del tiempo
Dibujo 2. Realizado por María Camila en el marco de la prueba piloto (2013)�
Las mellizas van a las cabinas de internet que quedan a una cuadra de la casa y permanecen en Facebook hasta la media noche� Esta vez ponen de portada las fotos que tomaron en la celebración de los 15� También dejan comentarios en los muros de sus novios o en fotos de ellos� Pueden conectarse hasta tarde porque lo único que deja de funcionar en el barrio cuando llega la noche, es el MIO� Algunas tiendas cierran después de las nueve, pero eso no impide que los vecinos se que- den en las mesas tomando cerveza� Las bodegas de reciclaje funcionan, mientras los trabajadores tengan material para organizar� Varias personas se parquean en los andenes y por más de que cierren tiendas o locales y las puertas de las casas queden con seguro, siempre hay dos o tres personas que se valen de la calle y la noche para distraerse�
Aunque Camila y María José aprovechan esto para conectarse a Facebook o para quedarse en la tienda hablando con algún amigo, la actividad nocturna es, tam- bién, una de las razones por las que no les gusta el barrio� A María José, por ejem- plo, no le gusta la Calle 13, especialmente donde queda La Olla, porque � A La Olla se va cuando es necesario, como en el caso de Deisy� Ella, después de reunir dine- ro, sale en su silla de ruedas, hacia la Calle 11, donde un amigo le vende pañales a menor precio� Desde hace más de dos años Deisy hace el mismo recorrido en compañía de alguna amiga, de la mamá o de la prima� De la casa hacia allá puede ser peligroso, pero a ella la conocen, aunque ahora solamente vaya para comprar los pañales de la siguiente semana�
Cotidianidades en Fray Damián ⁄ 43 El ubicado entre las carreras 16 y 17,tampoco le gusta a María José� Se trata de un pequeño parque triangular que tiene algunos juegos oxidados y queda frente a una tienda� Allí se sientan algunos hombres a tomar en las noches� Al mediodía, cuando Carmen sale a recoger a Samanta del colegio, el camino se hace largo para su hija, así que a veces paran en el parque para poder descansar� Samanta juega con su hermano Samy, mientras Carmen reúne monedas para comprarles helado� Samanta, al igual que María José, dice que algunos señores se sientan en el parque a tomar� A María José no le gusta el barrio y no le gustaría seguir viviendo en él� Le parece que es un barrio muy apagado y de poco ambiente: (de diciembre) � A Sa- manta, en cambio, le gusta vivir allí pero cambiaría algunas cosas como los juegos del parque y el uso que algunos señores hacen de éste�
Los lugares que les gustan a las mellizas cobran importancia por las relaciones que se construyen� A ellas no les importa tanto el parque o la estación de policía, como sí la experiencia del noviazgo� Tal vez a María José y Camila el barrio no les gusta porque las prácticas ligadas al mismo y a su espacio público, no permiten que se construyan relaciones lo suficientemente fuertes como para ceder ante las adversidades� Tal vez si tuvieran algún vínculo laboral en La Olla o si tuvieran más familiares que vivieran allí y los lazos fueran fuertes, la relación de ellas con su barrio sería más territorial; más afectiva� Es probable que el accidente que tuvo Deisy, su prima, por haber permanecido tanto tiempo en la calle, y las adverten- cias de Mónica, madre de las mellizas, tengan eficacia a la hora de crear vínculos sociales y lazos afectivos con los vecinos del barrio�
A Camila no le gusta la estación del MIO; no le gusta que quede tan cerca de la casa porque la gente que pasa en los buses o que espera en la estación, siempre mira hacia afuera� , dice� Tal vez si su primer beso hubiera sido allí o si, como los niños más pequeños, se metiera clandestinamente a la estación y se escapara para pasear por la ciudad, la estación del MIO sería uno de sus lugares preferidos� Pero, la re- lación que tiene Camila con la calle hace que el MIO sea un intruso y la estación un lugar incómodo�
Los niños, en cambio, tienen una relación distinta con la estación del MIO� Du- rante algún tiempo ellos convirtieron la estación en el único parque de la zona� Julián, Andrés, Jeison y Yuyo gritaban y corrían por los pasillos de los vagones, in- terrumpiendo el camino de los pasajeros; se trepaban a los techos, se atravesaban las barandas y entraban a los buses del MIO� Un día, Yuyo se montó a un bus azul y recorrió la ciudad� Cuando se acercaba la noche unos policías lo llevaron a Bien- estar Familiar� Desde ese día la estación se quedó sola� No hubo más niños que co- rrieran por sus pasillos� No hubo más gritos� Los pasajeros ahora siguen su camino sin escuchar las pequeñas voces que se oían antes, cuando los niños jugaban en la estación como si se tratara de un parque�
44 ⁄ Cotidianidades en Fray Damián
Fotografía 12. Tomada del documental buses en mi casa (2013)�
Las casas de bahareque raspadas por el tiempo contrastan con la estación de vidrio y metal� Los pasajeros pasan por la Calle 13 y se percatan del contraste� Dejan de ser viajeros y se convierten en observadores� Desde el pasillo de la casa se ven las caras de los pasajeros del bus azul, intentando mirar más allá� Pero ni la estructura gris y aséptica de la estación, ni las miradas de los pasajeros logran ponerle límite a las diversas maneras con las que la familia se apropia de su calle� María José y Camila se terminan de jabonar mientras caminan hacia la puerta de la casa; se refriegan el pelo lleno de shampoo� Paradas en la puerta de la entrada, miran a la calle, como si esperaran a alguien� El MIO pasa y una pasajera detiene su mirada en las mellizas: las dos llevan pantalonetas cortas y las blusas remangadas, exhibiendo el abdomen� Camila se percata, da la espalda y sigue limpiando su pelo� Cae espuma al suelo� Julián sale con una almohada a la calle y la sacude contra la fachada de la casa� An- drés llega en su bicicleta, se estaciona y saca un nuevo juguete; acaba de comprar una pistola de balines; se la muestra a Julián pero él no se emociona y sigue sacu- diendo� Andrés saca los balines del bolsillo y carga el arma; busca un blanco para ensayarla y apunta en varias direcciones: la cabeza de Julián, la puerta de la casa, el conductor de una moto� El MIO hace su parada en la estación y Andrés dispara� JuliánAndrés vuelve a cargar la pistola�
Cotidianidades en Fray Damián ⁄ 45 Aun cuando los niños ya no pueden jugar con tanta frecuencia en la estación, algu- nas veces sus pasillos se convierten en atajos para atravesar la calle� En las noches, cuando el MIO deja de pasar, Julián se sienta en la entrada de las puertas de cristal a hablar con sus amigos� Andrés, Jeison y Julián son los visitantes inesperados de la estación; la usan sin pagar por sus vitrinas de cristal� Entran a la estación sin pensar en un trayecto; sin tener un rumbo� Adentro, el silencio puede ser la norma, pero los gritos y pasos de los niños son acuerdos tácitos que compensan la pérdida de espacio para jugar� Los límites de los vagones se quiebran y sus esquinas dejan ver nuevos rumbos� Así las risas de los niños transforman el lugar destinado a esperar� La bicicleta es el medio de transporte de Andrés y Julián� Los lugares que recono- cen del barrio, como la tienda, la sala de internet, la casa de algún amigo o el lugar de trabajo de sus padres, los transitan convirtiéndolos en caminos rutinarios para los que no necesitan la compañía de algún adulto y mucho menos su autorización� Andrés recorre en su bicicleta la Calle 13 hasta la Carrera 23 para acompañar a su padre al trabajo� Desde temprano Wilson organiza los dulces y cigarrillos que ven- de en el puente de La Luna con ayuda de su hijo mayor, Steven� Andrés lleva un costal con la mercancía del día y Steven le ayuda con la silla de ruedas a su padre� El camino desde el puente hasta la casa puede ser largo, pero Andrés ya lo conoce� Por eso, entre semana, después de que Andrés le ayuda a su padre a acomodar los dulces, regresa solo a la casa y se alista para ir al colegio� Los sábados, él y su her- mano menor, Jeison, acompañan a su padre a trabajar y vuelven a la casa cuando el sol ya se ha ido�
Julián llega en bicicleta a la casa de su madre para pasar la tarde allí, para visitar a sus hermanas o para jugar con Andrés y Jeison los fines de semana� Los sábados al medio día los niños juegan fútbol en el patio y por lo general las mellizas y Mónica se alistan para salir� Después de despedirse de Julián, él coge su bicicleta y vuelve de nuevo a la casa de su padre� Para regresar, pedalea por los andenes y cuando se acerca alguna moto, sigue su camino por el carril del MIO� Por las vías que rodean su barrio, transitan vehículos que en ocasiones se suben a los andenes, debido al poco espacio que hay para andar� Julián conduce su bicicleta esquivando el tráfico que le impide andar por la acera� A él le incomoda eso, al igual que los edificios� Tal vez el paisaje se vuelve muy gris para un niño que quiere andar en bicicleta por su barrio� La calle no es el mejor lugar para jugar cuando el barrio está rodeado de vías para el tránsito de vehículos� Incluso los andenes están invadidos de ventas ambulantes o de las motos que reparan los talleres� El andar se obstaculiza y aunque esos obstácu- los pueden convertirse también en un juego, éste se vuelve monótono y peligroso� Jeison, el hijo de Andrea, salía de su casa corriendo hasta que una moto lo atropelló� Por eso, Wilson prefiere que los niños jueguen play station y vean películas en la habitación� El play evita que los niños corran riesgos en la calle, pues allí pueden entrar en contacto con la gente de La Olla, pueden ser atropellados o maltratados� Wilson les regala monedas a sus hijos Andrés y Jeison para que vayan a los video- juegos del barrio� Los niños salen en bicicleta o van caminando hasta las maqui- nitas dela tienda y allí se quedan hasta que se les acaban las monedas� La tienda
46 ⁄ Cotidianidades en Fray Damián
de los videojuegos es el lugar del barrio que más le gusta a Julián� Es el único lugar al que puede ir solo, sin la compañía de algún amigo� Es el lugar más cercano, dis- tinto a la casa de su madre, en donde no corre peligro y no necesita mucho dinero para poder divertirse� Ir al parque significaría esperar a que sus padres lo lleven, porque el más cercano queda atravesando una vía principal� Así que los videojue- gos se convierten en una de sus únicas distracciones�
Cuando Andrés sale a jugar play, le gusta pasar por una fábrica de hielo, en donde siempre le regalan un trozo que él saborea y luego tira al suelo� También le gusta comprarse algún cono de helado, cuando le sobran algunas monedas� En el colegio, disfruta mucho de la compañía de Sara, su novia, con quien se ha dado algunos besos en los baños, a escondidas de sus otros compañeros y profesores� Los únicos lugares que le importan a Andrés son aquellos en donde construye su cotidianidad1; le gusta su casa porque allí vive con su familia y porque, al igual que a su hermano Jeison, le gustan los pollos y los perros que tienen como mascotas; le gusta la esta- ción del MIO porque en ocasiones juega adentro y porque a veces, para ir a visitar a su hermano Yuyo, aborda alguno de los buses, en compañía de su mamá�
Es domingo en la tarde� Andrés, Julián y Jeison salen a jugar a la calle� Corren desde la puerta de la casa hasta el semáforo de la esquina� Cuando llegan a la estación se trepan a la puerta del primer vagón, como si se tratara de un muro para escalar� Luego de distraer un rato al vigilante, logran meterse y abordan el primer bus que se estaciona� Ya adentro, se cuelgan de los tubos, se pasan de un puesto a otro y en la parte trasera simulan que están manejando el bus� Jeison juega con los orificios del aire acondicionado y Julián salta encima de una de las sillas� En el bus hay po- cos viajeros, lo que permite a los niños explayar su juego por todo el automóvil� Andrés saluda a los pasajeros del bus que está enseguida�
Después de un rato la intensidad del juego baja y los niños se sientan a ver el pai- saje por las ventanas� Al lado de Jeison un señor concentra su mirada en un libro y el niño le pregunta sobre lo que lee� El pasajero le contesta sin mirarlo a la cara; intenta que ni su lectura ni su viaje se interrumpan por las preguntas inoportunas de Jeison� Julián y Andrés se ríen de la situación e intentan que sus manos estén lo más próximas a la cabeza del señor sin llegar a tocarlo�
El bus hace su parada en la estación Petecuy, sobre la Carrera 15� A través de las ven- tanas, los niños pueden ver el lugar: una de las bodegas tiene raspadas las paredes y sus orillas parecen quemadas� Algunos hombres se acercan a una pequeña fogata e intentan prender un cigarrillo� Las carretas de los recicladores están parqueadas, mientras ellos buscan material en los tarros de basura� Andrés deja de jugar, para 1 Cuando le preguntamos a Andrés sobre los lugares que no le gustaban del barrio, él señaló a las perso-
nas que estaban por fuera de su núcleo familiar� Después de insistirle en que nos señalara los lugares que no le gustaban, señaló todos los lugares distintos a los que le gustaban� En ese sentido, creemos que frente a la pregunta de lo que no le gustaba, Andrés contestó lo que le era indiferente dentro de su expe- riencia con el barrio� Para nosotras su respuesta apunta más a que todos los lugares distintos a los que le gustan, no tienen importancia porque no son necesarios dentro de su experiencia cotidiana� Hacen parta más del entorno, que de su contexto�
Cotidianidades en Fray Damián ⁄ 47 observar� dice� Julián también detiene el juego y mira lo que señala Andrés� Más adelante, siguiendo el trayecto, los niños miran por una de las ventanas el exterior y Julián le cuenta a Andrés que por ahí fue donde atropellaron a su papá� Los via- jes en el bus azul permiten a los niños reconocer el lugar donde viven� El MIO les activa la memoria� Allí ellos, además de jugar, narran historias que recuerdan y que muchas veces tienen que ver con sus familiares�
A Samanta, la hija de Carmen, le gustaría más su casa, si su mamá no le pusiera una reja a la puerta, cada vez que tiene que salir a trabajar� Desde las nueve o diez de la mañana Carmen vende dulces, cigarrillos y minutos a celular en la esquina de la Carrera 15 con Calle 15� El papá de Samanta la recoge del colegio y la lleva a la casa, en donde queda bajo llave, en su cuarto, hasta que su mamá vuelve� A Samanta le gusta el patio de la casa; le gusta porque allí puede jugar con su hermano Santiago y porque puede correr o andar en patines� Pero su mamá, como no puede estar pendiente de ella, prefiere que se quede en el cuarto, viendo dibujos animados� Esa es una de las razones por las que tienen parabólica en la casa; para que Saman- ta se distraiga y no vea necesario salir a la calle�
Por eso, Samanta prefiere estar en la casa de la madrina de Santiago, su hermano menor� Allá, juega en la calle con una amiga, mientras Carmen habla con su cuña- da� A su mamá no le gusta que Samanta salga a la calle porque es muy peligrosa� Desde que el MIO pasa frente a la casa, las motos transitan por los andenes impi- diendo el paso de los peatones� Es domingo en la tarde y los niños juegan a saltar la cuerda� Carmen no está en la casa y Samanta mira por entre la reja a los niños organizando los turnos y saltando� Luego de un rato su mamá llega y Samanta sale a jugar al patio�
En la casa azul, cuando la noche llega, sus rincones se tornan opacos y las sombras se acentúan� Los velos de las cortinas dejan ver las siluetas alistándose para dor- mir� Los bombillos irradian una luz naranja que ilumina los cuartos y las cocinas� El patio está a oscuras y las gallinas duermen en los rincones abandonados� Aún en la noche, Andrea sigue limpiando las estufas que su jefe le ha encargado� Andrés, su hijo, sale descalzo desde la casa para avisarle que Jeison, su hermano menor, ha hecho un daño� Andrea camina hasta la casa y después de corretearlo un rato, vuelve al trabajo para terminar su labor�
Es domingo en la mañana y llega una vecina reclamando un dinero que le adeudan por prestarles el servicio de agua que hay en la casa� Con una manguera que se conecta al acueducto de la vecina, Carmen, Mónica y Andrea logran lavar la ropa de sus hijos, hacer aseo, bañarse y cocinar� Desde hace dos meses han incumplido con los pagos, razón por la que constantemente discuten� El interruptor de energía del que todos se valen, la puerta que está a punto de caerse desde hace varios años, las discusiones adolescentes entre Deisy, Camila y María José, el consumo de mari- huana de Wilson, la desatención de Andrea con sus hijos, son malestares que por épocas logran llenar cada rincón de la casa transmitiendo la tensión a cada una de las personas que vive allí� Por eso, uno de los disgustos es la falta de espacio; la falta de una habitación propia donde se pueda forjar intimidad�
48 ⁄ Un paraíso en Fray Damián
Los niños reproducen las tensiones que germinan en la casa� Andrés, sentado en el patio, pinta unos dibujos que tiene en el cuaderno� Samanta sale a mirar qué está haciendo y el niño, después de ignorarla, la insulta� Samanta se enoja, quiebra la voz, vuelve a su cuarto y cierra la reja� Andrés deja a un lado el cuaderno y se apro- vecha del malestar de la niña para gritarle groserías� Jeison escucha a su hermano y empieza a tirar piedras que golpean en el panel-yeso del cuarto de Samanta� En otras ocasiones, Samanta es la que pinta y trata de inútil a Andrés� A veces discute con Jeison porque él no se sabe los colores, porque es muy grosero o porque no le