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La huida masiva de población, el control militar y la generalización de la desaparición forzada impusieron el silencio en el Sáhara Occidental durante décadas. El terror gene- ró parálisis de las víctimas y la población en general, bloqueando incluso los esfuerzos y la necesidad de los familiares de tener información y buscar a sus familiares desa- parecidos. Obligó a la población a vivir el silencio como una forma de colaboración impuesta con las condiciones que implantó la represión. El miedo tejió también las rela- ciones familiares. El miedo de los padres por los hijos, y el de los hijos por sus padres. Las consecuencias de la violencia y lo que estaba pasando en su propia tierra era algo de lo que no se podía hablar.

Hay muchas cosas que no se pueden contar. No puedo contar mucho y tampoco la familia permitiría hacer cualquier cosa. Todo el mundo tenía miedo, a los padres también los llevaron como encarcelados, porque les acusaban de que sus hijos formaban parte del Frente POLISARIO, por eso les metieron dentro de Marruecos y estaban como encarcelados. El Batal Lahbib.

El nivel de silencio impuesto por el régimen llegó incluso a no poder nombrar nada que pudiera ser interpretado como una representación de la realidad que cuestionara la que se trataba de imponer. Por ejemplo, los niños no podían siquiera decir que tenían familia- res refugiados en Tinduf. Los hijos de personas desaparecidas no podían nombrar a sus familiares ni decir que fueron detenidos. Los familiares tenían que buscar explicaciones neutras que evitaran el estigma o las amenazas.

Nadie podía hablar, había un temor terrible, ni los que tienen familiares en los campamentos del Frente POLISARIO, ni los que fueron puestos en libertad po-

dían decir que han estado encarcelados, ni las familias damnificadas podían in- vestigar sobre el destino de sus desaparecidos. Salah Hamoudi Mohamed. En este caso la persona fue secuestrada durante tres días con dos de sus hijos que eran me- nores, y posteriormente liberada, aunque finalmente fue después desaparecida hasta hoy en día. El impacto del miedo les llevó al silencio incluso en el propio marco de la familia.

No me contó nada mi marido sobre los tres días que estuvieron secuestrados. Cualquier persona que es secuestrada viene muy impactada, no se atreve a decir nada por miedo a que le pase lo mismo a su familia. Neitu Sidahmed.

El miedo llevó incluso a deshacerse de fotografías, recuerdos y la propia historia como una forma de protegerse del control, evitar el hostigamiento o la detención en caso de allanamiento.

Tengo una sola foto. Cuando comenzaron a bombardear mi madre se deshizo de todos los documentos por miedo a que fuesen utilizados como prueba contra mi padre. Juala Mustafa Yumani.

Teníamos el Libro de Familia, pero lo perdimos, porque cuando empezaron las detenciones, la gente escondía su documentación española. Enterramos los do- cumentos debajo de una piedra sin ningún tipo de protección y quedaron en muy mal estado. Los marroquíes nos pedían el Libro de Familia y se lo querían quedar para el futuro... Pensábamos que al no estar el Libro de Familia por medio, los marroquíes no podrían saber si teníamos a algún familiar nuestro en el POLISA- RIO. Elhartani Mohamed Salem Hamdi.

El nivel de terror conllevó una alteración de las relaciones familiares y la confianza en la familia extensa que es la base de la sociedad saharaui y sus redes sociales o tribales. La posibilidad de ser escuchados o denunciados impuso el silencio incluso en las casas. Las relaciones de apoyo en base a las cuales tratamos de dar sentido a las experiencias, in- cluyendo la violencia, se vieron totalmente afectadas. El silencio llevó a no poder hablar de lo que estaba sucediendo, a pesar de que eso tenía un carácter público y generalizado.

¿El miedo? Imagina que dentro de una familia no hay confianza. Yo recuerdo

que alguna persona estuvo encarcelada sólo por escuchar la radio del POLI- SARIO y la gente de la familia no podíamos hacer nada. No podíamos ver la televisión, ni podíamos escuchar la radio. Decimos que la pared tiene orejas. No hablábamos ni en la familia. Ese es el problema, nosotros no hablamos porque el miedo estaba en todas partes. Omar Hiba Meyara.

En lo que se refiere a los niños siempre teníamos miedo porque la gente contaba

que uno había desaparecido, otro que la policía estaba en su casa… muchas cosas que hacían los niños para jugar, nosotros no podíamos, nos tocaba estar en casa por el miedo que teníamos. Nosotros como niños teníamos mucho miedo y sufrimiento ya que estábamos solo con mujeres, porque la mayoría de los hom- bres se habían exiliado y aquella época fue todo jaleo y todo el mundo temblaba. Said Salma Abdalahi.

Efectos sociales del miedo en el Sáhara Occidental

a. Inhibir la comunicación. Pregunté a mis padres qué estaba pasando ahí y nadie me respondía, hasta que mi padre me dio un codazo para que me callara. Bra- him Dahane.

b. Aislamiento social. Prefiero estar solo aunque tengo muchos amigos. Las re- laciones sentimentales son difíciles. Estoy atrapado por el miedo. Después del campamento cuando estaba en Tan Tan si escuchaba un coche pensaba que venían por mí. Mohamed Salem Buamud.

c. Cuestionamiento de valores. Te encuentras forzado a renunciar a tu obligación moral de buscar el paradero de tu ser querido a cambio de salvar tu propia vida. Es una total desinformación la que te hacen vivir; y por temor y por miedo terminas colaborando al no preguntar. Simplemente para salvar tu propia vida, pero es colaborar en detrimento de la responsabilidad familiar con la víctima. Elhartani Mohamed Salem Hamdi.

d. Desconfianza comunitaria. Estaba muy preocupado y tenía miedo también por

mis compañeros, por si me veían salir de la sede de la provincia y pensaban que yo les estaba denunciando. Larosi Abdalahe Salec.