Si es importante que la relación entre el terapeuta y los clientes tenga como contexto un clima emocional seguro, lo mismo puede decirse de la relación de los miembros del equipo entre sí (trátese de colegas o de un supervisor y practicantes) y con los clientes (Cantwell y Holmes, 1995). En consecuencia, es necesario que los observadores detrás del espejo acepten recíprocamente sus opiniones, como
también la conversación del terapeuta entrevistador con los clientes. Es conveniente que las sugerencias se comu- niquen al terapeuta con el mismo respeto y sensibilidad con que se habla a los clientes. Un clima emocional favo-, rabie entre los terapeutas facilitará el tratamiento, del mismo modo que un conflicto entre los miembros del equi- po lo perjudicará.
Las llamadas del equipo a la sala de entrevistas deben sopesarse cuidadosamente; sólo deben hacerse las referi- das a cuestiones importantes, a fin de no interrumpir de- masiado la entrevista. Las interrupciones son útiles pero pueden resultar molestas, tanto para los clientes como pa- ra los terapeutas. Es preferible que las preguntas o co- mentarios sean transmitidos siempre por la misma perso- na. Esos mensajes deben ser tan claros y breves como sea posible, a fin de no confundir al terapeuta entrevistador.
Los equipos más numerosos suelen designar a uno de sus miembros para que hable con el terapeuta durante la pausa. En el transcurso de la sesión, o a su término, los otros miembros hacen llegar información por escrito al vo- cero designado.
Es preciso discutir de antemano si el terapeuta tiene que repetir al pie de la letra una pregunta que se le ha su- gerido o puede reformularla; la decisión que se adopte de- penderá de la idoneidad del equipo terapéutico. Si el te- rapeuta entrevistador es un practicante, suele ser más útil pedirle que repita la pregunta tal como fue formulada. Una comunicación entre terapeutas experimentados pue- de parecerse más a una miniconsulta y adoptar la forma de una pregunta, como por ejemplo: «He observado que usted persiste en ocuparse del contenido. ¿Es algo deli- berado o contempla la posibilidad de explorar la lucha por el poder?».
Cuando los terapeutas entrevistadores se reúnen con el equipo apostado detrás del espejo, siempre se les permi- te ser los primeros en comunicar sus impresiones. Por lo general se considera que la opinión de la persona que com- partió el campo emocional con los clientes durante la en- trevista tiene un poco más de peso que el juicio de los
observadores detrás del espejo. Breunlin y Cade (1981) se- ñalan que
«el terapeuta entrevistador decide cuándo tiene suficiente información y si desea escribir el mensaje con sus propias palabras o citar lo que han expresado los miembros del equipo. La decisión final en cuanto al uso de una idea o mensaje corresponde al terapeuta, porque es él quien en última instancia debe llevarla a la práctica y quien puede apreciar con mayor exactitud el clima afectivo de la se- sión» (pág. 456).
Cuando el trabajo en equipo es el procedimiento nor- mal utilizado con todos los clientes, debe resolverse con antelación si el terapeuta entrevistador está autorizado a tomar decisiones independientes sobre el caso. Si los clientes lo llaman entre sesiones para hacerle una pre- gunta, ¿debe contestarla directamente o consultar antes al equipo? La mayoría de los equipos autorizan al tera- peuta entrevistador a contestar, tanto por razones prácti- cas como por el hecho de que la composición de los equipos no siempre es estable. También puede ocurrir a veces que el terapeuta consulte al equipo o a algunos de sus miem- bros por razones terapéuticas.
Por ejemplo, una cliente puede llamar para decir que acaba de descubrir que su amante —un hombre casado— tiene una aventura con otra mujer, y está tan furiosa que quiere revelar a la esposa esa doble infidelidad. La cliente desea que el terapeuta le aconseje si debe hacerlo o no. Un terapeuta centrado en la solución no puede, en conciencia, dar una respuesta directa, por mucho que desapruebe una acción. Su tarea consiste en ayudar a su cliente a exa- minar todos los aspectos de esa acción, incluida su morali- dad, pero el cliente tiene que asumir las consecuencias de su decisión. Así, en este caso, al decirle a la cliente que consultará con el equipo, el terapeuta le da un poco más de tiempo para reflexionar sobre sus acciones y él mismo tiene más tiempo para preparar un mensaje cuidadosa- mente elaborado. Por ejemplo, puede enfrentarla, sin po- ner en peligro su relación con ella, diciendo: «La mitad del
equipo considera comprensible que usted esté tan enojada y quiera vengarse, pero cree que debería estar segura de que más adelante no se arrepentirá. La otra mitad estima que "dos cosas malas no hacen una buena"». En general, las decisiones sobre el manejo de las llamadas entre sesio- nes deberían tomarse con un ojo puesto en la necesidad de preservar el clima emocional de la sala de entrevistas.
En el próximo capítulo abordaré lo que denomino «mensaje de recapitulación» y «sugerencia».