No podemos concluir la historia de José sin mencionar un suceso mas extremadamente importante el cual esta aun en proceso de mostrarse. Este fue el descubrimiento del volumen completo de los escritos de José en las catacumbas de Egipto. Como ya hemos mencionado, los arqueólogos han buscado en vano por el mas leve fragmento de evidencia relacionada con la administración de José en Egipto. Tanto como les ha sido posible determinar su ministerio completo fue durante el periodo de los Hycsos, los reyes pastores. Por eso, se asumió que cuando esos semitas extranjeros paganos fueron finalmente expulsados por los egipcios nativos, ellos sistemáticamente demolieron cada seña de la presencia de los Hycsos, incluyendo toda posible referencia del gran primer ministro Hebreo, José.
De manera que por medio de esta destrucción es que se generó un vació en la historia de Egipto que se extiende por un periodo de un poco mas de 150 años. Al principio esto fue desconcertante para los egiptólogos debido a que ellos sabían que los egipcios nativos fueron unos escribas impecables. El Dr. Werner Séller comenta en cuanto a este fenómeno:
“Ningún país en el antiguo Este ha plasmado su historia tan devotamente como Egipto. …Ningún otro pueblo ha registrado tan meticulosamente sus eventos importantes, las actividades de sus dirigentes, sus campañas, le erección de sus templos y palacios, así como su literatura y poesía.
“Para este período Egipto no dio respuestas a los estudiosos. Y si no fuera suficiente el hecho de que no encontraron nada sobre José, tampoco descubrieron ningún documento ni monumento de todo este período completo. Los registros que difícilmente mostraban alguna ruptura por siglos repentinamente se detienen alrededor del año 1730 A.C. A partir de ahí y por mucho tiempo una oscuridad impenetrable descansa sobre Egipto. Ninguna evidencia contemporánea aparece antes de 1580 A.C. ¿Cómo puede ser explicada esta ausencia de información por tanto tiempo, especialmente de un pueblo y civilización tan altamente desarrollado?”.
El Dr. Séller responde su propia pregunta señalando que esto pareció suceder en la época cuando los “Hycsos, tribus semíticas de Canaan y Siria”, estaban gobernando Egipto.
Las fechas de “aproximadamente” 1730 a 1580 A.C. que el Dr. Séller cita como la duración en que los Hycsos gobernaron no esta fijada con exactitud por los historiadores pero se cree que sus cálculos son bastante aproximados, con una década o dos de mas o de menos. Ciertamente se torna remarcablemente consciente que este período sea muy idéntico por tres eventos significantes: 1. El tiempo en que José estuvo viviendo en Egipto. 2. El tiempo cuando los Hycsos reyes pastores gobernaban Egipto. 3. El tiempo cuando los egipcios nativos trataron de borrar completamente esa parte de su historia. Si esta reconstrucción es correcta y los hallazgos recientes parecen apoyar esto fuertemente entonces se explica porque los egipcios desearían borrar este despreciado período de su historia y también explica porque los arqueólogos fueron
incapaces de encontrar monumentos, obeliscos, pilares o registros históricos referentes al primer ministro hebreo, José.
Pero incluso si hubiera sido la intención de los vengativos egipcios borrar cada vestigio de la historia de José junto con la de los Hycsos, ahora sabemos que ellos providencialmente olvidaron el volumen invaluable de los escritos de José el cual fue enterrado con una momia real en una de las tumbas. Bajo aquellas circunstancias, es casi milagroso que estos extensos papiros de los escritos de José hayan sobrevivido.
En algún momento entre 1818 y 1823 D.C. un buscador de tesoros llamado Antonio Lebolo ª abrió una sección de las catacumbas cerca de la antigua ciudad de Tebas y accidentalmente tropezó en este santuario real donde los escritos de José fueron escondidos. Lebolo nunca vivió lo suficiente para ver el valor de lo que había descubierto, pero ningún estudiante moderno de la Biblia debe ignorar esto.
LA ASOMBROSA HISTORIA DE ANTONIO LEBOLO
Las fechas correctas y muchos detalles significativos concernientes a la exploración de Lebolo no fueron documentadas hasta hace poco. El Dr. Sydney B. Sperry de la Universidad de Brigham Young empezó a indagar en la historia de Lebolo hace unos años. Entonces el Dr. James R Clarck, también de la Universidad de Brigham Young, decidió hacer de esta área de estudio una parte importante de su trabajo. Se convirtió en una aventura emocionante. Todos estos hechos habían sido desenterrados y habían sido compilados en un libro escrito al cual Dr. Clarck tituló, La historia de la Perla de Gran Precio. Este libro es actualmente usado como texto en la Universidad de Brigham Young y se puede encontrar un resumen de las exploraciones de Lebolo y los subsecuentes eventos relacionados a esto. Los puntos de interés son los siguientes:
Antonio Lebolo hizo su exploración en Egipto bajo el patrocinio de Chevalier Drovetti, el Cónsul Francés, que había obtenido un permiso especial de Mohamed Ali, el virrey de Egipto. Lebolo fue solo uno de los muchos grandes aventureros y exploradores que excavaron en las catacumbas durante la primera parte del siglo diecinueve. No obstante, a pesar de todas las excavaciones, esta no fue la “época de oro” de la arqueología en Egipto. Esta caería mas apropiadamente en la clasificación de una salvaje e imprudente época cuando rufianes estuvieron haciendo una redada de las tumbas reales de Egipto en un esfuerzo por encontrar momias y artefactos que pudieran ser legalmente sacados de Egipto y vendidos por una gran suma a los museos y coleccionistas de Europa.
Debido a que muchas de estas tumbas habían permanecido sagradas e intactas por mas de 3000 años, estas representaban un virtual e invaluable tesoro arqueológico. Sin embargo, dado que estos ladrones profesionales de tumbas de este período no eran científicos sino pilladores, fue inevitable que solo los objetos mas valiosos y mejor preservados fueran salvados. Un hombre llamado Giovanni Belzoni que estaba trabajando en la misma área que Lebolo, describe como fue que trabajaron en una de estas tumbas antiguas. Cada bóveda o fosa a menudo contenía cientos de cuerpos momificados. Belzoni dice, “en cada paso que dí me cruce con una momia en alguna parte u otra… Cuando mi peso caía en el cuerpo de algún egipcio éste crujía como una caja. Me hundí enteramente entre las momias rotas con un crujir de huesos, harapos y sarcófagos de madera… No pude evitar ser cubierto con huesos, piernas, brazos y cabezas rodando desde arriba”.
Estaba debajo de una tumba real oscura y mohosa localizada cerca de Tebas y contenía cientos de momias que Antonio Lebolo había encontrado un poco antes de 1823. b
Se le atribuye al sobrino de Antonio Lebolo, Michael Chandler, haber reportado los siguientes detalles concernientes a esta exploración:
Una fuerza de trabajo que involucraba 433 hombres compuesta de soldados egipcios y turcos, fueron empleados con un sueldo de seis centavos por día y trabajaron cuatro meses y dos días antes de descubrir la entrada a esta tumba en particular. Después de forzar una entrada a las catacumbas, Lebolo descubrió que esta contenía alrededor de 100 momias que eran de “primer orden” de embalsamamiento, y otras 200 o 300 momias que eran de segundo y tercer orden. Todas estas fueron localizadas en la “gran cavidad” o catacumba abovedada.
Las momias de primer orden se hallaban en sarcófagos los cuales estaban erectos en nichos escarbados en las paredes de las catacumbas. Las restantes estaban depositadas sobre el piso. La antigüedad de estas momias era tal que ninguna de estas que estaban en el piso puso ser removida. Estas se desbarataban a pedazos con la mas ligera manipulación. Sin embargo, entre las 100 momias de primer orden, 11 fueron encontradas en buen estado de preservación. Lebolo rápidamente encajonó estas para enviarlas a París.
Queda claro que ninguno de estos ataúdes egipcios o sarcófagos fueron abiertos por Lebolo de manera que él no supo que dentro de estos ataúdes serían encontrados documentos originales mas antiguos que los escritos de Moisés.
Desafortunadamente, Lebolo nunca alcanzó su destino con estas momias de manera que no podemos tener su registro personal de esta exploración excepto a través de su sobrino, Michael Chandler, a quien él presumiblemente comunicó por carta la información descrita anteriormente. Lebolo fue azotado por una severa enfermedad mientras se dirigía a París y tuvo que dejar el barco en Trieste, Italia, donde murió diez días después. Previo a su muerte, sin embargo, Lebolo manifestó su voluntad a su sobrino, Michael Chandler, y le dejó como herencia las 11 momias. Quizás fue al mismo tiempo que él escribió para el beneficio de su sobrino la manera en como habían sido descubiertas las momias. Sabemos que Chandler reclamó tener conocimiento de alguna fuente de muchos grandes detalles concernientes a estas momias.
Pasó mucho tiempo, sin embargo antes de que Chandler recibiera las voluminosas cajas de madera conteniendo estos 11 sarcófagos egipcios. De hecho, de acuerdo con su propio registro, estas no llegaron a él hasta la primavera de 1833. Dado que ahora tenemos documentos de fuentes contemporáneas indicando que Lebolo murió en 1823, es obvio que hubo un retraso de aproximadamente 10 años antes de que las momias llegaran a manos de Michael Chandler.
En parte el retraso se debió al hecho de que Michael Chandler había estado originalmente viviendo en Dublín, Irlanda, y fue a este destino que las momias fueron originalmente enviadas. Sin embargo, cuando estas antigüedades egipcias llegaron al puerto Tamesis en Inglaterra, se supo que Chandler se había mudado a América de manera que sus amigos arreglaron el envió ahora directamente hacia Nueva York.