macedonia en el 423 a.C. como una horda inferior a los ilirios, que eran auténticos guerreros, y muy cerca del pánico. Es evidente que eran una milicia en gran medida sin
preparación, y que Tucídides les miraba con el desprecio del soldado entrenado. Las únicas excepciones que consideró dignas de mención se referían a los griegos residentes en la Baja Macedonia y a algunos infantes preparados (h opl itai) de Lincéstide, estos últimos en lucha contra el rey.
Dos reyes realizaron serios intentos para mejorar el penoso estado de la infantería, Arquelao (c. 413-399 a.C.), que equipó y entrenó soldados de infantería según los esquemas de los ejércitos griegos contemporáneos, y Alejandro II (369-368 a.C.), que fue probablemente el primero que introdujo el título de infantería de los compañeros, llamando a los mejores infantes «compañeros de a pie» [11]. Este último fue un paso importante, puesto que situó a los mejores soldados al mismo nivel que los mejores jinetes, les permitió ascender también al círculo inmediato del rey e hizo que un grupo selecto sirviese como guardia personal del rey. Vemos a esta nueva infantería en acción en dos ocasiones, en el 359 a.C., formando parte de un ejército severamente derrotado por los ilirios y con graves pérdidas, y en 358 a.C., como la punta de lanza de la victoria sobre los ilirios bajo la dirección personal de Filipo.
Esta transformación se debió a la personalidad y a los métodos de Filipo. «No se vio afectado por lo gravemente peligroso de su situación, sino que restableció la confianza de los macedonios arengándoles en una serie de asambleas y animándoles con elocuentes discursos a ser valerosos; mejoró las formaciones militares, les equipó adecuadamente con armas de guerra y les hizo realizar frecuentes ejercicios con las armas así como competiciones de resistencia física.» Estaba, así, empezando a preparar un ejército de infantería sobre una base profesional y lo equipó a sus expensas [12].
Los nombres de las unidades y de los mandos se usaban tanto en sentido genérico como restrictivo, y su significado literal es a veces incierto. Lo que aquí sigue es la opinión del autor acerca de un tema aún controvertido. En el 359 a.C. (como durante la mayor parte de la década anterior) la autoridad del rey apenas iba más allá de la Baja Macedonia. Entonces Filipo reclutaba a sus «compañeros de a pie»
(pezhetairoi, que es una contracción de pezoi hetairoi) en la Baja Macedonia, y al final de su reinado
disponía al menos de seis batallones de ellos. Hasta donde nos informan nuestras fuentes, estos batallones de pezhetairoi eran denominados sólo con el nombre del que los mandaba, por ejemplo, «el batallón de Meleagro». Más tarde, en los años cincuenta del siglo iv, cuando la Alta Macedonia hubo sido asimilada y hubieron surgido nuevas ciudades, Filipo empezó a reclutar e instruir infantes del mismo tipo entre los habitantes de las ciudades. A éstos se les llamó «compañeros habitantes en las ciudades »
(asthetairoi, contracción de astoi hetairoi). Cuando Alejandro marchó a Asia, llevó consigo seis
batallones, tres de pezhetairoi y tres de asthetairoi, y el hecho de que su número fuera similar abona la suposición de que el número total de unidades de ambos tipos era el mismo. Puesto que un batallón constaba de unos 1.500 hombres y puesto que en Macedonia quedó un total de 12.000 infantes, el número total de batallones posiblemente ascendía a catorce. Los batallones de asthetairoi aparecen llamados, en una fuente, tanto con el nombre del comandante como con el de la región de la Alta Macedonia de la que procedían; por ejemplo, «el batallón de Ceno de Elimiótide» y «el batallón de Poliperconte de Tinfea».
Dentro de las tropas a que hemos hecho alusión, el rey desarrolló ciertas élites. Siete de los amigos compañeros servían como guardias personales (somatophylax) de Alejandro; y parece que el asesino de Filipo, Pausanias —era un guardia personal y un amigo—, formó parte también de uno de estos grupos especiales durante el reinado de Filipo. Había además un grupo especial de pezhetairoi que actuaba como guardia de Filipo cuando iba a pie en alguna ceremonia o en acción si combatía a pie como, por ejemplo, en la batalla contra los ¡lirios del 358 a.C. Eran elegidos por su valor y su fuerza física. De la caballería de los compañeros un escuadrón (ilé) era el «escuadrón real» o «escuadrón particular del rey»; luchaba junto al rey y por ello mismo era llamado a veces la guardia (agema).
Otro grupo de soldados de infantería reclutado por Filipo era el de los llamados hipaspistas («portadores de escudo»). El nombre procedía del escudero del rey que llevaba su escudo hasta el campo de batalla (Peucestas cumplió esta función para Alejandro), y primero se extendió a la guardia
real (agema) y luego a otros dos batallones. Los hipaspistas, en número de 3.000, fueron todos ellos a Asia con Alejandro. Eran compañeros y macedonios y, en sentido restringido, la infantería particular del rey. Sus hijos eran educados para el ejército y estos hijos sirvieron en el 321 a.C., siendo llamados «los descendientes de los hipaspistas» o sólo «hipaspistas», ya que el nombre original del regimiento fue cambiado por el de «escudos de plata» (argyraspides) justo antes de la invasión de la India.
Es probable que el rey diese recompensas especiales a los hombres en su círculo más inmediato: los siete guardias personales, el escuadrón real de la caballería de los compañeros, la guardia de
pezhetairoi de Filipo y la guardia real de hipaspistas. Estos premios eran en tierras o en metálico.
Además, el rey pagaba la manutención y la instrucción de los pajes reales, muchos de los cuales eran familiares de los compañeros; también parece haber hecho lo mismo por los hijos de los hipaspistas.