De acuerdo al libro de Números, los campamentos de Israel dejaron el desierto de Sin y se movieron tan rápido como les fue posible hacia el Sinaí, deteniéndose primero en Dopak, luego en Alush, y finalmente en Refidim cerca del Monte Horeb. El libro de Éxodo no menciona los primeros dos lugares debido a que aparentemente nada de importancia histórica ocurrió ahí.
Fue en Rafidim, sin embargo, que el primer milagro de la obtención de agua de la roca ocurrió. Las circunstancias eran atroces. Con su libertad de apenas unas semanas, los israelitas solamente estaban tan cerca del Señor como la satisfacción de sus necesidades físicas lo requerían. A la menor provocación o inconveniencia ellos buscaban al Señor y su profeta con una lengua irreverente. Esto pasó en Refidim. La gente estaba solo a un paso del Sinaí pero ellos ya no tenían agua. “Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo:” ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?” (Éxodo 17:3) Ellos clamaron a Moisés insinuando que él intentaba matarlos pero estaban tan llenos de odio ¡que fueron ellos los que pensaban matarlo! “Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo:¿Qué haré con este
pueblo? De aquí a un poco me apedrearán.” (Éxodo 17:4)
El Señor dijo a Moisés que hacer. El iba a tomar su vara e ir con los ancianos de Israel a cierto lugar cerca de donde el poder del Señor se manifestaría “sobre la peña de Horeb”. Allá Moisés golpearía la roca y haría brotar agua para las multitudes de Israel y sus rebaños. Entonces Moisés hizo como el Señor le había mandado y el milagro ocurrió tal como el Señor había prometido.
“Y llamó el nombre de aquel lugar Masah(tentar) y Meriba(rencilla), por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7).
Cualquiera que ha visitado las montañas de Horeb se dará cuenta del resultado que provocaría una milagrosa muestra de poder divino en este lugar. Los rudos, desolados, y secos acantilados de granito de esta cadena de montañas se apilan por encima del suelo del desierto. En esta soledad los hijos de Israel iban a permanecer un año completo. Sin la milagrosa “obtención de agua de la roca” y la ración diaria de mana, eso seria imposible.
LOS DESCENDIENTES DE ESAÚ CAEN BAJO ISRAEL
Moisés había apenas iniciado su labor de acomodar al pueblo en este nuevo campamento cerca de Horeb cuando las tribus guerreras que eran descendientes de Esaú vinieron desde las montañas y empezaron a despojar a los desventurados israelitas. Este ataque no era en contra del cuerpo principal de Israel sino contra las personas rezagadas quienes estaban cansadas y desmayadas y se habían quedado atrás. Los atacantes resultaron ser los Amalecitas quienes eran descendientes de Amalec, nieto de Esaú. Dado que Esaú era el hermano gemelo de Jacob, el pueblo de Israel era pariente de los Amalecitas, pero después de tantas generaciones ¿a quien le importaba el parentesco? Los Amalecitas atacaron con gran ferocidad.En este momento de crisis, Moisés llamó a un confiable joven Efrateo que estaba destinado a convertirse en un famoso personaje en la historia hebrea. Su nombre era originalmente Hoshea, hijo de Nun, pero Moisés cambio su nombre a Josué (que significa salvador) el mismo nombre que sería dado al hijo de María unos 1500 años después. a
Moisés ordenó a Josué para que eligiera un cuerpo de hombres que fuera a combatir contra los Amalecitas al siguiente día. Para garantizar esta victoria, Moisés tomó a Aarón y Hur, que parecía que habían servido como consejeros, y fueron a un monte alto donde se podía divisar los campos de batalla y donde ellos pudieran pedir las bendiciones de Dios. b
Cuando la batalla inició, Moisés levantó su báculo o vara y los israelitas prevalecieron, pero cuando se cansó y bajó su brazo, los Amalecitas prevalecieron. Aarón y Hur vieron lo que estaba ocurriendo y entonces ellos prepararon una piedra sobre la cual Moisés pudiera sentarse, “y Araron y Hur sostenían sus manos, el
uno al lado del otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”.
De este modo los israelitas vencieron a los Amalecitas completamente y forzaron a los sobrevivientes a huir por sus vidas.
Entonces el Señor dijo a Moisés que tomara un libro y escribiera en él concerniente a esta gran victoria. El Señor también dio a Moisés una profecía de que un día los Amalecitas serian “raídos del todo… debajo del cielo” (Éxodo 17:14) Esta profecía se cumplió completamente 400 años después.(1 Samuel 15:3)
Note que Éxodo 17:14 menciona el hecho de escribir un libro. Esta es la primera referencia respecto a “escribir” en la Biblia, y algunas autoridades han asumido que la escritura alfabética debe haber sido inventada aproximadamente por ese tiempo. Sin embargo, la revelación moderna enseña el hecho de que esta suposición es un grave error. La escritura existió entre los hombres desde los días de Adán. De hecho, el Señor declara que Adán enseñó a sus hijos a escribir un lenguaje que era puro y sin errores. Sofonías predice que este lenguaje puro será restaurado en los últimos días. (Sofonías 3:9). Ya hemos discutido previamente los escritos tanto de Abraham como de José los cuales fueron encontrados en las catacumbas de Egipto. Ciertamente estos fueron preparados mucho antes que Moisés. Por estas y otras fuentes de evidencia estamos confiados en decir que la escritura ha sido un fino arte siglos antes de que Moisés naciera.
LA LLEGADA DE JETRO CON LA ESPOSA E HIJOS DE MOISES
Pareciera que casi inmediatamente después de la derrota de los Amalecitas, el corazón de Moisés fue animado por la llegada de su suegro, Jetro, sacerdote de Madián. Y mejor aún, él trajo consigo a la esposa de Moisés junto con sus dos hijos, Gersón y Eliezer. Originalmente Séfora y sus hijos habían decidido ir a Egipto con Moisés, pero por alguna razón habían regresado.(Éxodo 18:23) Ahora ellos se reunían con Moisés en su hora de triunfo.“Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlos librado de mano de los egipcios.” (Éxodo 18:79)
Moisés estaba ansioso de que los príncipes de Israel conocieran al sacerdote de Madián que no solo era su suegro, sino que era el hombre de quien había recibido el Sacerdocio. (D.yC. 84:6). Moisés por lo tanto invitó a Aarón y a todos los lideres de Israel a una gran fiesta donde ellos honraron a Jetro.