Son muchas las personas que no entienden que la interpreta ción constituya un rasgo esencial de la misma trama del univer so. A fin de cuentas, la interpretación es algo que tiene que ver con cuestiones tales como el lenguaje y literatura, ¿no es cierto? Sí, pero el lenguaje y la literatura no son más que la punta del ice berg, un iceberg que hunde sus raíces en las mismas profundida des del Kosmos. Veamos esto con más detenimiento.
Todos los eventos de la Mano Derecha -los objetos sensori- motores, los procesos empíricos y los “ellos”- pueden ser vistos con la mirada monológuica, con el ojo de la carne. Usted puede ver la roca, la ciudad, las nubes, la montaña, los carriles del tren, el avión, la flor, el automóvil y el árbol. Todos los objetos y “ellos” de la Mano Derecha pueden ser vistos a través de los sen tidos o de sus extensiones (desde los microscopios hasta los te lescopios), todos ellos poseen localización simple y podrían ser tocados con la punta de los dedos.
Pero los holones internos de la Mano Izquierda no pueden ser vistos del mismo modo. Usted no puede ver el amor, la envidia, el asombro, la compasión, la intuición, la intencionalidad, el va lor o el significado como algo que tenga lugar en el mundo em pírico. Los sucesos internos no pueden ser vistos de un modo e.x-
Los intentos previos de integración
temo u objetivo, sino tan sólo a través de la introspección y la in terpretación. Para ello no sirve el ojo de la carne, sino el ojo de
la mente (y el ojo de la contemplación).
De modo que, si usted quisiera estudiar empíricamente Mac-
beth, debería tomar un ejemplar de la obra y someterlo a diversas
pruebas científicas. Entonces podría concluir que pesa tantos gramos, está impreso con tal tipo de tinta, tiene tantas páginas compuestas de estos o aquellos elementos químicos, etcétera. Eso es todo lo que puede usted saber mediante la investigación empírica de Machbeth, facetas exteriores y objetivas, a fin de cuentas, de la Mano Derecha.
Pero si usted estuviera interesado por el significado de la obra, no tendría más remedio que leerla y adentrarse en sus inte rioridades, en su significado, en sus intenciones, en su profundi dad, en suma. Y la única forma posible de hacerlo consistiría en recurrir a la interpretación para llegar a comprender su significa
do, un dominio en el que la ciencia empírica resulta completa
mente inútil, porque el empirismo exterior no nos permite acce der a los dominios intemos y las profundidades simbólicas, un dominio sólo accesible a la introspección y la interpretación, un tipo de investigación que no es tanto objetiva como intersubjetiva, monológuica como dialóguica.
Tal vez pueda usted verme caminando por la calle con el en trecejo fruncido, pero para saber cuál es el significado de ese ges to deberá preguntármelo, tendrá que hablar conmigo. Usted pue de verme externamente pero, para comprender mis interioridades, mi profundidad, deberá entrar en el círculo de la interpretación. Usted, como sujeto, no sólo puede contemplarme como un obje to (de la mirada monológuica), sino que también puede tratar de comprenderme como sujeto, como persona, como yo, como por tador de intencionalidad y de significado, pero para ello tendrá que hablar conmigo e interpretar lo que le diga y yo deberé hacer lo mismo con usted. En tal caso no seremos sujetos que contem plan objetos, sino sujetos que tratan de comprender a otros suje tos, y descubriremos que nos hallamos inmersos en un círculo in
El idealismo: el Dios que está por venir
tersubjetivo, en un baile dialóguico. Porque la descripción es mo- nológuica, mientras que la comprensión, por su parte, es dialó- guica.
Y no estoy hablando tan sólo de los seres humanos, sino de algo que incluye a todos los seres sensibles. Si usted quiere com prender a su perro -es decir, si usted quiere saber si está conten to, hambriento o quiere dar un paseo-, deberá interpretar los sig nos que le transmite. Y su perro, a su modo, hará lo mismo con usted. El único modo posible, dicho en otras palabras, de acceder al interior de un holón exige de la interpretación.
Afirmando lo mismo de otro modo podríamos decir que las superficies exteriores pueden ser, vistas pero que las profundida des interiores deben ser interpretadas. Y el hecho de que la pro fundidad constituya una parte intrínseca del Kosmos -la dimen sión de la Mano Izquierda característica de todo holón- implica también necesariamente que la interpretación constituye una fa ceta intrínseca del Kosmos. Y ello significa que la interpretación no es un añadido posterior al Kosmos sino la misma apertura de la interioridad. Y, puesto que la profundidad del Kosmos tiene lu gar a lo largo de “todo el camino de descenso”, «la interpretación también es necesaria -com o dijo Heidegger- durante todo el ca mino de descenso».
Tal vez ahora estemos en condiciones de comprender que uno de los principales -y más nobles- objetivos del postmodernismo fue el de volver a considerar la interpretación como una faceta
intrínseca del Kosmos. En mis propios términos, cada holón tie
ne una faceta en la Mano Izquierda y otra en la Mano Derecha y, consecuentemente, todo holón -sin excepción alguna- tiene un componente objetivo (Derecho) y un componente interpretativo (Izquierdo).
El desastre de la modernidad consistió en reducir todo cono cimiento introspectivo e interpretativo a exterioridades chatas y empíricas, como si tratara de eliminar del libreto del mundo la ri queza interpretativa. (En lenguaje postmoderno diríamos que la modernidad marginalizó las modalidades epistémicas multivalen-
Los intentos previos de integración
tes a través de la hegemonía agresiva del mito de lo dado, invir tiendo jerárquicamente las inscripciones hermenéuticas determi nadas por el falologocentrismo de los significantes patriarcales, lo cual, traducido a nuestros términos, significa que redujo la Mano Izquierda a la Mano Derecha.)
Tal vez ahora estemos en condiciones de comenzar a com prender que el intento postmodemista de reintroducir la interpre tación en la misma estructura y entramado del Kosmos constitu yó otro intento de escapar del mundo chato, resucitando las destripadas interioridades y las modalidades interpretativas del conocimiento. El énfasis postmoderno en la interpretación -que comenzó con Nietzsche y siguió con las ciencias Geist de Dilt- hey, la ontología hermenéutica de Heidegger y el «no existe nada ajeno al texto [interpretación]» de Derrida- no es, en el fondo, más que el grito de los dominios de la Mano Izquierda exigiendo ser liberados del olvido al que los había desterrado la mirada mo- nológuica, el monismo científico y el holismo chato, el grito rei- vindicativo del “yo” y del “nosotros” ante el anónimo “ello”.