• No se han encontrado resultados

3. Sobre el sentido óptico de las formas (1873)

3.2 El sentido óptico de las formas

3.2.1 Sensaciones e imaginación

Hay tres tipos de sensaciones: inmediatas (Zuempfindung), reactivas (Nachempfindung) y enestésicas13 (Einempfindung). Ver [Sehen] es un ejemplo de una sensación inmediata y observar [Schauen] de una sensación reactiva. La primera acción es inconsciente y se reduce a una respuesta directa y pasiva al estímulo visual. En sus palabras, en «la simple reproducción o impresión fotográfica del objeto en nuestra retina» (SSO: 93). En contraste, la segunda acción —el observar— exige una participación motora (muscular) que implica la conciencia del acto por parte del sujeto. Hay un acto voluntario en el escaneo del objeto. Es decir, hay una participación activa del sujeto en la experiencia del mundo. En el mismo instante en que el mundo es “observado” más allá de ser simplemente “visto”, éste se impregna de valor. Empezamos a valorar nuestra experiencia dado que dirigimos nuestra atención a ciertos elementos de ella. Este es el primer paso necesario para llenar al objeto de emociones. Pero ambas cosas, ver y observar, no se dan en momentos diferentes, sino que son procesos complementarios y coexistentes.

12

Es bastante conocido por los músicos el hecho de que al tocar una cuerda en una nota específica, las otras cuerdas vibran automáticamente si están afinadas en la nota emitida por la primera. Lo anterior sucede sin importar la octava de las notas. El nombre de este fenómeno es «resonancia mecánica».

13

Mallgrave e Ikonomou (1994) eligen traducir la palabra Einempfindung por «sensaciones empáticas». No obstante, Arlette (2009) argumenta que así se pierde la separación radical entre sensaciones y sentimientos, ya que se introduce el pathos en un proceso que es mucho más primario, que solo se da a nivel estrictamente sensorial, lo cual no deja de generar confusiones. Propone entonces el término enestesia (de la raíz aesthesia: sensaciones). Decidí tomar esta recomendación.

PROCESO SENSORIAL IMPRESIONES SENSACIONES Inmediatas (Zuempfindung) Reactivas o cinestésicas (Nachempfindung) agradables desagradables Enestesia (Einempfindung) Inmediata y fija [zuständliche Einempfindung] Cinestésica [Bewegte Einempfindung] SENTIMIENTOS Inmediatos (Zufühlung) Reactivas o cinestésicas (Nachfühlung) Empatía (Einfühlung)

R. Vischer se ubica más allá de la visión formalista al proponer que es la adecuación entre la estructura fisiológica (nerviosa y muscular) y la figura del objeto lo que produce el placer, no las cualidades intrínsecas del objeto. Es decir, no es el número áureo de una flor de girasol lo que la hace hermosa, sino su adecuación con la estructura interna del ojo, quizás con la distribución de los conos y los bastoncillos en la retina. La simetría y la proporción, principales nociones en la escuela herbartiana, se encuentran primero en nuestro cuerpo y luego, con base en esa experiencia, juzgamos y percibimos los objetos externos. Aceptamos con agrado las formas verticales porque nuestro cuerpo es vertical, pero se nos presenta mejor la simetría horizontal que la vertical por la posición horizontal de nuestros ojos. Así, la experiencia corporal es un aspecto fundamental de toda ulterior experiencia estética. En la visión, por ejemplo, la corporalidad condiciona la percepción de las formas ópticas. El cuerpo se presenta, pues, como medida de similitud o

disimilitud. Las figuras irregulares nos perturban porque nuestro cuerpo es regular. Otro tanto ocurre con el papel del tacto en la visión. Lo háptico —todo lo referido al contacto— está en profunda relación con lo visual. Se aprende a ver tocando. La visión está relacionada con todo el cuerpo porque todos los sentidos se conectan en una experiencia

corporal. En síntesis, el cuerpo se experimenta como una unidad perceptual y esta

unidad es el punto de partida de todo contacto con el mundo exterior.

Ahora bien, las sensaciones enestésicas [Einempfindungen], como tercera forma sensorial, se diferencian de manera sustancial de las dos anteriores. En primer lugar, en las sensaciones inmediatas y reactivas el objeto permanece como algo exterior y uno como espectador. Cuando entramos en una sensación enestésica tales límites se desdibujan. En segundo lugar, en el campo sensorial inmediato y reactivo las diversas sensaciones (táctiles, visuales, auditivas, etc.) permanecen diferenciadas unas de otras.

Lo visto, aunque solapado y coexistente con lo oído, siempre se mantiene como dato

distinto. En la enestesia, por el contrario, la unificación de las diversas sensaciones produce una atmósfera. Se trata de un estado de ánimo que nace de unificación de las sensaciones. Ambos aspectos decisivos de la enestesia son susceptibles de encontrarse como parte de nuestras vivencias cotidianas y corrientes con los objetos exteriores.

En recintos con techos bajos todo nuestro cuerpo siente la sensación de peso y presión. Los muros que se han torcido con el paso del tiempo hieren nuestro sentido básico de estabilidad física. La percepción de los límites exteriores de una forma se puede combinar de una manera misteriosa con la sensación de mis propios límites físicos, los cuales siento sobre, o mejor con, mi propia piel. (SSO:98)

Se trata de la aprehensión de nuestra estructura corporal (imagen corporal) en conexión

con la aprehensión de la estructura del objeto sensible. Dado que la enestesia necesita

de una «imagen corporal», la imaginación ya está en juego en el nivel estrictamente sensorial, incluso antes de la aparición de los sentimientos como tal. Este es también otro argumento en contra de la visión formalista de la estética. En la mera percepción de los objetos ya hay un concurso de nuestra capacidad para visualizar un objeto ausente. Cada acto mental está acompañado de una representación simbólica de este acto en nuestra conciencia. En este caso se trata de la visualización de nuestro cuerpo. «Imaginación de sí mismo», es el término usado por el autor. Los sueños representan una misteriosa combinación entre la «imagen de sí mismo» y la del objeto. Vischer, citando a Scherner en La vida de los sueños, proporciona varios ejemplos en los que estímulos motores y visuales se traducen en representaciones oníricas perfectamente

rastreables hasta su sustrato corporal. Un dolor de cabeza puede manifestarse en un sueño como una casa con telarañas en el techo. La estimulación de la retina con destellos lumínicos mientras la persona duerme, se manifiesta en el sueño como una imagen de pájaros en pleno vuelo. De este modo la forma del objeto —en este caso la casa y los pájaros— involucra de alguna manera la forma de nuestro cuerpo.

¿Puede darse este fenómeno cuando estamos despiertos? Vischer responde que no solo es posible, sino que lo hacemos constantemente. Unas nubes que se desplazan en el cielo azul pueden llevarme con ellas, como si el movimiento de ellas fuera mi movimiento. Vuelo con las nubes. En palabras del autor, me muevo «con y dentro de la forma». Igualmente, el recorrido visual de los contornos de una montaña lejana me involucra en la figura hasta el punto en que no es mi simple vista, sino que soy yo el que me desplazo a través de los cerros y árboles. «La aparición de un objeto experimentado de manera accidental siempre provoca, de manera sensorial o motora, una idea del “yo” relacionada» (SSO: 101). No importa si el objeto está o no presente, o si se trata de un sueño o de una experiencia en vigilia, ya que todo objeto siempre es imaginado: siempre se trata de una apariencia, un fenómeno, una imagen en nosotros. Nuevamente repetimos: cada acto mental está acompañado de una representación simbólica de este acto en nuestra conciencia, y esto también vale para nuestras vivencias cotidianas. La imaginación, entonces, al extender y profundizar las sensaciones inmediatas y cinestésicas, permite la aparición de la enestesia. Lo importante aquí es que la construcción de todo fenómeno se hace a partir de la analogía con nuestro propio cuerpo y que esta capacidad imaginativa es inherente al proceso mismo de percepción. Vischer aclara que no se trata de una simple comparación, sino que realmente nos confundimos con el objeto. Hay una aprehensión del objeto desde dentro y no desde fuera, como en las sensaciones inmediatas y reactivas. La mímica y la imitación animal nos proporcionan elementos para entender los fenómenos enestésicos en el hombre. En el camuflaje el animal integra estructuralmente en su cuerpo las características del ambiente que lo rodea. El estudio profundo de este comportamiento nos convence de que en el camuflaje no se trata solo de una herramienta para escapar de los predadores, sino que es la

muestra de la incapacidad para trazar límites definidos entre el interior y el exterior.14 La enestesia, al igual que este comportamiento imitativo, es una fluctuación de los límites corporales. Este paso anticipa la empatía.