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Evolución del clima de miedo en el Sáhara Occidental

Durante décadas el clima del miedo en el Sáhara Occidental podría evaluarse por el si- lencio a que había sido sometida la población. También porque la única posibilidad de superarlo era huir. Después de la huida masiva en 1975/76, numerosas personas fueron saliendo en pequeños grupos o de forma individual, especialmente jóvenes que no so- portaron las condiciones de control y encontraron una vía para hacerlo, huyendo hacia Mauritania o los campamentos de refugiados de Tinduf.

Lo que me quedó grabado es el miedo, porque quien hablaba iba a desaparecer. Si quieres acabar con el miedo tenías que huir para acá, el único remedio era huir

en grupo. En aquella época Marruecos tenía una política de llevar a los mayores y encarcelarlos o reprimirlos y a los jóvenes llevarlos al norte, y allí quedaban po- cos niños en un círculo pequeño cerrado y reprimidos. Imagínate el pensamiento de los niños de esa edad. Said Salma Abdalahi.

Los primeros contactos de los familiares de desaparecidos o las personas que habían sufrido desapariciones temporales cuando fueron liberadas se vieron en un contexto de temor y control. Como consecuencia del control y represión masiva, el miedo afectó hasta a la posi- bilidad de expresar las demandas de conocer el destino de sus familiares. Dichas actitudes como consecuencia del temor se dieron incluso veinte años después de las desapariciones, como señala el siguiente testimonio.

Yo me decía a mi misma que había que hacer algo. En 1996 comencé a contactar con los familiares de los desaparecidos. Cuando contacté con los familiares me decían que era mejor buscar el perdón, que era mejor perder a un miembro de la familia y no a toda: ten cuidado, nadie de nosotros preguntaremos por nuestros padres. Estaba muy chocada con esta situación. El Ghalia Djimi.

Cuando empezaron a darse algunas movilizaciones a partir de la década de los años ‘90, se extendió el miedo a las consecuencias negativas de defender sus derechos, como recla- mar el destino de los desaparecidos o reivindicar la realización del referéndum. El miedo ha sido desde entonces un instrumento para controlar las movilizaciones de la población saharaui políticamente más activa.

Siempre teníamos miedo. Siempre pasaba eso, a menudo, al ver dos o tres saha- rauis agrupados pensaban algo malo y les van a llevar. Era algo lógico, hasta que cumplías los dieciocho años estabas en las manos de los marroquíes. Nuestros padres eran exiliados hacia acá. A la mayoría de la gente que yo conocía le ocu- rrió eso. Said Salma Abdalhi.

Para las personas que permanecieron detenidas desaparecidas durante periodos entre cua- tro y dieciséis años, el impacto de la desaparición forzada ha seguido marcando sus vidas. Como en este caso en que la mujer fue separada de forma traumática de su hija en una cár- cel clandestina durante quince años, o para quienes fueron niños en medio del terror de los bombardeos. En muchos de estos casos el miedo ha seguido estando presente en sus vidas.

Podría hacerlo, pero siempre me quejo de que tengo mucho miedo, que no puedo sola. Para salir tenía que acompañarme alguien por culpa del miedo. Cuando estuve tomando las medicinas ya podía hacer cosas yo sola. Vivir sola da miedo, pero en casa estoy bien. Salka Bujari.

El terror me queda hasta hoy día, por las tropas y los aviones que bombardeaban. Desde entonces me ha quedado miedo, por ejemplo cuando hay viento con arena me imagino que vienen las tropas marroquíes y me tiro al suelo. Sidi el Bachir w Gala w El Hussein.

También el miedo termina afectando a los proyectos de vida de las víctimas de viola- ciones de derechos humanos. En un contexto en el que no hay investigación ni justicia para las violaciones graves que siguen cometiéndose por agentes del Estado, el miedo se extiende de forma anticipatoria a otras personas incluso de una futura familia. ¿Cuál es el destino para mis hijos?, se preguntan todavía hoy en día muchas personas. Este impacto psicológico tiene una dimensión colectiva en el Sáhara Occidental.

Los hechos han tenido muchas consecuencias negativas en mí: por ejemplo, me da miedo casarme y tener hijos y que ellos sufran lo mismo o simplemente que me maltraten o me torturen en su presencia. Hay también un castigo encubierto por las autoridades marroquíes que afecta psicológicamente a muchos saharauis: es la privación de tener un trabajo, de tener medios de vida. Mahmud Lewaidi. En este otro caso dos amigas fueron detenidas por ir a visitar a Aminatu Haidar después

de regresar a El Aaiún tras la huelga de hambre en Lanzarote en 2009. La relación con lí-

deres o defensoras de derechos humanos, como causa para ser detenido de forma arbitra- ria y golpeado, muestra el nivel de terror que sigue utilizándose en el Sáhara Occidental, y el impacto que sigue teniendo en la vida cotidiana, evitando la movilidad por el territorio, limitando las relaciones sociales e imponiendo el miedo en la vida cotidiana.

Me han detenido con Izana Ameidan. Fuimos a visitar a Aminatu Haidar cuando vol- vió de su huelga en España. Al salir de su casa nos detuvo la policía y nos introdujeron en el coche y nos sometieron a interrogatorio. Nos preguntaron por nuestra relación con Aminatu Haidar, por qué andamos juntas, cuál es el objetivo de nuestra visita, qué nos ha dicho y qué le hemos dicho, desde cuándo la conocemos. Nos llevaron a las afueras de la ciudad a Wad Esaguia, había cuatro coches de policía, nos insultaron, nos llamaron delincuentes, estuvimos dos horas en el coche y luego nos bajaron. Vino Izan, me cogió de pelo y me pegó, perdí el conocimiento y cuando lo recuperé estaba rodeada de policías. Nos dejaron allí. Volvimos andando, era de noche y estaba muy oscuro, pasamos mucho miedo. Tardamos casi dos horas en llegar a la ciudad, lo que pasó nos afectó mucho y estuvimos casi veinte días con miedo y sin poder salir de casa. Las consecuencias son innumerables, pero desde entonces me da miedo la oscuridad, no puedo quedarme sola en casa. Salha Boutenguiza.

Las consecuencias del terror, si bien afectan a una gran parte de la población, tienen un mayor impacto psicológico en las víctimas directas hoy en día. En este caso se trata de un niño detenido y torturado por policías en El Aaiún, en donde el miedo, la retracción social y el temor a las fuerzas de seguridad son también indicadores del trato sufrido.

Desde ese momento siento fobia, siempre cuando les veo pasar siento miedo, les pasa esto mismo a todos mis hermanos. Lemuessi Abdel Naser.

El miedo por los hijos afecta especialmente a quienes han tenido un rol más público, son líderes de organizaciones de víctimas o de derechos humanos, o han tenido un papel acti- vo en las movilizaciones pacíficas.

No me siento seguro ni de mis hijos. Mis hijos están en una escuela privada porque tengo miedo de que les pase algo. Como sabes en las escuelas privadas vienen los coches hasta la casa y los lleva a la escuela, es un autobús de la escuela. Yo no tengo

confianza en las autoridades, ellos pueden hacer daño a mis hijos. Hassana Duihi. En muchos de estos casos, el temor es el efecto más frecuente en las víctimas. Por ejemplo un año después de los hechos de Gdem Izik, muchas víctimas entrevistadas seguían sufrien- do de forma grave las consecuencias de la tortura. En otros casos, la persecución judicial de muchas víctimas que a su vez sufrieron torturas, la extensión del control en las ciudades y el mantenimiento de la misma situación sin una mejora en el trato de las autoridades hacia la población saharaui contribuyen a mantener el impacto traumático en las víctimas.

Mi detención arbitraria en noviembre de 2001 causó un gran impacto a mi madre, tanto que hasta nuestros días tiene una enfermedad psicológica, siempre me acon- seja que no salga por la tarde. Pasé casi tres meses sin moverme y me quitaron mi salario durante seis meses, todo eso por causa de ser saharaui. Salí con la moral fuerte… Pero todo eso me causó un terrible impacto emocional, siempre siento que soy temeroso, especialmente cuando hay manifestaciones, no tenía derecho ni para curarme fuera de mi casa, solo un enfermero saharaui voluntario que me ayudó mucho. Ahmadnah Bakhtayh.

Este clima de control y la posibilidad de ser objeto de nuevas violaciones, afecta prin- cipalmente a aquellas personas que dan a conocer la situación del Sáhara Occidental o denuncian lo que les ha sucedido. Numerosas víctimas entrevistadas para este estudio que habían hecho algunas denuncias en los últimos cinco años especialmente, habían sufrido hostigamientos posteriores en lugar de una resolución de la investigación de sus casos. El miedo a denunciar, si bien ha ido siendo superado por la población saharaui en el Sá- hara Occidental, sigue estando presente en su experiencia personal o familiar y afecta a su comportamiento y bienestar. El siguiente caso corresponde a un ciudadano saharaui español que fue detenido en el campamento de Gdem Izik, y posteriormente objeto de torturas, siendo liberado después de una semana de detención.

Yo digo todo pero con miedo de que pase algo a mi familia porque declaro desde El Aaiún. Siempre tengo miedo y pienso, si voy a El Aaiún, y me dejan pasar, voy a mi casa, y siempre tengo en la cabeza: van a venir detrás de mí. Y me dijo, también, me aconsejó Mariano: Mira hijo, no hagas tantas declaraciones porque luego nunca se sabe lo que puede pasar. Y la verdad es que hice las declaraciones y ahora no sé lo que va a pasar. Ahmed Yeddou.

Incluso esta presión y miedo se ha dado en personas que han participado como obser- vadores de la situación en el Sáhara Occidental durante sus visitas o en algunos casos emblemáticos a la vuelta a su país. Es el caso de algunos observadores que tuvieron un papel clave en transmitir información sobre los acontecimientos de Gdem Izik durante su desmantelamiento por fuerzas de seguridad marroquíes. El impacto mediático en mo- mentos álgidos y la polarización social muestra en este caso algo de lo que vive también

la población saharaui en el Sáhara Occidental.

Cuando nosotros volvimos a Barcelona, no podíamos ni siquiera andar por la calle. Cualquier marroquí nos reconocía y nos gritaba de todo: “Antonio hijo de tal, te va- mos a matar, vuélvete a tu país...” En éste país, en Barcelona, un marroquí diciéndo- me que yo me vuelva a mi país. Era una cosa muy extraña. Nos miraban muy fuerte algunos... En Badajoz también pasó. En todo momento y en todas las ciudades a las que vamos, inclusive en este momento. Nos sentimos vigilados en todo momento, en todo momento. Antonio Velázquez Díaz e Isabel Terraza Reguello.

No sé si eso ahora es secreto o no, antes de ayer, después de la entrada en el campamen- to de Gdem Izik mis hermanas no pueden hablar directamente de lo que ha pasado en el campamento. Eso pasa hasta ahora cuando hablo por teléfono. Omar Hiba Meyara. Dado el control de la movilización y de la población del Sáhara Occidental el miedo se ha convertido en un obstáculo para normalizar la comunicación y la relación de la población saharaui en su mismo territorio.

Cuando viajaba a El Aaiún tenía que llamar a mi madre al menos tres veces al día para que no se preocupara. Esto me causó a nivel personal mucha inseguridad, no es- taba tranquilo, me causó problemas a nivel psicológico muy fuertes. Mrabbih Battah. Incluso el miedo a ser nuevamente detenidos sigue condicionando hoy en día el posible retorno o la visita a sus familiares, especialmente por parte de personas que han sufrido detenciones arbitrarias y torturas anteriormente.

El futuro en el Sáhara Occidental es muy oscuro, detenciones, la gente muriendo en la calle como en el 2005, las torturas, después los colonos marroquíes comen- zaron a enfrentarse con los manifestantes, así he visto que no se podía vivir allí. Me gustaría volver, pero no tengo medios, no veo una situación para ir a los Te- rritorios Ocupados. Sigue habiendo mucha policía, tengo miedo de sufrir alguna detención. Naama Eluali.

Del lado de los refugiados, el miedo a ir al territorio ocupado por Marruecos, llega en algunos casos incluso a las víctimas que pueden participar en el programa del ACNUR para las visitas entre los dos Sáharas divididos. A pesar de la gran cantidad de familiares que han podido verse durante los cinco días que dura la visita, muchas familias siguen teniendo miedo a desplazarse al Sáhara Occidental.

A mí me pesa ir, no me gustaría, prefiero que ellas vengan.

-¿Por qué no quiere ir?

No quiero ir a Marruecos porque no hay seguridad, tengo miedo, prefiero que

vengan que aquí tengo la seguridad de que están bien y no les puede pasar nada. A una de ellas le han dado una paliza hasta más no poder. Mamia Nan Bueh.

La evolución en el clima de miedo descrita en este apartado muestra un cambio en la situación del Sáhara Occidental donde las víctimas de violaciones de derechos humanos han ido rompiendo el muro de silencio y aislamiento en el que vivieron durante décadas. En el caso de los refugiados el miedo por lo que sucede en el Sáhara Occidental sigue

estando presente a través de las noticias y el relato de sus familiares. De forma signifi-

cativa, varias de las personas que pidieron confidencialidad de sus testimonios para esta investigación son personas que se encuentran fuera del Sáhara Occidental y que lo visitan en ocasiones, o personas que sufrieron bombardeos como en el caso de Um Dreiga, lo que muestra el nivel de terror que aún produce su recuerdo y la posibilidad de denunciar los hechos. El clima emocional en el Sáhara Occidental ha ido variando en distintos momen- tos, especialmente en relación a las movilizaciones saharauis y las respuestas del Estado marroquí, pasando de momentos de mayor tranquilidad a crispación y miedo de nuevo, en ciclos que se han ido sucediendo en los últimos años.

Promover un contexto positivo de protección y seguridad es el primer paso tanto para el apoyo a las víctimas. Pero también para la búsqueda de salidas políticas al conflicto en un contexto de libertad de expresión, asociación, manifestación y protección de la vida

mediante la defensa y verificación de la situación de derechos humanos en el Sáhara Oc-

cidental. Dichas garantías no pueden ser proporcionadas por quien es parte del problema y de la amenaza.

El caso del bombardeo de Um Dreiga 101

Ataque indiscriminado contra la población civil 101

El desierto como búsqueda de protección 104

Características del campamento de Um Dreiga 109

Campamento de población civil 112

Bombardeo y destrucción total del campamento 115

Respuestas de emergencia y nivel de terror 118

Ataque a dispensario e infraestructuras de salud 121

Bombardeo e incendio masivo 124

Terror de la población refugiada en las montañas 129

Tipo de armas usadas: bombas incendiarias 131

Estimaciones de muertos y heridos 134

Enterramientos y fosas comunes 136

Consecuencias del bombardeo en la población: acabar con el sueño del retorno 139

El camino del éxodo 142

Acogida y asentamiento de los sobrevivientes 144

Traslado de las víctimas de Um Dreiga a Dajla 145

Condiciones de vida en los primeros asentamientos 147

Bombardeo en Guelta 150

Bombardeo de Amgala 154

Bombardeos de pequeños grupos nómadas 155

Bombardeo de Tifariti 157

El éxodo hacia Tifariti 157

La estancia en Tifariti 159

Bombardeo de campamento 160

Con el tiempo tendrán que hablar. Llegará el tiempo en que obligatoriamente Marruecos tendrá que reconocer que mató a personas indefensas, personas ino- centes, donde sobre todo había mujeres, niños y ancianos. El mundo tiene que enterarse de que hay una justicia, tiene que enterarse de lo que ha pasado en Um Dreiga y otros sitios. ¿Dónde están las víctimas? ¿Son como animales? Una justicia también para los saharauis. El bombardeo dejó todo en un sitio que no se puede olvidar. Um Erghia Abdalahi.