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5. El símbolo (1887)

5.2 Tres formas de conexión imagen-sentido

5.2.2 Simbolismo lúcido y libre: la creencia poética

La creencia poética se postula como una forma de simbolismo consciente en el que el sujeto encuentra un núcleo (Kern) en el producto de la fantasía. En otras palabras, encuentra una verdad interior en el enlace imagen-sentido del creyente. Se trata de aquel sujeto que sabe que la conexión imagen y sentido es simbólica y usa la representación conscientemente como un motivo estético. En este tipo de experiencia interior del símbolo la persona es consciente que el pan y el vino, retomando el ejemplo, son

representaciones de una idea de salvación y redención de los pecados. El sentido del

símbolo se hace visible, no está oculto, ya que no está del todo confundido con la imagen (pan y vino) en que aparece. Cabe anotar que Vischer no está hablando del sujeto analítico que solo ve el mito un conjunto de meras invenciones de la fantasía; la creencia poética se refiere al individuo que logra encontrar algo valioso dentro de la maraña de ideas supersticiosas, se hace con ese algo y luego juega libremente con ello en el arte, esto a pesar de reconocer el engaño. Así, el uso del término «simbólico» para referirse al mito se justifica en la medida en que para el no-creyente la verdad interior representada en la imagen mítica es sentida de manera simbólica, no como una verdad objetiva. Una imagen interesante no tiene que ser, en este último sentido, una imagen verdadera. (Vischer, 2009: 209)

En una bellísima descripción de la virgen de la capilla Sixtina de Rafael (Figura 24), Vischer nos convence que no necesitamos creer en María como ser sobrenatural y en su mito de asunción para apreciar la verdad interior del cuadro:

La madre de Jesús no es para nosotros un ser superior fuera de la ley natural, ni la madre de Dios, ni ascendió al cielo, ni es reina del cielo. A pesar de esto, […] tomemos la Virgen Sixtina de Rafael. Cada movimiento de estos rostros parece decir: ninguna palabra, ninguna lengua puede nombrar las delicias del mundo bendito de donde yo vengo flotando, los ojos bien abiertos de un niño lleno de presentimientos que sueña lejos de estas delicias celestiales. Una brisa de lo alto juega con sus rizos, se puede escuchar el susurro del ropaje de la madre a partir del movimiento de la levitación inferior. San Sixto señala afuera y abajo a su feligresía, para la cual él ha suplicado la visión celestial. Santa Bárbara luce dichosa por el permiso concedido del puro regocijo en el mundo bendito de abajo, y con la misma expresión de sincero disfrute en el rostro infantil se muestran los dos graciosos querubines, los cuales el artista pintó después como otros testigos de la alegría celestial inefable de la imagen única y visionaria que se nos muestra (Vischer, 2009: 208).

Los mitos así asumidos se vuelven una fuente de riqueza inigualable para el arte. Los motivos estéticos de la pintura y la escultura se nutren precisamente de ellos. Lo simbólico es lo mítico creído sin una fe verdadera. Los eventos narrados en los mitos y las hazañas de sus protagonistas son concebidos ya no como hechos históricos, sino como un punto de partida para la expresión de una verdad artística. El mito, despojado de los fantasmas de la creencia ciega, revela una verdad solo posible de leer desde esta no-vinculación con el contenido de su relato. Este tipo de creencia permite usar este núcleo [Kern] de la fantasía del relato mitológico para crear nuevas formas de expresión, nuevos motivos, nuevas imágenes. La plurivocidad del símbolo nuevamente genera un espacio para la creatividad y el libre juego del espíritu humano, con lo cual, la conciencia de la distancia que separa a la imagen del sentido permite apreciar dimensiones que están ocultas a los ojos del creyente fervoroso. De esta forma, la imagen-símbolo cambia para siempre la manera en que afecta al sujeto. El sujeto vive la imagen de manera distinta en la creencia poética. Recordemos que Vischer no está tomando en cuenta la postura de aquél que ridiculiza el contenido de los mitos —como el ejemplo de Voltaire—. Más bien, deberíamos decir que este tipo de sujetos no cree en el símbolo. En la relación entre imagen y contenido sólo ve la manifestación de la capacidad asociativa de nuestra mente. Por el contrario, la creencia poética parte precisamente de un acto de apertura hacia la imagen misma. Poco importa que el vino y el pan de la eucaristía no sean

es una preocupación auténticamente humana. Pero en el medio de ambos extremos, la creencia completa y la creencia poética, habría una tercera forma de vinculación que, a pesar de anclarse en la relación oscura de la superstición, anticipa la distancia que el simbolismo libre dibuja entre la imagen y el sentido.

126 Aby Warburg: seis lecturas esenciales