Comenzaremos tratando de definir algunos de los rasgos esenciales característicos del método científico en general, con la esperanza de que, después de bosquejarlos, también sean aplica bles a los dominios internos y puedan proporcionamos una me todología tan legítimamente aplicable a las interioridades como a las exterioridades, y descubrir finalmente que, tras aquéllas, se halla la resplandeciente conciencia de Dios.
Éstos son, a mi juicio, los aspectos fundamentales de la in vestigación científica, a los que denominaré “las tres vertientes de todo conocimiento válido”;
1. Prescripción instrumental. Se trata de una práctica real, de un modelo, de un paradigma, de un experimento que siem pre asume la forma “Si quieres saber esto, deberás hacer esto otro”.
2. Aprehensión directa. Se trata de experimentar directamen te el dominio revelado por la prescripción; es decir, la expe riencia o aprehensión inmediata de los datos (porque, aun en el caso de que los datos sean mediatos, en el momento de la experiencia son aprehendidos de manera inmediata). No ol-
¿ Qué es la ciencia ?
viciemos que, según William James, uno de los significados del término “dato” es precisamente el de experiencia directa e inmediata en la que la ciencia sustenta todas sus afirma ciones concretas.
3. Confirmación - o rechazo- comunal: Consiste en el cotejo de los resultados -los datos, la evidencia- con otras personas que también hayan completado adecuadamente las vertien tes preceptiva y aprehensiva.
Avancemos, ahora, paso a paso.
Para ver las lunas de Júpiter, por ejemplo, usted necesita un telescopio; para comprender Hamlet, tendrá que aprender a leer, para estimar la verdad del teorema de Pitágoras, deberá aprender geometría; y si lo que quiere saber es si la célula tiene un núcleo, tendrá que aprender a cortar secciones histológicas, teñir células, utilizar un microscopio y luego mirar.
Uno de los elementos fundamentales de todas estas formas de conocimiento, dicho en otros términos, es el preceptivo, es decir, una prescripción que asume la siguiente forma: si usted quiere
saber esto, deberá hacer esto otro.
Esto es obviamente cierto en el caso de las ciencias sensoria les, como la biología, pero también lo es en el de las ciencias mentales, como las matemáticas, por ejemplo. Como dijo G. Spencer Brown, en su famoso Laws ofF orm : «La modalidad pri maria de la comunicación matemática no es la descripción sino la prescripción. En este sentido se parece a cualquier forma prácti ca de arte, como la cocina, por ejemplo, en la que el sabor de un pastel, aunque literalmente indescriptible, puede transmitirse al lector en forma de un conjunto de instrucciones que debe seguir denominado “receta”... Hasta la ciencia natural (empírico-senso rial) parece apoyarse también en prescripciones. La iniciación profesional del hombre de ciencia no consiste tanto en leer deter minados libros |aunque ésa también sea una prescripción], como en obedecer prescripciones tales como “mira a través de este mi croscopio” | vertiente 11. Pero después de que el hombre de cien-
Una reconciliación
cía haya mirado a través del microscopio |y, en consecuencia, haya aprehendido los datos, vertiente 2|, ahora dehe describir a los demás y discutir con ellos lo que ha visto | vertiente 3|. Del mismo modo, los matemáticos, tras obedecer un conjunto de prescripciones |imagina dos líneas paralelas que se cruzan en el infinito, dibuja la sección de un trapezoide o eleva al cuadrado la hipotenusa, etcétera], describan lo que han visto a los demás, lo discuten con ellos y escriben libros describiéndolo [con el ojo de mente]. Pero en cada uno de estos casos, la descripción depende y es subsidiaria del conjunto de prescripciones que han debido
anteriormente obedecerse...» (las cursivas son mías).
La vertiente preceptiva del conocimiento conduce a una expe
riencia, comprensión o iluminación, un despliegue directo de los
datos o referentes en el espacio del mundo generado por la pres cripción. Así pues, si usted quiere saber si afuera llueve, tendrá que ir hacia la ventana y comprobarlo (prescripción), ya que esa mirada o experiencia le proporcionará una comprensión directa (“Yo veo la lluvia”). Ése es el dato inmediato, la experiencia di recta, la comprensión intuitiva y no mediada de la apariencia del momento. Poco importa que los datos inmediatos se hallen inte grados en cadenas de eventos mediatos (en forma de contextos culturalmente determinados, por ejemplo) porque, en el momen to de la comprensión, aun ésos son experimentados de manera in mediata (de otro modo no habría ningún tipo de experiencia sino tan sólo un interminable conjunto de mediaciones).
Así pues, una determinada prescripción genera o revela una iluminación, una experiencia o unos datos en los que se asienta el auténtico conocimiento. Esto también implica que, cuando otros individuos igualmente adiestrados, repitan la instrucción o expe rimentación (“Ve hacia la ventana y mira”), también experimen tarán aproximadamente los mismos datos (“Sí, afuera está llo viendo”). Dicho de otro modo, la iluminación o comprensión se ve entonces verificada (confirmada o refutada) por quienes ha yan llevado adecuadamente a cabo la prescripción y desplegado, por sí mismos, los datos.
¿ Qué es la ciencia ?
La ciencia, obviamente, suele también incluir la formulación de hipótesis y la contrastación de esas hipótesis con los datos acu mulados. Pero, en cualquiera de los casos, también sigue las mis mas tres vertientes. La hipótesis es un experimento mental al que se recurre para representar rasgos intrínsecamente distintos de la experiencia sensorial -el mapa mental y el territorio sensorial-, cuya validación exige del concurso de las tres vertientes aplicadas a su propio dominio. La coherencia del mapa requiere, pues, del cotejo con otros mapas y de su grado de correspondencia con los datos sensoriales. Y cada uno de estos procedimientos de verifica ción se ajusta también a las tres vertientes mencionadas.
La evidencia
,
Kuhn y Popper
Estas tres vertientes constituyen, a mi juicio, los ingredientes fundamentales del método científico (y también, en mi opinión, de toda forma válida de conocimiento). Y esta conclusión se ve sustentada por el hecho de que este enfoque incorpora explícita mente los rasgos fundamentales de cada una de las tres escuelas más importantes de la filosofía de la ciencia actual (el empiris mo, Thomas Kuhn y sir Karl Popper). Veamos.
La fortaleza del empirismo radica en su exigencia de que todo conocimiento genuino debe arraigarse en la evidencia experiencial, una exigencia, por cierto, con la que estoy completamente de acuer do. Pero, como ya hemos visto, no sólo existe una experiencia sen sorial, sino también una experiencia mental y una experiencia espi ritual (los datos o experiencias proporcionados directamente por el ojo de la carne, por el ojo de la mente y por el ojo de la contempla ción). De modo que, si utilizamos el término “experiencia” como aprehensión directa, no tendremos la menor dificultad en aceptar la exigencia empirista de que todo conocimiento genuino se arraigue
en la experiencia, en los datos, en la evidencia. Los empiristas, di
cho en otros términos, subrayan la importancia de la vertiente apre hensiva o iluminativa de todo conocimiento válido.
Una reconciliación
Pero la evidencia y los datos no se encuentran simplemente alrededor de nosotros esperando ser percibidos por todo el mun do. Y es ahí precisamente donde entra en escena Thomas Kuhn.
Porque, como ya hemos visto, Thomas Kuhn, afirmó que la ciencia normal procede fundamentalmente mediante paradigmas o modelos. Un paradigma no es sólo un concepto, es una práctica real, una prescripción, una técnica convertida en modelo de gene ración de datos. Y lo que Kuhn subraya es que el verdadero cono cimiento científico se asienta en paradigmas, modelos o prescrip ciones. Nuevas prescripciones revelan nuevos datos (nuevas experiencias) y éste es el motivo por el cual Kuhn mantuvo que la ciencia es, al mismo tiempo, progresiva y acumulativa y que tam bién muestra ciertas rupturas o discontinuidades (nuevas prescrip ciones que nos proporcionan nuevos datos). Kuhn, en otros térmi nos, subraya la importancia de la vertiente prescriptiva de la búsqueda de conocimiento, es decir, que los datos no están simple mente ahí esperando que alguien lo vea sino, por el contrario, son revelados al seguir determinadas prescripciones.
Y el conocimiento proporcionado por prescripciones válidas es un conocimiento verdadero porque, contrariamente a lo que afirma el postmodernismo radical, los paradigmas no inventan datos sino que los revelan. (Los datos, en sí mismos, pueden ser dados o construidos, pero su despliegue no es una simple cons trucción.) Y la validez de estos datos se ve demostrada por la p o
sibilidad de refutar los malos datos... y ahí es donde Popper en
tra en escena.
Sir Karl Popper afirma que todo conocimiento genuino debe hallarse abierto a refutación porque, de otro modo, es mero dog ma disfrazado. Popper, dicho de otro modo, subraya la importan cia de la falsabilidad, de la vertiente confirmación/refutación de todo conocimiento verdadero. Y, como luego veremos, el princi pio de falsabilidad es aplicable a todos los dominios, el sensorial, el mental y el espiritual.
Así pues, este enfoque reconoce e integra las verdades de cada una de las contribuciones importantes a la búsqueda huma
¿ Qué es la ciencia ?
na del conocimiento (evidencia, Kuhn y Popper) sin la necesi
dad, no obstante, de reducirlas a meros fragmentos coloreados.
El error del empirismo estrecho reside en su fracaso en advertir que, además de la experiencia sensorial, también existe una ex periencia mental y una experiencia espiritual. El error de los kuh- nianos consiste en su fracaso en darse cuenta de que las prescrip ciones no sólo se aplican a la ciencia sensoriomotora sino a todo tipo de conocimiento válido. Y el error de los popperianos reside en el intento de circunscribir la falsabilidad a datos únicamente sensoriales, con lo cual el criterio del conocimiento mental y es piritual - “falsable por los datos sensoriales”- rechaza de entrada de modo implícito e ilegítimo esas modalidades, cuando lo cier to es que los malos datos de esos dominios son realmente falsa-
bles, ¡pero sólo recurriendo a datos adicionales procedentes de esos dominios, no a datos de los dominios inferiores!
La posibilidad de falsar una mala interpretación de Hamlet, por ejemplo, no depende de datos sensoriales, sino de datos men tales adicionales, de interpretaciones adicionales -no datos mo- nológuicos sino datos dialóguicos-, generadas por una comuni dad de intérpretes. Hamlet, por ejemplo, no tiene nada que ver con la búsqueda de un tesoro hundido en el océano Pacífico. Como confirmaría fácilmente cualquier comunidad de investiga dores que hubiera completado adecuadamente las primeras dos vertientes (leído la obra y comprendido su significado), ésa sería una mala interpretación, una interpretación equivocada.
El uso actual del principio de falsabilidad popperiano -que se
restringe implícitamente a los datos sensoriales y que, de un
modo solapado, niega automáticamente el estatus de conoci
miento verdadero a la experiencia mental y espiritual- es com
pletamente erróneo. Esta injustificable limitación del principio de falsabilidad pretende separar el conocimiento verdadero del conocimiento dogmático y termina cayendo en un reduccionis- mo silencioso y perverso.
Por otra parte, cuando liberamos el principio de falsabilidad de su circunscripción a los datos sensoriales y le permitimos
Una trcotu iUación
atender los dominios de los datos mentales y de los datos espiri tuales, se convierte en un aspecto importante de la búsqueda de cualquier tipo de conocimiento, tanto sensorial como mental y espiritual. Y, en cada uno de esos dominios, constituye una ver dadera ayuda para separar lo verdadero de lo falso y lo demos trable de lo dogmático.
Estas tres vertientes, pues, serán nuestra guía a través del de licado mundo de la interioridad profunda, la interioridad del Kos- mos, los datos de lo Divino, donde también nos ayudarán -com o ocurre en el mundo exterior- a separar lo verdadero de lo falso.