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En las estaciones del MIO no cabe la mirada compartida o el recuerdo colectivo; sus habitantes de cinco minutos cruzan por allí para llegar a la privacidad de sus casas� En las estaciones la norma es el silencio porque sólo así se asegura el viaje de los pa- sajeros� Sin embargo, ni las normas cívicas, ni la lógica de seguridad (Ariès, 1995:283) son las que imperan en Fray Damián� Allí se establecen otro tipo de acuerdos media- dos por los vínculos afectivos entre los practicantes y la calle� Por eso es necesario indagar en cuáles son las circunstancias particulares que permiten a los integrantes de la familia relacionarse, de manera afectiva, con la calle y con la estación�

Es claro que el papel de los integrantes de la familia, como actores sociales del espacio público, está más allá del caminar� Hay elecciones (De Certeau, 1996) que nutren su andar� Cuando indagamos en esas elecciones desde un nivel intertex- tual, reflexionamos desde tres vías: 1) sobre las causas de sus elecciones, ¿por qué los niños eligen jugar en la estación?, ¿por qué Camila y María José eligen bañarse frente a la estación?, ¿por qué los niños eligen viajar en los buses del MIO?; 2) so- bre cómo están mediados sus gustos, ¿por qué a Samanta no le agrada la estación?, ¿por qué a Carmen no le gusta que sus hijos salgan al patio de la casa?, ¿por qué Wilson prefiere que sus hijos jueguen PlayStation en vez de salir a la calle?, ¿por qué a Julián le aburre estar en la casa?, ¿por qué a María José no le gusta el barrio?, y 3) sobre cómo son los vínculos que establecen con su barrio y con su calle, ¿por qué los niños andan de manera independiente en la calle?, ¿por qué a Camila y a María José les parece aburrido el barrio?, ¿por qué Carmen y Deisy prefieren vivir en el Centro? Son estas indagaciones las que nos permiten pensar en un tipo de actor social del que no han hablado los autores que hemos estudiado� Si bien lo planteado por Fortuny, Castillo, Sagástegui o Aries se acercaría más a pensar en un actor que no pasa solamente por la categoría de transeúnte y que, además, forma parte de las clases subalternas, para nosotras es necesario describir al actor social de Fray Damián desde una dimensión que no hemos anunciado�

Fronteras simbólicas ⁄ 81

El espacio está lleno de contradicciones� Si bien no hay muchos mecanismos estata- les que logren poner orden en Fray Damián, sí hay quienes han adquirido poder para establecer cómo usar las calles del barrio: los microtraficantes de drogas� Si los niños de la casa de Fray Damián no tienen un parque o una plaza en donde puedan jugar, se debe, en gran medida, a la depresión del espacio en función de la venta y el consumo de sustancias psicoactivas� Esta es un tema que está latente en la casa de Fray Damián� María José y Deisy dicen que no bastaría con que a los consumidores los sacaran de allí, sino con que los llevaran a un centro de rehabilitación� Esta afirmación nosotras la entendemos como la necesidad de trabajar en políticas de salud responsables, como la reducción de daños y un mayor acceso de los consumidores a los centros de salud� De otro lado, el trabajo, el ocio y el tránsito son actividades vinculadas a la calle y en el caso de la familia de Fray Damián, son particularmente practicadas y vulneradas� Aunque nuestra investigación no se centró en la relación de la familia con el mundo laboral, podemos decir que para las madres el trabajo es una actividad esporádica� Su carácter esporádico se relaciona con el nivel de escolaridad, con la reducción de gran parte del espacio público del Centro a la venta y consumo de sustancias psicoactivas y con la represión ejercida por parte de la alcaldía, ya que una de las alternativas laborales que tienen es ser vendedoras ambulantes y al serlo perjudican el espacio público� El trabajo, en el caso de Mónica, Andrea y, en menor medida, Car- men, se convierte en algo ocasional que suple las necesidades más básicas de la fa- milia: una o dos comidas diarias y agua potable para uso diario� Wilson, en cambio, trabaja todos los días sobre la calle 13 y sus hijos Steven y Andrés lo acompañan en las mañanas, para que Andrés pueda ir a estudiar en las tardes�

Debido a la inestabilidad laboral, el tiempo de ocio puede comprender gran parte del día de Mónica y Andrea� Tanto ellas como las mellizas usan este tiempo para dormir y ver televisión, con la diferencia de que cuando algunas monedas sobran, las mellizas aprovechan para ir a las cabinas de internet� La relación de las madres con el trabajo no permite que puedan sacar a los niños a un parque, no sólo por razones económicas sino porque ocupan sus pensamientos en la urgencia diaria� Cuando no están ocupadas en esto, prefieren tomarse el tiempo para ellas, arre- glándose para ir a la fiesta de fin de semana� Por eso, la relación de las madres con su tiempo libre es una de las razones por las que los niños andan su barrio con cierta independencia� Si no pueden estar pendientes de sus hijos, los advierten de los peligros del barrio y, más allá de las advertencias, no hacen falta normas que les impida a los niños jugar en la calle� Ellos saben cuáles son los límites; conocen muy bien las fronteras de juego y las respetan no solo porque puedan correr peli- gro sino porque alejándose de la casa, el juego puede ser aburrido�

Los niños usan su tiempo libre a partir de acuerdos tácitos con quienes viven en el barrio y cuidan de la estación� Ese es el parque de ellos, dice Carmen� se trepan, corren, entran a la estación. A veces, dependiendo del policía bachiller que esté, joden menos. Pero ¡eh, parece que les hubieran hecho un parque!, decía uno de los policías que vigilaba la estación, mucho antes de que a los vagones les pusieran las placas de cristal� No había ningún burgo que les prohibiera el acceso a los muros de la ciudad,

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tal vez porque era evidente el poco espacio que les quedaba a los niños para jugar: desde que el MIO empezó a circular por el barrio, los andenes sirven para el tránsito de vehículos y el resto de la vía es para uso exclusivo del MIO� Cuando los niños no tienen más lugares para distraerse, una estación de buses puede resultar inquietan- te� La calle, además, se convierte en el único lugar si se vuelve insoportable el metro cuadrado para cinco� El juego de los niños permite la burla a las carencias propias; es lo único que no se les puede arrebatar� La estación, al ser invasora, se ajusta para cumplir la función social que antes la calle propiciaba�

Fotografía 20. Tomada del documental buses en mi casa (2013)

La manera en que la familia se relaciona con su tiempo libre fue lo que nos motivó a indagar en lo que ofrece el espacio público de Fray Damián� La vida cotidiana de cada miembro nos ayudó a hacer el mapa de sus relaciones con la calle y así nos dimos cuenta de cómo sus pasos no correspondían solamente a una manera parti- cular de transitar� Ya hemos dicho que antes de la construcción de la estación del MIO en el barrio, la forma en que la familia se relacionaba con la calle era distinta� Tanto las prácticas laborales como las actividades de esparcimiento cambiaron� A pesar de que al principio hubo una resignificación del nuevo espacio, los niños dejaron de jugar en la estación, luego de que a Yuyo se lo llevaron a Bienestar Familiar por viajar en MIO� Desde entonces, los niños y las mellizas no salen con tanta frecuencia a la calle y si lo hacen, es para un fin específico: ir a la tienda, ir a las cabinas de internet, visitar a un amigo o vender una rifa�

Lo que queremos proponer no es solo cómo los usos de la calle se reducen en pro de la renovación, sino cómo la construcción de la estación podría ser la salida para

limpiar la ciudad� Ahora los niños corren más peligro al salir de sus casas porque algún bus los puede atropellar y porque en los andenes transitan motos� A mí me da miedo que salga un niño por ahí corriendo a la calle y que lo atropelle una moto, dice Carmen� Tal vez el Plan Paraíso nunca se lleve a cabo porque la construcción de la estación ya logró arrinconar a las personas improductivas de la sociedad en los pa- tios de sus casas� Aunque eso no impide que eventualmente los habitantes de Fray Damián puedan celebrar un cumpleaños en mitad de la calle, o que en las noches las barandas de la estación se conviertan en sillas para conversar y reír un rato�

Nuestro camino en Fray Damián ⁄ 83

Aunque el juego de los niños en la estación del MIO nos resulta poético -sus pasos y carcajadas llenan el espacio de sentidos contrarios a la simetría y rigidez de los vagones- proponemos comprender esta experiencia a la luz de los conflictos socia- les que ocurren en el lugar donde viven; a la luz de las violencias pasivas ejercidas sobre sus subjetividades y sobre sus cuerpos� Esta última es una perspectiva que apenas anunciamos� Aunque salta a la vista, hay algo que queremos advertir con nuestra investigación: los huecos urbanos son, paradójicamente, consecuencia de las renovaciones urbanas y es a éstas a las que tenemos que cuestionar, no porque la pobreza sea algo bello e intocable, sino porque tales renovaciones serán violen- tas y nocivas siempre que se prefiera asfaltar una avenida sin indagar en cómo la usan las personas que construyen su cotidianidad allí�

nuestro camino