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La escena postmoderna: nihilismo y narcisismo

In document Ken Wilber - Ciencia y Religión (página 42-45)

Tras esta gran distorsión de la obra de Kuhn, los pensadores estadounidenses del “nuevo paradigma” comenzaron a relacio­ nar esta noción erróneamente kuhniana con todo tipo de cosas, dando origen a una amalgama de Kuhn mal entendido y postes-

Paradigmas: una interpretación equivocada

tructuralismo postmodemo que ha terminado invadiéndolo todo, desde el nuevo historicismo hasta el revivalismo tribal premo- demo, las ecofilosofias postmodemas, el “nuevo paradigma ho- lístico” y los estudios culturales, en general. Y, puesto que ya no deben arraigarse en los hechos y las evidencias, las meras con­ signas terminan siendo tratadas como hechos. Como ha señalado un crítico: «Los estudios humanos de hoy en día presuponen que las posiciones declaradas por... el postestructuralismo son descu­ brimientos sumamente valiosos que no requieren de ningún cues- tionamiento adicional. Por ello, con cierta frecuencia, solemos escuchar afirmaciones del tipo: “la deconstrucción nos ha mos­ trado la imposibilidad de salir del marco de los significantes”; “Lacan ha demostrado que el inconsciente está estructurado como un lenguaje”; “todos sabemos, después de Althusser, que la actitud más ideológica es aquella que intenta determinar los lími­ tes más allá de los cuales la ideología ya no resulta aplicable”; “no es posible regresar a la ingenua distinción prefoucaldiana en­ tre verdad y poder”. Pero esta servidumbre constituye la contra­ partida irónica del positivismo, una acumulación, no de datos factuales, sino de eslóganes que son considerados como si de he­ chos se tratara».

Y Kuhn retrocedió horrorizado ante todo esto. Pero, como dice Crew: «Nada de lo que Kuhn pueda afirmar hará mella en el teoreticismo, que no es tanto una postura concreta como una ac­ titud de autoindulgencia y rebeldía». Una y otra vez, Crew insis­ te en la noción de autoindulgencia y narcisismo y él no es, en modo alguno, el único. Crew señala al «teoreticismo, que tiende a postular limitaciones sobre la perceptividad y adaptabilidad de todo menos el mismo teórico». Esa autoindulgencia -concluye C rew - «decayó a finales de la década de los sesenta...».

El historiador Ernest Gellner, entre otros muchos, insiste en el mismo punto cuando afirma que, donde se niega la evidencia, florece el narcisismo. Las demandas de evidencia -o pruebas de validez- que siempre se han anclado en la ciencia auténtica y progresiva significan, simplemente, que mi ego no puede impo­

El problema

ner al universo una visión de la realidad que no se apoye en el Universo mismo. La evidencia y las pruebas de validez constitu­ yen la forma en que nos sintonizamos con el Kosmos. Las prue­ bas de validez nos obligan a afrontar la realidad, refrenan nues­ tras fantasías egoicas y nuestro egocentrism o; exigen la evidencia del resto del Kosmos -¡obligándonos desde el exte­ rior!-, son los contrapesos, por así decirlo, que se encargan de equilibrar el Kosmos.

Pero fueron precisamente estos contrapesos, estos mecanis­ mos de contención del narcisismo, los que los pensadores -m al llamados kuhnianos- del “nuevo paradigma” trataron, implícita o explícitamente, de eliminar, ya que detrás de todo ello descan­ sa, en parte, la “cultura del narcisismo”. El filósofo David Cou- zens Hoy señala que «la liberación [de la teoría] de su objeto -es decir, la eliminación de toda demanda de evidencia- puede abrir­ nos a toda clase de quimeras porque, cuando no existe ningún tipo de verdad, nada nos impide sucumbir a la enfermedad de la conciencia obsesiva de uno mismo característica de la moderna imaginación». Es así como la teoría termina convirtiéndose en «la mera autogratificación del crítico», la cultura del narcisismo. «De lo cual se deduce que la lucha por el poder y la crítica ya no es solapada sino abiertamente agresiva», uno de los rasgos dis­ tintivos del «nihilismo emergente de los últimos tiempos».

Entre la noción de que “estamos en medio de un cambio de pa­ radigma que transformará el mundo” a la idea de que “usted crea su propia realidad” se abren las mil posibles combinaciones del “teo- reticismo autoindulgente”, ideas desvinculadas de toda demanda de evidencia, la ciencia reducida a poesía, el narcisismo y el nihilismo reunidos en un paradigma postmodemo del infierno.

Estos críticos no dicen que toda actitud poesía/paradigma se deba exclusivamente al narcisismo. Lo que afirman -y yo suscri­ bo- es que el jactancioso narcisismo de la “generación del yo”

predispuso a muchos individuos a realizar una lectura profunda­

mente errónea de la obra de Thomas Kuhn, una interpretación

Paradigmas: una interpretación equivocada

alidad que les desagradase e imponer, en su lugar, su propio “nuevo paradigma revolucionario” considerándose, además, como la vanguardia de una de las principales transformaciones del mundo, una transformación revolucionaria -cuyas llaves se encontraban ahora en sus manos- que terminaría sacudiendo los cimientos mismos del mundo.

Así pues, la explicación más probable que encuentran los his­ toriadores a los motivos por los cuales una distorsión de la obra de Kuhn terminó convirtiéndose en una de las nociones más citadas e influyentes de las últimas tres décadas, la justificación del hecho de que una falsedad terminara transformándose en algo tan pode­ roso -y a sea en la nueva era, en la crítica del arte, en la teoría lite­ raria, en el renacimiento del tribalismo, en el nuevo historicismo, en los estudios culturales, en la “espiritualidad del yo”, en el “us­ ted crea su propia realidad” o en “el nuevo paradigma holístico”- sigue girando en tomo a “la cultura de Narciso”, una cultura que contagió a una generación que, de modo muy sutil pero también muy insistente, necesitaba considerarse a sí misma como el centro del despliegue del universo.

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