Kant llegó a diferenciar con claridad las tres grandes esferas de valor del arte, la moral y la ciencia (algo que terminó forman-
El romanticismo: el retorno a los orígenes
do paite de las extraordinarias dignidades de la modernidad), pero también se dio cuenta de que el Gran Tres comenzó a diso ciarse -n o simplemente a diferenciarse sino a disgregarse- y de que la ciencia monológuica aprovechó esta fragmentación para emprender su aventura imperialista. Por ello también trató de su jetar a la ciencia del “ello” “para dejar lugar a la fe” y que, en la tercera critica, también trató de unificar al Gran Tres. Pero el modo en que lo hizo no le permitió efectuar la tan anhelada inte gración. El Gran Tres estaba disociándose y, aunque Kant lo sa bía, fue incapaz de impedir la fragmentación o “parcelación”.
Los románticos trataron de solucionar esta fragmentación y disociación desde su propia perspectiva pero, a pesar de sus bue nas intenciones, su enfoque terminó siendo equivocado. Como ya hemos visto anteriormente, si usted confunde diferenciación con disociación -una confusión, por otra parte, fácil de cometer se verá abocado a tratar de resolver la disociación desembara zándose de la diferenciación. Pero, en ese caso, terminará vol viendo a un tiempo no anterior a la disociación (lo que sería com pletamente adecuado), sino anterior a la diferenciación (lo que seria francamente regresivo). Usted tratará de volver a algún tipo de estado de fusión prediferenciada, a un estado “primitivo”, “prístino” y “puro” anterior a toda la locura de la modernidad. Usted querrá regresar a la naturaleza, volver al estado del noble salvaje, regresar a la pureza e inocencia de un pasado primordial. Entonces es cuando se habrá convertido en un retrorromántico, anhelará con nostalgia la “totalidad” y la “unión” del ayer e, ig norando todo lo negativo de esas épocas, terminará descubrién dose en la antesala de la premodemidad.
No es de extrañar que, incluso hoy en día, un respetable libro de referencia como The New Columbio Enciclopedia, resuma del siguiente modo el movimiento romántico: «Los objetivos fundamentales del romanticismo eran varios: regresar a la natu raleza y a la creencia en la bondad del hombre (tan bien expresa da por Jean Jacques Rousseau), con la consiguiente adoración del “noble salvaje”, el respeto por el “simple campesino, la admira
Los intentos previos de integración
ción del héroe violento centrado en sí mismo, el redescubrimien to del artista [y del yo estético-expresivo] como un creador su premamente individual, la exaltación de los sentidos y de las emociones por encima de la razón y del intelecto. Por otra parte, el romanticismo fue una reacción filosófica en contra del racio nalismo».
Pero si usted está en contra de la razón, le resultará difícil in
tegrar la razón y, en consecuencia, la verdadera integración del
Gran Tres de las esferas de valor tenderá a escapársele. De hecho, los románticos cayeron fácilmente presa de lo que he denomina do falacia pre/trans, es decir, la confusión de lo prerracional con lo transracional por la simple razón de que ambos son no racio nales.
Es evidente que la espiritualidad se halla, en cierto modo, más allá de la mera razón, pero lo cierto es que existe lo fransracional y también existe lo prerracional. Lo prerracional incluye todas las modalidades previas a la razón (como la sensación, la vitali dad sensorial, la emoción corporal y los sentimientos orgánicos) y, por su misma naturaleza, tiende a excluir -diga lo que diga- a la razón. Lo transracional, por su parte, descansa al otro lado de la razón. Una vez que la razón ha aparecido y se ha consolidado, la conciencia puede seguir creciendo, desarrollándose y evolu cionando hasta alcanzar modalidades de conciencia supraindivi- duales, transracionales y transpersonales. La transracionalidad, a diferencia de la prerracionalidad, incorpora la perspectiva racio nal y le agrega sus propios rasgos distintivos, por ello nunca es antirracional.
Supongamos, por el momento, que estas dimensiones más elevadas existen y que nosotros podemos ver que el arco global del desarrollo y evolución de la conciencia va desde lo prerracio nal hasta lo racional y, desde ahí, hasta lo transracional; desde lo subconsciente hasta la conciencia de uno mismo y, desde ahí, hasta la supraconciencia; desde lo prepersonal a lo personal y, desde ahí hasta lo transpersonal; desde el id hasta el ego y, desde él, hasta Dios.
b l romanticismo: el retorno a los orígenes
La falacia pre/trans tiene lugar cuando los estados pre y trans se confunden y equiparan, un error que puede asumir dos formas diferentes. Freud, por ejemplo, tendía a reducir toda auténtica ex periencia transracional al infantilismo prerracional (el narcisis mo primario, la indisociación oceánica, el estadio oral preambi valente, etcétera). Jung, por su parte, solía equivocarse en el sentido contrario, elevando algunas producciones prerracionales de la niñez a la gloria transracional. Ambos errores -el reduce to
nismo y el elevacionismo- descansan en la confusión entre pre y
trans.
Y los románticos estaban a punto de vengarse y cometer el error elevacionista de glorificar los dominios prerracionales con una in tensidad que solían abocar a pesadillas francamente regresivas. Pero su intento fue tan noble, tan comprensible, tan sincero...