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6. La Mneme como principio constante del cambio de los

6.2 La Mneme

6.2.1 Estímulo, excitación y sensaciones

El libro de Richard Semon inicia con una distinción entre estímulo [Reiz], excitación [Erregung] y sensación [Empfindung]. Por estímulo se entiende todo aquel proceso energético que desencadena una reacción en un organismo viviente. Luego entonces, no habría estímulo que no causara una determinada alteración o cambio fisiológico. De la naturaleza del estímulo, ya sea ésta química, fotónica, plástica, motora, etc., depende la naturaleza de su contraparte en el organismo, esto es, la excitación.

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La obra principal de Hering es Sobre la memoria como función general de la materia orgánica [Über das Gedächtnis als eine allgemeine Funktion der organischen Materie] publicada en 1870. Semon fue estudiante de Hering, por lo que el énfasis en el aspecto fisiológico de la memoria tiene su raíz en la relación con su maestro.

Estímulo externo

Excitación

Sensación

A la luz de esta definición, cuando la «sustancia irritable» o «sustancia sintiente» de un organismo resulta afectada por un estímulo, sea éste interno o externo8, se desencadena un proceso que, según él, se puede dividir en dos partes fundamentales. Por un lado, el proceso energético que se da en el cuerpo del organismo al estar en presencia de la estimulación y, por otro, la manifestación directa o indirecta de tal proceso para el

organismo. Hablamos entonces de excitación (Erregung) y sensación (Empfindung),

respectivamente (Figura 30). Mientras la sensación es lo «conocido», lo «sentido» por nuestra conciencia, es decir, la información inmediata, la excitación es siempre inferida. Sólo a través de un esfuerzo consciente que podemos llegar a traer las excitaciones a la «existencia». La sensación, por lo demás, no se define con referencia a otra cosa, ni a otros elementos más básicos. Así, la excitación deviene en un concepto creado, total y arbitrariamente por nosotros y como resultado de una larga serie de síntesis de sensaciones. Lo más cercano a nosotros resulta ser la sensación, no la excitación, ya que ésta última es siempre inferida o deducida. En palabras de Semon: «Aquí tenemos la sensación de luz, allá el proceso energético en una porción especial de nuestra sustancia irritable (reizbaren Substanz)» (LM: 62)9.

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Ejemplos de estímulos internos podrían ser, por un lado, los movimientos de órganos como el corazón o los pulmones y, por otro lado, los procesos fisiológicos desencadenados al recordar una experiencia pasada, sea ésta agradable o desagradable.

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No obstante, Semon advierte que ambas cosas son las dos caras de una misma moneda, y que tal separación es meramente metodológica. Se trata de una separación arbitraria en un proceso que aparece ante nosotros como una unidad: «[…] una sensación y su concomitante excitación son uno y el mismo proceso visto desde puntos de vista diferentes. La diferencia de perspectiva consisten simplemente en esto, que la introspección se dirige al contenido de la sensación sentido de manera inmediata, mientras que el proceso energético se presenta a sí mismo como el producto de varias sensaciones asociadas a través de la abstracción y la combinación». (SM: 62)

Ahora bien, lo importante de esta división es que para Semon el contenido de la conciencia es uno solo: sensaciones, en el sentido amplio del término. Los llamados sentimientos (Gefühle) y las imágenes o representaciones (Vorstellung) harían parte de este gran grupo. Es imposible hacer una distinción directa entre sensaciones originales y las llamadas imágenes [Vorstellungen] y debemos concluir, entonces, que ambas clases de componentes de la conciencia deben ser incluidos bajo un único nombre colectivo, y que solo pueden distinguirse en términos cualitativos en referencia a las diferencias en sus modos de origen. (SM: 68) De este modo, todo el contenido de la conciencia son sensaciones.

Toda sensación deja tras de sí una estela, una huella, la cual se impregna de manera definitiva en la sustancia irritable del organismo (ley de engrafía10). Tal acuñación, si bien depende de varios factores como la disposición energética del sujeto, la intensidad del estímulo o la duración del mismo, es inevitable. El proceso que subyace a la impregnación del engrama es similar a lo que sucede cuando tiempo después de haber retirado la vista de la luz directa del sol subsiste un estado alterado en las células de la retina que fueron excitadas, y que lentamente van retornando a su estado habitual. En cuanto a la forma en que las sensaciones se manifiestan en el sujeto, Semon advierte que estas no se presentan en forma aislada, esto es, normalmente no vienen una por una, sino como parte de un grupo mayor de sensaciones. De hecho, todo lo que llamamos «cuerpo» resulta ser un cúmulo o síntesis de tales sensaciones. Por ende, no nos es dado hablar de sensaciones, sino mejor de complejos de sensaciones (Empfindungskomplexes). Si sostenemos frente a nosotros una vela encendida no tenemos una sensación de la luz que penetra en la retina y aparte la del calor en la mano o la del crepitar de la mecha al combustionar. Todas esas sensaciones directas son percibidas en el mismo instante. Una sensación separada de la otra es solo producto de un esfuerzo racional de abstracción.

De esta forma, las sensaciones coexisten unas con otras en tales complejos y, por ende, éstas quedan grabadas engráficamente también como complejos engramáticos, y no como simples engramas aislados. Un engrama, entonces, está compuesto por todo el

complejo de sensaciones que rodean a la situación original misma y no por x o y sensación particular. En resumen, no hay engramas individuales, sino complejos engramáticos. En el ejemplo anterior harían parte del complejo engramático no solo la luz o el calor de la vela, sino también la disposición de mi cuerpo, el ruido de la habitación vecina, el olor a quemado propio de la combustión, entre otras sensaciones. Los complejos engramáticos del pasado tienen la capacidad de ser provocados (ausgelöst) nuevamente en situaciones determinadas del presente. Sólo se necesita el retorno parcial de la situación original en que se imprimió el engrama (ley de ecforia11).

Así, los planteamientos fundamentales sobre la mneme se reducen a dos leyes: la de

engrafía y la de ecforia. La primera nos dice que todas las excitaciones en un organismo

forman un complejo simultáneo de excitaciones que, como tal, actúa engráficamente, es decir, deja tras de sí un complejo engramático. Una huella impresa que actúa como una unidad (SM: 324). La segunda ley dice que el retorno parcial de la misma situación

energética que una vez ha actuado engráficamente genera ecforia de la situación

original. En otras palabras, que el retorno de la situación que originó un engrama conlleva una evocación del engrama acuñado con anterioridad.

Cuando los complejos engramáticos son traídos nuevamente a la conciencia, éstos retornan a través de sensaciones que no son las que le dieron origen al complejo, sino que son mnémicas, esto es, son resultado del proceso mismo de retorno. Hay, pues,

sensaciones originales y sensaciones mnémicas, a las que corresponden, desde el punto

de vista energético, excitaciones originales y excitaciones mnémicas, respectivamente. En efecto, una cosa es la sensación directa y original de la vela en este momento, y otra muy distinta es la sensación mnémica o «recuerdo» de la vela encendida tiempo después de que me he alejado de ella. Normalmente diríamos que la sensación mnémica de la vela resulta palidecer frente a la sensación original. Ese palidecer lo definimos por lo general como una falta de intensidad o fuerza, o en su defecto, como una falta de nitidez en la imagen mental. Cuando hacemos el esfuerzo por generar una imagen mental de un rostro conocido nos enfrentamos a la dificultad de dotarlo de detalles. Sin embargo, para Semon, las sensaciones originales se diferencian de las mnémicas principalmente en su modo de producción, no en su naturaleza, ni en su intensidad. En cuanto a la vivacidad

(Vividität) de ambas —cosa que a simple vista parece diferenciarlas— tampoco resulta ser un criterio absoluto de diferenciación, como veremos más adelante.

Así, la producción de un complejo de sensaciones originales está en relación con la duración de un complejo particular de estímulos. En el caso de las sensaciones mnémicas, su ecforización o retorno sólo requiere de una parte o fragmento del complejo de estímulos, o simplemente de la presencia de uno de sus predecesores. He aquí no solo la diferencia fundamental entre los dos tipos de sensaciones, sino también la estructura fundamental de la segunda ley de los fenómenos mnémicos. En el ejemplo de la vela encendida, el mero olor distante de una mecha en combustión, aunque en situaciones distintas, puede evocar o ecforizar todo el complejo completo de sensaciones originales (el calor de la llama, la imagen de la luz, etc.).